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«La zorra y las uvas» y el Estado de Flow.

Entrada Reeditada. Primera Publicación 21 Octubre 2019.

Con el tiempo y una caña, hasta las verdes caen; así que ya sabes… tiempo al tiempo, que el tiempo todo lo pone en su sitio».

María Filomena Melero Vargas, mi madre.

(Revisado)

A) INTRODUCCIÓN: LA ALEGORÍA DEL KYLIX Y EL VINO.

«Si el Estado de Flow se sirviera, éste sería un vino que rebosa y se derrama en un kylix». Esta apreciación bien puede considerarse desde el simbolismo del vino, bien desde la consideración simbólica y cultural del kylix en cuestión. No obstante, es muy probable que se esté preguntando qué es el Estado de Flow, si jamás ha oído hablar de él. Sin embargo, antes de alcanzar el conocimiento de este estado, habría que exponer qué es la disonancia cognitiva para, desde ésta, comprender como puede llegar a conectarse con la experiencia cognitiva óptima y el porqué explicarla con un kylix rebosante y desbordante de vino. Luego, atendamos a una intención inductiva en la argumentación con la que observemos y experimentemos aquellos conocimientos que conducen a nuestro razonamiento alegórico inicial.

Si usted es como yo, posiblemente también se cuestione: ¿qué es un kylix? Lo digo porque no tenía la más remota idea del significado de la palabra; aunque la etimología dé mucho de sí – en este sentido, quílice -, también ha causado estragos en mí; más simple hubiera sido transmutar la «y» por una «a». De hecho, tras indagar y buscar qué es, he encontrado que es ni más ni menos que un ¡cáliz! La Última Cena, la Eucaristía, Indiana Jones, Harry Potter…y hasta Crepúsculo, se me han pasado por la mente. Y, bueno, como ve, ha dado de sí tanto mi pensamiento que hasta me ha valido para plantear la alegoría que le acerco.

La consideración del kylix para venir a significar el Estado de Flow estriba en su concepto, simbología, cultura e historia. En este sentido, por kylix, kilix o quílice se entiende una cílica de figuras rojas, esto es: una cerámica tradicional griega que comporta físicamente una estructura asimilada a un cáliz, utilizada para servir vino y caracterizada por la recreación pictórica de figuritas icónicas en color rojo con las que se representan escenas y contextos de la tradición, cultura, arte, conocimiento y/o folclore griegos.

En este sentido, si por cáliz entendemos una vasija que, en su expresión simbólica, viene a contener el conocimiento, la abundancia, la sabiduría, así como aquello que conduce a la inmortalidad del alma (quedémonos con el conocimiento, a secas); también es el recipiente que nos acerca la disonancia cognitiva en su primera expresión. Lo apreciaremos de considerar Esopo y su fábula de la zorra y las uvas como ahora veremos.

Con todo, se hace preciso detenernos en aquello que contiene el cáliz: el vino. En este sentido, tanto éste como la vid de la que procede tienen connotaciones divinas, místicas; simbolizando ambos la vida, la alegría de vivir y el placer, por igual. Así, de considerar una expresión holística del cáliz, esto es: su estructura, propósito y aquello que viene a contener – el vino-; atendemos a una vasija que comporta la sabiduría de la vida feliz o la sabiduría para la felicidad de nuestro día a día. De esta manera, en función del discernimiento y entendimiento que se tiene de las cosas, así es la felicidad y alegría que se consigue para el vivir, para la vida.

A tenor de esta simbología, y en consideración al propósito histórico del quílice para con el Estado de Flow, es el Kylix ático del Museo del Vaticano del siglo V a.C. aquel que representa a Esopo hablando y aprendiendo de una zorra. Decimos aprendiendo dado el carácter caricaturesco que ofrece su expresión artística, categorizado como tal por expertos y dentro de la línea de la sátira aristofanesca «Las Nubes».

Kylix ático del Museo del Vaticano del siglo V a.C. Escenificación de Esopo aprendiendo de la Zorra de su fábula.

