La Posada

Quien sabe bien cocinar, con pasar la mano por encima, saca la receta y el toque de sal.

Mi abuela María Barros
 Narrador:


Meditaba por el camino, Siméon,
un bulo del que se hablaba
entre las gentes de la región.
De una Posada se trataba,
y aquí viene la lección.


Con todo, en su pensamiento,
entretanto quería aclarar
el porqué de lo sucedido
entre las gentes del lugar;
alcanzó caminando a un extraño
con el que se puso a hablar.




Simeón:


Oye, amigo, ¿cómo es tu nombre?
A mi llaman Simeón,
quisiera charlar un poco,
pensar en alto, ponerme voz.
Pues, llevo caminando seguido
más de dos horas, creo yo;
y, como creo que comprendes,
gusta la comunicación.




Booz:


¡Sí que eres directo!
Eres claro, Simeón.
Eso me gusta en las gentes,
y, contigo, ¡cómo no!
¿Por qué no charlar un rato?
¿Qué te preocupa, Simeón?
Aprecio en tu rostro, amigo,
que te inquieta, en tu emoción,
algo que vienes pensando...
¿por qué no ponerle voz?
Por cierto, Booz es mi nombre..
que no se me olvide, ¡no!




Simeón:


¡Te hace justicia el nombre!
Pues algo aprecio en tu gesto...
eres audaz con las palabras
y no sé..te veo cierto.
Total, ¿será que los nombres
mucho dicen de las personas?
Unas veces parece que no,
otras son toda orma.


Booz:


Dejemos a un lado las impresiones
y, mejor, háblame
de aquello que llevas rumiando;
en el semblante se ve.




Simeón:


Llevo días intrigado,
horas llevo caminando,
pensando en lo que acaece
en la Posada de Don Donato.


Resulta que está de moda,
muchas personas se acercan,
animadas por el tumulto,
por el jaleo y su jerga.


De moda está su ruido
- nadie lo puede negar-,
mas, a pesar de la cerveza,
de la tapa y el charlar,
hay algo que se acaece
cuando se vuelve de allá.


Muchas personas enferman,
muchas sienten angustia,
se enferman en días seguidos,
¿qué será lo que asusta?


Porque, está la casualidad,
también, está la glotonería;
está una cerveza tras otra
y la tapa y su comida.
Así, entre col y col,
siempre puede haber lechuga;
no sé que es lo que será...
pero la cerveza es muy suya.


Que nadie como Donato
para helar bien el tanque;
en salmuera es que lo pone,
la cerveza es que hace
helada, como bien entra,
como bien gusta al paladar.
No hay cerveza inigualable
entre los bares del lugar.




Booz:


Me dices unas cosas...
que mucho dan para pensar.
Especialmente, la fama...
los cuervos siempre sacarán
los ojos de sus buenos amos
cuando le dan para almorzar
lo mejor de su cosecha;
hasta lo meten en pan.


Y, siendo su cerveza única,
inmejorable su frescura,
tal vez, en hablar de más
esté la mordidura.
Que algunas voces son,
a veces, como serpientes,
como víboras venenosas
que, para todo, mienten.
Y si mucho es que vende
la Posada de Don Donato..
puede que haya mentira
o algún gato encerrado.


Que... también se acaece
entre la leyenda del lugar
que algo se debe, amigo,
a alguna perversidad.




Simeón:


Ahora, Booz, que lo dices,
ahora es que lo veo;
la mentira lleva, a veces,
la inocencia de lo que creo.
Pues, creemos en la apariencia,
creemos en la impresión,
creemos, a veces, amigo,
en la primera intención.
Y, como la impresión es bonita,
poco es que pensamos;
nos guiamos por la apariencia,
así es que tropezamos.




Booz:


¡Qué lógicas tus palabras!
¡Muy inteligentes son!
Para que más nos aclaremos,
aclaremos la voz;
vayamos a la Posada,
quiero apreciar su canción:
sus platos y buena mesa
y su cerveza, ¡por Dios!



Simeón:


Entiendo lo que me dices,
¡qué bien, tú nombre, te va!
Tu mente se te ha encendido
entretanto me he puesto a hablar.



Y,..viendo, Booz, tus apreciaciones,
me gustaría ser sincero;
al ver tu semblenate, amigo,
tus ropas, pelo y gesto;
raro es que te me haces,
caido pareces del cielo.


Pues, siempre se rechaza,
y no me digas que no,
a aquel que lleva barba,
o pelo enmarañado, ¿no?


Se hacen siempre a un lado,
se les aparta,¡por Dios!
¡Qué tontos somos a veces!
¿Se nos habrá aparecido Dios?

Pues, así, tú te me antojas,
como alguien muy diferente;
con poco es que se le dice;
y con lo que no dices, transciende.


Booz:


Gratas son tus palabras,
muy sincera es tu voz;
pocas las personas profundas
que traspasan la aparición;
porque lo primero que vemos
lo primero es la cáscara;
¿es el fruto por dentro idéntico
a la apariencia de su cáscara?


Muchas manzanas jugosas,
apetecibles al paladar,
son mondadas y trás su cáscara
gusanos revelarán.


Así, hay una gran enseñanza
en siempre profundizar,
en traspasar la cáscara
y el fruto probar.
Que todo lo que reluce
no es siempre oro,
unas veces sí es así;
otras es más que plomo.


