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El Regalo de Navidad.

Quien movió la montaña lo hizo piedra a piedra.

Confucio

A pocos días del día de Navidad, en el que todos los niños del mundo se levantan entusiasmados para abrir sus regalos, nuestros cuatro protagonistas aún no habían escrito sus cartas a Papá Noel.

Así es que, conociendo más adelante a los cuatro niños que dan vida a esta fantástica historia, comprenderemos que se darán las circunstancias precisas, en el momento perfecto, para que Papa Noel deje, a cada uno de ellos, un regalo idéntico. Un regalo idéntico, de iguales proporciones y funciones, aunque muy especial y diferente para cada niño.

¿Cuál es el valor que damos a las cosas?, ¿dependerá de nuestra actitud?, ¿dependerá de nuestras circunstancias personales?, ¿dependerá de nuestra conciencia?… ¿De qué dependerá el valor que damos a las cosas?, ¿será el valor de la cosa en sí o será el valor que asignamos al beneficio que nos proporciona?, ¿será así, entonces, que nos satisfacen las cosas o añadimos valor en tanto éstas son buenas y bondadosas para algún propósito?

Este regalo idéntico que deja Papá Noel a estos cuatro niños no es otro sino el que te está contando esta historia. Permitidme, no obstante, que me presente:

Primero conoceremos a Marcos, un niño de 12 años que vive en el centro de la ciudad con su madre y sus dos hermanos. Su madre quedó viuda tras un accidente automovilístico con un camión. Así, tuvo que criar a sus 3 hijos sola.

Marcos era el menor de los tres, de hecho, aún no había nacido cuando su padre murió. Desde muy paqueño sintió rechazo por su madre, que no podía dedicarle demasiado tiempo por el trabajo que los mantenía a los cuatro; además de excesivas horas extra para poder vivir medianamente «bien».

Nunca había sido un niño agradecido por lo que tenía, su visión de la vida era que él tenia que ir a la escuela – cosa que no le agradaba demasiado- y aguantar a sus hermanos. Éstos, 10 y 7 años mayores que él, ya no estaban en edad escolar,sino que trabajaban en la misma fábrica que lo hacía su madre; claro que sin volcarse de la misma manera en su afán.

Ellos, al contrario de su madre, no trabajaban horas extra y, en lo que a su generosidad respecta, más bien eran tacaños y egoistas. Su contribución en las labores de la casa, así como del mantenimiento de la misma, era casi nula. Se guardaban para sí casi todo su sueldo y, generalmente, lo mal administraban y gastaban en caprichos personales y ocio. No siendo, por igual, nada generosos y considerados con su hermano pequeño y su madre. Así es que la mamá de Marcos tenía que hacer un esfuerzo extra para llevar su casa adelante.

Marcos, a pesar de sus tempranos doce años, apreciaba la desconsideración y desprecio por parte de sus hermanos. Por igual, pensaba que su madre, al no poder pasar tiempo con él, no le quería. Asi es que, Marcos se sentía solo, no tenía demasiados amigos; pero, a los pocos que tenía,los trataba como si fuera la última vez que los fuera a ver. Los quería como a hermanos y siempre se preocupaba de que tuvieran lo mismo o más que él. Por poco que tuviera Marcos, estaba dispuesto siempre a compartir y amar.

Ahora conoceremos a Molly, una niña de 13 años que vive también en el centro de la ciudad, a un par de manzanas del edificio donde vive Marcos. Ella vive con su padre y su madre, sin ningún hermano.

Molly es una adolescente que ha tenido una infancia holgada, repleta de bienes y lujos, nunca ha vivido carencias materiales. Su padre es un gran doctor y su madre una abogada de prestigio, de manera que sus necesidades materiales, dados sus ingresos, han estado sobradamente cubiertas.

Sin embargo, esta ausencia de carencias en su vida ha forjado un carácter ambicioso, ávaro y egoísta, totalmente desconsiderado hacia personas que no han vivido tal holgadamente y, en la mayor parte de los casos, no parece mostrar empatía para con los demás. Esto es, no parece saber ponerse en los zapatos de los demás.

Molly es una adolescente que generalmente no siente compasión hacia otras personas indefensas, más débiles de espítiru o que, simplemente, son humilladas u oprimidas por otras de carácter arrogante y deshumanizado como es el de la misma Molly. En realidad, ella es una de estas chicas que desmerece con celeridad a los demás, especialmente si muestran alegría en sus relaciones sociales o, en un plano académico, muestran una especial capacidad o talento. Su personalidad, agria, la ha conducido a no llevarse bien con casi ningún niño de su edad…ni con nadie. Desprecia a las personas necesitadas, nunca muestra el más mínimo afecto; ni siquiera hacia sus padres, a los que siempre pide más, más y más; y ellos, en ese intento de acercarse a su hija, terminan cediendo a sus caprichos.