B) EL KYLIX DE LA FÁBULA DE ESOPO: UNA APROXIMACIÓN A LA DISONANCIA COGNITIVA.

Bien, ¿y qué tiene ésto que ver el kylix con el Estado de Flow? En este sentido, este kylix es la primera expresión histórica que da testimonio del legado del fabulista Esopo. Concretamente representa una escena del mismo con la zorra, uno de los personajes de sus fábulas.

Siguiendo esta línea, el personaje de esta fábula nos acerca el conocimiento humano que desde tiempos remotos se tiene al respecto de la disonancia cognitiva, un conocimiento legendario. La fábula, sin ir más lejos del cuento, ejemplifica la conducta que toma una zorra al apreciar que le será imposible alcanzar un racimo de uvas que se halla a una altura muy considerable desde el suelo. En vista de lo difícil que se presenta el logro de su meta, si no imposible, se dice para sí misma: «no están maduras». De esta manera, la zorra prosigue su marcha autoconvenciéndose de esta nueva y creativa percepción de su realidad. Ha alterado su conciencia de las cosas para no sucumbir a la frustración e impotencia que, a priori, le ocasiona esta escena tan contradictoria.

El Camino: la zorra de Esopo reflexiona con Nena.

Es posible que se pregunte, ¿qué es la disonancia cognitiva? En este sentido, para apreciar con claridad su definición se hace importante considerar su contextualización. Así, es muy probable que haya experimentado aparentes contradicciones en diversos contextos sociales en los que se haye involucrado, por ejemplo. Así, de seguir con el kylix y el vino, de haberse aventurado a participar en un debate político en un bar, es muy probable que alguien lo haya conducido a querer cambiar alguna de sus ideas. Entonces, usted, más que pensar lo que hace, piensa en cómo justificar su pensamiento, tanto para los demás como para sus propios ojos.

Esta conducta humana es propia de la preservación de la coherencia de nuestras elecciones y, también, de la apariencia per se. Es importante apreciar que al posicionarnos en ellas, al defenderlas, estamos defendiendo nuestra capacidad de elegir inteligentemente nuestras opciones de entre las que se ofrecen. Es por esto, no obstante, por lo que cuesta dar nuestro brazo a torcer, cuesta reconocer que se estaba equivocado. En gran medida, este error ocasiona una fuerte contradicción en nuestro pensamiento y conciencia que, de las cosas, tenemos; con lo que conduce al malestar. Aquí estriba la necesidad de reforzarnos en nuestro pensamiento.

Con todo, en otras ocasiones esta disonancia atiende a un planteamiento totalmente contradictorio, a un escenario alternativo, pero siempre en pro de posicionar nuestra conciencia que ya se tiene de las cosas, evitando el error. Esta postura, ineludiblemente, conduce al insufrible perfeccionismo e inmadurez. Hay que considerar que «errare humanum est» (errar es humano), por lo que abrazar el error como fuente de conocimiento nos puede alejar de esa postura de apariencia tan ególatra que lleva aparejada esta disonancia cognitiva, después de todo. Y, es más, nos puede más que proporcionar bienestar emocional; conduciéndonos, si prestamos atención para con los demás, nosotros mismos y el contexto en el que nos encontramos, hacia una experiencia cognitiva óptima.

Si reflexionamos un poco, esta postura, ya en sí, es categorizada como disonancia, claro que presenta una «disonancia» para con respecto el postulado de esta teoría, al menos desde mi percepción personal. ¿Por qué?, porque trabajar verdaderamente el error en el plano emocional nos conduciría a la resiliencia, a la autorregulación de la conducta, al bienestar. Alejándonos del malestar que ocasiona percibirlo como algo estrictamente cognitivo. Hablamos, no obstante, de «pensar con el corazón».

¿Qué quiero decir con ésto? Digo que errar es humano y que de ello aprenderé, sin embargo es algo fingido en tanto no lo asimilo emocionalmente. De esta manera, hay que aprender a pensar con el corazón.

