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(III) Hoy somos….¡TE!

El que posee el Te en abundancia es como un recién nacido, los insectos venenosos no le pican, las fieras no le atacan, las aves de rapiña no caen sobre él.

Fragmento del Epigrama LV, Libro de “EL Te”, Tao-Te-King, Lao-Tsé

(III) Hoy somos….¡TE!

A. INTRODUCCIÓN.

¿Has caido alguna vez en la cuenta de la capacidad de una bombilla para iluminar cualquier habitación de una casa? De estar completamente a oscuras y tropezando con todo, pasas a identificar con perfecta claridad cada elemento que se encuentra en su interior, una vez has encendido la luz.

Esa luz de esa habitación es asimilada a esa claridad que encontramos en nuestra mente y nos ayuda a discernir soluciones, dilucidar respuestas o el entramado de cualquier asunto; es la luz de nuestro esclarecimiento interior. Desde luego que, constantemente, podemos apreciar que se nos ha iluminado el pensamiento, que hemos alcanzado el entendimiento de las cosas.

Esta luz, si nos observamos, es una luz que alcanzamos cuando reflexionamos, cuando estamos serenos, cuando hayamos paz. Probablemente, de ser la solución a un problema, rápidamente el entusiasmo recorra nuestro cuerpo y nos encienda de felicidad.

Esta viene a ser la experiencia de nuestra iluminación intelectual, de ponerte un ejemplo, y seguro es algo cotidiano o, al menos, habitual en tu vida. En este sentido es como podemos entender qué es la iluminación.

Para empezar, en su acepción más habitual significa “adquisición de entendimiento”. Con todo, podemos abstraer su significado como concepto filosófico y religioso; pues, después de todo, apuntan en la misma dirección.

Son dos palabras alemanas las que denotan y distinguen a la iluminación intelectual y espiritual. Así, la “iluminación intelectual” entendida como el esclarecimiento interior, poner en claro o llegar al fondo de un asunto, se denomina Aufklärung. (Wikipedia, 2021).

Por su parte, el término Erleuchtung es aquel que denota a la “iluminación espiritual”, siendo ésta la experiencia de lo divino, reconocida en su manifestación. Una manifestación que comprende la experiencia del sentido de unión con Dios o con el Universo (depende de la fe, doctrina o filosofía) y, por igual, la experiencia de un sentimiento de paz, amor y felicidad excelsos (Wikipedia, 2021).

Desde luego que en este sentido, el de la “Iluminación espiritual”, la via para alcanzarla se presenta muy plural. Con todo, ya sea la perspectiva de las religiones abrahámicas, ya sea una filosofía o religión oriental – por ejemplo – todas convergen en la persona virtuosa y en un camino (manera de ser, de hacer las cosas, de vivir y relacionarse con los demás) movido por el amor, la bondad, la verdad, la humildad, el sentido de la justicia y orden -por ser breve -. Si bien, aquella iluminación espiritual que contempla la vía religiosa, la que es conectada a una religión, profesa por igual el desarrollo de la fe, la esperanza y la caridad como virtudes “sobrenaturales” o teologales (Echegoyen, s.f.).

Esta fe, esperanza y caridad que son definidas como “virtudes  “sobrenaturales” o teologales: tienen como objetivo Dios mismo y perfeccionan la disposición humana dirigida al orden sobrenatural: fe (creer en Dios y en su palabra revelada), esperanza (confiar en la gracia de Dios para la realización de nuestra felicidad en la vida eterna)  y caridad (amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a nosotros mismos por amor de Dios). Son infundidas en nosotros por Dios” (Echegoyen, s.f.).

Siguiendo esta línea, por igual son contempladas en la filosofía taoísta y en todas aquellas doctrinas y religiones que nacen o tienen raíz en estas enseñanzas. Así, de considerar la obra madre de todas ellas, el Tao-Te-King de Lao-Tsé: por fe entenderíamos la confianza en el Tao; por esperanza, la no intervención en el flujo de las cosas y espera en la resolución armónica que proviene del Tao; y, en la caridad, el dar y otorgar en abundancia, no solo a aquel que por igual te da y otorga, sino a aquel que no lo merece, por igual (ver Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014).

