Sanaj

Al igual que la vela no puede arder sin fuego, el hombre no puede vivir sin vida espiritual.

Buda

Sanaj: una carta de presentación.

¡Bienvenidos a Sanaj!

Esta no es sino la puerta a aquella metafísica que espera explorarse y que sirve de pilar para la orientación del modelo educativo y los fundamentos de economía que se espera ir presentando.

Hasta el momento, la exploración de la naturaleza, estructura, componentes y fundamentos del ser y de lo que hay, especialmente, estudiados desde la interrelación que ofrece la educación y economía, ha conducido al trabajo a aflorar tanto interconexiones como necesidades en que se vienen a retroalimentar la Psicología Cognoscitivista, el Sistema Educativo y el Sistema Económico y Político de nuestro presente. Interconexiones y necesidades que encuentran respuesta en la Economía del Aprendizaje: muy focalizada en la sinergia, en la mejora continua, en el desarrollo sostenible de aquellos recursos, tanto humanos como físicos, que se comprometen en todo el proceso que los une. De esta manera, para comprender aquello que ofrece cada doctrina para el propósito educativo y económico que se pretende – además de apreciar cómo revierte en necesidades metafísicas, esto es, explorar el ser, aquello hay – resulta conveniente reflexionar brevemente sobre las mismas.

De considerar la importancia de la psicología cognoscitivista, una primera aproximación al conocimiento que ésta nos revela, puede valernos para percibir cuál es su importancia y su papel. En este sentido, la psicología cognitiva o cognoscitivista es una rama de la psicología que tiene por objeto estudiar cómo las personas entienden el mundo en el que viven.

El entendimiento de este mundo, visto desde el aprendizaje que deja la interactuación con él, nos revela cómo los seres humanos toman la información sensorial entrante y la transforman, sintetizan, elaboran, almacenan, recuperan y finalmente hacen uso de ella. Desde luego que profundizar, a través de cuestionamientos e investigaciones, solo en esto, nos devuelve maneras con las que mejorar nuestro aprendizaje, métodos con los que conseguir un aprendizaje con sentido y, por igual, explorar aquellas maneras que nos conducen a la autonomía del aprendizaje.

La optimización del proceso del aprendizaje, junto a la búsqueda de la autonomía en el mismo, no son sino el vector en el que nos direcciona, desde la década de los noventa, la UNESCO. Siendo la tolerancia aquella puerta que ha de valer para abrirnos a una nueva visión del mundo.

En este sentido, ni que decir tiene que así somos educados y así es orientada nuestra educación, así es nuestra respuesta como “outputs” de todo el proceso educativo en el que somos involucrados y, por igual, así es el mundo que vamos construyendo. Luego, solo pensar en la búsqueda del aprendizaje con sentido, la autonomía en dicho aprendizaje y dentro de un marco social que propicie la tolerancia, ya nos está devolviendo la necesidad de ver el mundo en el que se vive de otra manera.

Si profundizamos en la interconexión de nosotros como “outputs” de un proceso educativo y el escenario de trabajo que nos brinda nuestra economía y sociedad, podemos apreciar cómo son mutuamente influyentes. Así nos educa el sistema, así es el resultado conseguido en nosotros; así ha sido nuestro proceso, así es aquello que aportamos en nuestra sociedad. Vendría a ser un ciclo de vida, un ciclo sin fin. Así, sin parar la rueda, sin necesidad de dar un frenazo, es que de explorar nuevas fórmulas, nuevas maneras de hacer las cosas, es como podemos ver como revierten en la economía y sociedad y así, sucesivamente.

Alcanzado este punto, podemos apreciar uno de los conceptos fundamentales de la metafísica general: el cambio. De esta manera, si algo queremos cambiar, por igual hemos de estudiar qué hay, cómo son las relaciones entre los entes, o las relaciones de los participantes (nosotros, “outputs”) con el acto (mercado laboral, por ejemplo). Como vemos, profundizar en aquello que existe, su esencia, nos conduce a un conocimiento esclarecedor que sirve de vehículo para acometer otro presupuesto de objetivos y metas que nos orienten en el cambio.

