Categoría: II. JUSTIFICACIÓN

¿Cuál es la realidad de nuestras aulas?

Entrada Refrescada. Primera Publicación: 11 de Enero de 2020

II. JUSTIFICACIÓN.
2. ¿Cuál es la realidad de nuestras aulas?

Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación.

Mark Twain

En la medida que se prioriza la focalización de la instrucción práctica en la enseñanza en detrimento del aprendizaje, podemos abstraer que parece costar trabajo desprenderse de la metodología tradicional (ver Monereo y Monte, 2001 y Quinquer, 1997;  Rius, 2010, Zabalza, 2000).

En este sentido,  Quinquer (1997), subraya la necesidad de formar al personal docente en estrategias o modelos didácticos aplicados que se adecuen a las exigencias que demanda cada Centro. De esta manera, se posibilita desmitificar el concepto de buena escuela enquistado en el Sistema Educativo, dando paso a la apertura de horizontes en el entendimiento de lo que el aprendizaje es y de los beneficios que reporta la interacción entre profesor-alumno y la focalización de la instrucción práctica en el discente (ver Bruer, 1995, citado por Ruíz, XXXX; Dumont, Istance y Benavides (Ed.) 2010).

Con relación a orientar la práctica en el discente, atender la diversidad y contar con conocimiento sobre las sintomatologías que presenta el alumnado con necesidades especiales, se hace necesario reflexionar sobre la información que al respecto proveen estudios centrados en esta materia. En este sentido, con objeto de hacer observable en qué medida nuestra escuela requiere de formación y medidas para la atención a la diversidad y, con ello, favorecer la inclusión, consideramos acercar el estudio realizado por Soroa, Gorostiaga y Balluerka (2016). Desde su investigación en 108 centros, con una muestra compuesta por 1278 docentes, logran sacar a luz el conocimiento que, sobre la sintomatología e intervención educativa en niños con TDAH, los maestros tienen. Desde su estudio analizan la instrucción recibida por el profesorado en educación formal, no formal e informal en la materia, así como el conocimiento auto-percibido sobre TDAH y la auto-eficacia percibida para ser docente de niños que presentan este trastorno; llegando a la conclusión de que el conocimiento que poseen los docentes sobre el mismo oscila entre un nivel bajo y moderado.

Desde este estudio, estas investigadoras promueven la necesidad de formar al docente en distintas vías que comporten una mejora de la calidad y de la cantidad de la información recibida, lo que conduciría a una autopercepción positiva sobre su desempeño eficaz y eficiente en su profesión (Soroa, Gorostiaga y Balluerka, 2016). No obstante, cabe preguntarse si la formación que reciben los profesores es luego puesta en práctica. En este sentido, Bolívar (2019) se cuestiona como siendo nuestro país uno de los que mayor inversión hace en formación del profesorado dentro de la UE, sea un país con una Educación considerablemente alejada de la de otros países, de tomar el rasero de rankings y pruebas objetivas estandarizadas, como lo son las evaluaciones PISA. Luego, ¿qué de aquello en lo que se instruye al docente es verdaderamente llevado a la práctica? Como dijo Platón: «El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara, pero no siembra».

Con ánimo de detenernos en la opinión publica de profesionales y expertos en educación, consideramos el artículo periodístico de Rius (2010). Desde él, este periodista nos acerca las opiniones de distintos profesionales relacionados con el contexto educativo, de entre ellas, destacamos la de Valentín Martínez-Otero, psicólogo, pedagogo y profesor en la facultad de Educación de la Universidad Complutense, quien afirma que «Muchos alumnos, aun sin ser plenamente conscientes, se desmotivan por falta de estímulos suficientes en el aula; en las programaciones no siempre se tienen en cuenta sus intereses, y el proceso educativo sigue más centrado en la enseñanza y el profesorado que en el aprendizaje y en el alumnado».

En relación a esta resistencia al cambio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (i.e. OCDE), desde su informe de 2010, “La Naturaleza del Aprendizaje: Investigación Científica para inspirar la Práctica Docente” promueve la necesidad de transformación de las Instituciones Educativas, facilitando pautas a incardinar en la concreción curricular de los Centros y de la que es responsable el profesor. En este sentido, Dumont, Istance y Benavides (Ed.) (2010) compilan los avances científicos más destacados, reconstruyendo los principios que garantizan un buen ejercicio de la práctica docente, acorde con la sociedad y con el sistema económico en el que vivimos. Igualmente, promueven los beneficios que, una práctica educativa perfilada de acuerdo a los mismos, garantiza: dotar de significación al aprendizaje, favorecer el desarrollo cognitivo y emocional, favorecer la construcción de lazos emocionales, favorecer la socialización e inclusión, desarrollar la autonomía del aprendizaje, favorecer el conocimiento y consciencia del medio ambiente, desarrollar el sentido crítico, favorecer el reconocimiento de la heterogeneidad del grupo, entre otros. Con relación a este conocimiento: ¿es posible discernir un método didáctico que consiga aunar todos estos principios para la buena praxis?

Considerando adicionalmente las Recomendaciones que, para la praxis docente, promueve la LOMCE (2013) con ánimo de hacer alcanzables los objetivos y propósitos de nuestra Educación, cabe preguntarnos: ¿está el profesor motivado con su trabajo?, ¿le motiva lo que hace?, ¿tiene verdadera vocación como profesor?, ¿qué promueve en el aula de lo que se recomienda institucionalmente?, ¿qué promueve en el aula de lo que recomienda la Comunidad Científica?

Estas cuestiones nos ayudan a profundizar en el porqué de las cosas, en su esencia. Las cuales se aprecian muy útiles para indagar más allá de la naturaleza que, en apariencia, nos acercan diversas aportaciones al respecto de la realidad de las aulas y de los pasillos de los Institutos. 

