Mis 3 tesoros.

Yo tengo tres tesoros que guardo y protejo: el primero es la mansedumbre, el segundo es la austeridad, el tercero es no osar ser el primero del mundo. La mansedumbre me da coraje, la austeridad me permite ser generoso, no osar ser el primero me convierte en autoridad.

Fragmento Epigrama LXVII, Libro de “El Te”, Tao-Te-King, Lao-Tsé.

¿Por qué el buen guerrero es aquel que cultiva las flores?

Antiguamente, los guerreros expertos se hacían a sí mismos invencibles en primer lugar, y después aguardaban para descubrir la vulnerabilidad de sus adversarios.

Hacerte invencible significa conocerte a ti mismo; aguardar para descubrir la vulnerabilidad del adversario significa conocer a los demás. (Fragmento del Capítulo 4. Sobre la medida en la disposición de los medios. El Arte de la Guerra, Sun-Tzu.)

¿Por qué en la clarividencia está la invencibilidad?

Para Lao-Tsé, conocerte a ti mismo es alcanzar la clarividencia, ello te hace invencible. De acuerdo a su Epigrama XXVII: «El sabio conoce la mejor manera de ayudar a las personas y no abandona a nadie; conoce la mejor manera de ayudar a las cosas y no las abandona. Esto es alcanzar la clarividencia. Por eso el que sabe es maestro del que no sabe; el que no sabe es la materia con la que trabaja el que sabe. El que no aprecia a su maestro y el que no ama a su material, aunque sepan mucho, yerran en su camino. Éste es un secreto importante.»

¿Habremos de necesitar un nuevo paradigma?

«Caballeros, no se preocupen por su destitución. El mundo ha estado sin la Vía durante mucho tiempo. El Cielo va a servirse del Maestro para tocar a rebato.

Fragmento de 3:24 en Analectas, pag. 23, Confucio.

Confucio tuvo que explicar: «Si los nombres no son correctos, si no están a la altura de las realidades, el lenguaje no tiene objeto. Si el lenguaje no tiene objeto, la acción se vuelve imposible y, por ello, todos los asuntos humanos se desintegran y su gobierno se vuelve sin sentido e imposible. De aquí que la primera tarea de un verdadero estadista sea rectificar los nombres

Para Confucio, el «caballero» es miembro de la elite moral. Es una cualidad ética, lograda mediante la práctica de la virtud y fortalecida a través de la educación. Todo hombre debería esforzarse por conseguirla, aunque pocos lo logran. Un aristócrata que es inmoral e inculto (los dos conceptos de moral y educación son sinónimos) no es un caballero, mientras que cualquier hombre ordinario puede alcanzar la condición de caballero si demuestra estar moralmente cualificado para ello. (Analectas, Confucio, pag. 11)

Como sólo los caballeros son aptos para gobernar, la autoridad política debe basarse sólo en criterios de logro moral y de competencia intelectual. En consecuencia, en cualquier orden apropiado, ni el nacimiento ni el dinero deben asegurar el poder. La autoridad política debe pertenecer exclusivamente a aquellos que pueden demostrar estar cualificados moral e intelectualmente.

Regresemos al Tao, al poder del Te y a la importancia de tener presente que aquello que tiene nombre nace de lo que no tiene nombre. Si en las Analectas de Confucio nos detenemos, recordaríamos la importancia de las palabras, del verbo y de los lenguajes cognados.

Gracias a la mansedumbre se obtiene la victoria en la guerra y la firmeza en la defensa. Gracias a la mansedumbre se obtiene la protección del cielo.

Fragmento Epigrama LXVII, Libro de “El Te”, Tao-Te-King, Lao-Tsé.

Con amor, a mi hijo, mamá.

Sé agua.