La Economía del Aprendizaje de la Educación: hacía un modelo matemático.

«Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios»

León Tolstói

A) La situación actual de nuestra Educación.

La Estrategia Europa 2020 es la agenda de crecimiento y empleo de la UE en esta década. Señala «el crecimiento inteligente, sostenible e integrador como manera de superar deficiencias estructurales de la economía europea, mejorar su competitividad y sustentar una economía social de mercado sostenible». En este sentido, para la consecución de los objetivos de su agenda programática, proporciona una serie de indicadores para cada una de las cinco dimensiones en que se artícula dicha estrategia. A saber, éstas son: (1) Empleo, (2) Investigación y Desarrollo, (3) Cambio Climático y Energía, (4) Educación y (5) Pobreza y Exclusión Social (Comisión Europea (Ed.), 2019).

En materia de Educación, se prevé para 2020: (a) alcanzar una tasa de abandono escolar inferior al 10% y (b) conseguir una formación de estudios superiores en al menos el 40% de la población comprendida entre las edades de 30 y 34 años (Comisión Europea (Ed.), 2019). Sin embargo, de acuerdo al informe «Getting Skills Right:Spain» de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (i.e. OCDE), para el estudio realizado en 2016, «España tiene las tasas más elevadas de abandono escolar de Europa» (OCDE (Ed.), 2017, p. 20), aunque «los esfuerzos para reducir la tasa en marcha, con el Plan de Reforma Nacional 2013 que establece los objetivos para alcanzar los propuestos por la Estrategia Europa 2020» (OCDE (Ed.) 2017, p.20). No obstante la valoración proporcionada por la OCDE para 2016, la estadística que nos acerca el Ministerio de Educación y Formación Profesional de las variables educativas de la Encuesta de Población Activa (i.e. EPA) del Instituto Nacional de Estadística (i.e. INE), nos informa que para 2018, la tasa de abandono solo se redujo en un 0,33 por ciento, alcanzando una tasa porcentual del 17,9, como así informan los Archivos de Europaress Madrid (2019).

Con relación al objetivo en formación en estudios superiores, el informe de la CRUE subraya la necesidad de dismitificar la creencia popular de la sobrecualificación de la población española dentro de este intervalo de edad. En este sentido, el 35% de la población dentro de este intervalo logra el objetivo europeo, a un punto porcentual de la media de la OCDE, y a unos 1o puntos porcentuales de las economías más desarrolladas. Amén de presentarse muy insuficiente el porcentaje de población con estudios avanzados, alcanzando una cifra del 9% frente a la media europea del 21% (Bernanrdo, 2017).

La consideración de los estudios estadísticos nos evidencia una realidad que viene de la mano de la información que nos acerca muy diversos profesionales de la Comunidad Educativa. En este sentido, Zabalza (2000), cerca de dos décadas desde su publicación, nos advertía de un gran reto que debería asumir la enseñanza para la próxima década (la ya pretérita): «Mudar el significado que tradicionalmente se ha dado a la docencia» (p. 461), en tanto «en la realidad nos hallamos inmersos en una cultura escolar claramente centrada en la enseñanza» (p. 459). Siguiendo esta línea, algo más de una década después de las palabras de Zabalza, Ruíz (2012), en su tesis sobre trabajo cooperativo en el área de Economia, explora igualmente la necesidad de cambio; así, en la medida que se focaliza la instrucción práctica en la enseñanza en detrimento del aprendizaje, podemos abstraer que parece costar trabajo desprenderse de la metodología tradicional.

Siguiendo esta línea, Ruiz (2012) subraya la necesidad de formar al docente en estrategias o modelos didácticos aplicados que se adecuen a las exigencias que demanda cada Centro. De esta manera, se posibilita dismitificar el concepto de buena escuela enquistado en el Sistema Educativo, dando paso a la apertura de horizontes en el entendimiento de lo que el aprendizaje es y de los beneficios que reporta la interacción profesor-alumno y la focalización de la instrucción práctica en el discente.

