El Sueño del Rey: la Recepción (I).

El placer de los puntos suspensivos….es que hacen cosquillas en la imaginación.

Anónimo
   Narrador: 
 
        Era una tierra sagrada
        que estaba en otro confín;
        un planeta con satélite
        y con agua para vivir.

05      En esta tierra sagrada

        hubo una vez un Rey
        sabio, justo y diligente,
        que utilizó para regir
        el orden de la naturaleza;
10      divina era, así, su ley.
 
        Fue un Rey abundante
        para sus gentes, para vivir,
        para hacer crecer a su pueblo,
        para en la paz seguir
15      perpetuando su ley divina;
        “El Rey está por servir”.
       
        Esta es la realeza del Rey:
        ser noble, estar por servir,
        por seguir la ley divina;
20      pues, Dios es quien lo ordena Rey.
 
        Este Rey noble y sabio
        procedía de un continente
        que se sumergió en las aguas
        por una catástrofe de repente.
 
25      Dejó su tierra originaria
        sepultada en las profundidades,
        muchos murieron enseguida
        otros crearon ciudades.
 
        Casta del Rey que es ungida,
30      elegida por gracia de Dios,
        construyó ciudades por la tierra,
        el sacerdocio también instruyó.
 
        Era una civilización primera,
        gozaba de resplandor,
35      eran uno con el todo,
        eran todo amor.
 
        Este Dios del que te hablo
        es el Altísimo, el Creador,
        mas, era Dios-Diosa,
40      la fuerza de la creación.
 
        Se perdió en el tiempo
        este gran valor:
        tesoro de la divinidad verdadera
        que se halla en la Creación.
 
45      Las civilizaciones fueron creciendo
        y apartaron a las mujeres,
        desterraron la parte Diosa,
        la enmarañaron con sandeces,
        con palabras más bien viles
50      y con intenciones crueles.
       
        Algo paradójico
        fue creciendo con el tiempo,
        siendo Dios-Diosa todo,
        padre-madre, divino-divina;
55      mucha era la feminidad
        que siempre lo describía.
 
        Pues su representación primera
        era el vientre dador,
        era la tierra fecunda,
60      era la formación,
        era el amor de madre,
        era la pasión,
        la compasión y la nobleza
        en todo su esplendor.
 
 
65      ¿Te extraña que por esta tierra
        se hallara siempre esta divinidad,
        este culto y cariño
        de las gentes por su deidad?
 
        No era solo madre,
70      pues, padre era, a la vez,
        la serpiente de las montañas
        y la de los mil nombres, también.
 
        Este Rey del que te hablo
        de la Orden es de “La Miel”,
75      primeros fueron en esta tierra
        para instruirla en bien.
 
        Era la Orden Suprema,
        la Orden del Creador,
        se halla la misma en toda tierra
80      alineando su intención:
        bendecir a toda criatura,
        a toda su formación.
        Y a las que dota de entendimiento
        expresado con la voz,
85      añade la magia del cosmos:
        palabras son letras de formación.
 
        A estos seres, como es el hombre,
        como en nuestra Tierra es Adam Kadmón,
        los ha hecho sus iguales,
90      el regalo excelso de la Creación.
 
        Siempre quiere una cosa
        para que alcances tu esplendor,
        que lo busques y le hables,
        que lo ames como te amó
95      desde el principio en que te hizo,
        desde que Él-Ella te creó.
 
        Mas, con el tiempo se fue perdiendo
        el origen de la creación,
        y el relato que te traigo
100     habla de esta perdición.
 
        No te sulfures ahora
        si piensas en la Evolución.
        Evolucionó la criatura primera,
        gracia fue de la Creación:
105     insuflar el aliento divino
        y la sabiduría en su voz.
 
        Así somos creados,
        también somos evolución,
        ¡y cómo no!...¡ingeniería
110     de otra civilización!
 
        Pero, ¿quita tanta cosa
        la existencia de Dios?
        por supuesto que no la quita,
        hijos somos del Creador.
 
115     No quisiera yo olvidarme
        de la importancia del agua;
        aguas que abajo viven
        copian de arriba su agua.
 
        Agua que es conocimiento
120     guardado y protegido,
        al igual que lo son los peces
        viviendo en este tejido.
       
