El Sonido de Simeón.

[…] Llamamos inaudible a aquello que escuchamos sin oírlo.

Fragmento Epigrama XIV, El Libro de “el Tao”, Tao-te-King, Lao-Tsé.
  Narrador:
 
        Andaba por el camino
        muy cansado, Simeón,
        cuando encontró de repente
        un banco como sillón.
 
05      En él se hallaba sentado
        otro hombre, ¡cómo no!
        ¿Quién no se para un rato
        cuando le falta la voz?
 
 
Lao-Jun:
 
        ¿Qué te trae por este sendero?
10      ¡Siéntate en el banco!, ¡por Dios!
        Veo que te falta el aliento,
        ¿falta el aliento en tu voz?
        ¿Acaso te has venido abajo,
        has perdido tu fé, Simeón?
 
Simeón:
 
15      ¿Cómo conoce mi nombre?
        ¿Cómo lo sabe, anciano de Dios?
        Se me hace que usted es diferente,
        algo me lo dice, ¿o no?
        ¿O será que mi fatiga
20      y el poco aliento de mi voz
        me hacen avivar la escucha
        y tendrá usted razón?
 
Lao-Jun:
 
        También es que te veo acertado,
        algo de razón, mi nombre, lleva;
25      mas, Simeón lo dije, mi amigo,
        al apreciar tu escucha abierta.
       
        Aprecio todos tus sentidos
        concentrados en mi voz,
        aprecio que aprecias palabras
30      cuando están para la razón.
 
        Porque, el caminar se hace cansado,
        se hace impaciente..¿o no?
        ¿O te impacientas esperando
        en la impotencia de tu voz?
 
35      Así es que no hablas seguido,
        esto perturba tu interior,
        entiendes que en el silencio
        también hay otra opción.
 
Simeón:
 
        Eso mismo venía pensando,
40      en la belleza del silencio;
        en la certeza que siempre hallo
        cuando la boca yo cierro.
 
        Porque a veces decimos cosas
        que no queremos decir,
45      ¿o será que decimos cosas
        que no pensamos decir?
        ¿o no pensamos las cosas
        que no queremos decir?...
       
        Total, en la tontedad del habla
50      al pez se le da el fin.
        Que éste muere por la boca,
        eso siempre es así;
        más sabiduría hay en el silencio,
        ¿por qué será esto así?
 
Lao-Jun:
 
55      La boca es un misterio
        que mucho es que encierra;
        los labios son masculinos,
        femenina es la lengua.
 
        Es la lengua quien pare
60      el significado del pensamiento;
        mas, los labios es que hacen...
        las palabras y el silencio.
 
        ¿No necesitan las palabras
        de la cavidad bucal?
65      De la lengua necesitan,
        de los labios pronunciar
        aquellos sonidos ordenados
        para palabras crear.
 
        Así, la cavidad
70      sería como la nada;
        no se inquieta, no se mueve..
        para nada hay palabra.
        No se inquieta, no se mueve,
        así no hay creación.
 
75      ¿Son creaciones las palabras
        cuando les ponemos voz?
 
       
 
Simeón:
 
        Esta afirmación me recuerda
        al crea cuando hablas;
        cuando hablas es que creas
80      lo que tu pensamiento habla.
 
        Así, se dice mucho de lo consciente;
        mas, también es que nace en palabras
        lo que el subsconciente de cada persona
        en su aprender y crecimiento guarda.
 
 
Lao-Jun:
 
85      Así es, Simeón,
        mucho hay aquí del habla;
        por igual, en el comportamiento...
        el subcosciente más lo traza.
 
        Podríamos apreciar la importancia
90      de hablarnos en positivo,
        la importancia de empoderarnos
        y de querernos, amigo.
 
        Creencias potenciadoras,
        éstas traspasan el habla;
95      traspasan la parte consciente..
        y, sin darte cuenta, las cascas.
 
