El Té del Pingüino: T-quiero.


No vuelo, aunque soy pájaro,
bebo agua del mar;
evoluciono y avanzo,
no soy convencional.

Verónica García-Melero
Hao:

Mucho me gusta el pensamiento
que nos has hecho digerir,
me evoca al fruto y al árbol,
a en el fruto discernir
que el buen árbol da buenos frutos (05)
y no los da porque sí.


Ming:

Se aprecia extraña la parábola,
en las aceitunas se ve,
se ve en los platos que has puesto,
en el ejercicio de su comer. (10)


El Recepcionista:

Claro que es diversa,
otras guardo aquí
más asimiladas a breves historias
que dicen mucho de sí.


Sam:

A mi me ha fascinado, (15)
mucho me ha hecho pensar.
Y pensando, también pienso
en el hebreo para enseñar.


Juan:

Pues he leído en el índice
que un capítulo es un Pozo. (20)
Estoy por leerlo ahora,
en leerlo para todos.


Maestra Sheng:

Déjalo para más adelante,
mucho queremos hablar
y, sin embargo, la Relojera (25)
hoy mismo se irá.
Yo quisiera escucharte algo,
tu "tiempo" ha sido fenomenal,
¿tienes algún cuento
que nos quieras contar? (30)


Dishi:

Antes traigamos otra ronda
que sean ocho esta vez,
toma una cerveza con nosotros,
anímate, también, Miguel.


El Recepcionista:

Fíjate en ese extremo, (35)
que te he leído el pensamiento,
ocho cervezas que hay en la mesa
y patatas a lo pobre, un revuelto.

Así que, estamos preparados,
te queremos escuchar, (40)
si tienes una fábula,
¿tú que dices, Juan?


Juan:

A mí las fábulas me fascinan
que mucho dan para pensar
y si son como tu discurso, (45)
será más que fenomenal.


Ming:

Entonces, no te tardes,
empecemos por brindar
y dar paso a tu nueva historia
que nos va a escandilar. (50)
La Relojera:

Entonces, os tomo la palabra,
ya sé que os voy a contar:
la fábula de unos pingüinos
con el Té del T-quiero a probar.

Es una fábula diferente, (55)
seguro encuentra conexión;
se la escribe una madre a su hijo
en una ausencia, así es, mi amor.
Y, como Juan es que se llama
su hijo, quien la motiva, (60)
ya tenemos una conexión
¡ya verás como te anima!

Bueno, empiezo y no me tardo,
parábolas se pueden hacer;
quiero apreciar la espontaneidad (65)
en el habla de Miguel.
Así, cuando terminemos,
haremos una breve ronda,
una parábola por cabeza
y las encadenamos, también, todas. (70)



El Recepcionista:

Oye, me gusta el trato,
me gusta esta intención,
hacer cadenas con las enseñanzas
y en parábolas, ¡cómo no!


Hao:

Empieza y no te tardes... (75)


Sam:

Eso, que estoy "intrigá"...


Ming:

Yo siento lo mismo, oye...


Dishi:

Y a mí me pasa igual.


Maestra Sheng:

Arranca, Relojera, con la fábula,
que atentos estamos como ves. (80)

El Té del Pingüino: T-quiero.

Narrador (lee la Relojera):


La fábula que te cuento
es muy, muy singular;
la escribió primero en dibujos,
la dibujó, primero, Juan.
Y, como difícil se presenta (85)
para con las manos pintar,
su madre le ha pintado, entonces,
el pingüino del lugar.


Se lo ha pintado en historia,
la historia que lleva Juan; (90)
en las manos aparece
de qué, la fábula, va.


Porque hay una tetera
pintada con amor,
azul y verdes las asas, (95)
aromático el olor.


Tiene la tetera, al lado,
dibujado un corazón.
Te quiero es lo que dice
y lo ha pintado con amor. (100)


El Té, que es del Te quiero,
se le aprecia en el color,
el espíritu de la nobleza,
de la pureza del corazón.


