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Entusiasmo, Acción y Motivación. Epistemología de la Voluntad del Alumno.

Siembra un pensamiento y cosecharás un acto, siembra un acto y cosecharás un hábito, siembra un hábito y cosecharás un carácter, siembra un carácter y cosecharás un destino. Según siembras, así recoges.

Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.)

Esta entrada tiene por objeto una reflexión espistemológica sobre la voluntad del alumno. Ésta se presenta crucial para su motivación y la persistencia en su aprendizaje; con lo que, a título personal, me parece uno de los temas más interesantes para cualquier profesional de la educación y formación.

Desde el descubrimiento de diferentes áreas o campos de conocimiento con que se relacionan el entusiasmo, la motivación y la voluntad del aprendiz para con su aprendizaje, así como el interés que puede presentar para la educación y formación del mismo en contextos educativos formales, no formales e informales; estudiar cómo se triangulan emoción-conducta-acción se presenta muy interesante para un análisis epistemológico.

En adición, desde la reflexión, se ha logrado conectar dicha triangulación con las competencias clave que favorecen la voluntad del aprendiz, así como aquellas metodologías que posibilitan un desenvolvimiento de dichas competencias para con la persistencia del individuo en su aprendizaje.

De esta manera, se pretende dar respuesta a las siguientes cuestiones:

¿Cúal el la gnosis de la voluntad?

¿Cómo se relaciona con el aprendizaje?

¿Con qué Competencias Clave está especialmente vinculada la voluntad?

¿Cúales serían aquellas metodologías que ayudan extensiblemente a promocionar esta voluntad en el alumno?

A) La importancia de la motivación: su triangulación con el entusiasmo y la voluntad.

Aquellas primeras preguntas que nos han conducido a dilucidar el qué, para qué y cómo de esta aproximación epistemológica, han sido: ¿por qué están desmotivados los alumnos y se quejan tanto los profesores sobre esta conducta?, ¿será algo mutuo, la desmotivación de uno revierte en el otro?, ¿qué pensamientos filosóficos hay al respecto?, ¿con qué se relaciona la motivación?, ¿qué ofrecen diversas investigaciones al respecto?

Actualmente son muy diversos los estudios que se centran en la motivación dentro de la acción educativa. En este sentido, ya sea enfocado el estudio en: la incidencia que sobre la conducta del estudiante tiene la aplicación de una metodología u otra  (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004); o cómo para alcanzar la zona de desarrollo óptimo en nuestros procesos cognitivos se requiere de la socialización (Vigostky, 1987) o cómo la significancia del material propuesto exige de la motivación, de la predisposición positiva del aprendiz para lograr un aprendizaje significativo (Ausubel, 1976); o, adicionalmente, requiere bien de la relación interpersonal y emocional para alcanzar dicho aprendizaje significativo (Novak, 1983); o bien de  la conexión con la realidad (Gowin, 1981); el paradigma que une a todos estos diferentes estudios es su enfoque epistemológico. Esto es, la gnosis de la motivación.

En este sentido, ¿cuál es la verdad del conocimiento de la motivación?, ¿cómo se consigue?, ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Para conseguir profundizar en la esencia de la motivación, en el porqué de ésta, hemos planteado el siguiente axioma:

«Lo bueno, si breve, dos veces bueno» (Refrán Popular).

«Es incuestionable la atracción que todo ser humano siente hacia las cosas rápidas y fáciles de entender o conseguir, especialmente si aquello que se    pretende  nos   ha llevado en otras ocasiones una considerable inversión de nuestro tiempo y esfuerzo. Es muy gratificante ese momento en el que logramos comprender una explicación a la primera y somos guiados por nosotros mismos a dilucidar la solución de un problema con pasmosa celeridad. Posiblemente el entusiasmo recorra nuestro cuerpo y nos encienda de alegría».