        Que el estado de la materia
        no es otra cosa que tela:
125     tejido ordenado de partículas y
        mineral vive en ellas.
 
        Mas, no quisiera entretenerme
        con la elocuencia del agua,
        con el conocimiento que comporta
130     y la sabiduría que habla.
 
        Aunque, sí quiero que aprecies
        que en separar las aguas
        está aflorar la tierra
        y todo lo que ella halla.
 
135     Así, representaciones fueron
        para el origen de esta tierra
        hombres que emergen del agua
        y con un bolso de doncella.
        Mas, el bolso y el capirote
140     que luego quisieron copiar
        no es de la civilización siguiente
        que a la tierra vino a amenazar.
 
        Su tecnología era diferente,
        diferentes eran en tamaño,
145     volaban, surcando cielos,
        dioses se hicieron con los años.
        Porque cuando algo desconocemos,
        ¿qué nos puede pasar?
        ¿necesitamos, para la coherencia
150     de las cosas, tangibilizar?
 
        Así, antropomórficos es que se hallan dioses,
        que no eran más que criaturas con naves feroces.
 
        Eran de otra tierra que vino a colonizar,
        a extraviar la creación primera,
155     a hacerla olvidar.
        A hacerla caer en sueño,
        a sus ojos cerrar…
        Espero que este cuento
        abra tus ojos de par en par.
       
160     Volviendo al cuento que ahora narro,
        no te quisiera liar,
        te hablo de cosas que sucedieron
        con el Rey Baltasar.
 
        Otras de las que te narro,
165     habrás apreciado muy bien,
        que se acaecen con el cambio
        que ya te cuento y el que se lee.
               
 
        Baltasar en su reinado,
        entretanto él fue Rey,
170     fue visitado por otras gentes
        que avanzadas eran en su vivir.
        Se desconoce la procedencia,
        mas, su tecnología dice así:
        ingeniería hicieron con las gentes,
175     a éstas pusieron a servir.
 
        El Rey en su desesperación
        había perdido el sueño;
        estos vecinos que lo visitaron,
        pájaros eran de mal agüero.
       
180     Usaban toda clase de tretas,
        empezaron con la mentira,
        siguieron con toda clase de hechizos…
        lo despojaron de su silla.
 
        Ahora, su gente, distinta,
185     estaba por la discordia,
        cada vez era más cruel,
        cada vez estaba más sorda.
       
        Aún viéndose crueles,
        y viviendo en la pobreza,
190     se habían dividido tanto…
        inhumana era su naturaleza.
 
        El equilibrio del que gozaban
        se fue perdiendo con el tiempo,
        y de los sentidos que tenían,
195     con cinco se quedaron, cielo.
 
        Mas, entretanto no dormía,
        no caía en sueño Baltasar,
        solo dormitaba minutos,
        alguna hora, quizás…
200     Hubo un día que cayó rendido
        y vívido fue su soñar.
 
        Se despertó desconcertado
        no sabía que podía ser.
        Aquellos que lo seguían,
205     aquellos para con los que es fiel,
        no encontraron solución al sueño
        y el pesar fue de él.
 
        Quería que lo iluminaran,
        que le dieran una ilusión,
210     que le transmitieran sentidos
        a los colores de esta voz.
 
        Porque sin diálogo fue su sueño,
        solo recordaba, palabra, una,
        solo recordaba vívidamente
215     el adentrarse por la laguna.
 
        Allí se sucedió un camino,
        un camino que es cambiante,
        solo sabe que sentía amor,
        un amor intenso que arde.
 
220     Solo unas pinceladas,
        las que te vengo a narrar,
        se acaecieron por las gentes
        de aquí y de más allá.
 
        Nadie explicó el sueño,
225     algo que fue sabido;
        mas, un día tuvo noticia
        de lo que ahora te digo.
 
        Vino del Sur una señora,
        ésta era florista,
230     aunque vestía con linajes blancos,
        una Reina parecía.
 
        Su gracia en la palabra
        pronto entusiasmó a Baltasar,
        quien le ofreció a la florista
235     venirlo a visitar.
 