Por el momento, creo que con pocas palabras ha quedado clara esa necesidad metafísica de nuestra educación y economía. Desde luego que investigar cómo es el resultado conseguido con nuestro actual sistema, nos ha devuelto las más altas tasas de abandono escolar en la Unión Europea y una población con estudios superiores más bien suficiente. Hay que dismitificar esa sobrecualificación de la población española y procurar construir cambios que nos orienten en la renovación y mejora.

Pero los cambios, no solo son pedagógicos y didácticos, los cambios han de venir de la mano de métodos y modelos económicos que posibiliten un aprendizaje significativo de aquella información histórica y disponible con la que se cuenta dentro del propio proceso educativo. En este sentido, estamos hablando de abstraer el objeto de la propia psicología cognoscitivista dentro del ente organizacional y administrativo del sistema educativo. Esto es, conseguir que aquella información sensorial entrante, sea transformada, sintetizada, elaborada, almacenanada, recuperada y finalmente logre hacerse uso de ella y en pro de la mejora continua. Por aquí es que se encamina la Economía del Aprendizaje; pues ésta transciende la economía de escala.

Aún así, métodos pedagógicos y didácticos, modelos económicos con los que trabajar – no solo la organización de la educación, sino cualquier empresa – se presentan insuficientes para verdaderamente abordar qué es lo que hay y cómo cambiarlo. Para empezar, porque lo que primero hay son personas.

Nada más que pensar primero en las personas, la OCDE desde su centro de inteligencia y en sus “white papers”, nos devuelve desde hace unos dos años la necesidad de poner a las personas en el centro; no solo en educación, sino en todo el ámbito laboral por igual. La evolución de nuestra sociedad nos conduce a la cooperación, al reconocimiento del otro, nos dirige hacia la tolerancia y el respeto. Nos conduce a ir construyendo una sociedad cada vez más solidaria y participativa, una sociedad más humana.

Abordar qué es lo que hay, como se acaba de decir, requiere de profundizar más en el ser, en sus necesidades y en aquello que lo satisface. Así, profundizar más en el ser es, nuevamente, cuestionarnos por: qué es el ser, qué lo hace ser feliz, qué lo hace estar más saludable, qué lo hace consenguir un propósito de vida, qué busca el ser,…

Posiblemente, hacernos este tipo de cuestiones ontológicas, que no son sino preguntas de metafísica general, nos conduzcan, no solo a dilucidar respuestas en consonancia con aquello de que se tiene conocimiento y para y dentro del momento actual que vivimos; sino que sirven, por igual, como referente epistemológico desde el que volver a plantearnos principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano.

Así, ¿habremos de conocernos mejor?, ¿habremos de reflexionar sobre nuestra vida y nuestra conciencia?, ¿influirá nuestra percepción del entorno en nuestra actitud?, ¿podemos cambiar el entorno desde cambios en nuestra actitud?, ¿cómo influye un estado positivo en nuestra salud?, ¿y en nuestro ánimo?, ¿nos condiciona una actitud positiva en la disposición de ánimo y voluntad por el aprendizaje o trabajo?, ¿podemos cambiar la organización y sistema de cosas de acuerdo a los cambios que percibimos en nuestra conciencia? Esto es, de apreciar la importancia de estar positivos y regular nuestra conducta, así como de ser empáticos y saber ponernos en los zapatos de los demás, ¿podremos ir transformando los valores morales y éticos que demandamos en nuestro sistema educativo, por ejemplo?, ¿en el económico?, ¿en el político?