Es un líquido morado, (105)
púrpura lo llama Juan;
“purple” si habla guiri,
el color de mamá:
la sofisticación del elevarse,
la humildad del desapego, (110)
la psique de, en la distancia,
decirte que Te quiero.


Es un color distinguido,
es un color diferente,
azul y rojo lo consiguen, (115)
no es ni frío, ni caliente.


Tiene la temperatura perfecta,
la que gusta para tomar;
ni hirviendo para soplarle,
ni helado para calentar. (120)


El vapor se ha condensado,
y con el amarillo de la pintura,
ha creado un ambiente rosa:
misericordia como la tuya.


Porque el rosa es suave, (125)
es tranquilo y amable,
transmite calma y cariño,
“¡para tí que eres mi madre!”.


Contempla la belleza,
también el amor cándido, (130)
la inocencia de este vapor
ha alcanzado su punto álgido.
Porque el tirador está naranja,
-¡el naranja del lama, mamá!;
es el toque idóneo (135)
para alcanzarlo a tomar.


Así es como dice
el dibujo que ha hecho Juan,
todo esto ha pintado,
con amor, para mamá. (140)


¡Ah!, ¡pero cómo estoy!
Falta mucho todavía,
las asas de los colores
“con los que te recuerdo, ¡madre mía!


Azul y verde son dos colores, (145)
“¡sul y verde!” él los llamaba,
cuando empezó a hablar…
¡de sus primeras palabras!


Siempre le pone brío
cuando hace esta elección, (150)
mira a su madre sonriendo,
y al mirarlo, risa sonó.


“Sul y verde” es la opción
de los colores de su entusiasmo:
¡arriba echa las manos alegre!, (155)
¡fíjate cómo los trazo!


Azul a la derecha,
verde a la izquierda, ¿lo ves?
Lleva la tetera diestra
la fuerza del buen hacer. (160)
Y a la izquierda lleva en el asa
el verde de la esperanza,
es el asa mensajera…
que se revelará en la taza.


Pero, ¿qué más dicen las asas? (165)
¿qué podrían decir
si es por donde se atrapa
la tetera para servir?
Si las manos es que abrazan
la tetera por aquí: (170)
un abrazo atesorado
y dibujado para tí.

También hay que tener presente
lo que no se pinta aquí;
junto viene a un pingüino, (175)
sin colores para tí.


“¡El pingüino no me gusta
no lo quiero escribir,
no quiero ponerle colores,
no me gusta el de aquí!” (180)


Porque cuando Juan no colorea,
no lo hace porque sí,
algo le ve al dibujo,
sin color lo deja, así.


Ahora, con estos dibujos (185)
seguro encuentra mi mamá
inspiración para una fábula:
"¡Mamá, Te quiero, mamá!"


Entonces su mamá
también cayó en la cuenta: (190)
¿por qué será la tetera?
¿será que el Te alimenta?


Justo el domingo de antes
cuatro veces es que bailó
Samba da Bahía con su hijo, (195)
una canción de Carlinhos Brown.


Y es que, el estribillo
mucho lleva de "te",
canción bien conocida
como el Te-te-te. (200)

Fue su canción primera
con la que bailaba él,
con nueve meses se movía
con el Te-te-te.


Fue ponerle la canción (205)
y lo desbordaba la alegría.
- ¡Vamos a bailarla, mamá!
- ¡Claro que la bailamos, vida mía!


Ahora, con cuatro años,
le ha escrito su mamá (210)
una fábula inspirada
en los dibujos de Juan.

En una tierra helada
habitaban unos pingüinos,
eran sociables y amigos, (215)
eran comunicativos.

Una de sus peculiaridades
era diferenciar
al retoño de entre todos
los retoños del lugar. (220)


Así, cada mamá
enseñaba a su hijo
cómo tomarse el té
y cómo bien servirlo.


