Maíz y Ajedrez.

El estado de paz es fácil de mantener cuando aún no hay conflictos;

es fácil hacer proyectos cuando aún no hay obstáculos.

Lo que es frágil es fácil de romper,

lo que es pequeño es fácil de esparcir.

Actúa antes de que se produzcan acontecimientos,

ordena antes de que aparezca el desorden.

Fragmento del Epigrama LXIV del Libro II «El te» del Tao te King, Lao-Tsé

Habiéndome especializado en Dirección Estratégica Internacional, como tal, no puedo negar que siento fascinación por las raices de esta disciplina. ¿Y cuáles son? Ni más, ni menos, que el mundo militar y sus estrategias y tácticas de guerra y ocupación. Con todo, no menos importante es ese juego de estrategia militar ancestral – todo un deporte olímpico hoy día -, es decir: el ajedrez.

El Ajedrez es un juego que me ha acompañado toda la vida. Desde muy pequeña, recuerdo a mi abuelo Pepe – una vez terminada la «bulla» del mediodía -, sentarse en la mesa del fondo con algún cliente extranjero. Unas veces lo era francés, otras veces italiano, alemán, inglés..; claro que con los franceses tendría más afinidad. Él estuvo viviendo unos años en París y, la verdad, aprendió bastante bien la lengua. Así, de competir con algún contrincante francés, además de contar con el tiempo perfecto para comentarios – más de los justos – en otra lengua; también, ganar, podría apreciarse como un momento de superioridad sobre el otro pueblo – esto suele pasar, trascendemos la «realidad» de las cosas en las experiencias místicas, como lo es jugar contra un oponente de otra nacionalidad – .

Tanto el juego, como el hacer dadora a la finura que se espera de quien conoce otra cultura y sabe expresarse en la misma, son tácticas con las que mi abuelo – y posteriormente mi padre -, rendían gentileza al saber estar francés, italiano o alemán – por poner un ejemplo -. Ésto les procuro una ventaja en lo que era su negocio hostelero, uno de los pioneros en la playa de Granada. Aunque también lo era el de mi abuelo Antonio – mi abuelo materno -, en la Playa de la Rijana. También aficionado al ajedrez, aunque, sobre todas las cosas, a la pesca. De hecho, casualmente, conoció a mi padre pescando, mucho antes de ser novio de su hija – para ese entonces, ya había fallecido – .

Es curioso que esta simpatía por la restauración, y de manera aventurera, sea compartida por parte y parte; no os extrañe que haya dado yo el paso de traerlo a la nube, junto al suelo ajedrezado del Café Alquimia.

Con todo, volviendo a esta reminiscencia familiar, fue toda una tradición en nuestra casa la del Ajedrez. Mi abuelo Pepe enseñó a mi padre – Juan – a jugar. Mi padre, que es grandioso cuando algo le fascina, terminó siendo campeón de Andalucía y Subcampeón de España, creo recordar. La cuestión es que era buenísimo, le encantaba y terminó enseñándonos a todos sus hijos a jugar. Disfrutaba una barbaridad enseñándonos y, con los años, debatiéndose en duelo. Nos enseñó muchas tácticas, ataques y defensas. Y, también, filosofía, si sabes apreciar la hermeneútica de su dictado. Por ejemplo, recuerdo que me decía: «¿has visto cómo me ha ganado hoy el francés? Pues, a veces, no solo hay que saber perder, si no saber dejarse ganar». Entonces, nos mirábamos mutuamente y sabía que lo había entendido; sonriendo le decía: «¡qué bien echas el engoo!».

El dinero es un estiércol estupendo como abono, lo malo es que muchos lo toman por la cosecha.

Joseph Joubert (1754 – 1824).