Si bien las estadísticas proporcionadas por la OCDE, el INE y la CRUE nos evidencian unos ratios insuficientes en el logro de los objetivos en materia de Politica Educativa Europea, también podemos contar con la reflexión, no sólo de investigadores de la Comunidad Educativa como hemos podido ejemplificar, sino de otros profesionales circunscritos a aquellas instituciones interrelacionadas con la misma. Siguiendo esta línea, Dominguez y Molina (2012) nos advierten de la necesidad de contar con una población crítica, informada y cualificada, que sea capaz de emprender y gestionar proyectos; Robins (1996) nos recuerda la necesidad de acercar los contenidos y competencias clave en que son instruidas las personas a la realidad empresarial, en tanto el aprendizaje adquirido en los centros ha de perfilar al futuro trabajador y/o emprendedor, En este sentido, Pedro Rascón, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), nos advierte que «el cambio social de nuestra era aún no ha sido trasladado a la escuela (Rius, 2010). Igualmente, Robins (1996) se pronuncia advirtiéndonos de que el grado de competencias y habilidades del perfil del alumno se presenta muy alejado de lo que empresas y organizaciones demandan en sus trabajadores. Recordándonos Domínguez y Molina (2012) la necesidad de una implicación coherente de las autoridades educativas para conseguir una población cualificada, que hasta el momento, se presenta parca en dar a luz a una ciudadanía emprendedora y activa.

Por otra parte, con respecto a la formación del docente, Soroa, Gorostiaga y Balluerka (2016), promueven la necesidad de formación desde distintas vías de manera que comporten una mejora de la calidad y de la cantidad de la información recibida, lo que conduciría a una autopercepción positiva sobre su desempeño eficaz y eficiente en su profesión. Igualmente, Bolívar (2019) se cuestiona como siendo nuestro país uno de los que mayor inversión destina a la formación del profesorado dentro de la UE, sea un país con una Educación considerablemente alejada de la de otros países europeos, de tomar el rasero de rankings y pruebas estandarizadas, como lo son las evaluaciones PISA. Parece que no termina de tangibilizarse la formación en las aulas, ¿qué está pasando?, se pregunta Bolivar (2019).

B) Poner a las personas en el centro: de la necesidad a la obligación.

Por otra parte, y recuperando nuestra más reciente actualidad, las investigaciones de la OCDE se circunscriben a la reflexión de los problemas que vienen ejemplificándose desde la década de los noventa y, en este sentido subrayan la urgente necesidad de adecuar la formación educativa a los perfiles de trabajo que ya esperan a la nueva generación en la nueva Industria 4.0 (OCDE, (Ed.), 2019a).

Siguiendo esta línea, el Foro Económico Mundial y Accenture proporcionan un modelo de colaboración para conseguir alinear los nuevos perfiles laborales con los propósitos educativos. Proponiendo para el marco de las Instituciones Educativas, la necesidad de traer a la realidad la aspiración del aprendizaje a lo largo de la vida (aprender a aprender), tomando en consideración la diversidad y singularidad de las necesidades que presentan los trabajadores actuales (Gen Zers). Por igual, para los Gobiernos Nacionales y Regionales, promueven la necesidad de acelerar el crecimiento económico y el incremento de la prosperidad y bienestar para la ciudadanía a través del aprendizaje a lo largo de la vida (aprender a aprender), considerando como factor clave para su consecución, la cooperación entre los sistemas educativo, de mercado laboral y de bienestar social. Por igual, promocionan la necesidad de construir conductas de liderazgo, tanto en instituciones y organismos publicos (entre ellos Educación), como para el contexto empresarial; las cuales articulan en seis dimensiones objetivo: (1) Inspirar con empatía y visión, (2) Innovar con propósito, (3) Apostar por la empatía, humanidad, confianza y transpariencia, (4) Orquestar recursos humanos en pro de la agilidad y el crecimiento, (5) Colaborar a través del ecosistema y, (6) Abrazar la responsabilidad social. Este dinamismo que se recomienda encarecidamente viene a reflejarse en el «White Paper» que proporciona la OCDE, denominado «Conduciendo a través de la Cuarta Revolución Industrial. Poner a la gente en el Centro» (World Economic Forum, 2019a).

Por igual, el Foro Económico Mundial nos provee cómo mirar al liderazgo a través de una nuevas lentes, para ello provee, igualmente, seis dimensiones para el ejercicio del liderazgo en sí, estos son: (1) responsabilidad y rendición de cuentas, (2) sistemas de liderazgo, (3) tecnología de liderazgo, (4) liderazgo emprendedor, (5) liderazgo adaptativo y (6) formar sociedades (World Economic Forum, 2019a).