De considerar la intención de este artículo, procurar un entendimiento profundo de la «iluminación intelectual» y de la «iluminación espiritual», nos conduce a un estudio que traspase esas primeras nociones que ofrece wikipedia y que suelen ser desdeñadas como aportaciones entretanto no se subrayan con un consistente argumento. Así, necesario se presenta bucear en la primera definición y procurar un conocimiento más esclarecedor con respecto a aquellos medios para alcanzarla y objetos para su consecución y logro, y que dan sentido a su esencia y existencia.

En este sentido podemos cuestionarnos: (a) ¿existe un vínculo entre la iluminación espiritual y la motivación de la conducta humana?, (b) ¿convergen en dicho vínculo, de haberlo, alguna filosofía o doctrina ancestral y algún propósito que sirva de vector para construir alguna teoría de la motivación humana?, (c) ¿este propósito que sirve de vector para construir una teoría de la motivación humana nos ayuda a dilucidar el bien último que persigue el hombre en su realización y logro de su plenitud?, (d) ¿qué características presenta el ser humano que ha alcanzado tal grado de realización?

A.1) RESUMEN.

Siendo diverso y plural el conocimiento que gravita en torno a la temática de la iluminación intelectual y la iluminación espiritual, desde el presente artículo se pretende aflorar – del pensamiento, doctrinas y/o religiones orientales de raíces Taoístas – qué es aquello de “el Te” en el Taoísmo y cómo está relacionado con la iluminación intelectual y espiritual en tanto es concebido como «el desarrollo de la potencia del ser» (ver Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014). Un concepto totalmente asimilado a la «realización del potencial humano» que considera Kurt Goldstein para entender la esencia de la autorrealización (Modell, 1993). A su vez, desde el entendimiento de este concepto podemos apreciar la transferencia que ocurre entre la filosofía taoísta, madre de doctrinas y religiones orientales, y la psicología evolutiva – entre otras – que nos logra explicar toda una Teoría de la Motivación Humana, como es la de Abraham Maslow. De esta manera, podemos apreciar cómo están relacionadas la iluminación intelectual y la espiritual con la autorrealización del ser.

B. LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL Y LA AUTORREALIZACIÓN SEGÚN KURT GOLDSTEIN.

Siguiendo la línea de interrogantes propuesta, la cual nos permitirá profundizar en el conocimiento de aquello que denominamos «iluminación intelectual» e «iluminación espiritual», nos aventuramos a contestar esa primera pregunta: «¿existe un vínculo entre la iluminación espiritual y la motivación de la conducta humana?»

En este sentido, indagar en el sentido de aquellas necesidades que mueven al individuo en su autosatisfacción, alcanzamos una coherente conexión de las mismas con la propia «iluminación espiritual». De acuerdo a Modell (1993) y VV.AA. (2008), Kurt Goldsein nos introdujo originariamente el concepto de autorrealización para hacer alusión a la «realización del potencial humano». En este sentido, hablamos de la expresión de la propia creatividad, la búsqueda de la iluminación espiritual, la búsqueda del conocimiento y el deseo de darle a la sociedad. Todos estos no son sino ejemplos de autorrealización. Es más, de acuerdo a este teórico organísmico «la tendencia a realizarse a sí mismo tanto como sea posible es el impulso básico…el impulso de autorrealización es la motivación verdadera» (Modell, 1993, p. 44).

Como podemos apreciar, la tendencia a realizarnos a nosotros mismos es un impulso básico, es aquella verdadera motivación que logra la realización de todo nuestro potencial como seres humanos. En una primera aproximación, podemos apreciar que este potencial presenta diversas metas, como por ejemplo: la expresión de nuestra creatividad u originalidad, el deseo de dar a la sociedad y la propia iluminación espiritual, vista como la experiencia de un sentimiento de felicidad, gozo y paz excelsos y alcanzados desde aquel camino espiritual que, por antonomasia, es virtuoso, como ahora veremos. Con todo, son otros estudios al respecto los que amplifican y procuran un mejor entendimiento de la autorrealización y, por igual, los revisaremos.