 
Simeón:
 
        Así, con decir poco,
        mucho dice la persona.
        Y cuando sojuzga y malhabla...
100     toda se expone toda.
 
        Porque aquello que no asimilas...
        en el fondo te somete;
        te ha hecho negarte tanto
        que, al verlo, te decrece.
105     Y lo sacas por tu boca,
        señalando es que lo dices,
        tu reflejo en tus palabras..
        pises a quien pises.
 
 
Lao-Jun:
 
        Así es, querido amigo
110     como es que guarda silencio
        el sabio que, en sabiduría,
        ha crecido con el tiempo.
 
        Con el tiempo crece su silencio,
        más grande se hace en el tiempo,
115     más tiempo para hacerse grande...
        así, el silencio es crecimiento.
 
        Porque el silencio, ¿qué halla?
        ¿No halla toda respuesta?
        En silencio es que te quedas
120     cuando el dilema te acecha.
 
        Piensas esto y lo otro,
        y lo que no pensabas también:
        el silencio da respuestas
        que las palabras no ven.
 
125     El silencio es calma
        y en calma se halla la mente;
        el sabio, que esto sabe,
        como lo sabe, lo entiende.
 
        Por eso guarda silencio,
130     así es que cierra su boca,
        ni los labios, ni la lengua...
        es cavidad toda.
 
        El silencio es la nada,
        mas, no es la vacuidad;
135     el todo sería su opuesto
        en su eterna dualidad.
 
        Mas, necesario es que se hace
        el silencio de las palabras;
        la ausencia es que dice mucho
140     ¿por qué será que ahora se calla?
 
        El silencio es decisivo,
        el que calla otorga;
        otras veces no es esto
        en el refrán no asoma
145     la verdad de algún silencio:
        a veces es la prudencia sola.

Simeón:
 
        Me encanta tu observación,
        esto no había visto:
        la prudencia del que calla,
150     a veces calla por aviso.
 
        Avisa de una adversidad,
        así, la adversidad la guarda;
        la calla en su buen afán...
        el tiempo la hará palabra.
 
155     Pues, la prudencia es una virtud,
        es una virtud muy sabia,
        que guarda de ir delante
        delante de la palabra.
 
        Así, es que calla
160     aquel que es prudente...
        no dice esto o lo otro,
        así no se compromete.
 
        ¿Es el silencio cobarde?
        No creo que sea así,
165     en voz alta no se pronuncia
        el plan personal a seguir.
 
        Que dicho es de sabios
        guardar para si los anhelos,
        no descifrar lo que el corazón
170     con ansia, y por su deseo,
        persigue con ilusión guardada
        y atesorada en su sueño.
 
 
Lao-Jun:
 
        Mucho del sabio
        es que guarda el silencio;
175     oidos y ojos se hacen
        los que lo acechan en ello.
        Mas, el sabio que esto sabe,
        ¿qué es lo que puede hacer?
        Guarda en silencio secreto
180     lo que anhela su ser.
        Unas veces habla
        palabras con sandeces,
        no se le olvida al sabio
        que sus verdugos son jueces;
185     pues, si lo acechan en secreto...
        en secreto lo han de guardar,
        si esto sabe el sabio,
        ¿qué el sabio, entonces, hará?
 
        Desde luego que la imprudencia
190     de la mirada indiscreta:
        mentira merece en palabras
        y jamás darle teta.
        Que sabio es callarse,
        y en la indiscreción..¡más!
195     A quien quiera saber..¡mentiras!,
        ésta es una gran verdad.
 
        Así, el sabio desconcierta
        y se le acierta en los hechos:
200     cuando algo quiere decir,
        encontrará su momento.
        Y su momento es un acto
        que transciende la palabra;
        con hechos enseña el sabio
205     y así eleva su conciencia.
 
        Que las palabras adornan...
        y mucho dicen para engordar,
        para engrandecer o achicar algo,
        o para cambiarlo de lugar.
210     Así la mentira nace
        en confundir con las palabras,
        guarda silencio entonces
        deja que el hecho hable.
 