Para comprobar esto, la próxima vez que se acaezca una experiencia que lleve aparejada una contradicción con respecto a sus creencias o elecciones, observe si al reconocer un error o idea ignorada lo hace sintiéndolo y reconociéndolo o simplemente se esfuerza en fingirlo.

Así, podra apreciar que abrazar el error como fuente de conocimiento – cuando lo consiga honestamente – no es fingir, es «abrazar», es amar equivocarse. ¿Por qué? Porque para empezar, ya está reconociendo la capacidad de otro individuo, así como la suya propia. De ser egoísta, considerando la suya propia estamos considerando que como ser inteligente que se esfuerza en su mejora continua, en su crecimiento personal, usted ha hecho un esfuerzo por ser reflexivo y sabio, rectificando si es necesario, apreciando aquello que ignoraba por igual.

Esta apreciación ya nos aleja del conflicto y del estrés, de la tensión que nos proporciona la aparente incongruencia de cogniciones; ¿por qué?, porque la apreciamos como una fuente de evolución personal propia, una fuente de bienestar personal y social.

Probablemente, alejándonos del egoísmo, el pensar que hace sentir bien a otra persona que está en lo correcto no le proporcione más que bienestar emocional. Esto sería ser sabio, no fingir ser el Oráculo del Infinito saber o Google, que es más actual. Así, podrá observar lo fácil que es apreciar el error, valorarlo verdaderamente, yendo más allá de la experiencia que lleva aparejado el mismo, sintiéndose una persona sabia y emocional que inteligentemente sabe avanzar en su camino, aprendiendo de todos y rectificando como hace una persona sabia. «Equivocarse es humano y rectificar, de sabios».

Por otra parte, volviendo al ejemplo de «La zorra y las uvas» que nos acerca la fábula de Esopo, ésta, la zorra, al apreciar la imposibilidad de no conseguir aquello que anhela, se autoconvence de que «no están maduras» las uvas, como mecanismo de evasión ante la insatisfacción y frustración que le causa el no poder materiarlizar su logro. Como podemos observar, la moraleja que encierra esta fábula no es otra sino la conducta humana pensada y reflexionada con la que fingimos despreciar aquello que secretamente anhelamos y que sabemos que es inalcanzable.

Es apreciable que la disonancia cognitiva es observada desde muy diversos prismas. En concreto, es una teoría de Leon Festinger que postula una «hipótesis sugerente que nos permite entender de forma sencilla muchas de las aparentes paradojas y sinrazones del comportamiento humano, algunas de las cuales se muestran en cada detalle de nuestra vida cotidiana» (Vadillo, 2004).

Atendiendo a una definición estrictamente académica, la psicología postula que por el término «disonancia cognitiva» se entiende aquella tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) del individuo que origina la percepción al unísono de dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Así, la incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas puede impactar en sus actitudes.

Por su parte, de acuerdo a la Teoría de Leon Festiger, la hipótesis sugerente plantea que la persona se verá automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas cuando se presenta una incongruencia o disonancia entre dos cogniciones simultáneas o un comportamiento entra en conflicto con su sistema de creencias. Estas nuevas ideas y creencias ayudan a reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.

C) LA ZORRA DE ESOPO SE COME LAS UVAS: EL ESTADO DE FLOW.

Luego, ¿cómo podemos dirigir nuestras disonancias cognitivas hacia una experiencia óptima, hacia el Estado de Flow? Pensando con el corazón.

Para que usted comprenda la intención de esta reflexión personal, consideremos la Teoría de la Relatividad. Si no la comprende, con el siguiente ejemplo, entenderá cómo es posible transformar una disonancia cognitiva en un Estado de Flow y, así, haber entendido, además, qué es la «Relatividad», esa curvatura del espacio tiempo que permite sólo al unísono alcanzar la luz de «nuestros pensamientos», de continuar con la alegoría. De esta manera, le acerco el siguiente relato:

Miguel ha coincidido en el mismo lugar con dos personas diferentes, en diferentes momentos del tiempo del mismo día. En concreto, en una cafetería.