«¡Qué bien echas el engoo!» ya era materia para otra enseñanza. «Cuando se pesca es mejor echar más a los peces, echar en abundancia, porque cuanto más das, más terminas recogiendo. Como todo en la vida», venía a decirme mi padre. Ésto, hoy día, es toda una clase magistral de economía: la de incrementar la capacidad económica de las economías domésticas (los peces del mar – que somos todos- ), para mejorar el rendimiento y beneficio de la comunidad/país/planeta (el de todos). El efecto expansivo económico debido al incremento en las rentas de las «unidades» de «consumo e inversión».

Habría aquí materia para revisar el postulado de Keynes, hacernos nuevas preguntas, tal vez rediseñar los mercados de valores y enfocarlos en la «certeza», en su perfección, podría ser un comienzo, una nueva cosmovisión. ¡Vayámos a por ello!

El Jaque Pastor.

De entre las enseñanzas que me transmitió mi padre en el Ajedrez, está la que viene asociada al «Jaque Pastor». Para los no conocedores de este maravilloso deporte mental, la historia de esta jugada es ancestral y, a la vez, muy reveladora del comportamiento humano. Tan antigua es que, aunque podría variar en el lujo de detalles que se ofrece, siempre es la misma.

La que yo conozco pone en el tablero, no solo a dos contrarios, si no a dos opuestos de la sociedad: a un noble y a un pastor de ovejas. El Ajedrez, un juego asociado a la realeza y nobleza, aquella cúspide de la sociedad que se pensaba merecedora de éste juego, ya que implicaba grandes destrezas mentales – las que se esperan de personas muy inteligentes como se hacían éstos a sus propios ojos -; no era merecedor de la plebe, del campesinado. A las clases plebeyas se le ofreció distancia en su participación y capacidad para el juego, lo que no quita que lo jugaran por igual.

En esta ocasión, caminaba el noble por sus tierras cuando advirtió a un joven pastor jugando al ajedrez. No le simpatizó en absoluto, con lo que, al hacerse como éste el pastor – en inteligencia y capacidad -, el noble lo retó a una partida en la que, como premio, se debatía la propiedad del rebaño o su multiplicación. Así, el noble retó al pastor con: deshacerse de su rebaño en caso de perder; sustraer una cabeza de ganado por cada movimiento que lo hubiera conducido a su fracaso de hacerse un igual, aún en tablas; y, por el contrario; el noble multiplicaría su ganado por el número de movimientos que lo condujeran a su éxito.

A pesar de que la propuesta no se presentaba equilibrada, el pastor había de acceder forzosamente. De esta manera, al pastor no le quedó otra que rogar al Dios del Cielo por su iluminación; de quedarse sin ganado, no tendría sustento para su familia.

Se dispuso el tablero y sus elementos y, en solo cuatro movimientos, el pastor derrotó al noble. El noble, irritado por tal hazaña, en su soberbia le preguntó, con ánimo de amedrentar al pastor: «¿cómo puedes ser tan éstupido, de tener esta capacidad para el juego, cómo no has realizado más jugadas, tu rebaño sería aún mayor?» A lo que contestó el pastor:

"Tenía 100 cabezas, 
ahora tengo 400,
mas, cabida, mi Señor,
no encontraré ni para éstas.

Habré de sacrificar unas pocas,
llevarlas a matadero;
otras de las que me sobran,
las regalaré a compañeros.

Mas, en cuatro movimientos,
como por obra del Cielo,
le he dejado una enseñanza
que recordará siempre, creo".

Preguntarnos por la enseñanza de esta jugada, rápido nos puede conducir a la primera regla del oro del ajedrez: no subestimar a tu adversario. Una enseñanza propia de la milicia y de las artes marciales. Mas, la transcendencia de esta partida alcanza los estratos sociales, el desequilibrio al que se somete a la clase obrera desde el acceso al poder, programar al pueblo en la incapacidad para acometer asuntos de gran embergadura ya que requieren de conocimiento, frenar el acceso al conocimiento a la clase obrera y ofrecer una desventaja tanto en los resultados económicos a conseguir como en las condiciones de acceso al juego – pensar que se puede perder todo o casi todo, es una conducta que hostiga al contrario, infiriendo temor – .