En tercer lugar tenemos el honor de conocer a Sheryl,una pequeña muchachita de 11 años que vive con sus hermanos, primos, tíos, abuelos y padres, en una casa de campo en las afueras de la ciudad, casi al lado del pueblecito vecino.

Sheryl es una niña esperanzada con las oportunidades que pueda brindarle la vida. Vive en esta esperanza e ilusión ya que su familia nunca le ha dado el valor que merece. Es una niña a la que no se le dan bien muchas cosas: no es capaz de sacar a las ovejas, ni recolectar patatas,entre otras muchas tareas a las que intentan someterla diariamente; sin embargo, es fantástica en otras tareas que ahora descubriremos. Con todo, ni que decir tiene del interés de su familia en su educación: jamás ha mostrado el más mínimo. De hecho, Sheryl jamás asistió al colegio.

Sheryl, desde los ocho años, empezó a darse cuenta de que los niños de la ciudad sí sabían leer y escribir; además de advertir otras muchas cosas. Apreciando lo bonito que era leer y escribir, como hacían los niños de la ciudad, decidió aprender por su cuenta. De esta manera, para los nueve años sabía leer y ecribir casi a la perfección. En adición, todo lo relacionado con el arte se le había dado muy bien, incluso había logrado aprender a tocar la guitarra de manera autodidacta.

Con todo, no ha interpretado canciones más que en su intimidad, nunca lo ha hecho fuera de su habitación; lo que no quita que sueñe con marcharse algún día y sorprender al mundo con sus talentos ocultos.

El cuarto niño de esta historia, Mika, es un simpático y adorable adolescente que vive en la misma ciudad que Marcos y Molly. Van juntos al cole, de hecho, es compañero de Molly, no solo de clase, sino de pupitres. Mika es de esos niños que, dada su empatía y gentileza, con facilidad se adapta a cualquiera de sus compañeros. Es más, podríamos aventurarnos a decir que es un joven adolescente muy observador y, por igual, sabio para su edad. No necesita de añadidos por parte de adulto alguno para apreciar qué hacer y cómo en cada una de las situaciones que se le presentan en su día a día. Especialmente con su compañera, una chica díficil de tratar y de acceder.

Los padres de Mika tienen unas personalidades muy diferentes. Podríamos decir que son como un Yin y Yang…o algo así. Su padre es algo serio, reservado, con un humor algo apagado; lo que no quita que comparta mucho tiempo con su hijo. Entre alguna de las cosas que comparten, están su interés común por los animales; en ocasiones pasan tardes completas viendo documentales. También está la crianza de aves, tienen todo un repertorio de canarios, agapornis y cacatuas.

Su madre, por el contrario, tiene un carácter alegre y simpático, desde luego que es muy risueña y juguetona. A cualquier cosa que llame la atención a Mika, ella se apunta. Al igual que su padre, también comparte con su hijo algunas de sus aficiones, especialmente las relacionadas con deportes y música. Mika es todo un artista marcial a esta corta edad y, por igual, lo es tocando la guitarra y haciendo algunos pinitos musicales…

Con todo, estas aficiones no se quedan aqui, transcienden la escritura y, extrañamente, las labores sociales. Ambos suelen hacer trabajos sociales en las comunidades destinadas a tal fin en su localidad. Desde ayudar en comedores sociales, animar en pequeñas fiestas en geriátricos…hasta echar una mano a las cuidadoras de ancianos y personas con necesidades especiales. Es una labor que les da mucha felicidad y con la que divierten y se divierten mucho.

Esta crianza de Mika: rodeado de afecto, momentos compartidos con sus padres, salpicado de apreciación por la naturaleza, la música… el propio cuidado personal y físico y la ayuda desinteresada a los demás; a hecho de él un adolescente muy querido y estimado por todo aquel que lo conoce. Incluso es de las pocas personas a quienes Marcos y Molly escuchan o prestan algo de atención.

Curiosamente, también conoció a Sheryl en el supermercado donde coinciden en numerosas ocasiones… En concreto, apalabraron entre ellos acudir al supermercado los viernes por la tarde, sobre las seis. La cuestión es que es el tiempo programado que en casa de Sheryl destinan para la compra de la semana y, ya que Mika es claro con sus padres, les comentó al respecto del caso de su amiga.

