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Generalmente, no hay que temer, en un país constitucional, que el gobierno (sea o no del todo responsable ante el pueblo) trate de controlar de modo abusivo la expresión de la opinión, salvo cuando, obrando así, se convierta en un órgano de la intolerancia general del público.

II. De la libertad de pensamiento y de discusión (p. 30), “Sobre la Libertad”, John Stuart Mill.