En adición, desde el «White Paper» «Estrategias para la Nueva Economía. Habilidades como moneda para el mercado laboral», el Foro Económico Mundial en colaboración con Towers Watson (2019b) nos advierte de la ineficiencia del mercado laboral, en tanto se aleja la adecuación de los perfiles de los trabajadores a las necesidades que va presentando la industria, presentándose el modelo actual rígido y desfasado. En este sentido, se promociona una necesidad urgente en cualificar en habilidades digitales y humanas y sociales a la población. Los modelos actuales, en los que se ha ido adecuando la formación de la población – aquellos orientados a la adquisición de conocimientos – se presentan lineales, requiriendo la formación del estudiante del reconocimiento y comprensión de sus pasiones y motivaciones, en adición de las destrezas y habilidades sociales y humanas.

Podemos apreciar, en síntesis, una problemática en la consecución de los objetivos europeos para nuestra Educación que gravita en torno a la organización, planificación y adecuación, no solo de metodologías de enseñanza-aprendizaje a los perfiles que presentan los alumnos, sino de la alineación de las habilidades conseguidas con las mismas a las exigencias del nuevo mercado laboral emergente, y de la urgente necesidad de poner a las personas en el centro desde el desarrollo y transformación de las claves del nuevo liderazgo.

Estas recomendaciones son el presupuesto en el que redireccionar la política educativa europea, que como expresa nuestra Estrategia Europa 2020, se diseñan como medio para alcanzar el crecimiento inteligente, sostenible e integrador como manera de superar deficiencias estructurales de la economía, así como para mejorar la competitividad y proveer un medio con el que sustentar una economía social de mercado sostenible (Comisión Europea (Ed.), 2019).

C) Antecedentes de la Economía del Aprendizaje: hacia donde caminar.

Este crecimiento inteligente y sostenible es lo que en los Foros Económicos celebrados desde la década de los noventa se promueve como Economía del Aprendizaje. En este sentido, Grobart (2003), advierte que para «la comprensión del actual proceso de globalización, se encuentra el reconocimiento de la innovación y del conocimiento como factores primordiales en la competitividad sistémica y la capacidad del desarrollo a nivel de comunidades integracionistas, naciones, sectores, territorios, empresas, colectividades y hasta de los individuos» (p. 44). Igualmente, subraya que «las transformaciones en el proceso innovativo a lo largo de las últimas décadas apuntan en la dirección de que estas pasan a depender cada vez más de procesos interactivos de naturaleza explicitamente social» (p.45). En este sentido, el Foro Económico Mundial (2019a), subraya, por igual, la urgente necesidad de desplazar el foco de atención en formación, organización, administración, liderazgo y sistemas, a través de la interacción explicitamente social, centrándolo en poner a la gente en el centro. Para ello se requiere de la redirección de empresas, sindicatos, insitituciones gubernamentales y educación en este sentido, valiéndose como primer presupuesto orientador de la necesidad de cambio y transformación en el liderazgo social.

Actualmente, estudios organizados en torno a la Economía del Aprendizaje, como patrón de medida del grado de innovación y socialización de instituciones educativas, nos evidencian la necesidad de impulsar un debate sobre el término innovación para dotarlo de un contenido más amplio. En este sentido, la innovación y las categorías económicas y sociales relacionadas con ésta, han estado en el centro de las discusiones políticas sobre el futuro de la economía y sociedad europeas.

En conclusión, estos antecedentes nos proporcionan una situación crítica en nuestra actual Educación (OCDE, (Ed.) 2016, Archivos Eurapapress Madirid, 2019), que, sujetandose a la agenda programática de la Estrategia Europa 2020, en pro de alcanzar el crecimiento inteligente, sostenible e integrador como manera de superar deficiencias estructurales de la economía, así como para mejorar la competitividad y proveer un medio con el que sustentar una economía social de mercado sostenible, la propia dinámica política para dicha agenda es expresada en términos de Economía del Aprendizaje. En este sentido, Grobart (2003), desde su artículo «Innovación, competitividad, globalización: Políticas de la OCDE y de América Latina en los años noventa», nos advierte que «las transformaciones en el proceso innovativo a lo largo de las últimas décadas apuntan en la dirección de que estas pasan a depender cada vez más de procesos interactivos de naturaleza explicitamente social» (p.45) como ha ido acercando el Foro Económico Mundial durante las mismas.

En este sentido, estas orientaciones vuelven a ser alineadas hacia la consecución de dicha Economía de Aprendizaje, como respuesta a la necesidad de resideño en lo roles de liderazgo, adecuación de los mismos a los perfiles del estudiante, trabajador y ciudadano, de considerar la cooperación que e espera de Insituciones Educativas, Gubernamentales y de Bienestar Social (OCDE, (Ed.) 2019a, 2019b).