Podemos apreciar que el entusiasmo viene ligado a la motivación, sin embargo, ambos conceptos son muy diferentes. Porque es el entusiasmo el que nos conduce a la motivación y, la motivación, la que nos logra entusiasmar. Ambos vienen a ser dos caras de la misma moneda y, en tanto uno conduce al otro, vienen a comportar un ciclo sempiterno de nuestra actitud positiva hacia nuestras metas y objetivos de aprendizaje. Para explicar tal afirmación, consideremos la siguiente argumentación:

De acuerdo al «Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico«, «el entusiasmo, individual o colectivo, es la exaltación, la exaltación del espíritu humano que sale de su estado reflexivo y tranquilo, conmovido generalmente por un impulso desconocido hacia lo bueno, hacia lo bello» (Almirante, 1869, p.407). Tiene su razón de ser esta definición en su etimología, pues es una voz usada en la antigua Grecia, compuesta a su vez de tres: en, theou, asthma, que juntas son: “Soplo de Dios”, o lo que es traducido también como llevar un dios dentro (Almirante, 1869). Definición etimológica que igualmente comparten las Sagradas Escrituras con aliento  ̶  o soplo  ̶  de Dios, el cual fue insuflado al hombre y lo diferenció del resto de criaturas. Pues con él, somos hechos a imagen y semejanza de Dios (Biblia Reina Valera, 1960, Génesis 2:7).

Al entusiasmo por lo bueno, a esta chispa divina, a esta exaltación del espíritu, nos conmueve un impulso desconocido. Esta conmoción tiene su origen en el vocablo latino commotio, commotionis “sacudida”, derivado de commovere, que significa “poner en movimiento”. Etimología que comparte con la palabra mover (Spanish Oxford Living Dictionary, 2019, conmoción). Siendo esta misma palabra la que da significación a la motivación, esto es, causa del movimiento, del latín motivus o motus (Wikipedia, Motivación, 2019). Lo que en una aproximación de la psicología es definido como “la raíz dinámica del comportamiento”; es decir, “los factores o determinantes internos que incitan a una acción” (Pinillos, 1977, p.503).

Luego, podemos discernir que los factores internos  ̶ en una primera aproximación de la definición de motivación  ̶  que nos conducen a una acción, son los que, de mantenerse hasta el fin, nos contagian de entusiasmo. También podemos discernir que somos susceptibles de poner en movimiento nuestra conducta cuando hayamos factores o determinantes internos que nos incitan a esa acción. Como se puede apreciar, ambos conceptos se complementan, se interrelacionan y se originan mutuamente, no excluyéndose; viniendo a ser el entusiasmo un estado de ánimo, una exaltación, y la motivación, una conducta.

Alcanzado este punto, cabe cuestionarnos: ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Siguiendo esta línea, ambas, belleza y bondad, no son sino dos de las virtudes cardinales que Tomás de Aquino definió para la consecución de la realización humana, su plenitud y perfección, alcanzar el bien de su especie, su felicidad, su bienestar (Robles y Robles (Ed.), 2007).  En este sentido, para Tomás de Aquino esta bondad es una de las tres propiedades inherentes del ser de las cosas que, junto a la verdad y unidad de las mismas, confieren la transcendencia del ente. Si bien todo ente es inteligible, es posible preguntarnos si esta estrecha relación entre entusiasmo y motivación confiere el carácter de unidad del movimiento de la voluntad a hacer algo y a la vez, la esencia de dicho movimiento o motivo es lo que nos conduce a manifestarlo en el acto, en la voluntad de llevarlo a cabo (Robles y Robles (Ed.), 2007).  

Luego, por extensión, nos entusiasma aquello que concebimos como virtuoso de lograr, lo que comporta, en su dimensión ontológica, la bondad de las cosas, esto es de acuerdo a Tomás de Aquino, lo que es apetecible por la voluntad (Robles y Robles (Ed.), 2007).