        Mas, si palabras es que usamos
215     para transmitir los hechos,
        ¿habrá de atender a lo que dicen
        para avaluar su cuento?
        Porque, como diría Jesús,
        ¿cómo conocerás lo que es bueno?
220     ¿Habrás de apreciar el fruto
        que nace del árbol, cielo?
        Porque la higuera fértil
        buen fruto da;
        aquella que es mustia,
225     mustio el higo dará.
 
        Entonces si conocemos
        a las cosas por los frutos,
        refresca tu mente toda
        para sacar este zumo.
230     Que igual son las personas,
        y aquello que guardan sus intenciones,
        ¿habrá buenhacer en las palabras
        que promuven las bendiciones?

Simeón:
 
        Desde luego que en los hechos
235     es que se conocen a las personas,
        fácil se aprecia esto...
        mas, parace que no funciona.
        ¿O funciona y en la perversidad,
        es que se niega el fruto?,
240     ¿de quién vendría este hacer,
        este hacer tan ventusto?
 
        Con todo, no quiero olvidarme
        de lo que se opone al silencio;
        ¿habrá en el ruido, entonces,
        para el silencio, atropello;
245     o más bien conocer la importancia
        de lo que guarda el silencio?
 
Lao-Jun:
 
        Sí aprecio, como opuesto
        al silencio, el ruido;
        en la vacuidad de su ser
250     es que se hace el sonido.
 
        ¿No requiere la música
        de silencio para existir?
        En el ruido hay estruendo,
        tormenta en el maldecir;
255     en el malhablar hay relámpago,
        trueno hay en el fingir.
 
        Que el relámpago resplandece
        en la oscuridad de su palabra,
        así la mentira es ruido,
260     que luz del silencio delata.
        Y el trueno, por mucho ruido,
        siempre trueno es;
        así son las palabras
        que se alzan por ser
265     escudo de la mentira,
        ¡grita la mentira, más bien!
       
 
        Con todo, Simeón,
        en los opuestos hay mucho;
        ¿qué el ritmo nos devuelve
270     de la mentira si escucho?
        ¿No nos devuelve la atención,
        no nos devuelve la prudencia,
        apreciar con el tiempo el ritmo
        de la mentira y de la paciencia?
 
275     Así, la paciencia es amarga,
        pero sus frutos son dulces;
        ¿es dulce la verdad del silencio
        aunque la mentira reluce?
 
        Pues el tiempo y la paciencia
280     a todo ponen en su sitio;
        con el tiempo caen las verdes,
        y las verdades, amigo.
        Así, requieren su ritmo,
        requieren su evolución,
285     como flor marquita cae,
        como flor en su aflicción,
        toda cosa fingida...
        así es siempre, ¡por Dios!
 
 
Simeón:
 
        Esto que ahora dices
290     con el tiempo se ve;
        igual se aprecia el sonido
        de la música al crecer.
 
        Fácil es apreciar, entonces,
        la falta de ritmo o de compás,
295     o notas dadas sin ritmo,
        sin melodía y sin cantar...
        Éstas se vuelven ruido,
        ¿qué les podrá pasar?
        Pues, cuando las estás escuchando
300     ruido de oídos darán.
 
        ¿Estará en el exceso,
        estará en el solapamiento?
        Demasiadas notas de una vez,
        o pisando su momento,
305     algo tienen que ver
        con no dejar su silencio.
 
        Así, necesitamos silencio
        cuando queremos apreciar
        un ritmo, una melodía,
310     y, por igual, un compás.
 
        La música nace del equilibrio,
        descansa en la perfección;
        así requiere del silencio
        y del estruendo de su voz.
 
315     Porque al agitar una baqueta
        para golpear un tambor,
        siempre su voz es la misma
        pero no su canción.
        Pues si atropello un golpe
320     con otro que doy yo,
        la voz se hace ruido...
        silencio no hay no.
 