Por su parte, de considerar el diálogo que se viene considerando para con respecto a la Economía del Aprendizaje, Nussbaumer y Moulert (2005) desde su artículo «La Región Social. Mas allá de la dinámica territorial de la economía del aprendizaje», promueven la necesidad de impulsar el debate sobre el término innovación con objeto de dotarlo de un contenido más amplio y ahondar en su significado con vistas al desarrollo local y regional. Por igual, subrayan como«la innovación y las categorías sociales relacionadas con ésta, han estado en el centro de las discusiones políticas sobre el futuro de la economía y sociedades europeas»(p.96).

Por igual, estos autores nos acercan una visión reduccionista del desarrollo en los modelos de innovación territorial. Para ello nos delimitan el concepto de Modelo de Innovación Territorial (ie. MIT), nombre genérico de los modelos de innovación regional en los cuales juegan un papel significativo las diferentes dinámicas institucionales locales. De acuerdo a Moluert y Sekia (2003), citados por Nussbaumer y Moulert (2005): «Estos modelos comparten un amplio número de conceptos clave que han sido usados en economías regionales o diferentes análisis económicos durante mucho tiempo, o han sido tomados de otras disciplinas, especialmente de las ciencias sociales» (p.99).

Estos autores nos advierten del apego que, a las dinámicas institucionales, estos modelos mantienen. En este sentido, dichos modelos subrayan la importancia instrumental de las instituciones para la reestruccturación económica y para la mejora de la competitividad de regiones y municipios, presentando una debilidad en torno a la mejora y modernización de las dimensiones no económicas o sectores económicos locales; no impulsados por la economía de mercado, salvo que presenten una posibilidad para contribuir al desarrollo competitivo de la localidad.

No obstante, a pesar del apego que presentan estos modelos a las dinámicas institucionales, «los MIT se mantienen fieles a la ontología económica basada en las leyes de mercado y una visión del desarrollo puramente tecnológia» (Nussbaumer y Moulert, 2005, p. 101).

Siguiendo esta línea, y con ánimo de construir la ontología del desarrollo comunitario, se considera como concepto central al término «social», esto es: la innovación social. En este sentido, y de acuerdo a la literatura sobre MIT, dicha innovación social se presenta subordinada a la innovación tecnológica, direccionándose a la mejora de la competitividad directamente (Nussbaumer y Moulert, 2005, p. 103).

Alcanzado este conocimiento, la proposición de estos mismos autores para con respecto a una nueva teoría de capital y de la innovación que se ajuste a la lógica del desarrollo comunitario como la defendida en su artículo, promociona una teoría que se sustente sobre: (a) la inclusión de la tensión existente entre los intereses provados, colectivos y públicos y la existente entre la satisfacción de las necesidades individuales y las colectivas; (b) la inclusión de varios tipos de capital existentes correspondientes a las esferas diversas de existencia de la humanidad: natural, biológica, sociocultural, etcétera; (c) el apoyo a distintas actividades humanas de reproducción dentro de cada una de estas esferas: producción de bienes y servicios, consumo, distribución (económica), gobierno, gobernanza, política, comunicación y creación artístico-cultural (Nusssbaumer y Moulert, 2005, pp. 111-112).

D) Hacía un nuevo modelo de innovación social y tecnológica: enfoque filosófico para una nueva epistemología.

En adición a la argumentación anterior, este artículo propuesto sobre la dinámica de la Economía del Aprendizaje, promueve, para el desarrollo de la comunidad, un análisis que se vincule a otras investigaciones, de manera que se logre la consideración de las necesidades existenciales de la población. Luego, en este sentido, promueven una revisión profunda de la posición epistemológica de las ciencias sociales, advirtiéndo de la necesidad de indagar, desde una perspectiva filosófica, las implicaciones de una epistemología de tipo existencial. Promoviendo, desde sus presupuestos, integrar la tensión existente entre la objetivación científica y los conflictos y demandas existenciales.

Esta tensión, por su parte, se presenta en torno a la necesidad de tomar consciencia que presenta la objetivización científica en torno a su posición en el proceso social y de adquisición de conocimiento por la ciudadanía – no olvidar quienes son los lectores de sus artículos -. De esta manera, la ontología del trabajo de estos autores ofrece un primer paso en esta dirección (p. 125). En este sentido, «formular una alternativa basada en una ontología diferente, requiere una reflexión multidimensional sobre los fundamentos mismos del desarrollo territorial» (Nusssbaumer y Moulert, 2005, p. 96)

Esto vendría a ser, empezar por transmitir innovación y tecnología últimos de una manera tal que logre la adquisición de su conocimiento por la población. En tanto mejor informada es una población en innovación y tecnología, mayor es su desarrollo económico y social; una proposición que se considera axiomática.

