La fábula de “Las Ranas y el Pozo”.

Haz el bien y no mires con quien; haz el mal, y guárdate.

Mi bisabuela Filomena.

Mi madre, María Filomena, me contó una fábula sobre unas ranas y un pozo. Una fábula que me parecía triste en su final, así es que he decidido cambiar el mismo. En realidad no es que busque simplemente un final felíz, sino reflexionar un poco más o ir más allá de la primera enseñanza aparente. En ocasiones, cuando leemos una fábula o se nos es transmitida oralmente, nos quedamos en la superficie. Es por esto que procurar profundizar en sus enseñanzas nos puede aflorar una nueva perspectiva, una nueva visión de los acontecimientos que sirvan de vehículo para aquello que logramos discernir.

La fábula de hoy espera llegar al corazón de muchas personas, especialmente de muchas mamás. Lo cierto es que al reflexionar sobre lo que queremos para nuestros hijos, ¿no debería ser igual que aquello otro que procuramos para los hijos de los demás?, ¿sería importante entonces mirar hacía adentro y apreciar qué es aquello que hacemos para con nuestros iguales y cómo ésto puede salpicar tanto a nuestros hijos, como a los de los demás?

¿Qué quiero decir? Le propongo un ejemplo que le ayudará a discernir con más profundidad la fábula que le acerco en esta entrada. Imagínese que desconoce a su vecina, es algo bohemia, parece que su vida es algo desordenada, propia de este tipo de personas. Jamás ha hablado con ella; sin embargo, le han corrido un tupido velo socialmente desde la difamación, a la que usted se apunta desde el desconocimiento.

¿Cómo puede sentirse su vecina “bohemia”? Tenga presente que todo lo que ha llegado a sus oídos es difamación, ¿por qué habrán hecho esto?, ¿qué esconde su vecina si es una persona dulce y agradable? Posiblemente mucha bondad. Sin embargo, usted le ha corrido un tupido velo, la desplaza, humilla y critica y, con ello, salpica a su hijo. Está usted desvirtuando la imagen de su vecina la “bohemia” a su hijo, ¿se ha dado usted cuenta?

¿Se imagina usted ahora que su vecina la “bohemia” es una mamá tan excepcional que con sus ideas procura maneras con la que hacer las cosas bien a las demás? Lo hace tan bien que se ha ganado tal odio por aquellos que gustarían de ser como ella, que no han hecho otra cosa más que difamarla; con el ánimo de que personas, como usted, directamente la desplacen. Algunas veces la difamación alcanza las cosas retorcidas y crueles.

Es importante atender a los hechos de las personas. Son muchos los genios a lo largo de la historia que nos han transmitido una misma enseñanza al respecto y es que: a las personas se las conoce por los hechos, no por las palabras. Cuando quiera saber cómo es alguien, atienda a lo que hace, no a lo que dice.

Generalmente las personas que procuran lavar mucho su imagen y venderse, no cesan de bienhablar de sí mismos, vanagloriarse y cuidar toda una falsa apariencia. Es muy probable que no sea una buena persona; para empezar ya no es una conducta honesta y sincera. Es más, en tanto maquina qué decir esta persona de sí misma para asegurse toda una imagen de bondad, ya se está alejando totalmente de tal bondad en tanto este comportamiento lleva aparejada la malicia agazapada. Ésto es ser una persona maquiavélica: el fin justifica los medios. No importa qué hacer para justificar un propósito. ¿Se imagina ahora que hasta esta “bondadosa” persona es la que ha difamado a su vecina la “bohemia”?

También tenga presente que del talento hablan, de la mediocridad no. También tenga presente, no obstante, que las personas inteligentes discuten ideas, las medianas los sucecesos y las pequeñas, a las personas. Se imagina ahora que le propician a la “bohemia” este insulto que lleva aparejado la verdadera esencia de quien lo ha ideado. ¿No sería algo extraordinariamente cruel?

Su vecina no es tal bohemia, en realidad, es tan bohemia como lo puede ser usted y, es más, hace de tripas corazones para poder hacer todo lo que hace, su vida es extraordinariamente disciplinada; claro que no tiene tiempo de arreglarse tanto. De algo habrá que quitar tiempo para ganarlo. Por igual, es tan sencilla, que aunque dispone de cosas con las que estar más arreglada, una vieja camiseta o un viejo chándal le vienen como anillo al dedo para estar cómoda haciendo tanta cosa. Total, ella es tan bohemia que en realidad vive para hacer cosas por los demás.

Sea una persona sabia y discierna las enseñanzas que transmite la siguiente fábula: “Las ranas y el pozo”. Es probable que la próxima vez que le hagan llegar un bulo se cuestione el propósito del mismo. Sea una persona reflexiva, ésto no es más que ser sabia; como poco para su día a día. A continuación comienza la fábula:

Mi madre me contó que en una ocasión, en las entrañas de un bosque, vivía todo un ejército de ranas. Éstas eran las defensoras del lugar y, por igual, eran el hombro sobre el que llorar del resto de los animales del bosque. Eran unas criaturas muy tolerantes y comprensivas que, con espontaneidad, expresaban sus emociones. Al menos, su comportamiento era claro y transparente.