Albert Einstein, en su legado de frases célebres, nos dejó con respecto a la bondad de las cosas de Tomás de Aquino que: «hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad». De acuerdo a Sánchez (2014), la voluntad – del latín voluntas-atis, cuyo significado es querer- es algo que se puede aprender y desarrollar, algo que se puede entrenar como un músculo. Esta voluntad implica otros muchos factores, como son: a) nuestra capacitación para la toma de decisiones, b) nuestra predisposición hacia el descubrimiento de las cosas, c) nuestra determinación hacia la consecución de nuestros objetivos y metas y la capacidad de evaluación sobre los mismos que comporta y, d) la acción, como factor desencadenante de aquello que queremos. 

De acuerdo a Tomás de Aquino, «nuestros sentidos se deleitan por aquello que posee dimensiones perfectas», éste es el sustrato que subyace a su Teoría sobre la Divina Proporción y que nos ha permitido apreciar la interrelación existente entre motivación, entusiasmo y voluntad. En este sentido, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que consideramos creado o dispuesto en su proporción justa. Luego, como hemos discernido más arriba, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que entendemos bello y bondadoso, haciéndose apetecible a nuestra voluntad, de manera tal que: desencadenamos nuestra conducta hacia su consecución, nos predispone a la acción, a la toma de decisiones y al deseo por el descubrimiento de las cosas (Sánchez, Robles y Robles (Ed.), 2007).

B) ¿Cómo se relaciona con el aprendizaje?

Alcanzar una predisposición positiva del el aprendiz en su propio aprendizaje se presenta como una circunstancia necesaria, junto a la disposición de material significativo, para que se produzca un aprendizaje significativo (Ausubel, 1976).

No obstante, Novak (1983), postula la insuficiencia de estos dos condicionantes para que se produzca dicho aprendizaje significativo. En este sentido, desde sus estudios promueve la necesidad, por igual, de la relación interpersonal y emocional para alcanzar dicho aprendizaje significativo. Circunstancia que por igual promueve Vigostky (1987), postulando que el desarrollo óptimo en nuestros procesos cognitivos requiere de la socialización (Vigostky, 1987).

Sin embargo, de acuerdo a Gowin (1981), la predisposición positiva del aprendiz por el aprendizaje, el material significativo y la relación interpersonal y personal para promover el desarrollo óptimo de nuestros procesos cognitivos y con ello alcanzar un aprendizaje significativo para con la experiencia vivida; se presentan insuficientes si no son experimentados en diversos contextos, en los cuales el aprendiz puede reproducir su aprendizaje, adecuándose a dicho contexto. En este sentido, se presenta como condición necesaria la conexión de dicho aprendizaje con la realidad para alcanzar significación (Gowin, 1981). Es por esto que la esquematización mental, la abstracción de ideas, se presenta, por igual, fundamental para poder contextualizarlas.

Como podemos apreciar, el aprendizaje, como objeto hacia el que promocionar la conducta del alumno, así como su entusiasmo y voluntad, se presenta como un eje central en torno al que dirigir los esfuerzos metodológicos y técnicos del profesor para lograr significación en su ciencia.

En este sentido, cabe cuestionarnos: ¿qué es el aprendizaje?, ¿qué relación se establece entre la motivación y el esfuerzo?, ¿existe una necesidad adicional para potenciar dicha motivación en la educación reglada?

Siguiendo esta línea, Fernández-Abascal, Martín y Domínguez Sánchez (2001), definen el aprendizaje como «un cambio relativamente permanente de los mecanismos de la conducta, debido a la experiencia con los acontecimientos del medio».

De considerar una reflexión para con dicha definición, podemos apreciar que la memoria no aparece en dicho aprendizaje, ésta no se adquiere: En este sentido, lo verdaderamente definitorio es el cambio que en el organismo producen las experiencias de los acontecimientos vividos; luego, una de las carácteristicas más significativas es que aprendemos de lo que hacemos. De esta manera, la educación ha de acercarse a la actividad con diferentes experiencias para poder crear cambios en los mecanismos de conducta, en lugar de centrarse en la memorización para la superación de un examen (VV.AA., 2017a).