Con la primera de estas personas ha tenido una conversación sobre un nuevo sistema monetario que se abre paso, la criptomoneda. Ambos han mantenido posturas muy diferentes, sin embargo, la apreciación mutua de aquellos conocimientos que, con respecto a la criptomoneda y su mercado, desconocían ambos por parte y parte, los ha conducido en una conversación muy profunda, amena y estimulante, que ha durado cerca de una hora.

Es más, Miguel ha terminado perdiendo el autobús y no le ha importado nada. Aquello que pensaba que eran cinco minutos de conversación – o diez, a lo sumo -, se han transformado en una hora, habiendo transcurrido de manera totalmente imperceptible para ambos, Miguel y Eva. De hecho, ambos han llegado a comentar, incluso, que les ha parecido estar totalmente abstraidos del jaleo de fondo del café, les ha parecido estar hablando en un ambiente totalmente insonorizado.

Tal bienestar le ha proporcionado esta conversación a Miguel que, a pesar de que Eva ha tenido que marcharse y habiéndo perdido él mismo el autobús, ha decidido quedarse en el café durante un rato más, tranquilamente. Así, esperará sosegadamente la llegada del siguiente autobús, el cual se prevé para una hora a la vista.

Unos instantes después de marcharse Eva, se ha acercado Antonio, quien escuchaba el final de la conversación desde la mesa de al lado y le había resultado interesante. Antonio ha retomado el hilo de aquello que creía haber comprendido de la conversación sobre la criptomoneda.

Sin embargo, la conversación de éste es pesada, algo violenta, quiere reconducir el pensamiento de Miguel hacia sus creencias, algunas muy erradas como le demuestra éste, situación que termina por incomodar a Miguel. Y no es que Miguel no dé su brazo a torcer, es algo que ha hecho con Eva, entretanto ésta mantenía una conversación inteligente, apreciando aquello que desconocía o erraba, también Miguel para con Eva.

El caso de Antonio escapa del razocinio, no atiende a la reflexión de ideas nuevas, directamente las rechaza y se esfuerza a toda costa por justificar su pensamiento, invalidando sin más el de Miguel. Han transcurrido solo cinco minutos cuando Miguel se mira el reloj. En adición, siente un jaleo inconmensurable que martillea sus oídos; hasta las cucharillas diluyendo el azúcar logra escuchar. Todo le está resultando incómodo: el ambiente del café y la estúpida actitud y conducta de Antonio.

De esta manera, Miguel termina yéndose, con cortesía, simplemente a que le de el aire. Aunque previamente, y con sinceridad, hace saber a Antonio que desdeñar la opinión de los demás, sin nisiquiera escucharla – además de ridiculizarla u ofuscarla porque sí-,va más allá de la búsqueda de coherencia del pensamiento propio. Es un comportamiento carente de empatía y proporciona malestar, no por el conflicto de ideas, sino por su conducta insufriblemente perfeccionista y tan cercana a la misantropía. Como diría Tito Livio: «La plebe o sirve con humanidad o domina con soberbia».

¿Qué reflexiones podemos abstraer de este breve relato? Como podemos apreciar, es posible establecer la sutil línea que separa la perfección del perfeccionismo. Así, acercarse a la perfección humana sería abrazar el error; por el contrario, el perfeccionismo humano aborrece el error, eludiéndolo a toda costa.

También podemos abstraer la relatividad de nuestras disonancias cognitivas, podemos apreciar el delicado trazado que separa la disonancia per se de la experiencia óptima. Ésta es la relatividad de la curvatura del espacio-tiempo: que una hora se relativice en un instante porque alcanza la luz de la conciencia de los demás (experiencia cognitiva óptima), o que un instante se relativice en una hora porque apaga la luz de la conciencia de los demás (disonancia cognitiva). Alterando el espacio, en ambos casos: brillante o saturado, respectivamente.