C. CONVERGENCIA DEL TAOÍSMO Y DEL PENSAMIENTO DE KURT GOLDSTEIN EN EL DESARROLLO DEL POTENCIAL DEL SER COMO ILUMINACIÓN ESPIRITUAL O AUTORREALIZACIÓN.

Acabamos de establecer un vínculo entre la iluminación espiritual y la autorrealización, este no es otro sino la «realización del potencial humano». De esta manera, y siguiendo nuestro esquema interrogatorio, cabría cuestionarnos: «¿convergen en la realización del potencial humano alguna filosofía o doctrina ancestral y algún propósito que sirva de vector para construir alguna teoría de la motivación humana?»

En primer lugar, resulta conveniente subrayar que esta «realización del potencial humano» estudiada por Goldstein es precursora de la teoría de Abraham Maslow. De abordar su trabajo, entendemos que la autorrealización es el climax de dicho potencial, es el punto álgido de la satisfacción de las necesidades de las personas; algo que puede apreciarse desde la experiencia sensible junto a aquellos rasgos de personalidad y patrones de conducta que manifiesta la persona autorrealizada (ver Modell, 1993; VV.AA. 2008). Con todo, procuraremos un estudio y comprensión de su Teoría más adelante.

Siguiendo la intención de esta cuestión, si hemos podido dilucidar que esa «realización del potencial humano» es el vector que direcciona la «Teoría de la Motivación Humana» de Abraham Maslow; ahora cabría apreciar cómo la filosofía taoísta converge en dicha motivación verdadera para alcanzar el desarrollo del ser, para alcanzar dicho potencial; lo que denomina Te”.

En este sentido, y por ser breve, la simple recuperación de la apertura del libro de «El Te», dentro de la obra «Tao-Te-King» de Lao-Tsé, nos proporciona un esclarecedor entendimiento del mismo. De esta manera, esta introducción nos dice así:

«La versión primitiva de la palabra “Te” muestra un cruce de caminos con un ojo en su centro, al igual que “Tao”, pero con el dibujo de un corazón añadido. Su sentido exacto es “virtud”, “poder” o “potencia“».(Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014, p.51)

Aquí cabría señalar que la propia introducción nos advierte que por el concepto de “virtud” ha de entenderse el sentido original del latín, esto es, «la calidad inherente o innata de una cosa», no en el sentido de la moral. (Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014, p.51).

Por igual continua diciendo: «Expresa la medida de la fuerza innata de una persona. Al valor simbólico del ojo que discierne el camino se añade el del corazón, que en la cultura china es la sede de la mente y la inteligencia, de la voluntad y el coraje, además de las emociones y pasiones». De esta manera, «El conocimiento del “Tao” otorga el “Te”, el poder de hacer las cosas» (Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014, p. 51).

De acuerdo a esta exposición y al conocimiento y experiencia personal con esta filosofía y con las artes marciales que se erigen sobre dicho pensamiento, Kung-Fu de Monjes Shaolín, podría discernir que tanto la regulación de nuestra conducta, como el autocontrol y dominio de nuestro cuerpo – que parecen fruto de nuestro razocinio, de nuestra mente – son en realidad la consecuencia y el fruto que se consigue en la perseverancia y en la persistencia, en nuestra fuerza, en nuestra resiliencia; siendo todas ellas consecuencia de la autodisciplina que nace en nuestra voluntad.

La verdadera disciplina no es impuesta. Solo puede venir del interior de nosotros mismos.

Dalai Lama

Así es que el error y la persistencia y perseverancia que acompañan al coraje y a la voluntad por superarte en el entrenamiento personal – por ejemplo – son los que nacen en la emoción, en el corazón y, consecuentemente, son los que permiten el desarrollo de nuestra potencia. Aquí es donde nace la verdadera focalización o atención plena, cuando logramos un entusiasmo tal, fruto de nuestra emoción, que logramos fluir como el agua. «Be water, my friend», diría Bruce Lee, amante de la filosofía taoísta como nos revela su propio «Jet Kune Do Tao», focalizado en la voluntad y en la simplicidad.

