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Miguel, el zapatero.

Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para que puedas ser llenado de aquello de lo que estás vacío.

San Agustín de Hipona (13 Noviembre 345 – 28 Agosto 430)

Narrador:
        Pan, agua, sal y vino
        llevaba consigo Nicodemo
        cuando en la ciudad se adentró
        a buscar a un zapatero.
 
05      Llevaba consigo, también,
        llevaba, también, Nicodemo,
        dos monedas gordas de plata;
        éste era su dinero.
 
        Se preguntaba por el camino
10      si podría comprar
        unos zapatos fuertes
        o botas para caminar.
        Porque hospedarse…necesitaría,
        también tenía que cenar.
 
15      Su preocupación no era por las cosas,
        sino por el cuánto valdrán;
        hace mucho que no se compra
        calzado para mejor andar.
 
        Caminaba con fe por el camino,
20      y para nada se preocupaba
        de lo que encontraría para comer,
        asearse, cenar y cama.
 
        De una manera inefable,
        siempre encontraba todo,
25      unas veces con cariño,
        otras veces con asombro.
 
        Hoy llevaba dos monedas
        de plata para comprar,
        para asearse y comer algo,
30      las que encontró en un sofá
        viejo y abandonado
        que usó para dormitar,
        cansado cuando venía
        de charlar algo en un bar.
 
 
Miguel:
 
35      ¡Buenas tardes, amigo!
        ¿En qué te puedo ayudar?
 
Nicodemo:
       
        ¡Buenas tardes, zapatero!
        Algo le quiero comprar…
        Necesito unos zapatos
40      o botas para caminar.
 
        Necesito un calzado cómodo;
        aunque, fuerte, que me dure…
        ¡Mire estos que llevo!
        ¡Hechos jirones, con mugre!
 
45      Mas, estoy desconcertado
        con el precio de sus zapatos,
        los seis pares que he visto
        me dejan hasta empeñado.
 
Miguel:
 
        ¿Y cómo es la cosa?
50      ¿Tú presupuesto es ajustado?
        Dime, amigo, qué tienes,
        a ver qué encontramos.
 
Nicodemo:
 
        Solo tengo dos monedas
        gordas, aunque de plata,
55      ¿Marcan el precio para éstas..
        o es otra moneda marcada?
 
Miguel:
 
        Viejas son tus monedas,
        mas, son de mucho valor.
        El joyero del pueblo
60      las apreciará, créelo.
 
        Tal vez lleves contigo
        mucho más de lo que esperas…
        Como es tarde y está cerrado,
        mañana echamos cuentas.
 
Nicodemo:
 
65      Me dice que lo crea…
        ¿y si me quedo empeñado?
        Tendría que buscar hospedaje,
        ¡hasta me siento obligado!
 
        ¿Cree que la pensión del pueblo
70      me podrá hospedar,
        con dos gordas de plata
        y zapatos, aún, por comprar?
 
 
Miguel:
 
        Créeme hombre, ¿acaso no tienes fe?
        Vemos cosas que palpamos,
75      otras las queremos creer.
        Y creemos lo que no vemos,
        ahora te diré el qué.
 
        Si te preocupa la pensión,
        yo te acompañaré;
80      Gabriel es un gran amigo,
        y, también, lo es Rafael.
 
        Justo al lado de la pensión,
        Rafael tiene su casa,
        y no hay cerveza que no cure
85      lo que le añade la tapa.
        Que hay tapas muy exquisitas,
        pero se pegan en el riñón;
        otras, demasiado grasas,
        para el hígado…perdición;
90      pero también las hay ligeras,
        y que ayudan a la digestión.
        Son como las de mis zapatos,
        unas resbalan, y otras no.
 
 
Nicodemo:
 
        Veo una actitud amigable,
95      entrañable, también, es;
        apenas me conoces,
        mas, procuras mi bien.
 
        Esto es asimilado
        a lo que es la fe.
100     Pues ponemos fe en lo que no vemos,
        y con el alma se ve.
 
        No todo aquello que se mira,
        con el ojo corporal se aclara;
        el pensamiento y el afecto,
105     ¿no se miran con el alma?
 
Miguel:
 
        ¡Qué grande eres hombre!
        Por cierto, ¿cómo te llamas?
        Yo, Miguel, el zapatero,
        así es como me llaman.
 
Nicodemo:
 
110     Mi nombre es Nicodemo,
        le fascinaba a mi madre.
        No muy usual, creo;
        mas, le sonaba a grande.
 