Y nuestro sistema sanitario, ¿podrá ir transformandose y reciclándose hacia ese mismo cambio que experiementamos en nuestra conciencia que cada vez demanda más salud y biniestar?, ¿producirá la transformación de nuestra conciencia una transformación radical en el sistema de salud, con el tiempo; orientado, a su vez, en la salud integral: cuerpo y mente?, ¿transformará este cambio la propia farmacia?, ¿se requerirá en este proceso de equipos interdisciplinares de diversos profesionales con los que desarrollar una nueva medicina más integral y personalizada?, ¿la transformación de nuestra conciencia irá transformando el acceso a servicios de salud integrales?, ¿podrán diversificarse servicios y trabajarse desde la propia farmacia, a modo de consultoría?, ¿ayudará el cambio de conciencia a desenquistar tabues y estereotipos sociales que no hacen mas que malograr el verdadero bienestar de las personas?

Ahora mismo me estaba acordando de una obra que he leído de Carl Gustav Jung, “La Teoría de los Complejos”. Si bien ha sido una teoría que ha dado mucho de sí, especialmente para mejorarla, por igual, es una teoría donde Jung nos recuerda que todos tenemos “un cadaver en el armario” – si no he comprendido la teoría al completo, esto es fácil de entender por cualquiera -.

Es decir, todos tenemos alguna que otra tara. Basta con apreciar personas que se reunen con apariencia social para estar movidos por conductas totalmente asociales: como discrimiar a otras, insultarlas, desmejorarlas con críticas malintencionadas, si no, profesan incluso bullying. Algo propio de mentes disfuncionales, y parece, sin embargo, que es de lo más natural. La mayor de las veces proviene de sentimientos de envidia, que solo menoscaban la satisfacción y disfrute de nuestras capacidades y bienes, impidiendo disfrutar de los mismos. En este sentido, la metafísica desde el plano del crecimiento del ser en un plano espiritual, nos devuelve la importancia de concebirnos, tanto a nosotros mismos como al mundo, desde el prisma de la abundancia; no desde ese rasero de la competencia. El solo hecho de enfocarnos en el desarrollo personal, en la competencia con nosotros mismos – un tema muy actual – , nos acerca una manera de vivir sana y saludable. ¿Habrá aquí una puerta para renovar la medicina, farmacia, alimentación, ocio, deporte…?

Me estoy acordando de una amiga psicóloga, quien numerosas veces me ha subrayado la importancia que tendría en las personas el conocerse así mismas, regular sus conductas, recibir consejo para afrontar su vida y sus relaciones con los demás de otra manera. La psicología las cambiaría, la psicología cambiaría el mundo.

En este sentido, promocionar esa necesidad de drenar en el psicólogo, como quien va a la peluquería, es propio de países desarrollados. ¿Quién no va a su psicólogo o terapeuta cada poco? Sin embargo, lamentablemente, en otros países parece que ir al psicólogo o al psiquiatra es cosa de “apestaos“. Cuando, en realidad, es de las mejoras terapias y consultas que puedes abrazar en tu vida. Recibir ayuda para conocerte mejor y afrontar cualquier obstáculo desde el sabio consejo y el conocimiento o, de ser necesario, un fármaco, en lo único que deriva es en bienestar personal y más salud, no solo mental, sino de conciencia y física. Por cierto, interesante se presenta renovar esta imagen del psicoanálisis con equipos interdisciplinares donde trabajaran juntos psicólogos, psiquiatras y neurólogos, tanto en la medicina pública, como en la privada. Esto es la cooperación y la sinergia de una unidad estratégica de “negocio”, desde la que promover cambios en la sociedad, conduciéndola al bienestar y aprehendiendo qué es ser emocionalmente inteligentes.

