El Cuento de Miguel

Si te caes siete veces, ¡levántate ocho!

Proverbio Chino
Miguel:

¿Qué os ha parecido esta parábola?
Muy buena es para el crecimiento,
mas, no como el cuento que os traigo...
cuento fue de mi tormento.

Aquí lo había traído conmigo, (05)
preveyendo que el horno
en breve sonará su campana...
entretanto, la cena os pongo.

No dilatemos el momento,
mucho tiempo hay para hablar, (10)
que lo lea Sheng ahora;
mucho se sorprenderá.

Porque aquí hay algo que nos une,
y no es solo amistad.
El anciano del que os hablo (15)
por ilustre lo nombrastéis ya.

Este cuento no es solo un cuento,
al almorzar sabréis porqué,
recordad que soy zapatero,
recordad que soy Miguel. (20)

Ahora os preparo el almuerzo,
ahora después os contaré;
lee, Sheng, ahora el cuento
que hora es de contar mi Te.

El Cuento de Miguel.

Narrador (lee la Maestra Sheng):

El cuento que hoy te traigo (25)
muy arraigado es que está,
no solo en el suelo, amigos,
sino en la cultura oriental;
por igual, lo es en la persona
que de veras escuchado, se ha. (30)

Así cuando nos escuchamos,
y miramos el interior,
bien afloramos muchas cosas,
de entre ellas, el valor.


Mas, afloramos la entereza, (35)
y también la inperturbablidad,
la persistencia y la perseverancia
que en la resiliencia están.

Así, si una manera sencilla
se halla para explicar (40)
en qué consiste la resiliencia
y cómo lograrla entrenar;
esta historia que os narro
fácil os la mostrará.

Hablo del cuento del helecho (45)

y también del bambú.
Dos plantas que se prestan ahora
para alcanzar tal virtud.

Si la resiliencia es latina en su cuna,
resilio la viene a mecer; (50)

es dar un saltó arriba, salio,
y re, rebobinar, más bien.

Así, resilio es algo,
mucho más que saltar atrás,
la física nos ha mostrado (55)
la flexibilidad del material.


Así, si un golpe se recibe
y se está por recuperar;
la resliencia es la entereza
que más allá va del soportar. (60)

Pues, es dar un rebote como pelota
cuando te vuelves a levantar.
Si te caes siete veces,
ocho te levantarás.

Esta es la lección primera (65)
y es proverbio oriental.

Figuraos si es anciana
y vetusta y ancestral.

Así en esta historia
tenemos a un zapatero (70)
que hacía zapatos para todos,
mas, con mucho esfuerzo.

Pues era un zapatero
artesano y artista, también,
cosía como nadie sus zapatos (75)
y bien que duraban, bien.

Mas, llegó a su población un vecino
con una industria recién
y vendía calzado para todos
y él se vino a caer. (80)


Ahora no querían sus zapatos,
los que cosía tan bien;
preferían los de la industría
y no importaba comprarse tres.
Pues, no era calzado artesano, (85)
era de fabricación en serie;
a pesar de no llevar tanta mano,
la moda siempre se siente.


Así, se desplomó su negocio,
ahora apenas vendía, (90)
no alcanzaba al fin de mes
ni para alimentar su familia.

Su mujer era maestra,
un sueldo siempre tenían,
mas, el zapatero se venia abajo, (95)
pues de otra cosa no sabía.

Se aventuró un día en el campo,
llorando en desconsolación;

quería que se lo llevar la vida,
ya no tenía ilusión.
(100)

Se encontró por el camino a un anciano
que cuando lo vió, se consternó:



Anciano:

¿Por qué lloras, amigo mío?
Dime, ¿qué te paso?
Seguro hay en la vida (105)
alguna gran solución.