 
Miguel:
 
        Veo aquello que guarda
115     tu nombre en su intención,
        “Principal” es en el pueblo,
        en el pueblo de Dios.
        El significado de tu nombre
        ¿estará en la renovación?
       
120     ¿Estará en renovarse
        la fe de tu devoción
        en aquello que es Espíritu
        y se halla en Dios?
 
        Porque veo que traes pan,
125     y también llevas vino;
        sal y agua llevas también…
        ¡Ya has hecho mucho camino!
 
 
Nicodemo:
 
        Así es, Miguel,
        ya he caminado bastante;
130     me muevo como el Espíritu
        y jamás paso hambre.
 
        Mi fe ha sido renovada
        en aquello que no se ve;
        es como el no conocerme
135     mas empatizar, con lo que lee:
        Unos zapatos viejos,
        gastados y polvorientos,
        la inocencia de un niño
        y moverme como el viento.
 
 
Miguel:
       
140     Así es, Nicodemo,
        fácil ha sido ponerme
        en los zapatos que llevas puestos…
        ¡cuánto se alegran de conocerme!
 
        ¿Quién como Dios, hijo mío,
145     para depositar tu fe,
        hacerla crecer grande
        y ver lo que no se ve
        con los ojos corporales?
        Porque con el alma se ve,
150     y más se ve en el Espíritu:
        prismáticos tiene la fe.
 
 
Nicodemo:
 
        Cuando me hablas de acompañarme
        y presentarme, también,
        a tus amigos del pueblo,
155     a Gabriel y Rafael;
        algo es que puede verse
        y sin los ojos de ver se ve:
        la fe en los amigos.
        En la amistad es que se cree.
 
160     Se cree en la bondad amiga,
        en que siempre la encontrás;
        y no esperas a comprobarla
        en cualquier adverisdad.
 
Miguel:
 
        Así es, Nicodemo,
165     todos ponemos fe,
        en la amistad, el matrimonio:
        en el amor se cree.
 
        Mas, ¿qué traería la adversidad?
        ¿sería aquello que se palpa?
170     ¿aquello que con los ojos
        queda visto e impacta?
 
        Porque nos impacta revelar
        el afecto que nos profesan,
        ¿creemos que es igual al nuestro,
175     creemos en la correspondencia?
 
        ¿O hemos caminado tanto
        que con el Espíritu nos movemos,
        haciendo a un lado el impacto
        cuando su verdad revelemos?
 
180     Mucho es el camino
        que habremos de caminar,
        para ser felices solo
        con la fe de la amistad,
        con la fe de la esperanza,
185     con la fe de la bondad,
        con la fe del pensamiento
        de que se puede cambiar.
 
        Así es que saltamos
        fuera de esa sombra
190     que conlleva la condescendencia
        de la correspondencia toda.
 
 
        Con todo, Nicodemo,
        disfruta, en el pueblo, la tarde;
        te voy a hacer un regalo
195     y visitamos a mis compadres.
 
        De todo lo que aquí tengo,
        irá con tu cuarenta y dos,
        estas botas de color negro
        y piel miel en el exterior.
 
200     Se camina como en las nubes,
        y a todo terreno son;
        guardan tus tobillos
        y el caminar…¡una bendición!
 
        Pruébatelas ahora, hombre,
205     vaya yo a equivocarme;
        me haya equivocado de número
        o de forma que a ti te agrade.
 
       
 
Nicodemo:
 
        ¡Qué cómodas las botas!
        ¡cuánto me gusta el diseño!
210     Negro en la suela y talón
        contrasta genial con el pie, creo.
 
Miguel:
 
        Así es, Nicodemo,
        crees en su hermosura,
        a pesar de verlas con los ojos,
215     tu alma más las dibuja.
 
        Y es que como zapatero,
        algo se traspasa con el calzado;
        mucho se dice de la persona,
        de cómo camina y cuándo.
220     También dice el zapato
        mucho de la personalidad;
        hasta si en los zapatos de otro
        sabes ponerte y en su lugar.
 
        El zapato tiene alma
225     y lleva consigo la de la persona,
        unos gustan de zapatos caros,
        aunque esa no sea su horma.
        Mas, los hay que son sencillos,
        y el caro le iría mejor,
230     aún así prefieren dos pares
        y guardan uno por resplandor.
       
        Tu eres, Nicodemo,
        de los que apura sus zapatos,
        los lleva al extremo siempre,
235     traspasa lo que esperamos
        de la durabilidad de su hechura,
        de la capacidad para la que están.
        Veo en los que llevabas
        mucho de este afán.
240     Pues, no son zapatos de campo,
        mucho menos de caminar,
        son zapatos elegantes,
        daño te han hecho al andar.
 