El Té era una tradición, (225)
y así quedó prescrito:
diferenciar a tu familia
está en el sabor distinto.

Mas, hubo una tempestad
e hizo que se dispersaran (230)
entre las nieves del lugar
entre las blancas montañas.


Algunos, pobrecitos,
se perdieron para siempre;
otros que fueron más ágiles (235)
tuvieron mejor suerte.


Y, entretanto se adaptaban,
evolucionaron su especie;
si antes volar podían,
ahora nadan de muerte. (240)


Con una visión intuitiva,
fácil pueden conocer,
si aquello que ven en el agua
es o no es pez.


Y tanto viven en el agua, (245)
¡se han vuelto tan acuosos!,
que mudan las alas en año,
más resistentes las de todos.


En sus alas llevan el mensaje
de lo que es la renovación, (250)
dejar ir los miedos,
avanzar en superación.


Si son animales fieles
y comunicativos, ¡por Dios!,
son perseverancia viva (255)
y, también, no sumisión.
Porque no son convencionales,
ahora no pueden volar,
pero sí son resilientes
y se adaptan fenomenal. (260)


Son todo un ejemplo
del trabajo en equipo,
por cooperar, cooperan tanto...
hasta para quitarse el frío.


Así, en su adaptabilidad, (265)
en su necesidad de cambio,
buscan en la cooperación
el bienestar y su trabajo.


Han aprendido a turnarse,
a cederse el lugar. (270)
En coro es que se ponen
y se vienen a turnar.
Todos son una parte,
todos aportan algo,
y se diferencian entre todos (275)
con el Té del que te hablo.


Si se turnan por cederse
la posición del lugar,
siendo tan diferentes,
yendo más allá, (280)
han roto con todo aquello
que llaman convencional.
Hasta se han turnado los roles,
un cambio en ellos está:
el huevo lo incuba el padre, (285)
la madre se va a pescar.
¡Qué bonita la no sumisión
cuando se está por avanzar!


En toda esta evolución que vemos
algo se puede apreciar: (290)
la libertad y la alegría,
la confidencia, el recapacitar
en la necesidad de cambio, a veces,
y en lo no convencional.


Porque si vemos las soluciones (295)
dentro de una misma caja,
¿se verá la evolución
o cómo la libertad se castra?


Mas, siendo intuitivos,
guardan un gran secreto. (300)
Secreto que vela la madre
cuando el Té se pone a hacerlo.


Así, todos preservan
este rasgo singular;
el secreto del Té se haya (305)
en la receta que la madre da.


Porque el padre incubará el huevo,
y no se mueve del lugar;
mas, la madre es la que alimenta
y lo viene a enseñar. (310)


En esta fábula que te cuento
algo vino a pasar...


Una vez creció la población,
y se desarrolló sin igual,
fueron visitados por otros (315)
pingüinos de mal obrar.


Su aspecto era extraño,
era muy singular,
y se movían diferente,
¿esto por qué será? (320)


Con lo intuitiva que era
aquella comunidad,
procuraron guardar su secreto,
no dar su Té a probar.


Muchas diferencias empezaron (325)
cuando se iban a pescar,
pescar bien...no lo hacían,
buenos eran en robar.


Engañaban a las pingüinas,
siempre las querían confundir (330)
volteando cada cosa que decían,
así se imponían, sí.


"¡Ese pescado es mío!
¡Yo lo iba a coger!
¡Devuélveme la pesca, amiga! (335)
Te lo robo en la cara, ¡ves!"


Para cuando coro hacían,
no cedían su lugar;
la soberbia les podía,
¿y su comunicar? (340)


Entre ellas hacían coro,
solo para criticar,
para hacer mal a los pingüinos
que habitaban en el lugar.


Y se reían a carcajadas, (345)
y se reían: "¡ja, ja, ja!"


