18. La fábula del mar-.

por Verónica García-Melero

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Cuento 18. La fábula del mar-.
Hijo:
¿Te has animado ahora
para una fábula contarme?
Quiero que sea del mar
y quiero que sea variante,
05 que tenga casi de todo
lo que una fábula guarde.

¿Qué guarda la fabula, a todo esto?
Es que no lo sé, mamá.
¿Es la fábula de animales
10 y de que más, de que más?

Madre:

Puede ser de animales,
y de objetos inanimados,
de seres animados también
y, por supuesto, de humanos.

15 Y podemos escribirla en prosa,
como si leyera un cuento, eso es.
O podemos decirla con ritmo,
¿cómo te apetece? A ver.

Hijo:
Quiero que tenga de todo.
20 De todo eso que has dicho.
Y la escribimos, así, cantando,
¿es poesía lo que digo?

Madre:

¡Claro, cariño, es verso!
Lo has entendido muy bien.
25 Para que la fábula sea fábula
hemos de tener también
una enseñanza que aleccione
sobre un vicio, puede ser,
una falta, como dicen,
30 ¿pecados capitales, tal vez?
Puede ser de nuestras pasiones
y contraponerlas, eso es,
con valores que son morales
y aleccionan por nuestro bien.

Hijo:

35 Mmm...entonces quiero una naranja
y quiero, mamá, un pez.
Y quiero un capitan de una nave
y quiero, quiero...también
una sirena, eso quiero,
40 y un ancla, ¿puede ser?
¡Ah! Y quiero que haya día,
y que haya un anochecer,
quiero que brille la Luna
y quiero el Sol, mamá, ver.

45 ¿Puedes hacerla con esto?
Si no puedes, te ayudaré.
Pues, estaba el capitán pescando
y pescaba un pez y otro pez.

Pero como se sentía importante,
50 y muy superior él,
despreciaba a su tripulación,
¡ah!, ¿cómo se llama? Eso es...

Tenía mucha soberbia,
esa palabra la creo entender.
55 Pues, por encima de todos se sentía,
por encima del hombro miraba también.

Pensaba que nadie haría las cosas
de bien como las hace él.
Y como es así como era
60 y pescaba un pez y otro pez,
pensaba que le faltaba espacio
y, sin ni siquiera preguntar,
tiró los sacos de naranjas
por la borda, el capitán.

65 Entonces cayeron los sacos al fondo,
al fondo del agua, al mar.
Y se desizaron los sacos al caerse
y una naranja salió a rodar.

Se deslizó mucho la naranja,
70 y no paró de rodar
hasta que tropezó con un alga
y entonces se fue a parar.

Sigue ahora con el pez que sale
que estaba en el alga, mamá.
75 Y al moverse el alga se vio un coche
de juquete y morado, sin caminar.

Madre:

¿Quieres decir que el coche es inanimado
y en esta fábula no puede hablar?

Hijo:
Sí, quiero que hablen unos
y otros se pongan a escuchar.
80 El coche era de juguete,
pero era morado, mamá.
Era un coche que no habla,
que en silencio sabe estar,
aunque presta atención a lo que dicen
85 y algo, entonces, hará al final.

Madre:

¡Anda, pues entonces sigo con la fábula!
Sigo ahora con el pez...
El pez salió del alga
y se sorprendió al, la naranja, ver.

Pez:

90 ¿Cómo has llegado tú sola
a este mar sin rey?
¿Sabes si estás apetecible?
¿Podría yo, de ti, comer?


Hijo:

El pez era codicioso,
95 y comía solo por comer.
Y atesoraba y guardaba
lo que encontraba en vez.


Madre:

Vale, pues así lo dejamos.
Eres el narrador también.
100 Pues, narrador tiene una fábula,
y narrador tenemos que tener.

Naranja:

No soy un pez, no soy tu pescado,
a mi no me puedes capturar
porque mi interior es solo jugo,
105 soy un gran zumo, además.

Del escorbuto yo alejo,
por eso en el barco me portaban.
Mas, me han tirado con mis compañeras
cuando más adentro del mar estaban.

110 ¿Caeran ahora enfermos
por la soberbia del capitán?
Y tú, pez que todo lo quieres,
¿te podrías atragantar
con un mordisco de mi zumo
115 que hecho para ti no está?


Hijo:

Entonces llegó una sirena
que observaba desde lejos
la conversación que ellos tenían
y cada uno de sus gestos.

120 Fue testigo del arrebato
de la arrogancia del capitán.
Vio caer las naranjas,
sabe donde los sacos están.

Y era de noche, alumbraba la luna,
125 se reflejaba ondeando en el mar.
En el anochecer echaron las redes,
en el anochecer empezaron a pescar.

Sirena:
Eres, naranja, prudente,
eres, naranja, vibrar.
130 Llenas de luz a las células,
no las dejas, tú, oxidar.
Preservas la piel bonita,
eso haces, además.
Y eres una gran compañera
135 cuando te unes a tu otra mitad.
Eres vergel de la vida,
eres, en sí, fundamento.
Cuando toman tu jugo sabroso
entienden cómo es tu alimento.