        Este sutil silencio,
        que hace del golpe una canción,
325     requiere su momento justo
        así se hace emoción.
 
        Porque nos emocionamos todos
        con cualquier melodía,
        con su ritmo, con su canción,
330     con su compás, con su vida.
 
        Porque vida es para el alma,
        placer para los oídos, también,
        la música nos llega adentro
        y en el semblante se ve.
       
335     Que pronto se nos riza el labio,
        pronto sonreímos, ¡eh!,
        cuando un ritmo nos agita
      y nos emociona el ser.
         
Lao-Jun:
 
        Cierto es, Simeón,
340     la música es vida,
        agita nuestras pulsiones
        y se nos viene arriba
        la líbido de nuestra esencia,
        la fuente de la energía...
345     ¡A mover la cadera!
        Por el sacro asciende, arriba,
        la energía manifiesta
        que se encontraba dormida.
        Sube al alma,
350     sube arriba,
        asciende en su emoción,
        el ritmo del ruido y silencio:
        el sonido que es canción.
 
        En la música apreciamos
355     la manifestación perfecta
        de la energía y vibración,
        magnetismo y frecuencia.
        Que pronto cogemos el ritmo,
        los pies ponemos en movimiento,
360     abundancia para el alma sube
        sube y empieza en el suelo.
        Los pies hacen nacer
        la alegría del momento,
        a moverlos los pone la música
365     y su sonido que es viento.
 
        Que viento es un soplo
        que no sabemos de donde viene,
        entusiasma nuestro espíritu
        la música bien lo mueve.

 
Simeón:
 
370     ¡Qué fascinante es la música!
        ¡Cómo cambia el semblante!
        Es solo hablar de ella
        y emociona el instante.
        Ni siquiera la escuchamos
375     y nos hemos puesto a sonreir,
        ¡cómo nos gusta el viento
        del sonido del vivir!

 
Lao-Jun:
 
        Oye, pondré una canción
        que he escuchado recientemente,
380     una bendición del cielo
        donde mi casa se siente.
        Que mi reino es de arriba,
        así es el reino celestial,
        como música para los oídos
385     y que te pone a abailar.

        Mi reino es perfecto,
        mi reino está en Dios,
        está en cada cosa perfecta
        que está en la creación.
390     Así aprecio el sonido
        de la elocuencia de la voz,
        palabras dulces al alma
        que se guardan en su emoción.
 
        ¿Quién no quiere equilibrio,
395     quién no quiere abundancia,
        quién no quiere amor,
        respeto y tolerancia?
 
        Yo creo que todo el mundo
        comprende cómo es mi reino,
400     mi reino es el Tao de arriba
        que abajo lo trae el Cielo.
 
        El tuyo, Simeón...
        posiblemente el mismo veo,
        es la Fuerza Creadora,
405     el Ein Sof, creo.
        Es la botella que canaliza
        la fuerza que vive arriba,
        ese "Yo soy" que tu llamas
        en tu letra hebrea amiga.

410     ¿Será que damos nombres
        plurales a las cosas?
        Que sepas, Simeón, amigo,
        que queremos a la misma cosa.

 
Simeón:
 
        Bueno, yo soy cristiano,
415     mas, no puedo negar no,
        que en el Hijo del Hombre veo,
        de Dios Padre, su emanación.
        Su poder y su fuerza veo,
        y, por igual, su poder,
420     tal vez en la tierra el Padre,
        el Padre a través de Él.
 
        Total...que bien comprendo
        aquello que me quieres decir,
        el Creador es siempre único
425     el mismo de aqui y de allí.
 
        En fin, pon esa canción, amigo,
        tengo ganas de bailar,
        había llegado sin habla,
        ahora quiero cantar.

Verónica García-Melero
El Libro de los Cuentos: El Sonido de Simeón.
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