Verónica García-Melero

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La disonancia entre el avance científico y la realidad de nuestro Sistema Educativo.

Entrada Refrescada. Primera Publicación: 10 de Enero de 2020

II. JUSTIFICACIÓN.
1. La disonancia entre el avance científico y la realidad de nuestro Sistema Educativo.

Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.

Albert Einstein

Existe una diferencia formal y profunda entre los modelos pedagógicos que, en esencia, dilucida nuestra Comunidad Educativa para el progreso y mejora de nuestra educación, y aquellos otros modelos que, en existencia, prevalecen en el aula. En este sentido, existe una disonancia entre lo que las recomendaciones y orientaciones del grueso de nuestra actual legislación y Comunidad Científica proponen para la mejora de la calidad de nuestra educación y aquello que verdaderamente cobra vida en las aulas.

Una afirmación que puede ser acercada desde diferentes perspectivas, así:

  1. de considerar el reflejo de la calidad de la educación en la ciudadanía: el Informe de la UNESCO, visto como la fuerza de empuje de los propósitos educativos de la educación mundial, direcciona la intención educativa hacia la autonomía del aprendizaje, hacia el aprender a aprender, intensificando el sentido de la responsabilidad y de la solidaridad (Delors et al., 1996). Sin embargo, nuestro sistema educativo es parco en dar a luz una ciudadanía emprendedora y activa, en este sentido, Domínguez y Molina (2012) advierten de la necesidad de contar con una población crítica, informada y cualificada, que sea capaz de emprender proyectos y gestionarlos; lo que requiere de una implicación coherente de las autoridades educativas.

Por otra parte, en relación al perfil del trabajador que demanda el mercado laboral, Robins (1996) recuerda la necesidad de acercar los contenidos y competencias clave en que son instruidas las personas a la realidad empresarial. Como subraya este autor, y no pudiendo olvidar en última instancia que el aprendizaje adquirido en los centros ha de perfilar al futuro trabajador y/o emprendedor, el grado de competencias y habilidades del perfil del alumno se presenta muy alejado de lo que empresas y organizaciones demandan en sus trabajadores. 

Siguiendo esta línea, la implicación coherente de las instituciones educativas con los propósitos educativos en los que ha de instruir al futuro trabajor y en los que ha de acomodar su acción, difiere de lo que se espera desde la normatividad y recomendación institucional, así como de lo que dilucida la ciencia; como considera Pedro Rascón, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), «el cambio social de nuestra era aún no ha sido trasladado a la escuela» (Rius, 2010).

  • de considerar las orientaciones metodológicas para la mejora de la acción docente: desde la propuesta normativa de la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias (desde ahora Recomendación Europea), la cual direcciona la actual Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa en España (LOMCE, 2013), son: la cooperación y el trabajo en pares las propuestas metodológicas que recomiendan, pues satisfacen los objetivos que pretenden las siete competencias clave que dilucidan y proponen.

Adicionalmente, con objeto de orientar la acción docente hacia la eficacia y eficiencia que se espera conseguir en el sistema educativo, las propias instituciones políticas proporcionan a la acción docente la llave con la que abrir la puerta al logro. Así es que, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (desde ahora OCDE) proporciona desde su Informe: “La Naturaleza del Aprendizaje: Utilizando la investigación para inspirar la práctica docente” los principios en torno a los que ha de gravitar el ejercicio de la enseñanza-aprendizaje. A saber: a) los estudiantes son el centro,  b) las emociones son integradoras del aprendizaje , c) la educación ha de construir conexiones interdisciplinares u horizontales, d) se ha de alentar y fortalecer los contactos entre estudiantes y facultativos, e) se ha desarrollar la reciprocidad y la cooperación entre los estudiantes, f) se ha de utilizar técnicas de aprendizaje activo, g) se ha de proveer retroalimentación con prontitud, h) se ha de enfatizar la temporalización de las tareas, i) se han de propiciar altas expectativas,  j) se han de respetar diversos talentos y formas de aprendizaje (Dumont, Istance y Benavides (Ed.) 2010).

Considerado esta dimensión, la de hacer observable el fiel reflejo, o no, de los propósitos educativos en la acción docente, podemos apreciar cerca de una década después de este hallazgo, como Zabalza (2000), en su artículo “Estrategias didácticas orientadas al aprendizaje”, con objeto de orientar la práctica docente, sistematiza las metodologías más apropiadas en las que ha de apuntar la acción desde el aula. En este sentido, subraya que «en la realidad nos hallamos inmersos en una cultura escolar claramente centrada en la enseñanza» (p. 459), destacando que «Resulta, por tanto, muy conveniente remover un poco las aguas de lo convencional para abrir el paso a otras posibilidades» (p.459) e insistiendo en que «un gran reto que la enseñanza deberá asumir en la próxima década. Mudar el significado que tradicionalmente se ha dado a la docencia» (Zabalza, 2000, p. 461). 

Esta propuesta de Zabalda (2000), en tanto seis años después la Recomendación del Parlamento direcciona los propósitos educativos para Europa en ese sentido, puede ser apreciada como una precognición. Sin embargo, el reto que este autor dilucida con respecto a la acción docente en una década vista desde la publicación de su artículo, esto es: trasladar el foco de atención al alumno, centralizando la acción docente en su aprendizaje, ha terminado convirtiéndose en una “piedra filosofal”. Al igual que ésta, esta transmutación es algo ansiado y beneficioso, aunque muy difícil de conseguir.

Verónica García-Melero

P.D.: Se aconseja la lectura del ensayo: “El Cuarto Nivel de Concreción Curricular”, para ampliar información científica en este sentido.

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