La Parábola de la Torre.

La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano.

San Agustín de Hipona.
 
Sam:

Sabía que me impresionaría,
pero tanto, tanto...no;
después de todo, inspira
esa pera de amor.


Juan:

Igual te digo, Relojera, (05)
¡lo que es el recibir!
Ni es cosa de conocimiento
ni de recitarlo sin fin;
pues aquello que cae del cielo
guirnalda es de la humildad, (10)
algo que empieza en alma
y en doblegar tu voluntad.


Dishi:

Pues, a mi me tienes llorando,
como un valle de lágrimas estoy;
el sexto sentido de la madre (15)
y el recibir lo que doy.

Porque mucho da la madre
en ese relato que cuentas;
a pesar de su tormento,
solo quiere que la quiera. (20)

Que le diga unas palabras,
aquellas que están en su corazón;
y el verde de este momento
lo ha llenado todo de amor.


Relojera:

Si en la situación hay un tormento (25)
y su madre se haya separada;
sabed que Dios lo ve todo
y, como todo lo ve, se aclara.

Así, en esta ausencia,
todo su madre lo da; (30)
vacía se halla sin su hijo,
vacía se halla sin su Juan.

Mas, esta situación,
que tan singular se presenta,
habrá de recibir, de Dios, (35)
todo su pago y su cuenta.

Así, espera la madre
a su hijo con anhelo,
ya ha recibido su amor
y con la Gracia del cielo. (40)

Este mensaje lo abraza,
y como es mensajero,
sabe que Dios estará consigo
moviendo todo el Universo.


Maestra Sheng:

A mí me ha cautivado, (45)
y me ha puesto en su lugar,
y me ha fascinado la Gracia
con que se viene a inspirar.

Un método extraño
es la Cábala para interpretar, (50)
no sólo la Ley escrita,
la Ley, la que es Toráh;
pues, igual lo hacen sus letras
que, sin espacios, escritas están.

Así, en el no espacio, (55)
¿se aglutinarán las dimensiones?
Fácil es apreciar en la técnica
el sentido de las inspiraciones.
¿Será, entonces, importante,
será, entonces, transcendental (60)
que el método no es tal método
es, sólo y solo, espiritual?


Sam:

Entiendo lo que dices,
lo que es interpretar;
más que esferas y tecnicismos (65)
y, conocimientos, atesorar;
la Cábala en su significado
es recibir, y nada más.

Así, ¿qué se recibe del cielo
si no te pones a conectar (70)
tu alma y tu corazón entero
con el amor de la divinidad?


Ming:

Eso sí que es cierto,
¿para qué tanto conocer?
Importante es tu sentimiento (75)
y la voluntad de crecer.

Así en la humildad se haya
la más grande de las hermosuras,
la sagacidad se halla en su puerta
...y sabe elegir aceitunas. (80)


Hao:

Desde luego que los métodos
siempre te pueden orientar;
mas, en querer saberlo todo,
¿te podrías desviar
y hacerte a tus ojos sabío, (85)
y un creído, además?

Esto mucho es que sucede
y en el apego es que está;
por más que oriente un método
en elevarte para avanzar, (90)
el ego humano es tozudo,
y te hará, entonces, tropezar.


Maestra Sheng:

Por eso en el desapego,
en procurar la unidad,
es que te olvidas de ti mismo (95)
y piensas más en los demás.

Este sentido del que hablo
escrito y decodificado está,
una gran labor del hombre
está en edificar (100)
su cuerpo y alma, como templo,
esa es la gran verdad.


El Recepcionista:

Y, como esto no vemos,
la vida nos hará tropezar;
muchas piedras son el ego (105)
para querer elevar
tu yo, sobre el resto;
tu yo, sobre los demás.

Esto sucede a menudo,
esto es la vida pasar. (110)
Mas, cuando alguien destaca
y sobresale de los demás,
muchos son los que, martillazos,
a ese clavo le dan.

Y, ¿por qué lo martillean? (115)
¿te has parado a pensar?
¿Será en querer elevarte,
en querer ser mucho más
como es que te maltratas
martilleando a los demás? (120)
¿Acaso no eres feliz con cómo eres?,
¿No eres feliz con lo que das?
¿Has de quitar lo que tiene el otro
o desearle que no tenga "na"?
¿O has de negarle sus méritos (125)
y pisotearlo, además?

Si así es como te comportas,
entonces, ¿dónde está tu elevar?
Cuando humillas a otro, te agachas,
¡fíjate lo que es maltratar! (130)

Verás que no eres feliz con lo que tienes,
con lo que has conseguido, ¡qué va!
¿Por qué niegas las capacidades del otro?
En realidad...¿qué más te da?

Así, si aprecias que haces (135)
y cómo es que sientes;
habras entendido enseguida
donde el elevar se prende.

Que el elevarte en espíritu
justo está en el amor, (140)
en reconocer a los que te rodean
y lo que hay en tu interior.


Hao:

Desde luego que la perspectiva
de aquello que yo he estudiado,
subraya el desarrollo del ser (145)
como algo personal y no hablado.

Me refiero a no dar cuentas
de lo que haces para crecer;
contener y guardar tus anhelos,
competir contigo más bien. (150)

Porque el crecimiento personal
sí que toca varias esferas,
mas, toque las que toque,
una cosa es bien certera;
y es que en tu humildad está, (155)
de todas, la mayor belleza.


El Recepcionista:

Viniendo a cuenta de esta conversación
una parábola os voy a contar,
y trata sobre el crecimiento,
sobre el crecimiento personal. (160)
Seré breve en contarla,
¡para qué tanto enrredar!
La Parábola de la Torre.

El crecimiento de la persona
comprende todo lo que en ella está;
está la carne que es carne (165)
y el espíritu en su alma, además.

Así, la persona que crece
con una alma bien pobre,
es como una torre muy elevada
que casi alcanza el cielo, más se corrompe. (170)

Porque ha utilizado malos materiales,
no los ha examinado al comprar.
Y todo su anhelo ha sido
ser la más alta del lugar.

Así, ha venido de repente (175)
una gran tempestad,
y ha quebrado la torre,
derrumbado la torre, ha.

Mas, el alma que es grande,
una vasija enorme contiene, (180)
ha considerado su carne y alma,
ha guardado para sí lo que tiene.

Ha sabido elegir su compra,
ha sabido ser perspicaz.
Y no le ha importado que su torre (185)
sea la más pequeña del lugar.

Mas, su torre tiene fuertes cimientos,
y con cuatro pilares, además;
ha sido una fortificación fuerte,
con el tiempo la vienen a morar. (190)

No se desploma esta torre,
no se la lleva la tempestad.
Se ha convertido en faro, con el tiempo,
ésta ha llegado a ser su capacidad.

Verónica Garcia-Melero
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