De una manera análoga sucede con el acceso al conocimiento. En este sentido, no es hasta que descubres dentro de tí mismo aquello que en apariencia te trasmite el conocimiento sobre cualquier asunto, materia o tópico, hasta que no alcanzas el entendimiento de que la sabiduría es la que logra alcanzar la sagacidad con que discernir cualquier asunto, tópico o problema. Esta potencia o poder de hacer las cosas que es definido “Te” y encuentra imagen en la sabiduría es la consecuencia del camino, “Tao”; esto es, es haber alcanzado la capacidad de discernir el “camino correcto” y “tomarlo” (ver Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014).

«Se toma el Te en el camino», esto es: se alcanza el corazón (entendimiento y unión con el Tao) en el cruce (ojo – discernimiento y clarividencia) del camino (manera de ser, hacer las cosas, aquello que nace y es fruto de tu amor y voluntad) gracias a aquello que proviene de tus manos (tu esfuerzo y dedicación movidos por el espíritu de lucha y superación – mano que sale del camino -) (ver Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014). Siguiendo esta línea, fácil se pueden apreciar enseñanzas relacionadas con el discernimiento del Tao de entre sus practicantes; en Bruce Lee podemos encontrar en su Jet Kune Do.

Luego, muchas son las caídas y los errores que nos conducen a nuestro “Te” dentro de un camino virtuoso. No es de extrañar una máxima que empuja en el coraje, la valentía, la resiliencia y la imperturbabilidad en pro del descubrimiento de tu sabiduría y de tu propio perfeccionamiento o potencia:

Si te caes siete veces, ¡levántate ocho!

Proverbio Chino

Aquí, “ocho” hace alusión, entre otras interpretaciones, al óctuple sendero, a haber caminado todo el camino, esto es: la iluminación espiritual e intelectual que, como vemos, nace y es fruto de una manera de ser y vivir humilde, desapegada y focalizada en la voluntad, bondad, la misericordia , el coraje, la resiliencia y la autodisciplina – por ser breve – (ver Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014).

Con todo, la perspectiva del trabajo de Bruce Lee en su Jet Kune Do nos puede resultar esclarecedora para comprender tanto este Óctuple sendero, como aquella iluminación intelectual y espiritual a la que se conduce al ser a lo largo de su Tao (camino). En otra ocasión se procederá a escudriñar y esquematizar las enseñanzas más fundamentales para alcanzar una comprensión aceptable de su obra y propósito.

En resumen, no solo esta primera definición de Goldstein sobre «la autorrealización» es precursora de las investigaciones y teoría de Abraham Maslow sobre la motivación humana, sino que es la esencia del objeto hacia el que conduce el Tao o Dao (camino) que lega el conocimiento filosófico taoísta de Lao-Tsé, esto es: el Te como desarrollo de la potencia del ser (Golden (Tr.) Lao Tsé, 2014, p.51).

D. LA AUTORREALIZACIÓN COMO BIEN ÚLTIMO Y LOGRO DEL SER HUMANO SEGÚN LA TEORÍA DE LA MOTIVACIÓN HUMANA DE ABRAHAM MASLOW.

Por igual, indagar en la verdadera esencia y existencia de esta “iluminación espiritual” nos conduce a que, fruto de aquellas capacidades y habilidades que se van desarrollando y puliendo desde y en nuestra conducta y nos conducen a ser personas honestas, bondadosas, misericordiosas, leales, verdaderas, justas, fuertes, resilientes, entre otras, – muy orientadas en la inteligencia emocional – es donde entendemos la “autorrealización” del ser, visto desde el conocimiento que nos lega la “Teoría de la motivación humana” de Abraham Maslow.

En este sentido, profundizar en esta teoría tan extendida en el campo de las Ciencias Empresariales y Económicas (la conocí en segundo curso de mi titulación, gracias a nuestra profesora, Mercedes, de la Universidad de Sevilla) nos conducirá a conocer aquellas fases motivacionales focalizadas que se concatenan en la evolución y desarrollo del ser y están supeditadas a la consecución de logros y satisfacción de necesidades; siendo su meta última la autorrealización. Algo que, desde milenios atrás, nos viene a definir la visión aristotélica en su “Magna Moralia” tanto de la felicidad, como del bien supremo del hombre que logra tal felicidad (ver Aristóteles s.f., Rodríguez (Tr.), 2020; Russell, 1946, Gómez de la Serna y Dorta (Tr.) 2010).