Porque, la vida es el mayor regalo
que todos tenemos, corazón.
Abrázala siempre, amigo mío,
y alcanzarás su razón. (110)

Dime, ¿por qué llevas marchito el rostro?
Cuéntame qué te pasó.
Seguro encontramos esta tarde
algún remedio y amor.


Zapatero:

Soy un artesano diestro, (115)
calzado es que hago yo;
mas, una fábrica vecina
con la moda, me arruinó.

Apenas alcanzo el cuarto
de aquello que antes ganaba; (120)
no me alcanza para mi familia,
suerte que mi mujer trabaja.

Mas, lo hace en media jornada
y más no logra alcanzar.
Llegamos siempre ahogados (125)
esa es nuestra verdad.


Anciano:

Entonces, sígueme, hijo,
algo te voy a mostrar.
Está en el huerto plantado
y en lo que quiero plantar. (130)

Acércame esas dos semillas,
ahora las vamos a plantar.
Una es helecho, de verde intenso,
la otra, el bambú del lugar.

Mas, antes de plantar nada, (135)
acércate para palpar,
cógelas en tus manos, zapatero,
agárralas bien, ¡agárralas¡

¿Ves que de belleza hay en el helecho?
Un año tarda en crecer (140)
y hacerse fuerte como éste,
fíjate, ¡qué velocidad!

Porque, este bambú que aquí agarras,
lleno está de flexibilidad.
¿Por qué se habrá hecho flexible (145)
y largo y alto en su avanzar?
Que el bambú siempre crece
y se torna buscando el sol;
mucho da de sí esta caña,
mucho dá su corazón. (150)

Zapatero:

Sí, es una caña bonita,
¿y cuánto es que tardó
en hacerse así de alto,
cuánto tiempo le llevó?

Anciano:

En ese tiempo que te inquieta, (155)
en ese tiempo hay una enseñanza,
que te hará ver las cosas de otra manera
y te hará estar aquí mañana.

El bambú es una planta
que, como ves, ha crecido flexible. (160)
Ha tejido su caña la paciencia
y la persistencia por la luz que sigue.

Así es que, tres años lleva,
al bambú, brotar;
y siete son los que comprende (165)
todo, todo, su elevar.


Zapatero:

¿Cómo es que lleva tanto tiempo
este brotar y crecer?
Paciencia hay que ponerle mucha,
y mucho tiempo también. (170)


Anciano:

Veo que el tiempo te inquieta.
Mejor, ahora ven.
Agarra este helecho con fuerza,
y con fuerza tira de él.


Zapatero:

De un golpe lo he sacado, (175)
no ha sido muy difícil de extraer.
¿Qué lección me enseña
con este tirar de una vez?

Anciano:

¡No, no hemos terminado!
Ahora toma el bambú (180)
y agarra con fuerza la caña,
tira hacia el cielo azul.

Zapatero:

¡Uff!, no puedo arrancar la caña,
¡que bien agarrada está!
Será mejor que con navaja (185)
me ponga yo a cortar.


Anciano:

Sí, una hoz tomamos,
o espadas hechas para el corte;
esa altura que lleva
en la raíz bien la esconde. (190)

Así, a diferencia del helecho,
el bambú crece en sus raíces;
busca alimento con sabiduría,
así, luego, ésta lo asiste.

Y crece, crece alto, (195)
gracias a su paciencia;
a la perseverancia por elevarse
a su entereza y a su firmeza.

Así es que es una planta
donde encontramos la resiliencia; (200)
la persistencia por brotar su tallo
y en el crecimiento, la fuerza.

Por igual son los traumas
y las experiencias de la vida;
paciencia y fe necesitamos, (205)
fuerza, coraje y valentía.

Necesitamos ser constantes,
necesitamos la perseverancia;
no agotarnos en nuestros objetivos,
y no perder la esperanza. (210)

Así, logramos la entereza,
así logramos la fuerza,
la flexibilidad ante los infortunios,
y la sabiduría y la agudeza.