De esta manera, cuando se ven en el super, Mika deja progresivamente material a Sheryl para su enseñanza. Es más, esa pasión por la guitarra la comparten hasta el punto de quedar frecuentemente en la ladera del río, cerca de la casa de ella. Desde luego que los padres de Mika lo acercan y más tarde lo recogen. Ni que decir tiene que los padres de Sheryl son más excépticos y, además, tampoco muestran un especial interés por ayudar a sus hijos en el desarrollo de las actividades que tanto les fascinan. Más bien, además del desinterés que muestran ambos padres, su madre suele transmitir palabras de desánimo a sus hijos; otras veces, los ridiculiza o abate si los ve entusiasmados con sus cosas.

Desde luego que resultan ser bastante tóxicos, claro que han lavado mucho su imagen y el pueblo los reconoce como unos papás muy dedicados al trabajo duro… En fin, claro está que son de aquellas personas que ofrecen una imagen muy pulida y cuidada de cara a la galería…¿quién se iba a imaginar que su despreocupación y maledicencia era tal?

Hablando de Mika, no podemos quedarnos solo aquí para ayudarnos a conocer aquello que une a nuestros cuatro protagonistas. Así es que he dejado a Mika para el final. Él viene a ser como una piedra angular en las relaciones personales que se establecen entre todos. Curiosamente, vive en el mismo edificio que Marcos. Así es que, dada su proximidad en edad, han sido tantas las veces que han coincidido en el portal, recreo del edificio, parque y cercanías, que, con el tiempo, han terminado por hacerse amigos.

Al menos, Mika es uno de esos vecinos especiales con que gusta pasar el rato, tener una conversación simpática y, en fin, sentirse escuchado. Esta manera de ser de Mika ha terminado por calar hondo a Marcos; con lo que, de sentirse solo, termina recordando a su vecino en sus reflexiones y pensamientos. Desde luego que, con mucha simpleza, Mika sabe llegar al corazón de las personas – te hace sentir que importas- y, no era menos, también llegó al de nuestro joven Marcos.

Alcanzado este punto, os podéis hacer una idea de las relaciones de estos cuatro niños; no es que sean compartidas, pero sí tienen un nexo en común: Mika. Ahora, si me permitís, procedo a vivificaros los diálogos que tuve con cada uno de los cuatro protagonistas. Si os preguntáis cuándo sucedió.. desde luego que la razón de ser que me trae aquí no es otra sino la Navidad; de hecho, os lo advertí al principio.

Así, en esta Navidad tan señalada, curiosamente, ninguno de los cuatros niños dejó una carta escrita a Papa Noel. Las razones fueron muy diversas como podréis apreciar en nuestras conversaciones. Aún así, todos comparten, además de este detalle, otro muy especial en adición: Papa Noel me trajo a cada uno de ellos como «El regalo de Navidad». Un regalo muy especial para hacer pensar, reflexionar y, desde luego, dejar una enseñanza transcendental en sus vidas.

¿Creéis que también será posible dejar una enseñanza en vuestros corazones? Bien, pues aventurémonos a descubrirlo.

El día de Navidad.

En el río.

El día de Reyes.

Cada piedra que encontramos en nuestro camino ha de ayudarnos a crecer. No hay piedra que nos encontremos en el camino que no pueda ser aprovechada para nuestro propio crecimiento. Además…¿dónde se forja al buen marinero?, ¿será en la tormenta, en el agua brava?

Abrazar la tormenta es ser resilientes y tener esperanza en que, como todo, siempre termina por encontrarse, después de cualquier contratiempo, la calma. Los acontecimientos de nuestra vida, por igual, se acaecen con un ritmo. Luego, no perdamos de vista el ritmo de los acontecimientos…seguro que tienen un propósito para la vida de cada uno de nosotros.

Desde luego que, apreciar la oportunidad que brinda la cooperación, la ayuda y colaboración de los demás -no solo para tangibilizar proyectos, si no para apreciar el valor de las cosas -, es uno de los grandes regalos que nos ofrece la amistad. Valoremos la amistad, desde luego que para tener verdaderos amigos, ser un verdadero amigo ha de empezar en nosotros.

Con el deseo de que tengan un día de Reyes ¡ESTUPENDO!, aquí dejamos esta bonita fábula.

Escrito por Berta María Rivas García y Verónica García-Melero

P.D.: El año pasado, por estas fechas, se acercó al blog un ensayo de calado económico muy interesante que, para la Epifanía del Señor, comenzaba con la reflexión de una breve parábola. Este año, ¡qué mejor que acercar una bonita reflexión con una fábula! Como así avancé hace unas semanas, podemos considerar lograda la intención. Especialmente, por Berta, mi sobrina, una prometedora escritora, haga lo que haga; son muy diversas las disciplinas en las que se maneja como el agua. Toda una crack. Espero que se anime a hacer alguna cosita más conmigo, por el momento este «Regalo de Navidad», aunque ha sido escrito por ambas y con aportaciones originales de las dos, por igual; incuestionablemente ha sido una idea original de ella y me parece «una genialidad».