Aférrimas a aquello que en primer lugar vienen a representar, la metamorfosis que en sí experimentan a lo largo de su existencia, todas ellas gozaban de esa especial habilidad para adaptarse a los cambios y a los ambientes.

Con todo, también gozaban del defecto de la egolatría, de buscar la atención de los demás, de hacerse notar. Así es que algunas de ellas, llevadas por esta característica que explotaban con sutileza, se eregían como líderes forzosos de entre su propio ejercito.

Habia una rana, Verdad, que destacaba por su creatividad y manera con la que llegar al corazón de sus compañeras, así como de los demás animales del bosque. Esta habilidad de Verdad, era tal, que había alcanzado el conocimiento de no posicionarse por encima de ninguna de sus compañeras para contar con su valoración. Esta humildad la había procurado eregirse como un líder natural, pues es en esta cualidad donde descansa el sentido del verdadero liderazgo. Por igual, era una rana muy apasionada con sus ideales; luego, gustaba de compartirlos con todos los demás animales del bosque, claro que no lo hacía intencionalmente. De manera extraña, la providencia le procuraba circunstancias o contextos donde dejaba, desde su conducta y hechos, preciosas enseñanzas.

Solía ser callada, observadora y, en apariencia, tímida. Sin embargo, después de conversar con ella, terminaban asimilando un carácter fuerte a la vez que dulce, moviéndose en un intervalo entre la extroversión e introversión. Tal vez de manera natural escuchaba y prestaba atención a todo aquel que se le acercaba, con lo que barajaba con soltura este acercamiento. Calibraba su interactuación con agilidad, haciendo sentir bien a todo aquel que se le acercaba. Era una rana pacífica y sosegada y, también, muy risueña. Era difícil no reirse con ella.

Verdad tuvo un hijo que nació sordo. Algo que le causó en un principio una pena tremenda. No obstante, y con ánimo de adaptarse a esta circunstancia sempiterna, se aventuró en el descubrimiento de muchos de los aspectos y conocimientos que se requerían para una buena crianza; tanto de su hijo y aquella peculiaridad que presentaba, como de la crianza en general. De esta manera, se ganó mucho cariño entre muchas de sus compañeras y demás amigos animales del bosque.

Sin embargo, aquellas ranas que se habían eregido como líderes no solastraban la bondad y capacidad de Verdad, con lo que diseminaron como el polen todo un bulo entre los animales del bosque y sus propias compañeras. Hicieron saber a todos los animales del bosque que esa aparente bondad de Verdad no era más que una manera de embaucar, pues secretamente ella era bruja. Sólo buscaba contar con el apoyo de todos los animales del bosque para, finalmente, eregirse como líder y ponerlos a todos a sus pies.

Tal chisme creó una aversión radical de los animales del bosque hacia Verdad. A sabiendas de lo bien que se sentían con ella, de su manera de empatizar…no procuraron más que crear una explicación acorde con este nuevo conocimiento, una explicación que los liberara de esta nueva tensión: “¿Cómo alguien como Verdad puede ser así? Posiblemente es cosa de brujas, que te embrujan con la mirada y las palabras y lo único que buscan es engañarte y su propio beneficio”.

Con esta actitud salpicaron a su hijo, quien en el colegio empezó a recibir el desplazamiento de algunos compañeros. Compañeros que, aunque pequeños, apreciaban el desdén hacia su madre cuando hablaban de ella en casa. De esta manera, a veces se acercaban a él con cautela.

Sin embargo, la sordera de su hijo, en gran medida, lo inmunizó de las habladurías de los adultos sobre su mamá. Y, lo que es más, su mamá era tan amorosa y dulce, tan cercana e infantil, que había hecho de ella hasta una compañera de juegos. Pensaba que cuando la miraban con desprecio, tan solo era el querer parecerse a su mamá. Pues su mamá era muy divertida y él, aunque no oyera, si observaba que las mamás de sus compañeros no jugaban tanto con ellos como con él hacía su mamá.

Un día, de pronto, empezó a llover sin cesar. La lluvia cada vez se hizo más y más pesada, de manera que pronto todo empezó a cargarse de agua. El río se desbordó, todo quedó inundado.

Las ranas líderes condujeron a todas las compañeras por el bosque hacía aquello que consideraron era un lugar a salvo. Sin embargo, cuando creyeron estar a salvo, no estaban sino sobre la boca de un descomunal pozo. De repente hubo un estruendo inconmensurable que ensordeció a todas las ranas, la tierra tembló y abrió unos canales subterráneos que, en instantes, secaron el pozo. Igual de repentina fue la salida del sol, que se llevó consigo la lluvia.

Ahora, todas las ranas se veían en la profundidad del pozo. La distancia que separaba el suelo del pozo de su boca era tal que ninguna rana hizo el más mínimo intento por saltar y salir de él. Era un imposible, algo inalcanzable para unos animalitos como ellas. Así, pronto se encomendaron a Dios, con la esperanza de que volviera a traer esa fuerte lluvia que rellenara aquel ingente hoyo.