¿Podríamos decir que, hoy día, nuestro ente político, institucional, gubernamental, de derecho – nacional e internacional – se acerca a la posición de este noble en el tablero de juego?, ¿nos acercamos nosotros a la figura del pastor?

Esta apreciación puede valer como una parábola desde la que plantearnos muy diversas cuestiones. No obstante, para el momento, y en relación con la intención de proponer una cosmovisión y revisión al postulado del keynesianismo, bien puede valer la celeridad de esta jugada y su simpleza para proponer una gran observación que puede transformar toda una Economía.

Siguiendo esta línea, la incertidumbre en la inversión de esa otra función que añade al dinero Keynes – la de ser un instrumento de inversión / incertidumbre desde la perspectiva del interés y el tipo de cambio de la divisa – y la hace dadora de toda una nueva visión de la Economía, bien es merecedora de volver a revisarse. Es merecedora de nuevas cuestiones que nos acerquen una realidad más profunda de su alcance y repercusión en el Bienestar de la Sociedad y el reparto equitativo de la renta, por ser simple.

¿Es posible que el rediseño de la inversión de capitales dentro de mercados perfectos, con valores de renta fija, eviten las incidencias intencionadas por agentes externos con una basta capacidad económica? Esto es, ¿es posible que si trabajamos con mercados de valores perfectos, no dejados al amparo de la «autorregulación» de capitales – ya que la mayoría se concentran en pocas manos -, se evite el desequilibrio inusitado de crisis financieras que aparecen repentinemente y, consecuentemente, se evite que se deprima la economía de aquellas zonas que no alcanzan a reponerse por falta de capacidad «monetaria» para la inversión propia?

Trabajar con la función de inversión a que se presta el dinero, desde la certidumbre (el conocimiento certero de aquello que se espera recibir), elimina loobies y agentes que operan a gran escala y posiciones favorecidas desde el control/acceso de/a la información privilegiada. De esta manera, no se deja al arbitrio de unos pocos el ciclo económico y sus consecuencias sobre toda la población mundial.

Si se preguntan cómo se haría esto, la respuesta es extraordinariamente simple: con emisión de empréstitos por empresas privadas para el acceso a capital y con un presupuesto de precios fijos para los mercados de bienes que se prestan a la especulación.

En lo que respecta a la emisión del empréstito en sustitución de la emisión de acciones, se abre la posibilidad del abanico de rendimientos – unas empresas podrán ofrecer mayores intereses que otros y dentro de uno u otro horizonte temporal -, claro que sin dejarlas al arbitrio de fuerzas económicas exógenas en ese «libre comercio».

Con respecto al establecimiento de precios fijos, como lo pudieran ser los de los productos agropecuarios, eliminaría el ruido que ocasiona la intermediación en la comercialización; no dejando inflar los precios debido a unas comisiones tan exageradamente elevadas que vienen, en ocasiones, a triplicar el beneficio del agricultor. Algo extraordinariamente injusto.

Una medida como ésta es transcendental para nuestra Economía, además de no dejar al arbitrio de especulaciones el precio de nuestra cesta de consumo, estabiliza los precios y, por igual, un verdadero reparto equitativo y justo de la renta. Pero, es más, no detraer la capacidad económica de los agricultores desde el ofrecimiento de precios ínfimos, conduce a éstos, desde una mayor renta, a promover el mismo sentido equitativo y justo en la contratación laboral. Lo que conduce a salir de esa precariedad laboral en que se encuentra gran parte de la población que trabaja como peón agrícola; por igual, ayudaría a incrementar la contribución social de los mismos y, por ende, sacar a flote gran parte de la economía sumergida.

Con todo, esta medida no solo es de transcendencia económica y social; también lo es para el desarrollo sostenible y la cohesión social que se espera en nuestros sistemas actuales. Comporta una mejora de las condiciones laborales, el disfrute de una mejor calidad de vida, una renta equidistribuida más alta, se orienta en la igualdad social, en el Bienestar Social y en el sentido de la justicia – por ser breves – .