De esta manera, profundizar en el conocimiento que nos transmite Abraham Maslow y, por igual, el conocimiento filosófico accidental que nos lega Aristóteles – contraponiéndolo con Pitágoras, Sócrates y Platón-, nos devuelve una basta conexión entre esas necesidades o bienes en el hombre que conforman su vector de movimiento en la consecución de su felicidad, (ver Aristóteles s.f., Rodríguez (Tr.), 2020; Russell, 1946, Gómez de la Serna y Dorta (Tr.) 2010 ) o de su autorrealización (Boeree , 2003, Gautier, (Tr.); Maslow, 1943, Modell, 1993; VV.AA. 2008)

Siguiendo esta línea, para comprender cómo es que nos dirigimos a la autorrealización como logro último y climax de nuestra existencia y sentido de la vida, se hace necesario abstraer el conocimiento que nos lega Abraham Maslow en su Teoría. Posiblemente, un breve repaso a la misma nos haga entender con claridad qué es eso de la “Motivación Humana” y cómo es que está vinculada a la autorrealización como climax.

En este sentido, y considerando el papel de la Ciencia de Empresa y Economía, una breve definición de la economía, en sí, nos puede servir de referencia para abstraer la importancia de esta Teoría en este campo. Siguiendo esta linea podríamos decir que la economía es aquella ciencia encargada de asignar y repartir recursos disponibles y escasos para satisfacer las necesidades humanas.

Solo considerando el vínculo con la satisfacción de las necesidades es como se nos presentó esta Teoría en clase, concretamente fue considerando la reflexión sobre nuestras propias necesidades y nuestra satisfacción. Así, nuestra profesora, Mercedes, nos expuso la conocida Pirámide de Maslow y nos hizo reflexionar sobre cúal cremos que eran aquellas necesidades que nos orientaban en nuestra motivación para la conquista y logro, así como dónde creíamos que nos encontrabamos dentro de esta pirámide.

Con todo, importante se hace abstraer el concepto de la pirámide y el objeto de aquella Teoría de la Motivación que la hace ser. En este sentido, la Teoría de Abraham Maslow parte del concepto de la motivación, siendo ésta una conducta mantenida en el tiempo y movida por la consecución de un logro que nace en un deseo, anhelo o necesidad. De esta manera, Maslow (1943) observa y clasifica que aquellas necesidades que mueven al individio desde su propio impulso y motivación en la consecución o logro de las mismas pueden ser graduadas desde las más básicas, fisiológicas, hasta las más elevadas, las de autorrealización; considerando para ello cinco niveles de agrupación piramidales que permiten, desde la visualización, abstraer el conocimiento de qué es aquello que motiva el comportamiento humano según sus necesidades.

Podemos decir, entonces, que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (primarias, base de la pirámide), los seres humanos deserrollan necesidades y deseos cada vez más elevados (subsiguientes necesidades ascendentes: secundarias y terciarias) (Boree, 2003; Maslow, 1943).

Con todo, es importante considerar que esta pirámide no son sino eslabones que categorizan las necesidades y, a su vez, las concatenan, unas con las otras, en la ascensión, el desarrollo motivacional de la persona. Dichas necesidades se presentan graduadas desde las más básicas o fisiológicas, las de seguridad, las de afiliación, las de reconocimiento, hasta alcanzar las de autorrealización. En este sentido Maslow nos advierte que no necesariamente para ascender en esta graduación han habido de ser completamente satisfechas todas, aunque sí en cierto grado (Boeree, 2003; Maslow, 1943).

En la cúspide de la PIramide de Maslow se encuentran recogidas aquellas necesidades o anhelos que comportan el impulso a la autorrealización del individuo. En este sentido, podríamos decir que la autorrealización, de acuerdo a Maslow (1943) es la “motivación de crecimiento“, la “necesidad de ser“. Es la necesidad psicológica más elevada del ser humano, se halla en la cima de las jerarquías, y es a través de su satisfacción que se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad. Se llega a ésta cuando todos los niveles anteriores han sido alcanzados y completados, o al menos, hasta cierto punto.