De acuerdo a este argumento, Aldana (2014) promueve, desde la aplicación de la biología en la neuroeducación, la necesidad de propiciar experiencias altamente impactantes en los alumnos, que descansen en la diversidad de tareas, promuevan la socialización y relaciones interpersonales y personales; así como aquellas que permitan los procesos aferente-aferente neuronales; esto es, procesar la información. Presentándose vitales para la consecución de los mismos: la toma de notas reflexionada, la esquematización de ideas, la construcción de pensamiento por reflexión, y aquellas actividades que impliquen la involucración activa del aprendiz en su propio aprendizaje.

Señalando, por igual, la importancia del propio movimiento físico para una mejor respuesta cognitiva en el proceso de aprendizaje y la necesidad de presentar una diversidad de métodos y técnicas con las que mantener la atención del alumno. En adición, advierte de lo improductivas que se presentan las clases magistrales, de exposición de contenidos, en tanto nuestra atención para con la información recibida se distrae alrededor de los quince minutos (Aldana, 2014).

De acuerdo a este doctor en biología, neuroeducador e investigador, la diversidad de técnicas y metodologías que promuevan los procesos de aferencia-eferencia óptimos estriban en una alta dosis de entusiasmo, de motivación; razón por la cual se presenta necesaria una definición más detalla de la motivación y su relación para con el esfuerzo, desde la que poder abstraer porqué es una conducta, de qué manera se presenta o puede reconducirse y cúal es su peso para con la educación reglada.

Una primera consideración sería aquella que descansa sobre nuestra elección para con nuestros aprendizajes. De esta manera, en tanto somos humanos y elegimos nuestras opciones de entre las alternativas que se nos presentan, nuestro aprendizaje comprende nuestra experiencia vivida para con nuestra opción y su consonancia con nuestra implicación activa en dicho aprendizaje y modificación de la conducta (ver VV.AA., 2017a).

De acuerdo a este argumento, se presenta fundamental una primera aproximación con relación a la intención dirigida o no hacia nuestro aprendizaje. En este sentido, cabe clasificarse el aprendizaje como: (a) incidental y (b) voluntario o intencional.

Siguiendo esta línea, el aprendizaje incidental «se caracteriza por producirse sin necesidad de una acción educativa intencional dirigida a promoverlo o favorecerlo, ya que se apoya en procesos elementales como la observación, la imitación, la escucha, la repetición y la interacción con
objetos, animales u otras personas»
(VV.AAa., 2017, p.4).

Por el contrario el aprendizaje voluntario o intencional, «es a través del cual se adquieren sistemas complejos que no se pueden asimilar de otra manera más sencilla o intuitiva y, por lo tanto, se sustenta en
contextos educativos específicos de carácter institucional»
(VV.AA., 2017a, p.4.) Razón por la cual requiere de la motivación como ingrediente fundamental, ya que precisa de un esfuerzo voluntario, exigiéndo, en adición, de la intervención de un agente educativo o docente (VV.AA.,2017a)


Podemos apreciar como nuestra interacción para con la información recibida, aquella experiencia que altera nuestros mecanismos de conducta, es lo que nos proporciona un aprendizaje. Ambos aprendizajes analizados, incidental y voluntario o intencional, son fundamentales para el desarrollo del individuo; no obstante, de considerar una serie de procesos básicos de la conducta – motivación y voluntad – nos posiciona en unos sistemas más complejos para su asimilación. Luego, atendemos a la voluntad del alumno, a su predisposición hacia el aprendizaje, -su motivación -, así como a la exigencia de un apoyo externo a través de la acción educativa intencional, sistemática y planificada, para poder reconducir este aprendizaje voluntario, razón por la que definirlo intencional (VV.AA., 2017a).