Estas dos medidas combinadas, devuelven en gran extensión la hegemonía del control monetario y, por extensión, económico y social, a los gobiernos y/o sus monarcas; son medidas que devuelven la soberanía del pueblo a sus pueblos. Porque, de navegar en una Economía totalmente desequilibrada, donde empresas privadas y grandes magnates, desde su presión, inciden en políticas gubernamentales que afectan al bienestar de sus gentes; que yo sepa, es poner la soberanía de los pueblos en las manos de quien más dinero tiene. En este sentido, de ser muy pocos, ¿es merecedora la humanidad de que navegue en un mar con oleaje inducido por grandes movimientos de capitales de unos pocos o es merecededora de que sus gobiernos y monarcas procuren aguas tranquilas y pacíficas en las que navegar, no permitiendo que se caigan del barco? ¿Habrá que construir otro barco? Porque otro barco es fácil de contruir siempre que cuente con el apoyo de nosotros, los ciudadanos.

Por hoy, apreciando ésta observación económica, anticipo un trabajo interesante a presentar en este blog, que no es otro sino el de decodificar el sistema bancario para comprender cómo es que la soberanía popular queda en manos de empresas privadas que controlan la política monetaria desde una oferta monetaria que no se basa en un patrón oro, sino en una promesa de respaldo de los gobiernos que, a la vez, queda en entredicho por la organización y legislación en la que se ampara. Por igual, será un trabajo desde el que se logre un entendimiento profundo de qué es el dinero, cómo funciona el mercado monetario, su legislación, cómo se crea el dinero, cómo se respalda, cómo se abre su funcionamiento a otras estrategias económicas, qué es eso de la compra/venta de deuda pública o el «nuevo corabono» y la conexión, de ciertos elementos y correlación entre ellos, con la Teoría de las Puertas Giratorias. Como bien digo, será presentado en breve: (III) Hoy somos… ¡ECONOMISTAS!

Un vistazo a lo que nos dice la Teoría.

En lo que ahora respecta, hablar de mercados perfectos, bien se merece poner al alcance de vosotros, mis lectores, algo de conocimiento económico. En este sentido, la comprensión de los mercados perfectos se puede hacer observable de considerar los fallos de mercado.

Siguiendo esta línea, la asignación no eficiente de los recursos disponibles en el mercado es lo que ocasiona aquello que denominamos «fallos de mercado». Es muy probable que halla oído hablar de ellos o, al menos, sea más de una la ocasión con la que se ha encontrado esta expresión. Una expresión que dice bastante por sí sola, aunque implica ciertos matices.

Para comprender los fallos de mercado podemos decir que esta asignación no eficiente de rescursos disponibles hace de los propios mercados, mercados imperfectos, en tanto no se puede obtener una situación óptima para la sociedad con respecto a dichos recursos comprometidos. En una situación de fallo de mercado, por tanto, se produce la intervención del Estado con ánimo de corregirlo. No obstante, la experiencia demuestra que la intervención ayuda a apaliar, contener o suavizar el problema que ocasiona dicho fallo, no llegando a eliminarlo (ver Mankiw, 2002).

Paradójicamente, cuando consideramos estas situaciones de fallo de mercado, estas imperfecciones, es porque concebimos a priori una teoría económica de competencia perfecta. Siguiendo esta línea, para ilustrar con más claridad cómo una situación que roza lo utópico (si existen algunos mercados perfectos, aunque los menos) termina por manifestar asignaciones no eficientes y eficaces de los recursos, podemos considerar el mercado de competencia perfecta, así como las caracterísitcas que lo definen.