        Y, viendo que buscas otros,
245     zapato para caminar;
        veo que has renovado en ti algo
        lo veo, igual, en tu personalidad.
 
 
 
Nicodemo:
 
        ¡Sí que me sorprendes, Miguel!
        ¡Con cada una de tus palabras!
250     Ahora hasta podre correr,
        y las piedras ni se me clavan.
 
        Mas, no sé qué decirte,
        que estoy viendo el precio
        y no sé si alcanzaría
255     a pagarlos con el cambio luego.
 
 
Miguel:
 
        Como ya te he dicho antes,
        estas botas son un regalo.
        ¡No sabes cuánto me alegra
        haberte conocido, hermano!
 
260     Ahora, vayamos juntos
        a la casa de Rafael;
        seguro le alegra conocerte,
        ¡y hasta se viene Gabriel!
 
   
Narrador:
 
        Camino iban de la pensión
265     y de la casa de Rafael,
        cuando los asaltó por el camino
        el joyero del pueblo, Uriel.

        Pronto entabló el joyero
        algo de conversación,
270     Nicodemo aprovechó el momento
        y esto es lo que pasó.


Nicodemo:
 
        Pues, querría yo, Uriel,
        haberme acercado mañana
        A su tienda para cambiar
275     Estas dos gordas de plata.
       
        Son todo lo que tengo
        y no sé si alcanzarán
        a pagar la pensión esta noche
        y a tapear en el bar.
 
Uriel:
 
280     Déjame que las vea,
        con poco te podré decir
        si son monedas que se cambian
        y por cuánto se pesan, ¿sí?
 
Nicodemo:
 
        Aquí las tienes, joyero,
285     por favor, compruébalas bien,
        ahora son todo lo que tengo,
        mañana… ¡veremos a ver!
 
Uriel:
 
        ¡Madre mía, Nicodemo!
        Aquí tienes un tesoro,
290     cada una de las que tienes
        cuatrocientas,…como poco.
        Esto es como poco,
        porque hasta podría ser más;
        o incluso hasta suben…
295     si las quieres guardar.
 
 
Nicodemo:
 
        No suelo guardar nada,
        encuentro lo que necesito.
        Mas, como habré de venir de vuelta
-    yo creo que es mi destino -,
300     mejor, guárdame una;
        la otra, cámbiame, amigo.
 
Uriel:
 
        Pues, las guardo ambas conmigo,
        y te dejo el cambio ahora;
        venía de hacer caja,
305     efectivo llevo de sobra.

Mas, viendo que os reunís
        y tanto me gusta el camino,
        el encontrarme con caminantes,
        el encontrarme con mis amigos…
310     también, regreso a la Casa
        cuando guarde lo conseguido.
 

Narrador:
        Ahora se hallaban todos
        en el café-bar de Rafael,
        estaban Gabriel y Nicodemo,
315     Rafael, Uriel y Miguel.
 
        Rafael cerró todo,
        quería ahora disfrutar
        de la conversación de sus amigos
        y, de Nicodemo, su caminar.
 
 
Rafael:
 
320     Cuéntame, Nicodemo, amigo,
        ¿cómo has llegado aquí?
        Pocos son los aventurados
        que se aventuran a seguir
        por el árbol de la vida;
        angosto es porque sí.
 
Nicodemo:
 
325     Así es, Rafael,
        ¿difícil es de seguir
        un mundo donde la mentira
        siempre está por confundir?
 
 
Uriel:
 
        Desde luego que si así empezamos,
330     ¿habré de abrir el camino?
        Miguel, con tu palabra,
        danos algo de luz, amigo.
 
        Porque Rafael, con sus tapas,
        la amargura siempre cura,
335     si no lo hacen sus cervezas,
        inigualables en frescura.
 
Gabriel:
 
        Mejor os tomo la palabra
        y os pongo a reflexionar,
        tengo un pensamiento, amigos,
340     quiero haceros cabilar.
 
        Es una frase de aguas,
        y me gusta para pensar,
        seguro encontráis pensamientos
        y, así, dilucidar
345     lo que encierra de sapiencia
        la sabiduría del lugar.
 
        Me hallaba yo en una playa
        cuando me puse a escuchar
        a un marinero que decía
350     lo que te vengo a contar:
 
        “¡Dios líbrame de las aguas mansas,
        que a las bravas las veo venir!”
 
