Parte IV. La parábola de la cocina-.

Entrada publicada en formato borrador, pendiente de completa edición-.

Si guisando se apaga el hornillo, me canto un tanguillo llevando a torsión. Y por arte de vil y virloque, sin un palitroque, se enciende el fogón (Antonio Molina)-.

Loto 7º. El loto de "la Relojera"-.

Parte IV. La parábola de la cocina-.

Ming:
Me ha gustado tu parábola,
es muy sencilla, Miguel,
para comprender en la receta
lo especial que es cada ser.

Somos parte de un todo,
todos somos lo mismo;
todos comprendemos una luz
y esa luz, nos hace distintos.

¿Cómo es posible
que siendo parte de un todo
alcancemos la singularidad
y no nos confundimos con el otro?

Sam:

Esta reflexión que haces,
merece de algo elevado,
todos pertenecemos a algo más grande
y a lo que estamos enlazados.

Mas. abrazando nuestra humildad,
dejando que nuestra esencia nos habite,
que es una esencia de luz
que en todo ser vive;
es que logramos nuestra singularidad,
¿cómo esto se percibe?

Juan:
Se percibe y entiende,
se siente por igual.
¿Estará en la simpleza
el venirlo a contemplar?

Hao:

En la simpleza se halla la sabiduría,
en el ser conscientes, al fin,
de que nada es que sabemos,
y, algo sabemos así.

No podemos entender con la mente
algo que está más allá
de lo que intentamos con nuestras mentes,
de alguna manera, racionalizar.

Miguel:

No podemos racionalizar
aquello que escapa a nuestros cinco sentidos.
Imponer la racionalización
es olvidar lo que somos y fuimos.

Pues, albergamos un alma,
cuerpo no sólo somos;
y con nuestra alma, queridos,
vivimos y sentimos lo que somos.

Mas, no sólo es el alma,
ello está en el corazón.
¿Estará nuestra llave maestra
en el sentir libre de nuestroo amor?

Hay una cámara secreta,
albergada en nuestro corazón,
que es la que nos conecta
a lo que hemos llamado Dios.

Pues, Dios es palabra griega,
es una palabra, sin más;
posterior es a su presencia,
y a lo que es su Verdad.

Elohim ET, esa importante definición
que encontramos en la Palabra,
nos conduce a contemplar
que de fuerzas integradas trata.

Así es que en la unidad,
en integrar el cuerpo y alma,
es que apreciamos qué somos,
de nuestra esencia es de lo que trata.

Y nuestra esencia, queridos,
no la podemos entender
con los cinco sentido que creemeos
que tenemos, todos, tener.



La Relojera:

Os voy a proponer una parábola,
para venir a entender, amigos,
que en la receta hay mucho
y la cocina es su sino.

La cocina alberga todo
lo que todos podemos utilizar,
hay ingredientes e instrumentos,
para todos, por igual.

Está en la receta nuestra esencia,
lo que nos hace singular.
Y en la receta que elegimos.
está nuestra simplicidad.

No por ser más compleja
la receta de un plato
es que se consigue lo "bueno"
que en nuestro interior hallamos.

Lo "bueno" está en la simpleza,
está en minimizar los ingredientes;
en lo bueno, si es breve, vemos
lo que dos veces ello tiene.

El cocinero arrogante,
on ínfulas de saber,
ha saturado los cinco sentidos
con tanto y tanto poner.

No ha alcanzado un buen plato,
aunque en apariencia lo es.
Cuando en verdad lo probamos
no encontramos el placer.

Y no encontramo el alma,
al alma, se cuesta ver.
¿Cuál es la esencia que tiene?
Pues, singular sí que es.

Tiene la esencia del cocinero
que lo ha venido a crear;
pero no tiene la esencia del alma
que lo hace elevar.

En tanto ingrediente nos perdemos,
es, igual, en lo personal:
en tanto ingrediente de nuestra vida
olvidamos lo esencial.

Pues, en soltar tanto ingrediente
está fluir con la vida;
no por guardarlos todos
es que se alcanza la dicha.

La dicha del plato, entones,
está en alcanzar la sabiduría
de que en la simpleza de vivir el presente
es que mejor se cocina.

Mas, el cocinero sabio,
sabe llegar al corazón.
Se aleja de la opulencia,
y de mezclar tanto sabor.

Sabe que en la simpleza
está la más grande sabiduría.
Un bollo de pan es bien simple,
y lo comemos cada día.

Y ha preparado un confit,
¿qué requiere, vida mía?
Requiere saber esperar,
y poco ingrediente de cocina.

Es hecho a fuego lento,
y poco ingrediente hay.
Mas, es sublime su sabor,
¿qué es lo que averiguáis?

Y, ¡qué me dices de un pollo al ajillo!
Hasta más rápido es de hacer.
Mas, lleva consigo el equilibrio
que lo hace ser placer.

En la vida disponemos todos
de una gran cocina.
Contiene cada instrumento
y cada ingrediente, mi vida.

Mas, allá de nuestra singularidad
es cómo es que hacemos el mismo plato;
está nuestra elecciones
para cocinar el acertado.

¿Entendéis que en la simpleza
vamos más allá de la singularidad?
Todos somos singualres
pero, el hacernos despertar,
es soltar tanto ingrediente
y, con sabiduría, acertar
a vivir nuestro pesente
y a saber cocinar
nuestra vida, sin tanto ingrediente,
sin saturar el paladar.

Así es cómo sentimos
lo que en verdad somos;
somos un plato de sabiduría
que, alma y corazón, sólo
es que pueden cocinar
lo que en verdad somos.

En nuestra simpleza, entonces,
es que ponemos nuestra alma,
hemos puesto el corazón,
y en la humildad se halla.

Y se halla en la paciencia,
y se halla en esperar;
no saturar los cinco sentidos,
con el alma se ve más.

Luego, somos singulares,
tenemos nuestra identidad,
aquello que nos hace únicos,
aquello que es personal.

Mas, en la simpleza es que encontramos:
la esencia de nuestra alma,
y lo que nuestro corazón porta;
en ella es que la hallamos.

Todos somos singulares,
mas, todos estamos unidos
en el presente, en lo que en verdad somos,
en la humildad con que vivimos.

Si te alejas de la humildad,
no hallarás este sino:
saber que con el alma
y el corzón nos sentimos.

Hallamos, entonces, unidad
en la simpleza de nuestra vida.
Alma y corazón en lo que hagas
trae siempre sabiduría.

Soltad tanto ingrediente,
deshaceros de la ira.
Albergad sólo amor,
la humildad es sabiduría.

¿Pongo otro ejemplo
tomando un plato de la cocina?
El helado es una delicia,
¿requiere tanto, vida mía?

¿Y una mayonesa?
¡Tan versátil en la cocina!
¿Y una mantequilla?
¿Qué las han hecho, mi vida?

Resulta que en la constancia,
en el saber esperar,
en perdurar en la simpleza
es que se logra hallar
la sabiduría de la cocina
que todos podemos lograr.

Sé un cocinero sabio,
seguro es quién más sabe recetas;
mas, logra su singularidad
abrazando su simpleza.

Por Verónica García-Melero
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