Etiqueta: Ciencias Sociales

Los fallos de mercado: el caso del aceite de oliva.

La asignación no eficiente de los recursos disponibles en el mercado es lo que ocasiona aquello que denominamos «fallos de mercado». Es muy probable que halla oído hablar de ellos o, al menos, sea más de una la ocasión con la que se ha encontrado esta expresión. Una expresión que dice bastante por sí sola, aunque implica ciertos matices.

Para comprender los fallos de mercado podemos decir que esta asignación no eficiente de rescursos disponibles hace de los propios mercados, mercados imperfectos, en tanto no se puede obtener una situación óptima para la sociedad con respecto a dichos recursos comprometidos. En una situación de fallo de mercado, por tanto, se produce la intervención del Estado con ánimo de corregirlo. No obstante, la experiencia demuestra que la intervención ayuda a apaliar, contener o suavizar el problema que ocasiona dicho fallo, no llegando a eliminarlo (ver Mankiw, 2002).

Paradójicamente, cuando consideramos estas situaciones de fallo de mercado, estas imperfecciones, es porque concebimos a priori una teoría económica de competencia perfecta. Siguiendo esta línea, para ilustrar con más claridad cómo una situación que roza lo utópico (si existen algunos mercados perfectos, aunque los menos) termina por manifestar asignaciones no eficientes y eficaces de los recursos, podemos considerar el mercado de competencia perfecta, así como las caracterísitcas que lo definen.

Posteriormente, para hacer observable cómo se acaece el «fallo» que origina una situación no óptima para la sociedad, resulta conveniente acercar la dialéctica que viene a describir la teoría para explicar la manera en la que se alcanza la situación de competencia monopolística. No obstante, resulta extraordinariamente ilustrativo acercar una situación real, de nuestra economía, del mundo que nos rodea, para apreciar con mayor claridad y sentido crítico qué es eso del «fallo de mercado» y su alcance, por consiguiente.

En este sentido, de acuerdo a VV.AA. (2017), asistimos a un mercado de competencia perfecta cuando:

  • Existen muchos oferentes y demandantes, siendo el mercado Libre: no existe ninguna intervención de la autoridad.
  • Transparente: existe información perfecta.
  • Perfecto: no existe diferenciación en el producto.
  • Normal: el precio es independiente de la actuación individual de cada sujeto.Luego, es un mercado ajeno a las externalidades y a los fallos de mercado.

Sin embargo, parece ser que no es más que la definición de un mercado ideal que se utiliza en economía para determinar el equilibrio entre oferta y demanda, como se ha venido a mencionar con anterioridad. Un mercado en el que el Coste Marginal se equipara al Ingreso Marginal y éste al precio. De ahí, la razón de llamarse: precio aceptante.

Siguiendo esta línea, la economía de mercado demuestra que ante una situación perfecta, en muy corto plazo, los productores tienden a desarrollar estrategias de diferenciación del producto que las conducen a elevar su cuota de mercado y, así, eregirse como líderes que, a su vez, imponen un nuevo precio. Esto conduce a concebir el mercado como forzado, con lo que, de seguir siendo libre, transparente y orquestado por numerosos oferentes y demandantes, asistiríamos, ahora, a una organización de mercado de competencia monopolística. Este hecho es un fallo de mercado que justifica la ulterior intervención de la autoridad.

A pesar de esta realidad, Mankiw (2002) nos recuerda que sí es posible asistir a mercados de competencia perfecta en la actualidad, especialmente los podemos encontrar en mercados de ciertos productos agropecuarios y en el de algunos títulos-valores.

En las Bolsas de valores, los valores de los títulos se determinan de acuerdo a las leyes de oferta y demanda, existe información perfecta y, para determinados valores, el mercado es libre y normal. Podríamos hablar, en este caso, de determinados valores de renta fija.

Con todo, como hemos considerado desde un principio, ofrecemos el análisis de una situación en la Economía de nuestro país, extensible a la competitividad de nuestro tejido empresarial y, por ende, a nosotros, los consumidores. Para ello, tomamos como ejemplificación del fallo de mercado la dialéctica que se produce en torno al aceite de oliva, en concreto, desde los años 90 hasta nuestra actualidad.

En este sentido, revisando la evolución de este sector y la intervención del Estado, o no, podemos traer a la luz el conocimiento de la transformación que ha sufrido este bien de nuestra cesta de consumo, así como los drásticos cambios que ha experimentado su precio.