Desde luego que los rasgos de personalidad son cruciales para la motivación en tal autorrealización. Con todo, Maslow describe en su Teoría aquellas conductas que desciben el comportamiento de las personas autorrealizadas y, por igual, cuáles son las emociones y sentimientos que se logran en tal cénit y que, a su vez, permiten reconocer tal autorrealización.

De concentrarnos en la autorrealización, que es el tema que nos ocupa, y abstrayendo el conocimiento que nos transmite Abraham Maslow desde su Teoría, podríamos decir que:

cuando vemos que contamos con nuestras necesidades fisiológicas cubiertas, especialmente la salud; por igual, contamos con aquellos medios que nos garantizan seguridad; gozas de relaciones de afecto o, más aún, has comprendido que el amor es desinteresado y es algo que te mueve en todas tus relaciones; has alcanzado tu propio autorreconocimiento y/o el reconocimiento social desde tu humildad y es algo que te hace feliz; además de contar con la confianza, el respeto de aquellas personas que te conocen y cierto grado de éxito personal y de acuerdo a tu manera de ver el éxito (es tan variable como la percepción personal de la felicidad); probablemente estés en esa fase donde te refuerzas en tus valores, moralidad y, probablemente, traspasas los convencionalismos; siendo independiente de la cultura dominante, reconociendo que tienes falta de prejuicios con estas cosas y que eres espontáneo e, incluso, desinteresado y desprendido. Es probable que te centres en los problemas y los enfrentes en virtud de tus soluciones y fruto de tu propia visión personal.

En este sentido, estamos hablando de una persona autorrealizada según los patrones de conducta y rasgos de personalidad que enumera Abraham Maslow (ver Boeree, 1993; Maslow, 1943).

E. REFLEXIONES.

Muy importante es considerar en este proceso de ascensión de necesidades la perspectiva espiritual de aquellas personas que sienten fascinación por la vida recogida e independiente. De hecho, uno de los rasgos que caracterizan esta autorrealización es la necesidad de privacidad, junto al sentimiento de comodidad en tal situación (Boeree, 1993; Maslow, 1943). Luego, transcender el apego social, no quiere decir que no se goce del sentimiento de afiliación -fundamental para el aprendizaje y desarrollo del ser-, sino que traspasa en su necesidad de independencia y soledad, aquella creencia social de una aparente “autoexclusión” del individuo. Importante es subrayar esto de considerar la vida recogida e independiente de, tanto Monjes Shaolín, como eclesiásticos religiosos cristianos. Si bien gozan del sentimiento de afiliación y pertenencia a un grupo, bien sus conductas y habilidades – especialmente en lo que a Monjes Shaolín se refiere – requieren de la vida contemplativa y soledad, por igual. De hecho, como podemos apreciar en esta pirámide, es una necesidad elevada que mueve al individuo en su consecución, la de alcanzar esa felicidad que, por igual, está en la independencia, en la felicidad de estar a solas con uno mismo.

Fácil es de entender, en este sentido, esa vieja sabiduría que nos afirma que solo las personas que se sienten en paz, saben estar y ser felices consigo mismas y en su soledad. Crucial es apreciar esta paz y felicidad. Algo que como hemos ido analizando, conforman esa experiencia de la iluminación espiritual: el sentimiento de gozo, amor, paz y felicidad excelsos.

Como reflexión, el camino espiritual hace mucho para ayudarnos a transcender ese “éxito” que encorseta la sociedad, muchas veces, en lujos artificiales y apariencias que no terminan de hacer felices a las personas. Es importante definir qué es el éxito para cada persona. De acuerdo al conocimiento personal que tengo de la filosofía Taoísta, el éxito es cada paso del camino, el camino, todo aquello que recorres es el éxito. Algo completamente enfocado en el desarrollo de la potencia del ser; esto es: su crecimiento personal. Así, definir y entender cuál es nuestro éxito personal nos ayudará a evolucionar en el desarrollo de nuestras necesidades.