 
 
I.     LA RECEPCIÓN DE LA FLORISTA.
 
 
Rey Baltasar:
 
        Pase florista adentro,
        y no se quede entrepuertas,
        pues, las puertas de mi casa
        bien que se alegran de verla.
 
 
Esther:
 
240     Gracias Rey Baltasar
        por la humildad de su entrada,
        puertas que al recibir abren,
        nunca se quedan cerradas.
 
        Mas, aprecio en sus palabras
245     que desconoce mi nombre,
        Esther es que me llaman,
        mi profesión, igual, esconde.
 
 
Rey Baltasar:
 
        ¡Bienvenida a mi casa!
        ¡Estrella de la mañana!
250     O, ¿eres, al mirto que llevas,
        más de luna que de mañana?
 
        Porque… amor verdadero
        también lleva tu nombre,
        lleva el mirto la misericordia
255     de la estrella que le da nombre.
 
 
Esther:
 
        No sé si será acertado ponerme a dudar…
 
        ¿Cómo sabe qué es mi nombre,
        mas, me viene a llamar
        por la profesión que desarrollo?
260     ¿Sabe usted su verdad?
 
        Porque, siendo sincera,
        tierras he atravesado,
        del Sur vengo a verlo
        siento su significado.
 
265     Siento que ha soñado con flores,
        aunque usted no lo cuenta,
        siento que cambia el agua
        en el camino que sueña.
 
        Mas, si esto que no se dice
270     no es de su agrado,
        tampoco de su interés
        o no es nada acertado…
        Perdone mi atrevimiento,
        quise darle significado.
 
 
Rey Baltasar:
 
275     ¡Qué grande eres florista!
        ¡Cómo me intrigas, Esther!
        Sincero soy diciendo esto
        y que tu nombre fui a saber.
 
        Averigüé su significado
280     y que en el mirto se ve,
        una flor de mi camino
        como las que en tus labios se leen.
 
        El agua, tan misteriosa,
        como la mirada que tienes, reina,
285     la he guardado con recelo,
        mas, tú me la revelas.
 
        ¿Quieres quedarte conmigo?
        ¿Te gustaría almorzar
        y, entretanto, comemos
290     ponernos a hablar
        del sueño y su significado?
        ¿Lo profetizarás?
 
 
Esther:
 
        En esto de quedarme contigo,
        aprecio más que las palabras,
295     porque me has dicho “quedarme”
        ¿o me estoy volviendo insensata?
 
 
Rey Baltasar:
 
        ¿Estás bien, Esther?
        ¿Te estás quedando conmigo?
        Mucho me gusta tu descaro....
300     mucho más tu buen atino.
 
        Si nos dejamos de protocolos
        y vamos, mejor, al turrón,
        ¿cómo quieres que te diga?
        ¿A primera vista, amor?
 
305     Te soñé y no es extraño
        que sienta al verte, pasión;
        el deseo de tenerte
        ¿seré, entonces, traidor?
 
 
Esther:
 
        No me traicionas Baltasar,
310     pues, he sentido lo mismo;
        hasta creo haber soñado
        el mismo sueño contigo.
 
        Sin embargo, las circunstancias,
        más allá, de nosotros, van.
315     ¿Se sublimará la profecía
        en este amor de diván?
 
 
Rey Baltasar:
 
        No sigas hablándome, reina,
        mejor ven, siéntate aquí;
        han dispuesto una mesa acorde,
320     podemos hasta escribir.
 
        Quisiera empezar el sueño,
        ¿te lo narro yo a ti?,
        ¿o mejor vamos por partes y
        las significas para mí?
 
 
Esther:
 
325     Rey Baltasar, yo veo acertado
        escuchar su ensoñación,
        apreciar para su conjunto,
        la fuerza de su voz.
 
        Tal vez al ofrecerle
330     mi visión a su conjunto,
        encontremos algunos símbolos,
        que, a veces, quedan ocultos.
 
        Incluso algún detalle,
        entretanto yo le hablo,
335     puede asaltar su recuerdo,
        esto es muy inspirado…
 
 
Rey Baltasar:
 
        Está bien, Esther,
        entonces, como ordenes.
        Mas, háblame de tú,
340     ya he visto que te atreves.

Verónica García-Melero
El Libro de los Cuentos. El Sueño del Rey: la Recepción (I)
Continuará…
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