Y, ahora mismo, me acabo de acordar de aquella personas con TDA/TDAH y de la guía clínica que orienta en la formación, ¿sería inteligente crear unidades estratégicas de trabajo o equipos multidisciplinares donde médicos especializados en esta materia asistan a orientadores y equipos decentes en instituciones educativas? Por el momento, ya conocemos esa figura prometodora del neuroeducador, aún por explotar. ¿Habría un cambio de conciencia entretanto se transforma el sistema educativo y se focaliza en la motivación de las personas?, ¿sería importante diversificar el número de profesionales y tareas que asisten a todo el sistema educativo?, ¿una renovación de aquellos servicios básicos del Estado y fundamentales para nuestros derechos, como lo son la educación y la asistencia sanitaria, procuraría una nueva conciencia del bienestar social?, ¿cambiarían nuestros índices macroeconómicos con el cambio de conciencia?, ¿se rediseñaría la organización y administración del Estado en pro de garantizar ese “wellfare” que se anhela?, ¿ayudaría el replanteamiento de la cooperación y el trabajo interdisciplinar en el fomento del empleo?, ¿mejoraría nuestro tejido empresarial desde el enfoque de la cooperación, la necesidad de explorar y mejorar la tolerancia entre las personas y ponerlas en el centro?….

En realidad, podemos hacernos muchas, muchas preguntas que vienen de la mano de poner a las personas en el centro, como nos recomienda el Centro de Inteligencia de la OCDE, o de trabajar esa tolerancia que es esperada desde hace tanto tiempo por nuestra UNESCO. En fin, que profundizar en las personas, en el conocimiento del ser y en lo que hay, bien nos devuelve, no solo el conocimiento de nosotros mismos y desde el que llevar a cabo cambios, para empezar, personales; sino que, por igual, ayuda extensiblemente a ir creando nuestro futuro. Después de todo, el ser humano es un ser animal que se procura un esfuerzo innato por su supervivencia; así es que es proactivo y trae al presente su visión de futuro. Todo sea por seguir navegando y que nadie se caiga del barco.

De esta manera, desde Sanaj, que no es sino una palabra del lenguaje esperanto que significa “sano” o “saludable”, se espera ir explorando aquella metafísica del ser y de lo que hay. Se espera ir construyendo un presupuesto de conocimientos que nos conduzcan hacia la salud; tanto personal, como de nuestro entorno, y desde los que plantearnos cuestiones al respecto de nuestra conciencia y de nuestra vida, no solo individual, sino como sociedad.

En este sentido, considerar simplemente la luz, nos devuelve, no solo los actuales conocimientos que hay con respecto a nuestros biofotones y canales energéticos corporales -algo milenario en la medicina china tradicional – sino, por igual, abre la puerta a la conciencia humana, a la vida, a nuestra salud, a nuestros estilos de vida y a volver a plantearnos cuestiones ontológicas propias de nuestra propia metafísica. Incluso hay cabida para reforzar la existencia de una conciencia universal, la conciencia de Dios. Yo, personalmente, no tengo ninguna duda sobre su existencia, creo en Dios firmemente.

Con todo, de abrazar esa necesidad empírica que subyace en la metafísica para hacerla dadora de su posibilidad, el biocentrismo actual se abre desde el no cuestionamiento de la existencia o no de Dios y, por supuesto, con muy diversas pruebas refutadas orienta en la necesidad de explorar la conciencia y la vida para recuperar una nueva epistemología, una nueva manera con la que abordar principios, fundamentos, extensión y métodos del conocimiento humano (otro día hablaremos de los principios del biocentrismo).

Siguiendo esta línea, y dada la libertad de expresión y creencia, desde la exploración de “Sanaj”, si bien se asimilan aquellas posibilidades que brinda la ciencia en el campo de la física cuántica y desde las que se invita al estudio de la propia metafíscia del ser; bien se considera la existencia de Dios y la posibilidad de la “teoría de un todo”.