De esta manera, España, a principios de la década de los 90, para cumplir los requisitos del tratado de Mastrich y, así, ser admitida en la UE, llevó a cabo políticas fiscales y monetarias para sintonizar con los tipos de cambio, tipos de interés, crecimiento económico y deuda pública exigidos como requisitos de convergencia. Ésto beneficiaría a España recibiendo fondos FEDER y FEOGA, sin embargo, sacrificó nuestro oro líquido, sucumbiéndo a los contingentes en volúmenes de depósito de aceite de oliva que le impusieron. De hecho, de acuerdo al Reglamento (CEE) n° 217/93 de la Comisión, art. 2.4, quedó limitado a 76.000 toneladas. Siendo nuestra producción, por aquellos años de unas 600.000.

Esto, además de arruinar la presencia de nuestras marcas en Europa y frenar nuestra competencia, procuró la adquisición a granel de nuestros aceites por otros países y, con ello, desencadenar una burbuja especulativa que dura hasta hoy día.

De acuerdo a Sanz (2006), las previsiones de producción de aceite para la campaña de 2006 propiciaron una elevada especulación del mercado. Sin embargo, se intruncó, generando una producción inesperada, lo que terminó por elevar muy considerablemente el precio del aceite. Un cálculo inadecuado de costos y de beneficios, acompañados de la impasibilidad del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación determinaron una subida drástica del aceite de oliva que perdura hasta hoy día. Cuando, según Asaja (ed). (2017), el precio del aceite de oliva sigue subiendo, y también su demanda. Desde luego que los fallos de mercado han transformado hasta la elasticidad de demanda. Ahora, parece ser un bien de primera necesidad en nuestra cesta de consumo y, también, un bien para mercados de futuros.

Espero que haya resultado de interés, tanto desde el conocimiento que transmite en sí, como hasta la posibilidad que para el entendimiento de la materia presenta para el ejercicio de la docencia. Con todo, alcanzar el conocimiento de esta situación en nuestro mercado de aceite de oliva, bien merece la proposición en clase de escenarios alternativos, otros presupuestos para el tejido empresarial, ¿qué se podría hacer para mejorar la situación?

Tal vez una situación así ayude al empresario español a tomar conciencia de las posibilidades que brinda este producto si contara el mismo con un establecimiento permanente en otro país comunitario. Por el caso contrario, de no ser viable una situación así por los contingentes, buscar socios comunitarios o foráneos con los que desarrollar nuevas empresas. Si no, aunar know-how, canales de distribución y fuerza en ventas, desde el florecimiento de nuevas joint-ventures, también se presenta como alternativa o modelos de negocio a explorar. Amén de la posibilidad de renegociar los contingentes.

Es muy posible que ciudadanos españoles que cuentan con recursos ayuden a impulsar algunos de los productos de España que hacen de ella esa «piel de toro», ese país más veces civilizado en el mundo, como es, en este caso, el oro líquido de nuestro «planeta aceituna».

Finalmente, se pretende ayudar a construir conocimiento desde este blog, ofrecer visiones críticas, que cuestionen situaciones actuales, aunque alejándonos totalmente de la acidez. ¿Cómo podemos conseguirlo? A título personal, considero que el valor añadido del economista es, precisamente, eso: hacer una valoración o análisis crítico de una situación, si bien, proponiendo por igual una solución, un escenario o un presupuesto alternativo.

Un saludo, atentamente.

Verónica García-Melero

Bibliografía

Asaja (ed). (2017). Suben el precio del aceite y las ventas. Recuperado de: https://www.asajajaen.com/actualidad/suben-precio-del-aceite-las-ventas

Mankiw, N. Gregory (2002). Principios de Economía. Madrid: S.A. McGraw-Hill / Interamericana de España.

Reglamento (CEE) n° 217/93 de la Comisión, de 2 de febrero de 1993, relativo a los contratos de almacenamiento del aceite de oliva para la campaña de comercialización 1992/93

Sanz, E. (2006). Agricultura insiste en que no abrirá los contingentes a la importación de aceite de oliva para frenar los precios. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/empresas/2006-04-07/agricultura-insiste-en-que-no-abrira-los-contingentes-a-la-importacion-de-aceite-de-oliva-para-frenar-los-precios_848310/

VV.AA. (2017). Bloque de Economía para la Oposición al Cuerpo Técnico de Hacienda del Estado. Madrid: CEF