Zapatero:

Entiendo lo que me dice,
y es que en las fuertes raíces está
esa virtuosidad que logra esta caña
con el paso del tiempo alcanzar.

La paciencia y un objetivo, (215)
y esa firmeza del entusiasmo
por persistir en lo que se cree
y verlo ya como logrado.

Extrayendo el aprendizaje
que nos trae cada enseñanza, (220)
sacar aquello positivo
al superarnos en la hazaña.

Porque en sacar fuerza
y coraje ante las adversidades,
es como crecemos hacia arriba (225)
y como la flexibilidad se hace.


Anciano:

Veo que reflexionas lo que te digo,
y eso ya es empezar.
Voy a proponerte una labranza
con la que mucho ganarás. (230)

Te ofrezco tu crecimiento,
tu crecimiento personal.
Dispones de toda esta tierra, amigo,
para logarlo alcanzar.

Plantarás bambú y helecho, (235)
luego lo comercializarás.
Piensa en soluciones distintas,
piensa en qué podrían dar.



Narrador:

El zapatero asintió en seguida,
le ilusionó la proposición. (240)
Aunque tardara en crecer su planta,
ya una semilla se plantó
que logró renovar sus esperanzas
y con el tiempo lo logró.

Con la rapidez del helecho (245)
prontó es que empezó
a vender sus hojas, sus plantas,

a viajar por el interior.

Su comercio le abrió los ojos
a muchas nuevas experiencias, (250)
a conocer otras formas para las cosas
y a ganar bastante en agudeza.

Pasaron ya siete años,
había crecido su bambú
y tuvo una corazonada, (255)
tuvo una inquietud
por desarrollar algo diferente,
algo nunca visto;
penso en hacer calzado
con sus cañas por tejido. (260)


Así, ideó unas fibras
que trenzaba con mucho cariño;
diseñó unas telas muy fuertes
y otras más fuertes para el piso.

Tomó todos sus enseres (265)
y todas sus herramientas
y se construyó un nuevo taller
a la vera de la puerta
que separaba la tierra de labrar
y la vivienda que había en ella.
(270)

Comenzó su andadura
con sus primeras alpargatas
llevándolas consigo en el carro
para el helecho con que trataba.

Pronto empezó su venta,
(275)
pronto creó una moda,
ahora no vendía helecho,
ahora era mercadería toda.

Construyó un taller más grande
hizo aprendices en el oficio,
(280)
compraba cañas afuera
toda una moda es que hizo.

Anciano:

Ahora eres zapatero
de una nueva artesanía
de corazón por lo que se quiere (285)
y también mucha valentía.

El amor por lo que se sueña
lleva tu perseverancia
y la sabiduría del crecimiento
y la mejor enseñanza. (290)

Lleva el sudor de tu frente,
lleva el trabajo de tus manos,
lleva las canas de tu cabeza
y el dolor por lo que amamos.

Lleva la esperanza (295)
y el credo de tu ilusión,
la fuerza de la persistencia
y el coraje del amor.

Tus alpargatas de bambú
ya han hecho mucho camino, (300)
las huellas de tu corazón
a cada paso, en cada piso.

Este cuento ancestral
hoy no es tan nuevo, amigo,
mas, es una enseñanza colosal (305)
para caminar tu camino.

Guarda siempre la esperanza
por alcanzar un día tu sino;
por ver la luz al final del túnel
y por llevarla en tu camino. (310)

Busca siempre la enseñanza
de las piedras de tu vereda,
crecer con ellas son tus raíces
fuertes y hondas en tu tierra.

Levántate si te caes, (315)
y al levantarte, siempre recuerda
que al tomar impulso y dar el salto
es donde mora la resiliencia.

Verónica García-Melero

A mi hijo, con amor, mamá.

Dios siempre hace salir la luz de los justos como el mediodía (Proverbios del Rey Salomón). Es como el bambú, una luz con fuertes raices.
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