140 Mas, tu alimento no está hecho
para quien te viene a codiciar
y te mal usa, te malogra,
y luego te viene a tirar.
O, sin poder tomar de tu zumo,
145 se termina por atragantar.

Eres vida y eres alegría,
eres el fruto, sin más.
No todos entienden lo que digo,
solo quien sabe escuchar.

Hijo:

150 El pez no echó cuentas,
y un mordisco es que le dio.
Por la tráquea le bajo el zumo,
fue toda toda una explosión.
No pudo albergar tal jugo,
155 y, entonces, pereció.

Naranja:

Sin yo querer, te has hecho daño,
y, fíjate, hasta te advertí.
Se ha escapado tu vida, al morderme,
por la codicia que hay en ti.

160 No te importa tragar a otros,
solo tragas por tragar.
Es, como en tierra pasa,
y esto le pasa al capitán:
teniendo tanto como tiene,
165 que ya no lo puede guardar,
más ha querido, por soberbio,
y se ha venido a tropezar.

No le ha importado para nada
hace un mal a su tripulación,
170 los ha condenado a enfermarlos
por su soberbia y ambición.

Sirena:

Pues, fíjate lo que ahora pasa.
¿Has visto el alrededor?
Lleno de peces muertos
175 está todo esto, mi amor.

Las naranjas de los sacos pescan,
pescan más que el capitán.
Enfermo está por capturarlos,
en su codicia, este truhán.


Hijo:

180 Entonces, movido por la avaricia,
y llevado por su soberbia,
tomo el ancla y la lanzó al mar,
pero no le ató la cuerda.

Perdió ahora el ancla,
185 no se podía enclavar
para atesorar los peces que veía
y ya no podía guardar.

La sirena se acercó al barco
para ayudar a los marineros,
190 les contó sobre los sacos de naranjas,
que cerca están de los peces muertos.

Mas, como era de noche,
no se podía ver bien.
Sin embargo, sucedió una cosa,
195 como un milagro, puede ser.

El coche morado, como una estrella,
encendió al completo sus luces.
Inclinado estaba sobre el alga
y, a los marineros, hizo cruces.

200 Señales es que emitía,
ahora sabían donde buscar
los sacos de sus naranjas
para no venirse a enfermar.
Mas, el capitán que era soberbio,
205 y quería, de entre todos, ser más...
se lanzó al agua sin fijarse
y con una roca se vino a dar.

Las naranjas al final las sacaron,
esto fue al amanecer el sol.
210 Antes, salvar a su capitán, quisieron,
pero no pudieron, no pudieron, no.

¿Cómo se llama la enseñanza
que deja esta fábula
escrita de manera variante
215 y que parece tan rara?


Madre:

Esta enseñanza que culmina
toda nuestra poesía, mi amor,
es moraleja como se llama,
esa es su gran lección.

220 La avaricia rompe el saco,
por la boca muere el pez,
y hay una enseñanza tercera,
y hasta una cuarta, también.

El silencio, como el del coche,
225 es muy sabio, eso es;
y da la mejor respuesta,
el silencio, también.

Y, el fundamento de nuestra vida,
como la naranja debe ser,
230 alegre y vital, eso tiene,
sana y prudente, también.

En la noche, el mar se aquieta
y viene la luna a reflejar
aquello que porta el alma
235 y el agua es mucho en este afán.

Nuestra sabiduría nos refleja,
un espejo del alma es.
Aquellos que ignoran su alma,
y son como el capitán o el pez,
240 son doblegados por sus pasiones,
por las bajas que aquí ves.

Mas, el alma que es grande,
bien sabia es que es;
alcanza su cénit iluminándose:
245 el salir el Sol, el espíritu es.

Esta fábula tan rara
una gran obra es
que explica en lo profundo
la espiritualidad del ser.

250 Si escuchas como el coche
que se asoma sin decir nada,
terminarás encendiendo los faros;
aunque, ni bombillas, como en él, halla.

Un milagro es encenderte,
255 es los límites traspasar;
quien se ha iluminado por dentro
sabe a los otros alumbrar.
Por esto es que se encienden
los faros del despertar;
260 se encienden para iluminar a otros
y para hacerlos avanzar.

La fe mueve montañas
e ilumina sin bombillas,
traspasa la fisicalidad;
265 de lo etéreo te hablo, mi vida.

Esta fábula es mística,
esta fábula es especial,
inspirada está en ti, mi hijo,
inspirada está en ti, mi Juan.

270 Abre tus brazos y me sonríes,
pues, en este gesto, que tú me das,
ha volado hasta mi pensamiento:
te quiero mucho, mamá.

Me ilumina que me sonrías
275 y que eches a volar
la felicidad que en tu corazón portas
cuando me saludas, mi Juan.

Por Verónica García-Melero

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