        ¿Qué creéis que son estas palabras?
        ¿Qué, el marinero, quiso decir?
 
Miguel:
 
355     Si pensara en Aristóteles,
        te diría así:
 
        Caminar sobre terreno accidentado
        fatiga menos que caminar
        sobre aquel terreno llano
360     que agradable es al andar.
 
        Pues, lo que se hace agradable,
        por muchas razones, puede ser;
        y a veces, es que te ponen
        hasta el engaño a los pies.
 
365     Y cuesta, en la comodidad,
        apreciar lo que en verdad es.
        En este agua, veo camino;
        en la brava, lo que la verdad es.
       
Nicodemo:
 
        Eso veo yo en las aguas,
370     las bravas siempre se ven;
        si éstas fueran personas,
        fácil se reconducen, ¿eh?
        Mas, personalidades sociópatas,
        silenciosas más bien,
375     siempre llevan máscara,
        mansas siempre se ven.
        Así, construyen el suelo
        cómodo y llano a tus pies;
        te hacen ver todo perfecto,
380     cuando son la mentira con pies.
 
Gabriel:
 
        Yo de lo que veo mucho,
        de lo que veo, también,
        es de la creencia en lo que no vemos,
        así es que, advierte por tu bien.
 
385     Porque con los ojos del alma
        es que se puede ver
        la intención de la mirada
        de aquello que no se ve.
 
        Se ve con los ojos del alma
390     la verdadera intención
       del que se presume verdadero
        cuando mentira es su voz.
 
        Así, nos advierte nuestra alma
        con los ojos de la fe,
395     con los ojos de lo imperceptible,
        con la intuición, también,
        si alguien es de la cáscara amarga,
        es arena de otro costal,
        no es claro en sus intenciones,
400     o el parecer engañoso está
        haciendo guardia en sus palabras,
        gesto, mirada y ademán;
        el agua mansa no es trigo limpio
        y por la mentira es que está.
405     Si le has quitado la máscara,
        ¿te querrá del medio quitar?
 
Miguel:
 
        Diría que hay personas mansas
        que son mansas porque sí;
        mas, las hay mansas adrede,
410     fingiendo que son así,
        y escondiendo que son cenizos,
        pájaros de mal vivir,
        diábolicos en sus intenciones…
        Satánicos hay muchos, sí.
 
Rafael:
 
415     ¡Miguel, que nunca cambias!
        ¡Siempre eres así!
        ¡Lo mucho que te disgusta
        lo diábolico a ti!
 
Miguel:
 
        Así es, no lo soporto,
420     ¡y bien que pisoteo, bien,
        a la mentira y el engaño
        y al ensalzarse como Él!
 
Gabriel:
 
        En fin, ya ha llegado la hora
        de dejar clavado en el suelo:
425     la mentira del diablo
        y la codicia de su dinero.
 
 
Uriel:
 
        ¡Dios te oiga, querido amigo!
        Otro camino se abrirá
        que ponga a la Tierra en orden
430     y con justa autoridad.
 
        Pero, vayamos a lo que vamos,
        ahora quisiera compartir,
        con lo mucho que soy de caminos
-    ¡figúrate en mí!-,
435     …quisiera compartir un pensamiento,
        y ponerlo a debatir;
        lo encontré en unas frases
        cuando en Google me meto y así
        es que dice la reflexión
440     que yo os quiero decir:
 
        Y es que, cuando derribamos
        muros que nos obstruyen
        el paso del camino, amigos,
        o la verdad que se empercude,
445     o la mentira que tapa lo cierto
        y la verdad deja en incertidumbre,
        ¿habremos de caminar un tiempo
        sobre escombros y ascuas de lumbre?
 
Nicodemo:
 
        ¡Qué maravilla de reflexión
450     para poder comprender
        que el cambio duele, a veces!
        Pero si por bien es que es,
        si es por quitar el velo
        y ver lo que no se ve,
455     también hay recordar que no se mira
        a la verdad cuando se ve
        puesta en frente de tus ojos,
        ¿tal vez no quieres ver?
 
        ¿Tal vez no quieres el sufrimiento
460     del cambio que no se ve
        mas que en incertidumbre y desconcierto      
        que alfombra nueva es a tus pies?
 
 
Rafael:
 
        Muy ciertas son tus palabras,
        y mucho cuesta ver
465     la verdad cuando está de frente…
        Tal vez, cuesta creer,
        o da miedo el cambio
        si en la mentira se fue
        todo un abismo de siglos
470     de todo aquello que se cree.
 