En este sentido, de acuerdo a VV.AA. (2017), asistimos a un mercado de competencia perfecta cuando:

  • Existen muchos oferentes y demandantes, siendo el mercado Libre: no existe ninguna intervención de la autoridad.
  • Transparente: existe información perfecta.
  • Perfecto: no existe diferenciación en el producto.
  • Normal: el precio es independiente de la actuación individual de cada sujeto.Luego, es un mercado ajeno a las externalidades y a los fallos de mercado.

Sin embargo, parece ser que no es más que la definición de un mercado ideal que se utiliza en economía para determinar el equilibrio entre oferta y demanda, como se ha venido a mencionar con anterioridad. Un mercado en el que el Coste Marginal se equipara al Ingreso Marginal y éste al precio. De ahí, la razón de llamarse: precio aceptante.

Siguiendo esta línea, la economía de mercado demuestra que ante una situación perfecta, en muy corto plazo, los productores tienden a desarrollar estrategias de diferenciación del producto que las conducen a elevar su cuota de mercado y, así, eregirse como líderes que, a su vez, imponen un nuevo precio. Esto conduce a concebir el mercado como forzado, con lo que, de seguir siendo libre, transparente y orquestado por numerosos oferentes y demandantes, asistiríamos, ahora, a una organización de mercado de competencia monopolística. Este hecho es un fallo de mercado que justifica la ulterior intervención de la autoridad.

Sin embargo, si hablo de competencia perfecta y se originan estos «fallos», ¿cómo sería posible la propuesta?

A pesar de esta realidad, Mankiw (2002) nos recuerda que sí es posible asistir a mercados de competencia perfecta en la actualidad, especialmente los podemos encontrar en mercados de ciertos productos agropecuarios y en el de algunos títulos-valores. Donde contamos con muchos oferentes y demandantes, el mercado es libre, transparente, perfecto – sin diferenciación en el producto – y, lo mejor de todo, independiente de la actuación individual de cada sujeto; lo que se categoriza como normal.

Así, en las Bolsas de valores, los valores de los títulos se determinan de acuerdo a las leyes de oferta y demanda, existe información perfecta y, para determinados valores, el mercado es libre y normal. Podríamos hablar, en este caso, de determinados valores de renta fija.

De esta manera tenemos que, si sustituimos la inversión en capitales de valores de renta variable ( acciones ) por valores de renta fija ( fracciones de deuda – obligaciones para la empresa – ), contamos con una asignación eficiente de recursos y necesidades – éste es un concepto arcaico de la Economía que descansa en adecuar los recursos a las verdaderas necesidades – . De esta manera, no se produce el «fallo de mercado» que, para éstos instrumentos financieros, viene de la mano de la especulación, el control de información y el poder de participación de pequeños grupos. Esos ciclos de libre comercio quedarían restringidos al libre comercio, per se, de capitales, aunque con una esperanza cierta en la inversión; lo que conduce al autoajuste de recursos y necesidades reales y mantiene el mercado perfecto.

Una visualización de la propuesta.

Por su parte, los precios fijos para productos agropecuarios, eliman todo el ruido que ocasiona la especulación y, en adición, son numerosas las contribuciones de esta medida para la expansión económica, el desarrollo sostenible y la cohesión social.

Si se preguntan ¿cómo hacer para que el espíritu de igualdad y justicia de esta medida sea extensible a agricultores y ganaderos? Es decir, ¿cómo hacer para que agricultores y ganaderos se comprometan a una contratación digna de su personal y ayude a desterrar la precariedad laboral si se les ofrece un precio digno y dentro de un reparto equitativo y justo del beneficio que involucra su propio mercado? Basta con agilizar una medida instrumental que posibilite un control certero diario de la contratación. En este sentido, una app para firmar diariamente la jornada laboral sería una medida práctica y acertada.

Con todo, son muchas zonas agrícolas las que se encuentran comprometidas con sus trabajadores y procuran desterrar este sometimiento tan precario del jornalero. Para ello, se valen de la contratación mensual, como es el caso de la contratación en gran parte de las serranías.