Como vemos, la disonancia cognitiva puede ser relativizada en función de la luz del pensamiento con el corazón que conlleve y, por supuesto, desde un contexto social; donde nosotros mismos, para con los demás, podemos ser un foco de luz de pensamiento y emoción, que atiende a la sabiduría; o bien podemos llegar a ser aquella tierra que se echa sobre lo que brilla con el solo propósito de apagar su luz, opacarlo y no reconocerlo; simplemente por ser ególatras e inmaduros, si no es por pura envidia (otro día hablaremos de la envidia y la psicología positiva).

Esta reflexión nos puede ayudar a entender la experiencia cognitiva óptima, el Estado de Flow. Con todo, bien puede acercarse, ya que hemos mencionado a Einstein, algunos de los consejos que éste da a su hijo en una conocida carta. Desde ellos podremos apreciar con naturalidad qué es el Estado de Flow y cómo es que reside en la percepción «bella y bondadosa» de las cosas, aquello que nos enstusiasma, motiva y, por ende, desencadena nuestra fuerza de voluntad, como vimos en el artículo sobre la «Epistemología de la voluntad del alumno«.

Atendiendo a la misiva que Albert Einstein escribió a su hijo para animarlo en su principal afición, el piano; éste le viene a legar una serie de consejos que comportan la clave de todo aprendizaje eficaz. De entre los mismos, destaca: «Toca al piano principalmente lo que te guste, aunque la profesora no te lo asigne. Esa es la mejor manera de aprender, cuando estás haciendo algo con tal disfrute que no te das cuenta de que el tiempo pasa. Yo estoy a veces tan enfrascado en mi trabajo que se me olvida la comida a mediodía…» (Jiménez Serrano, 2015).

El reloj…relativo.

Como podemos apreciar, disfrutar aprendiendo reside en la entrega desmedida, esto ocurre cuando algo nos entusiasma. Sería como ese soplo del poeta que embarga su razón y lo inspira. Así, cuando estamos inmersos en una tarea de manera tal que nos abstraemos por completo del transcurso del tiempo y se nos ensordece el espacio, podemos decir que nuestra experiencia cognitiva es óptima, hemos alcanzado eso que denominan «Estado de Flow».

Antes de proseguir con una definición y consideración de la Teoría al respecto, volvamos a la Zorra y las Uvas. Ésta, de haberlo intentado incesantemente, puede que no hubiera alcanzado físicamente las uvas, pero si estaban maduras, ¿por qué no podrían caer en uno de sus intentos? Si hubiera alcanzado una rama más baja, ¿podría, con el zarandeo de ésta, caer el racimo?, ¿y si hubiera pedido ayuda a otro animal? Si hubiera pedido ayuda a otro animal, como a un pájaro que le picara la coyuntura del tallo a la rama, posiblemente hubiera conseguido su logro. Luego, una escucha activa junto a la focalización y atención plena en la situación y tarea, hubiera conducido a la zorra a un Estado de Flow. Se hubiera concentrado en solucionar el problema, considerando escenarios posibles, dejando aflorar su pensamiento abstracto, empatizando con los demás, el tiempo le hubiera transcurrido sin darse cuenta y hubiera logrado su objetivo.

No estamos hablando de un aprendizaje per se, si no del aprendizaje que proporciona el reconocimiento de los demás, posicionándonos en el error o la idea ignorada como fuente de conocimiento. Implica, por igual: la autorregulción de nuestra conducta, la escucha activa – con los cinco sentidos -; como vemos, es empatizar, así como gestionar nuestras emociones las que nos posibilitan «pensar con el corazón». Luego, ese Estado de Flow reside en nuestra inteligencia emocional. Ya Aristóteles nos recordó que «todo aprendizaje es emocional». Como vemos, así sucedería en la conducta de la zorra si reconociera la capacidad de los demás y no se hubiera posicionado como el animal más astuto y sagaz del lugar. Paradójicamente, aunque no haya sido considerada la simbología del totem de la zorra, ésta encierra ese complejo de Aristóteles, de sentirse mejor que los demás y creer tener siempre la razón. Precisamente en el reconocimiento de los demás, en la ayuda que pudiera haber brindado otro animal, hubieramos considerado la otredad. Claro que esta fábula es muy inteligente y obvia la figura de otro animal, para ir más allá de la disonancia cognitiva ¿se habían dado cuenta? Supongo que sí, es algo que llama la atención, generalmente las fábulas de animales se presentan con una antítesis entre personajes.