En este sentido, se aprecia la necesidad de dirigir los esfuerzos de la acción docente en la conducción del alumno en la voluntad y motivación por su aprendizaje. De esta manera, se presenta fundamental propiciar experiencias estimulantes con las que conseguir una predisposición positiva hacia el aprendizaje por el alumno y, así, conseguir su motivación. Lo que nos conduce a la siguiente cuestión.

C) ¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos    factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su   “voluntad” por aprender?

Desde el discernimiento sobre la gnosis de la motivación, hemos podido apreciar su triangulación con el entusiasmo y la voluntad, ahora consideraríamos la siguiente pregunta, en tanto nos centramos en cómo conseguir que los alumnos se motiven, a la vez que consiguen habilidades y destrezas en que han de instruirse: ¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su “voluntad” por aprender?

En este sentido, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, subraya la importancia y necesidad de incardinar en los currículos escolares metodologías de enseñanza-aprendizaje que posibiliten la consecución de los objetivos que persiguen cada una de las competencias en que se segrega la finalidad de la educación del alumno.

En concreto, son las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y espíritu empresarial las que contienen estos factores que implica la voluntad. Por una parte, la competencia en aprender a aprender se caracteriza por “la habilidad para iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje. Esto exige, en primer lugar, la capacidad para motivarse por aprender” (Euroinnova (Ed.), 2016, p.149), por otra parte, la competencia de sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor implica «las habilidades necesarias para convertir las ideas en actos, como la creatividad o las capacidades para asumir riesgos, planificar y gestionar proyectos […]con objeto de mejorar la educación actual, aumentando su calidad y estableciendo procesos de capacitación»· (Euroinnova (Ed.), 2016, p.201).

D) Hacia la elección de una metodología idónea: reflexión estratégica para su consecución.

Cabría ahora preguntarnos: ¿qué metodologías se promueven para el desarrollo de las competencias transversales sobre aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial?

De acuerdo a la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, las metodologías de enseñanza-aprendizaje, en su grueso, habrán de orientarse a la cooperación y trabajo en pares ya que contribuyen extensiblemente al desarrollo competencial que se exige en el estudiante.

Con relación a la Competencia de aprender a aprender, el proceso de enseñanza-aprendizaje habrá de valerse de metodologías que favorezcan la autorregulación de la conducta, la disciplina, el sentido crítico, el sentido de la responsabilidad, lo que implicará la involucración activa del estudiante en su propio proceso de aprendizaje (Euroinnova, (Ed.), 2016). En este sentido, son las estrategias instruccionales de aprendizaje activo las que posibilitan el logro de estas habilidades competenciales, en tanto desde su propia definición se dilucida que son aquellas metodologías que involucran al estudiante en su propio aprendizaje, haciéndolos conscientes de lo que hacen, esto es, pensar sobre lo que están haciendo (Bonwell y Einson, 1996).

Por otra parte, y con relación a la Competencia del Sentido de la Iniciativa y el desarrollo del Espíritu Empresarial, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, invita a la Comunidad Educativa a trabajar sobre aquellos conceptos clave sobre los que descansa esta competencia: liderazgo, motivación, autonomía y emprendimiento. Para tal fin promueven el uso de metodologías y didácticas orientadas al desarrollo de los valores personales y sociales que llevan aparejadas esta competencia. Luego, habrán de favorecer la construcción de proyectos e ideas originales, que permitan proponer soluciones originales y que contribuyan a analizar e investigar, desde este tipo de metodologías se desarrolla la creatividad.