Gabriel:
 
        El mensaje que me transmite
        esta profunda reflexión
        es que todo cambia, amigos míos,
        como nos cambia la voz.
       
480     ¿Apreciaremos los cambios,
        de manera especial,
        si no nos importa en el camino
        para nada la velocidad?
 
        Pues, no hay que apresurarse,
485     lo que hay es que continuar;
        no importa caminar lento
        si por caminar es que estás.
 
Miguel:
 
        Por eso, sobre ascuas
        descalzo se caminará;
490     se caminará sin conocimiento
        y con la ilusión de avanzar.
 
        Y se avanza con esperanza…
        y a tiempo se llega, además,
        si es que caminamos juntos;
495     más lejos se llega, ¿verdad?
 
        Porque sólo se camina rápido,
        pero no se camina igual
        que cuando caminamos acompañados,
        más lejos se llega, ¿verdad?
 
 
Uriel:
 
500     Porque lo importante en el camino
        ¿qué podría ser, Nicodemo?
        Saber elegir con el alma
        qué es aquello que es bueno.
        Porque todo lo que deseamos,
505     ¿acaso bueno es?
        ¿habremos de discernir, entonces,
        por bueno, qué elegimos?, ¿qué?
 
        La maldad es un camino
        que eligen muchos para seguir,
510     elegirlo o no elegirlo,
        está en su discernir.


El que una conducta reprobable,
        inhumana o vil adopta,
        no necesita de nadie
515     para echarse la soga.
 
        Mas, dejemos a un lado la conducta
        y transcendamos a la persona,
        ¿habrá de cambiar, ésta, primera,
        para caminar por las ascuas todas?
 
520     Porque si las ascuas nos traen cambios,
        cambios nos traen los escombros;
        hemos de ver primero, entonces,
        que los tenemos en los ojos.
 
        Delante de nosotros están
525     ascuas de fuego y escombros,
        ¿habremos de, nuestra conciencia, cambiar
        si queremos evolucionar todos?
 
        ¿Habremos de abrir nuestra mente,
        abrirla ante nuestra realidad,
530     para que por lo menos al abrirla
        ésta se ponga a funcionar?
 
        ¿O cerramos los ojos
        como el gato de la Tía Ramona?
        Ni veo los ratones pasar…
535     tampoco habrá quien los coma.
 
       
Nicodemo:
 
        Me gusta la necesidad de cambio
        que se ve al caminar;
        lo primero que he visto amigos,
        lo primero: el crear.
       
540     ¿No es el mundo que nos rodea
        un mundo que hemos creado?
        Fruto es de nuestro pensamiento,
        de lo que en la fe depositamos.
        Porque depositamos todos fe
545     en aquello que nos imaginamos,
        nuestras metas son banderas
        y el trabajo de nuestras manos.
 
        Y, así, el mundo crece
        de aquello que hemos pensado,
550     crece el mundo, entonces,
        de lo que hemos imaginado.

        ¿Habrán las ascuas de quemar
        los pies con que pisamos
        un fuego fatuo que muere
555     entre seguimos pensando
        sobre nuevos conceptos
        para crear lo no creado?
 
        Pues, nada puede ser alterado
        si no cambia la conciencia;
560     el conocimiento de las cosas  
        trae nuevas experiencias.
 
 
Miguel:
 
        ¡Qué inteligente discurso
        el que habéis emprendido, amigos!
        Ahora algo de Antonio Machado
565     para que brindéis conmigo:
 
        “¿Para qué llamar caminos
        a los surcos del azar?
        Todo el que camina, anda,
        como Jesús, sobre el mar”
 
El Libro de los Cuentos. «Miguel, el zapatero».

Recordando hoy, 28 de Agosto, la Efeméride de San Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia Cristiana Católica, uno de los grandes genios de la historia. El cuento aborda la perspectiva del pensamiento de San Agustín, una obra que no conozco en profundidad, aunque creo haber entendido su esencia.

Enamorada de su pedagogía, una pedagogía muy socrática, quisiera recordar con este pequeño guiño a San Agustín, así como mi paso por Los Agustinos de Motril en mi fase de prácticas en la Universidad.

Dejo un afectuoso saludo a todos aquellos alumnos, profesores y directores que hicieron de mi paso por el Centro una increible experiencia.

De manera muy especial, quisiera subrayar que este cuento está dedicado al Padre Javier, a quien conocí en Los Agustinos. Una magnífica persona de la que guardo en el corazón su espiritualidad y su afecto.

Un fuerte abrazo a todos y, en especial, al Padre Javier.

Verónica García-Melero