De considerar los consejos de Einstein a su hijo, éste lo anima en la emoción por lo que se hace, en amar lo que se hace, en la pasión. Por igual, podemos apreciar que ese aprendizaje eficaz es emocional y esa emoción nos relativiza el tiempo y el espacio: pasa sin darnos cuenta, escuchando más que nuestro pensamiento. Ésto es una experiencia cognitiva óptima, aquella que nos conduce en el Estado de Flow. Como vemos, consiste, igualmente, en «pensar con el corazón».

Con todo, se hace importante definir dicho Estado de Flow, así como valorar aportaciones al respecto, para poder corroborar aquello que se postula, si no, contraponerlo y cuestionarlo.

D) MIHÁLY CSÍKSZENTMIHÁLYI Y EL ESTADO DE FLOW.

Fue Mihály Csíkszentmihályi, desde sus estudios allá por la década de los setenta, quien definió el Estado de Flow. Según este profesor en psicología, dicho estado puede ser definido como aquel estado de experiencia óptima que las personas expresan cuando: bien están implicadas intensamente en lo que están haciendo y les resulta divertido hacer, bien actuan con una implicación total en un asunto o tarea autopercibiendo una sensación holística – abstracción del espacio y tiempo, embriagados por una atención plena en el asunto en cuestión, vendría a definir desde un prisma personal –

De considerar qué indicadores son aquellos que nos ayudan a identificar esa experiencia óptima, Csikszentmihaly en sus trabajos de 1998 y 1999 proporciona aquellos que se presentan universales para su caracterización, en concreto son ocho. A saber: (1) claridad de meta, (2) feedback inmediato de cuán bien se está realizando la acción, (3) una atención focalizada en la tarea, (4) un balance entre las oportunidades de acción (desafío) y la capacidad de actuar (habilidad), (5) exclusión de los contenidos irrelevantes de la conciencia, (6) un sentido de control sobre la actividad, (7) una distorsión en el sentido del tiempo (usualmente las horas pasan como si fueran minutos) y (8) un sentimiento de que la actividad es intrínsecamente gratificante.

Y de seguir acercando maneras con las que comprender mejor este Estado de Flow, también podemos considerarlo como el equilibrio entre el desafio y la habilidad, no importando si ambos se presentan bajos o altos. En este sentido, otros estudios posteriores subrayan que de presentarse bajo el desafío, éste podría causar aburrimiento o ansiedad. Concretamente, son Pearce, Ainley y Howard quienes en 2005 nos acercan la apreciación del Estado de Flow como un canal sobre un esquema de desafio vs. habilidad, permitiendo separar los estados de aburrimiento y ansiedad. Para estos autores la consideración del Estado de Flow es en relación a la calidad del dinamismo de la experiencia. Así, disminuir el desafio en la tarea, lo convertiría en aburrido; si el desafio aumenta y las habilidades de uno no mejoran para hacer frente al desafío, entonces uno podría caer en ansiedad. Como podemos apreciar, es contradictorio al postulado de Csíkszentmihály, para quien habilidad y desafio no importan en su intensidad y grado para alcanzar dicho Estado.