No obstante, por igual medida, se recomiendan aquellas otras que posibiliten la autonomía, la iniciativa propia, la elección, apostar por las propias aptitudes, mostrar perseverancia por lo que se emprende, cumplir a tiempo las propuestas propias y las del grupo, implicar a los demás, persuadir a los demás,  saber trabajar con otros, saber distribuir tareas, saber compartir tareas, éxitos y fracasos, reconocer los valores de otros, ofrecer ayuda desinteresada, entre otros. En este sentido, todas estas destrezas están incardinadas en la tenacidad, en la confianza en uno mismo, en el liderazgo, el trabajo en equipo y la solidaridad (ver Euroinnova, (Ed.), 2016A, pp. 202 – 207).

Con relación a este análisis, el trabajo cooperativo logra satisfacer sobradamente aquellas habilidades orientadas en el liderazgo, trabajo en equipo y solidaridad, además de las que pueden observarse desde el rasero de la creatividad y la autonomía, como así promueve esta Recomendación del Parlamento. Es importante subrayar el carácter activo y la involucración que sobre el propio aprendizaje del estudiante el trabajo cooperativo promueve (Aldana, 2014; Bonwell y Einson, 1996).

Luego, alcanzado este punto de análisis, desde la reflexión sobre la relación entre la motivación y el desarrollo cognitivo, podemos discernir que una metodología centrada en la socialización y la colaboración entre estudiantes, que fortalezca los lazos entre profesor y alumno, que permita la conexión con la realidad y que verse sobre material significativo, conducirá positivamente la predisposición del aprendiz en su propio aprendizaje. Una predisposición que será posible si se presenta un método de enseñanza-aprendizaje que resulte “bello” y “bondadoso”  a sus ojos.

En este sentido, se considera la apuesta por una metodología de aprendizaje activo que comporte cooperación y trabajo en pares y, por igual,  promueva el dinamismo de la clase en tanto resulte especialmente atractiva, esto es, “bella” y “bondadosa”. Por una parte, ayuda al entrenamiento de la persistencia en el aprendizaje, la voluntad del estudiante; por otra parte, logra satisfacer los requerimientos políticos e institucionales, además de presentarse ventajosa para la consecución del aprendizaje significativo y social del alumno (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004) lo que posibilita su desarrollo cognitivo y emocional (ver Ausubel, 1976; Gowin, 1981; Novak, 1983; Vigotsky, 1978).

 Para ello, se considera, en gran medida, utilizarel juego como metodología de aprendizaje ̶ cabe señalarse la clasificación de la gamificación como estrategia instruccional de aprendizaje activo ̶. En este sentido, Bonwell y Einson (1996) la posicionan como una estrategia que promueve una alta dosis de entusiasmo en clase, ̶ bien desde el quizz, bien con soporte en algún software ̶ , además de concebirse como una metodología didáctica fácil de ejecutar en el aula, en tanto deviene familiaridad en su uso práctico y gestión del tiempo que involucra.

E) Conclusiones:

Hemos podido observar cómo, en gran medida, una de las grandes preocupaciones de la Comunidad Educativa gravita en torno a la manera de mejorar la acción educativa a través de la motivación y voluntad del estudiante, de modo que lo predisponga positivamente hacia su propio aprendizaje, aprenda significativamente  y, así,  logre la autonomía que le es inherente al propósito competencial que sirve de vector en la educación: hacer de los estudiantes ciudadanos competentes en saber hacer, ser, vivir y aprender a aprender (Delors et al., 1996).

Considerando el discernimiento epistemológico anterior, hemos podido apreciar cómo se triangulan motivación-entusiasmo-voluntad y como las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial se interrelacionan con los factores que promueven el entrenamiento del estudiante en su voluntad. Luego, es apreciable que hemos alcanzado un objetivo hacia dónde apuntar.

En adición, desde la reflexión sobre la relación entre la motivación y el desarrollo cognitivo, podemos discernir que una metodología centrada en la socialización y la colaboración entre estudiantes, que fortalezca los lazos entre profesor y alumno, que permita la conexión con la realidad y que verse sobre material significativo, conducirá positivamente la predisposición del aprendiz en su propio aprendizaje.