Por esto, en las palabras,
en las intenciones que llevan,
mucho se aprecia de lo que dicen
si se las escucha de cerca.


Y escucharlas de cerca
es, oído, prestar;
es hacer a un lado la palabra
y, la intención, calar.


Total, Simeón,
ya estamos muy cerca;
aquí hay un cartel que indica
que la Posada espera.




Simeón:


Mucho se me apetece ahora
una cerveza de Don Donato,
¡qué fresca es qué esta!
¡qué rica!, ¡qué trago!


Mas...con solo la cerveza
yo me puedo conformar;
no quisiera con la tapa
ponerme yo a enfermar.


Booz:


Descuida, Simeón, amigo,
de seguro veremos qué es;
hace tiempo que no revelo
la impresión de lo que no se ve.


Y..viendo, Simeón,
que transciendes la apariencia,
quiero hacerte el presente
de la Divina Providencia.


Fíjate, ¡aquí estamos!
¡Entremos!, por favor.
Quiero probar su cerveza
y apreciar el candor
del plato que en fama gesta
mas, se vuelve dolor.




Don Donato:


¡Hola, Simeón, amigo!
¡Con quién es que vienes hoy?
¿Te has traido a un mendigo
a endulzarle la voz?

No está mal que a estas gentes
se les eche una mano.
Mas, prefiero que os aparteís...
¡a la puerta, apartaros,
lejos de este tumulto,
no quiero ver aquí vagos!
Qué muchos son solo esto...
y a mi clientela gusta lo bueno.
Mejor quedaros allí,
mucho mejor que en el centro.


Booz:


Descuide Señor, no importunamos,
mejor será estar en la puerta,
doblegados en su hunildad,
sin perturbar su clientela.


Mas, he visto que aquí se sirve
una tapa colosal,
y una cerveza de tanque
que en salmuera es que está.


Sírvanos esto, amigo,
yo lo quisiera probar.
Le aseguro que con solo olerlo
la tapa revelará
el secreto de su receta
que bien oculto es que está.



Don Donato:


Me intriga como hablas,
¿qué has querido decir?
Sabio y muy sabido,
siempre ha sido así,
no revelar la receta,
mucho hay en este afán.



Booz:


Así es, Don Donato,
esto es una verdad,
una cosa es su receta,
otra es revelar
el ingrediente secreto
a las gentes del lugar.




Don Donato:


En fin...no tengo tiempo
para estas distracciones...
os traigo cerveza y tapa
y para allá, a los rincones.




Narrador:


Simeón se quedó aturdido,
no esperaba encontrar
la crudeza de las palabras
de Don Donato al hablar.


Le pareció arrogante,
incrédulo, además;
con soberbia en el habla
y rigor en el paladar.


Mas, siendo el dueño de la Posada,
no hubo más que hablar,
a la puerta es que se fueron,
al rincón del entrar.


Se acercó el mismo Donato,
con sus tapas y cervezas,
quiso asegurarse enseguida
que se encontraban en la puerta.


Dejó aquello que traía,
diligente se fue al bar;
mas, antes de entrar a su barra,
Booz, en alto, se puso a hablar.


Todos en la Posada,
de repente, guardaron silencio;
se giraron con gesto de asombro
y escucharon lo que te cuento.


































  Booz:


¡Muy buena la cerveza!
¡Yo lo sé sin probar!
¡Cómo ninguna la tuya, ni la de ningún bar!


¡Me gustaría ahora...!
¡Yo quiero revelar!
¡Cómo es tu ingrediente y para qué está!


¡Me inspira mi abuela María!
¡Ya sé porqué será!
¡Cómo abre ella mis ojos, siempre, de par en par!


¡Mi abuela era cocinera!
¡Ya sabes una verdad!
¡Cómo saber la receta, en el olor está!


Yo te paso la mano encima
y tus ojos abro de par en par,
si eres gato lo que hay en el plato,
como choto lo das para probar.


Yo te paso la mano encima
y tus trozos uno en un lugar:
si eres gato...¡salta del plato!,
si eres choto...¡guárdate donde estás!




Narrador:


De repente, todas las piezas,
de este plato y el de más allá,
se suspendieron en el aire
y se pusieron a juntar.
Se hicieron gato enseguida,
sus ojos abrió de par en par,
y lanzose sobre los de Donato
y se los fue a sacar.


Esta historia que os cuento
es de un día en la tierra Dios,
es un cuento de infancia
mi abuela me lo contó.
Me contaba que el Mesías
se paseaba por la tierra,
unas veces de una forma,
otras..de otra manera.
Mas, siempre lo hacía humilde,
esperando en el corazón
ver cómo es que se mira,
si es que se mira con amor.


La receta de la que hablo
es la que revela lo oculto,
así hoy he traído este cuento
y este cuento da para mucho.


Verónica García-Melero
El cuento de hoy es muy emocional. Está inspirado en uno que me contaba mi abuela María Barros, una maginifica cocinera. Bien sabía sacar una receta pasando solo la mano por encima del plato. Hoy me inspira a escribir este trocito del libro para mi hijo y todo aquel que lo atesore en su corazón.
Con mucho cariño, espero estar pronto con el blog organizado.
Un beso

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