Reflexionar sobre esta situación requiere de la reflexión de todos. Por una parte, tenemos agricultores y ganadores – por ejemplo -, con explotaciones pequeñas, tanto, que no alcanzan a cubrir los sueldos y salarios cuando los precios son tales que incluso hay que poner endeudamiento encima. Una ruína. Por otra parte, tenemos autónomos, como un vendedor al por menor de verduras y hortalizas – por ejemplo -, éste, en su pequeño comercio, posiblemente necesite de un empleado. Este pequeño empleado, nada más que en media jornada, requiere de un seguro social de alrededor de 400 euros. Considerando que la contratación mensual de un jornalero no alcanza los 300, podemos apreciar lo injusto que le puede parecer a este pequeño empresario la posición del pequeño agricultor que mantiene en precariedad a su trabajador.

En adición al precio fijo para productos agropecuarios – por ejemplo -, ¿sería necesario crear nuevas fórmulas de contribución social económicas que afloren economía sumergida, por una parte; y, por otra, permitan una participación más justa y equilibrada de todos? En este sentido, disponer de más renta, fomenta el consumo y la inversión; algo, nuevamente, expansivo para la economía. Un ajuste, de ser necesario, podría apreciarse en tramos de renta y tipos y coeficientes, aunque también, puede no ser necesario de venir aparejado de un rebajamiento en los impuestos indirectos; los de consumo.

Si caminas sólo, irás más rápido. Si caminas acompañado, llegarás más lejos.

Confucio

¿Qué sucedería? Sucedería que, si en vez de pagar unos 300 euros como autónomo, existiera una tarifa plana para todos de unos 80, ¿habría muchos más autonomos en España de esos millones que arroja la estadística? Por otra parte, rebajar la contribución social general, también promocionaría la contratación por empresas o, lo que es más, la construcción de un tejido empresarial, cada vez, menos simple; cuna de la diversificación, diversidad, especialización, nuevas fórmulas, nuevas oportunidades, nuevas visiones, nuevas ideas. La unión hace la fuerza y caminar, lo que es caminar, se llega más lejos acompañado. Se llega más lejo desde la cooperación que brinda el propio centro de trabajo.

Porque, actualmente, de considerar nuevas fórmulas con las que empoderar a pequeños empresarios y autónomos en la contratación, está la figura del autónomo dependiente: aquel cuyo ingreso depende en al menos un 75% de un único «cliente» – creo recordar -. Esto es, es posible que si usted tiene un pequeño comercio de frutas y hortalizas y se siente agobiado con los seguros sociales, se sienta más aliviado si se plantea esta figura «contractual», la del autónomo dependiente. Transfiere la cantidad de su seguro como «mayor venta» en su autónomo dependiente y, por otra parte, se ha ahorrado un buen pico por cada trabajador. En adición, la «independencia» del trabajador puede fomentar la contratación de servicios de personal de despacho de ventas por otros empresarios con necesidades de recursos humanos puntuales. Una nueva manera con la que fomentar la cooperación entre pequeños empresarios y círculos que vendrían a configurarse como gremios.

En resumen, hablar de esta medida requiere de una involucración social de todos y de un espíritu del sentido de la justicia. ¿Se han parado a pensar muchos de aquellos que contratan a jornaleros y solo añaden unas pocas jornadas a sus trabajadores, tales, que requieren éstos de cinco o más campañas para poder acceder a una prestación de desempleo?

De esta manera, cuando se promueven nuevas medidas y dentro de un sector tan básico como lo es la agricultura, ganadería y pesca – por ejemplo – , requieren que vengan acompañadas de proyectos estatales que, bien los despleguen completamente, bien se envistan de concesiones administrativas u otras fórmulas, ayuden a crear nuevos empleos desde la creación de nuevas actividades o renovación de las mismas.

(En el artículo de opinión «La Alquimia del pastel y fiasco» promuevo algunas ideas que pueden ayudar al crecimiento y transformación de este sector).