Aflora la necesidad de orientar la intervención del alumno en aquello que, emocionalmente, lo entusiasme. De manera que posibilite desencadenar la motivación en su conducta y, así, propicie su predisposición positiva en el aprendizaje, lo mueva a actuar – su voluntad -. Una acción que se consigue desde la percepción bella y bondadosa de la metodología por el alumno, presentándose para su consecución como altamente recomendable la gamificación.

F) Agradecimientos.

Desde este pequeño apartado, considerando la flexibilidad que proporciona el blog, quisiera a gradecer a una amiga desde la adolescencia, hoy psicóloga, aquellas palabras que me transmitió un día, siendo estudiantes, en pro de estar dándolo todo, a todo full: ¡ENTUSIASMO, ACCIÓN y MOTIVACIÓN!

Han sido unas palabras que se han convertido en todo un «motto», una filosofía de vida. Son unas palabras que no solo he utilizado para empoderarme, sino que las he diseminado como el polen entre mis estudiantes.

La verdad es que insuflar creencias potenciadoras en los estudiantes, transmitirles empoderamiento en enseñanzas éticas y morales, filosóficas y psicológicas, escucharlos atentamente, calibrar mi comportamiento para adecuarme a sus conductas y características personales…todo esto, no son sino maneras, métodos, formas o técnicas con las que he podido desplegar la inteligencia emocional. Ésta empieza en prestar atención, en reconocer a los demás, en la otredad.

No obstante, esos mismos métodos, formas o técnicas con las que desplegar la inteligencia emocional, no son sino instrumentos a los que hoy les puedo poner nombre; sin embargo, los he desarrollado a lo largo de mi vida de manera natural.

Y reconociendo a los demás, y hablando de psicología, por igual quisiera dejar un pequeño mensaje de ánimo y entusiasmo a mi hermano Esaú, quien comienza ahora en octubre sus estudios de psicología en la Universidad de Granada.

Desde el ejemplo de mi hermano podemos aprender la resiliencia y la actitud positiva. Está en diálisis, tres días a la semana, terapia que lo deja listo. Sin embargo, encontrándose en una situación de invalidez absoluta, ha tomado el mundo por montera y se ha decidido a hacer cosas que le hacen feliz, que le apasionan.

Le deseo lo mejor del mundo, que sea una experiencia que lo llene de vida y pasión por lo que hace. Seguro que terminamos haciendo alguna cosa juntos, además de algunos pinillos musicales.

En otra entrada se considerará la relación de la otredad con la inteligencia emocional y la motivación; al menos, como un pequeño cuestionamiento. Por el momento, centrar el foco en los alumnos, desde la cooperación, trabajo en pares y gamificación, parece una gran respuesta para trabajar la motivación en clase. De esta manera, si es profesor, cuestiónese la capacidad de respuesta limitada, para con la generación de hoy, que presentan las metodologías tradicionales; aquellas que lo posicionan en el centro. Hoy día se necesitan líderes, coachers, no a Oráculos del Infinito Saber.

Buda nos viene a decir que a un loco se le reconoce por sus actos, a un sabio también. En este sentido, querer ser un oráculo, posicionarse en el centro por esa presunta erudición que consideran tener algunas personas, es una gran locura, una gran estupidez. Especialmente para nuestro presente.

No sea erudito, sea sabio; reconozca a la generación Z, aquello que le motiva, y recuerde que el cambio empieza en usted.

Oráculo del Infinito Saber no hay más que uno y ninguno de nosotros alcanzamos tal conocimiento y sabiduría, ninguno. Sea humilde, porque la humildad, como nos dicen las Sagradas Escrituras, es el principio de la sabiduría y, a ella, le sobreviene la gloria.

¡Un saludo a tod@s mis lector@s y suscriptor@s!

Con amor y cariño, a mi hijo, a mi hermano y a mi amiga.

¡EAM!

Verónica García-Melero

Bibliografía

(se subirá próximamente)