Lucas, sin embargo, empezó a saltar, una y otra vez. Cada vez con más energía y brío. Miraba a su alrededor y apreciaba a todo el ejército de ranas gritando, con cada vez más energía. Todas las ranas del pozo le profesaban desaliento continuo en sus intentos: “¡Deja ya de saltar!, ¡para ya!” – gritaban muchas-. “¿Acaso no ves que no lo vas a conseguir jamás?” -replicaban con tono enérgico y despreciable otras-. “¿Es que además de sordo eres tonto?, jajajaja” – dijo con tremendo desdén y vituperio una de las líderes-. Entonces, de repente Lucas, tras un fuerte salto, movido por un milagroso soplo de viento, alcanzó la boca del pozo.

Lucas se inclinó en la boca del pozo y, balbuceando, comenzó a dar las gracias a todas las ranas por sus ánimos: “¡Gracias, gracias, por animarme a salir!, ¡muchas gracias!, ¡no lo hubiera conseguido sin vosotras!”…Su mamá lo miraba llorando, “hijo mío, Dios te bendiga y proteja, ¡qué lección has dado!, con fe todo es posible, hasta mover una montaña. ¡Qué tu discapacidad te haya confundido en esta fe tan grande…”. Con todo, insólitamente, en su llanto, cayó desplomada al suelo. Su rostro se palideció enseguida, aunque conservando una dulzura y serenidad indescriptibles.

Lucas, empezó a llamar a su mamá incesantemente: “¡mamá!, ¡mamá!”…Sin embargo, su mamá yacía en el fondo del pozo, había fallecido de emoción y amor. Lucas, que no terminaba de comprender qué es lo que estaba pasando, empezó a llorar desconsoladamente, llamando a su mamá a gritos, a voces, con perfecta dicción. De repente, percibió que oía, escuchaba todo lo que se decía en el pozo. De esta manera, dirigió su mirada con vehemencia hacia las ranas líderes y preguntó: ¿cómo habéis podido hacer esto a mi mamá, la habéis difamado, le habéis causado un gran dolor en el corazón? Ahora, que ha podido verme feliz, a salvo, ajeno a vuestra maldad… ha terminado por descansar en paz. Os diría que deberíais yacer como lo hace mi mamá si me asemejara a vosotras, pero me dáis pena, me entristece que haya ranas así en el mundo, que hacen lo que sea para opacar a los demás. No importando qué. Es una actitud vergonzosa, imperdonable sería a los ojos de Dios lo que habéis hecho, porque difamar es matar en vida a una persona; es hacerla desplazar por todos, es negarle su verdadera esencia, es destruirla o..intentarlo, porque mi mamá jamás perdió las ganas de vivir, la fe en los demás y el buen humor. Aún así seguía siendo amable, pensando en que algo os haría cambiar la actitud. Desearía que vierais en vuestros corazones lo que habéis hecho, solo así os arrepentiríais de verdad.

Entonces, un fuerte llanto rompió en las entrañas del pozo. Todas las ranas lloraban desconsoladamente, no solo la muerte de Verdad, sino cómo habían conducido a Verdad por tanta injusticia y dolor. Lloraban por su mal proceder, por haber sido tan mezquinas, crueles y cobardes. Lloraban sinceramente su arrepentimiento. Este llanto fue tal, y tan milagroso, que logró llenar el pozo, lo suficiente, como para que todas pudieran alcanzar la boca del pozo y salir.

A continuación se dirigieron a Lucas, mostrándole su más sentido arrepentimiento, pidiéndole su perdón. A lo que Lucas le dijo: “yo siempre os he perdonado, ¿no habéis escuchado el dicho que dice, no hay peor ciego que el que no quiere ver? Pues igual ocurre con los sordos. Escuchásteis sus palabras, su dulzura y sabiduría, su buen humor, su paz; sin embargo le hicísteis oídos sordos con el único pretexto de aseguraros vuestra propia apariencia, con el único pretexto de autoconvenceros en vuestra errónea elección. Procurad ser empáticas si esa es una de las cualidades que nos caracterizan; procurad ser creativas, vosotras las líderes, y no opaquéis porque sí, solo movidas por la envidia. Porque, si no os alegráis de vuestras cualidades, ¿cómo os váis a alegrar de las de los demás?; si no os alegráis de vosotras mismas, ¿cómo os váis a alegrar de los demás? El verdadero amor empieza en uno mismo, como acabáis de hacer. El arrepentimiento sincero empieza en el amor a uno mismo, en saber que ese mal que hemos hecho no nos gustaría recibirlo. Esto no es sino la regla de oro: tratar a los demás como nos gusta que nos traten”.

Con mucho amor a mi hijo y a mi madre, a mi Marifilo; que es maravillosa y no se da cuenta de lo grande que es. Hoy yo te lo recuerdo, mamá.

Por dentro y por fuera es la hermosura; como la tuya, mamá.

Verónica García-Melero

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