La “Teoría del todo” es una teoría en la que insiten científicos, como Stephen Hawking y Carl Sagan; así, decir que no ocurrirá dicha teoría porque tenemos una visión defectuosa del mundo, ya es negarse así mismo en esta aseveración, puesto que la visión defectuosa comprende, por igual, el querer negarla cuando poco de la conciencia se sabe y puede ser una posibilidad. Es más, ahora parece ser que nuestra conciencia es la que nos abre la puerta a otra manera de apercibirnos para la vida y percibirnos a nosotros mismos. Algo que todo lo transforma y parece ser que descansa en el espíritu. Recordar siempre que son muy numerosos los psicoanalistas que subrayan que poco se sabe del espíritu. ¿Habrá aquí una gran posibilidad para retomar esa importancia de la psicología de la religión y espiritualidad?

¿Será nuestra conciencia una mini escala de la conciencia de Dios, esa conciencia universal que cabría explicar todo lo que hay y su perfecto orden y funcionamiento?, ¿será Dios una Conciencia? Desde luego que si la física cuántica apunta en la necesidad de explorar nuestra conciencia y cómo es influida ésta por nuestras conductas y entorno, nada podría negar que de profundizar en el conocimiento espiritual del ser – de su conciencia – hallemos un conocimiento transcendental que termine por devolvernos esa “teoría del todo” o la experiencia de Dios. Desde luego que desde la perspectiva de las religiones abrahámicas, no debería de caber duda alguna de su existencia.

Con todo, ¿sería el acercamiento de estas tres religiones el que permitiría promover la conciencia de la tolerancia?, ¿sería la percepción de la esencia de Dios, esa Gran Conciencia, la que permitiría acercar el pensamiento y cultura de occidente y oriente? Después de todo, los propósitos u objetivos de todas ellas para el ser no es otra cosa sino la reconducción de la conducta en aquellos valores éticos y morales que hacen a las personas virtuosas. Después de todo, su fin último es esa transcendencia del ser, la iluminación intelectual y espiritual: su autorrealización. Esto es, ayudar a la persona a sacar a flote todo su potencial. ¿Transformaría esta educación espiritual la manera con la que apreciamos nuestra creencia?, ¿nos movería hacia el reciclaje de aquellos conocimientos que, en numerosos casos, se quedan en la superficie?, ¿influiría positivamente en las personas conocer con más profundidad las Sagradas Escrituras?, ¿sería un vínculo que nos uniría a todos?, ¿transformaría la Iglesia y todo aquel valor añadido que suponen sus órdenes eclesiásticas?…

Por igual, indagar en el conocimiento del sistema económico y monetario, nos devuelve, desde su conocimiento, la necesidad de replantearnos sus posibilidades y orientarlas en una nueva cosmovisión: la de una Economía Solidaria y Humana. Claro que las transformaciones requieren del compromiso, no solo de las gentes, sino de los Estados y ente político para empezar. En este sentido, difícil se presenta el despliegue de medidas solidarias y humanas si es bastante mejorable el ejemplo del ente político del Estado.

Luego, procurar nuevas maneras de ver las cosas requiere, en primer lugar, de la predicación con el ejemplo por la propia clase política y Gobierno – con independencia de cómo esté constituido y organizado -. Es simple de entender, así hace el Estado, así es que suelen hacer la personas. Así es que en el compromiso, en el ejemplo, es donde nace la posibilidad de cambio.

Vendría a ser algo así como cambiarse así mismo para ver un cambio alrededor. Y, no es una tonteria, después de todo, el sistema monetario se fundamenta en el compromiso y promesa de respaldo del Estado y su Gobierno. Luego, este compromiso y promesa de respaldo bien puede valer para, desde el ejemplo solidario y humano, fomentar la inversión y empleabilidad a través de nuevas empresas y fórmulas y nuevos sistemas energéticos; no podemos olvidarnos de que el sostén de cualquier economía es la inversión y la energía.

¡Que “haiga” luz!, ¡qué “haiga” cambio!

Un abrazo a todos mis lectores.

Con amor, a mi hijo, mamá.

Verónica García-Melero

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