Una ayuda con la que retroalimentar el sistema desde la creación de nuevas empresas sería la de fomentar el propio consumo interior de aquello que se produce. Otra, lo sería la de explotar aquellos recursos que se hacen dadores de nuevas fórmulas y, siempre, procurar alinearlos con los objetivos de desarrollo sostenible.

La unión hace la fuerza.

Como podemos apreciar, la observación detenida del comportamiento y norma de aquellas Organizaciones e Instituciones de las que emana nuestra puesta en funcionamiento, nos posibilita: un mejor entendimiento de aquellos factores que requieren una nueva visión que los haga merecedores de esa soberanía popular que promueven; la retroalimentación del proceso junto a sus puntos críticos o débiles; la apertura a nuevos modelos económicos y empresariales con los que conducir a la humanidad hacia el Bienestar y la paz; maneras con las que reinventar el proceso económico y contagiar a nuestros líderes, gobiernos y monarcas con el afán de superación y la mejora contínua.

Volviendo al Ajedrez, podría decir que la táctica y la estrategia son algo que he vivido desde muy pequeña. En la facultad logré ponerle nombre a esa perpectiva empresarial; sin embargo, más te aventuras a profundizar en la misma y en sus posibilidades, más aprecias lo susceptible que es cualquier doctrina, ciencia o entramado de relaciones, de ser objeto de un plan estratégico y táctico.

Si consideramos el Ajedrez, además de contar con la peculiaridad de ser cuestionado como un legado alienígena – junto al maíz -, es la cuna del «Arte de la Guerra» más vívida.

El Ajedrez descansa sobre pequeñas tácticas de juego que se concatenan desde la primera acción y la defensa posterior ante la primera respuesta del adversario. Según has abierto el juego, así te has abierto a distintas tácticas. Y, según observas la pluralidad de alternativas en ambos, el adversario y tu mismo, así es que puedes doblegar la ventaja en tu interés. Como podemos apreciar, es un juego donde la visión espacial, la lógica y la creatividad convergen. En este sentido, es una pena apreciar comentarios de algunos hombres que menosprecian las habilidades de las mujeres para este juego; como si ser bueno con la lógica o visión espacial fuera algo exclusivamente masculino y, en adición, sobre lo único en lo que descansara la táctica.

Con esta valoración, podemos apreciar que aquella intención en la que se educa a la humanidad, la de hacer prevalecer el lóbulo izquierdo (el de las mates y lógica – por ser simple -) sobre el derecho ( el de la creatividad, el arte, la empatía y el pensamiento divergente), es la intención que guía a la humanidad. Cada vez más alejada de sus verdaderas raíces, de su verdadera esencia.

Hoy día, todo apunta a una reconciliación de mente y espíritu; aquella que permite el sentido de la igualdad, la integridad y la tolerancia, porque simplemente descansa en nuestra inteligencia emocional, en nuestro corazón, en el amor.

En otra ocasión hablaremos de «El Cóndor y el Águila»; para hoy, recordad que solo hay un camino para el verdadero avance, para el avance de todos y para la verdadera abundancia: la que nos trae el respeto, la paz y el amor.

En especial, a mi hijo, con amor, mamá.

Desayuno con herradura de chocolate de la panadería Virgen del Carmen – la de nuestra vecina Encarnita – .
Es el hojaldre más bien hecho que he probado jamás y a mi hijo…le encanta.

Con la ilusión de que mi hijo crezca en un mundo más justo y pacífico.

Agradeciendo a Dios que me ilumina el pensamiento; a mi padre, su inspiración; y a mi hijo, su verdadero amor.

Con mucho cariño a todos los que me leen y se inspiran en alguna que otra idea de las que se comparten en este blog.

Un beso

Verónica García-Melero

Bibliografía

Mankiw, N. Gregory (2002). Principios de Economía. Madrid: S.A. McGraw-Hill / Interamericana de España.

V.AA. (2017). Bloque de Economía para la Oposición al Cuerpo Técnico de Hacienda del Estado. Madrid: CEF