A nada es que se adaptaban,
todo lo querían cambiar,
solo para el bien de ellos
y no para la comunidad. (350)


No protegían a las crías,
las apartaban de lugar,
"¡quítate de aquí que me estorbas
y abrigo no me das!"


Sentido de la justicia no tenían, (355)
¿por qué será...será?
¿Será porque no han evolucionado
como deberas se ha?

- "Desde luego que una cosa
jamás nos podrán quitar, (360)
es algo que llevamos todos
y no perdimos jamás.


Aunque hemos evolucionado,
llevamos en el paladar
algo que nos delata como pingüinos, (365)
y el Té nos lo dará a mostrar.


Invitemos a nuestros nuevos amigos
al Té, a participar.
Con solo darle una taza
mucho es que se verá". (370)


Entonces los pingüinos
de aquella comunidad
propusieron a sus huéspedes
una ceremonia especial.


"Ya que llevais tiempo (375)
viviendo con nosotros aquí,
ha llegado el momento
de veniros a decir
que singular es un secreto
que no guardamos porque sí. (380)
Es una tradición lejana
que procuramos aquí,
y queremos que participéis
con nosotros por fin".


Los huéspedes se entusiasmaron, (385)
rápido asintieron, sí;
y procedió la ceremonia
y el té lo hizo Daní.


Daní sirvió las tazas,
primero bebió la comunidad, (390)
ahora tocaba el turno
de los huéspedes probar.


Sirvió las tazas, entonces,
a su boca las llevaron, sí;
pronto escupieron, gritaron. (395)
"¡Esto está salado, Daní!"


"¡Qué clase de Té nos sirves!
¡Qué habéis puesto aquí!
¿Acaso queréis enfermarnos?
¡No lo esperaba de tí!" (400)


La pingüina, madre de Daní,
tiró de sus pieles así:
arriba, con mucha fuerza,
y quitó sus harapos de allí.


"¡Os he quitado las caretas! (405)
¡Hienas, hienas, hienas!
¡Qué os reís de nuestra bondad
y os aprovecháis, bien, sin pena!


El agua salada es nuestro Té,
lo hagas como lo hagas. (410)
Una glándula nos filtra la sal,
¡una glándula bien rara!


Mas, nos diferencia entre especies,
¡fíjaos en la adaptabilidad!
La que no se os ha visto nunca, (415)
y nunca es que se os verá.


Porque trepáis por encima
de nosotros y de cualquier cosa;
hacéis todo con predemitación...
y una conducta espantosa, (420)
ruín y cruel, y perversa,
con mentira y traición.


¡Apartaos de nosotros enseguida!
¡no os queremos aquí!, ¡por Dios!"


Mas, revelada la treta (425)
de la comunidad de hienas,
pronto abrieron sus fauces,
mostraron los dientes de ellas.


Los pingüinos atemorizados
se apelotonaron en un montón, (430)
"si nos ha llegado la hora,
muramos en comunión".


Entonces, de repente,
un enorme oso saltó,
los dos brazos agitaba (435)
y con los dos arañó
de diestra a siniestra a las hienas...
ninguna allí se quedó.
Despavoridas huyeron
las hienas sin voz. (440)


¿Cuál es la enseñanza
de esta fábula, corazón?


Como moraleja, dejemos una,
y mucho da para el tirón:
en la esencia de lo que hacemos (445)
es que se ve la intención,
y en la intención se manifiesta
la verdadera condición.


No vuelo, aunque soy pájaro,
bebo agua del mar; (450)
evoluciono y avanzo,
no soy convencional.


Aquí te sirvo una taza,
aprenderás a filtrar
la sustancias de las cosas (455)
que el Te te traerá.


Toma una taza siempre.
¡Feliz cumpleaños, Juan!
Te quiero,
te quiero mucho cariño, (460)
cuidarte-te quiere, mamá.

Verónica García-Melero
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