Cuando nos aferramos al “reconocimiento social” o “posición social” hemos de reflexionar si es algo que descansa en nuestra humildad. Es muy frecuente apreciar que, a pesar del reconocimiento o posición social, parece ser que falta algo, y ese algo es desapegarte del ego que acompaña a esta búsqueda de reconocimiento y posición, desempolvarte de esa vanidad que le deviene y moverte más en subrayar tus verdaderos valores personales, aquellos que te hacen único y hacen fuerte tu personalidad. En este sentido estaríamos hablando del “autorreconocimiento” (ver Maslow, 1943).

Estaríamos hablando de reforzarte en el sentido de la honestidad, de la verdad, de tu singularidad, de tu sentido de la justicia y de orden, entre otros ( ver Maslow, 1943). De esta manera, es fácil abstraer que si las personas se amoldan a convencionalismos, a apariencias o a una doble moral que los impide ser ellos mismos, difícil se les presenta la autorrealización; puesto que impide el gozo de aquella verdadera felicidad que descansa en ser honestos y verdaderos consigo mismos, por ser breves (ver Maslow, 1943).

La autenticidad empieza en el corazón.

Brian D’Angelo

Finalmente, para una mejor comprensión de la autorrealización, enumeramos aquellos sentimientos de satisfacción plena y felicidad que apreciamos en la persona autorrealizada. De acuerdo a Maslow (1943), reconocemos ese sentimiento feliz en: la verdad, la bondad, la belleza, la unidad, la integridad y transcendencia de opuestos, la vitalidad, la singularidad, la perfección y necesidad, la realización, la justicia y orden, la simplicidad, la riqueza ambiental, la fortaleza, el sentido lúdico, la autosuficiencia y búsqueda de lo significativo.

En este sentido, fácil es ver que si con tus conductas y manera de ser te alejas de la bondad, de la integridad personal, de la moralidad, de la unidad, de la honestidad, de la justicia, de la verdad…mucho camino te falta por recorrer para alcanzar a ser una persona satisfecha y, consecuentemente, feliz.

La felicidad comprende aquellos sentimientos que descansan, después de todo, en los hábitos que se logran desde la práctica de nuestra conducta movida por aquellas virtudes que comprenden tal sentido de la justicia y orden, de la verdad, de la bondad, de la vitalidad, de la fortaleza… De esta manera, de profundizar más aún en el análisis, apreciaríamos que se asimilan a las mismas virtudes cardinales que señala Santo Tomás de Aquino.

Estas virtudes morales son aquellas que guian a la personas movidas por su desarrollo espiritual y conducentes a su propia iluminación; asimiladas y compartidas por el Taoísmo, una filosofía que nutre a una basta cultura, doctrinas y religiones orientales.

Si nos preguntamos por cuáles son estas virtudes, no son otras sino: la prudencia , la justicia, la fortaleza y la templanza.

Otro día continuaremos con la experiencia de la felicidad en la autorrealización, profundizando en el propio concepto de la propia felicidad. Por igual, nos ayudará a entender esa perspectiva moral de la felicidad que salpica el pensamiento filosófico y transciende el individuo para considerarla como meta o logro social.

Por igual, indagaremos en aquel punto de inflexión entre la iluminación espiritual y la intelectual que parece apreciarse tanto en las doctrinas y religiones occidentales – abrahámicas -, como orientales de esencia taoísta. Aquel punto de inflexión que no es sino la luz… ¿Habremos de abstraer qué es simbólicamente la luz?

Té Chai. Recordad que se “toma el Te en el camino”.

Con cariño, un besazo y una tacita de Te a mis Ai.

Verónica García-Melero

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Bibliografía

Aristóteles (s.f.) Martínez, T. Y Rodríguez, L. (Tr.) (2020) Poética y la Magna Moralia. La Biblioteca Clásica Gredos. Barcelona: RBA Libros S.A.

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Echegoyen, J. (s.f.) Historia de la Filosofía Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna. Madrid: Edumen.

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VV.AA. (2008) Filosofía y Ciudadanía I. Madrid: Santillana.