Personalmente, desde mi experiencia, podría decir que la intención de presentar este Estado desde el dinamismo de una experiencia que obedece a una relación dicotómica entre aburrimiento y ansiedad para con sus opuestos: entusiasmo y serenidad; no parece acertada desde la tarea per se que obedece a este statu quo del Flow. En realidad, aquellas características que se presentan universales para apreciar dicho Estado escapan de graduación alguna cuando somos movidos por el entusiasmo, por esa chispa divina que mueve nuestra fuerza de voluntad; de hecho, es lo que da origen a dicho estado. Es muy importante, en este sentido, considerar qué es aquello que se ha hecho en una investigación, cómo ha sido el experimento y qué se pretende. Desde luego que criticado ha sido este estado óptimo, y tambien otras aportaciones al respecto que intentan ir más allá.

Para que me entiendan, es sencillo abstraer que si hemos caido en la relatividad de nuestro espacio-tiempo, las horas han pasado sin darnos cuenta y nos hemos sumergido en la tarea de manera tal que nuestra atención plena nos ha ensordecido la habitación; no nos ha importado lo difícil o lo fácil de la actividad en sí, ni la habilidad o pocamano que tengamos haciendo algo; nos ha importado que nos entusiasma, nos emociona, nos enamora la actividad en concreto.

Para apreciar estas contradicciones atiendo a mis experiencias personales. En fin, para ir «al turrón» de mis Estados de Flow, bien he podido ponerme a investigar, leer, abstraer, pensar, crear, escribir… durante toda una noche, una mañana y llegar el mediodía… (unas veces he sido más diestra en las materias, otras menos, total..qué puede una saber, si en realidad no sabe nada); bien he cogido mi guitarra y mis cascos para no dar la brasa a los vecinos y he podido estar toda la noche, dándole también al teclado y a la percusión electrónica para terminar la canción, hasta he puesto letra y la he cantado con suavidad..en fín..y para nada soy diestra con la guitarra, me dejo llevar.

Es más, ¿cómo he podido estar tantas horas haciendo algo, siendo mamá? Precisamente movida por ese amor de querer a la vez terminar pronto de estar liada con estas cosas que me apasionan y así, disfrutar de mi hijo que más me apasiona aún. He llevado mi pasión por mi niño a dejarlo todo en la afición, pues hasta así, los pocos ratos que me pongo terminan siendo inmensamente productivos. Ahora que lo cuestiono: ¿será otra característica universal la motivación intrínseca positiva?, ¿o será esta actitud movida por el amor y la emoción la que posibilita ese Estado de Flow? En este sentido, otra vez habría que considerar a Aristóteles y que todo aprendizaje (eficaz) es emocional.

Así, puedo abstraer que para nada cuentan la mayor o menor habilidad y dificultad del desafío – como postula Mihály Csíkszentmihályi-, lo que cuenta es que estés enamorada de lo que estés haciendo. Lo único que cuenta es, entonces: «pensar con el corazón». Bueno, esto simplemente es mi apreciación personal, una apreciación personal que es compartida y también es contraria a otras visiones del Flow. En la mano de cada quien queda su juicio al respecto.

Finalmente, como dije al principio, y como dice mi madre: Con el tiempo y una caña, hasta las verdes caen; así que ya sabes… tiempo al tiempo, que el tiempo, todo lo pone en su sitio».

¿Será entonces la caña la sabiduría que otorga el tiempo?, ¿será necesario pensar con el corazón para alcanzar esa sabiduría?

¡Un abrazo a todxs mis lectorxs y seguidorxs!

¡Qué tengáis un día genial!

Verónica García-Melero

Bibliografía consultada:

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Gazzaniga, M. S. (1985). El cerebro social. Madrid. Alianza Editorial, S.A.,

Jiménez Serrano, M. (2015). La carta en la que Einstein explica a su hijo cual es la mejor manera de aprender. El Confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-02-18/la-carta-en-la-que-einstein-explica-a-su-hijo-cual-es-la-mejor-manera-de-aprender_31958/

Mesurado, M.B. (2009). Comparación de tres modelos Teóricos Explicativos del Constructo Experiencia Óptima o Flow. Interdisciplinaria, 2009, 26, 1, 121 – 137

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