Por otra parte, y en adición a la propuesta de adecuación a la población de divulgación científica, la promoción de una nueva perspectiva filosófica que logre alcanzar las necesidades existenciales de la población, parece presentarse una necesidad hoy día, 2019, como así promueven las recomendaciones de diversos White Papers de la OCDE.

En este sentido, la perspectiva filosófica que se promueve gira en torno al reconocimiento del momento histórico que vivimos, un momento que atiende a la eclosión de la Cuarta Revolución Industrial y lleva aparejada consigo un avance tecnológico sin precedentes. Adecuar esta tecnología a la sociedad exige de «poner a la gente en el centro», exige de nuevas fórmulas de liderazgo, nuevas adecuaciones curriculares en educación a las necesidades del nuevo mercado laboral, exige de nuevas visiones para la educación y formación de la ciudadanía – que las encaminen en la autonomís del aprendizaje, el aprender a aprender de manera permanente -, exige de la cooperación entre instituciones gubernamentales, educativas, de regulación de derechos socales y laborales, de empresas y, por supuesto, de aquellas otras orientadas en el bienestar social (OCDE, (Ed.) 2019a, 2019b).

Luego, en tanto existe esta necesidad actual de ajuste en pro de la adecuación de los sistemas sociales a los nuevos procesos tecnológicos y de innovación, existe la necesidad de adecuar desde una nueva perspectiva filosófica, el hallagzo de una nueva epistemología que integre, desde una visión holística, la innovación social y la innovación tecnológica; no subyugando la primera a la segunda, sino alcanzando una integración de ambas desde la perspectiva de la cooperación, como así promueve (OCDE, (Ed.), 2019a).

En este sentido, empezar por el reconocimiento del momento histórico, de los nuevos patrones cognitivos y de conducta de la nueva Generación, así como de las necesidades que ya afloran desde el mercado laboral, parece presentarse crucial para conseguir alinear las necesidades existenciales de la sociedad actual con el marco político, económico y social en el que han de desarrollarse.

Siguiendo esta línea, la observancia de la transgeneracionalidad, esto es, del reconocimiento de las peculiaridades que presenta el momento histórico, social y tecnológico actual, se concibe como un segundo paso. Sirviendo como fundamentación filosófica en la que soportar una nueva epistemología, la otredad y la alteridad, así como el diálogo filosófico.

Son dos perspectivas filosóficas desde las que reconducir la observancia de las necesidades existenciales de la sociedad de hoy, así como sus propósitos para su bienestar. Algo que, se considera, se alcanza desde el desarrollo de la empatía y de valores éticos y morales que promuevan la solidaridad y la tolerancia; así como de una visión crítica y reflexiva de la sociedad para con su ecosistema.

D) Hacía la proposición de un modelo matemático para la valoración de la buena práctica educativa: ¿cómo valorar la Economía del Aprendizaje de la Educación? Una aproximación axiomática.

Alcanzada la reflexión y orientaciones filosóficas para la construcción de un nuevo marco epistemológico desde el que diseñar nociones que sirvan de soporte al aspecto social, antropológico y filosófico para la proposición de un nuevo enfoque de las innovaciones social y tecnológica, se hace preciso acercar las consideraciones que, en relación a las proposiciones de valoración, promueven investigaciones recientes.

Siguiendo esta línea, «las pequeñas y medianas innovaciones son las que dan fuerza, vigor y dinamismo a un sistema local o regional de innovación que esté incardinado en una sociedad y disfrute de un alto grado de aceptación por parte del público». En este sentido con objeto de identificar las mismas, así como ponerlas en valor, se requiere investigar los espacios civiles de innovación social que generan buenas prácticas, como así nos advierte Echevarría (2008) desde su análisis de «El manual de Oslo y la innovación social».

Luego, podemos apreciar que se requieren de modelos con los que poner valor a las buenas prácticas que se acaecen en espacios civiles; como lo son las aulas de nuestra Educación. Como acabamos de señalar, son las innovaciones pequeñas o medianas las que promueven ese dinamismo a un sistema local o regional. En este sentido, se exige de la promoción de técnicas y modelos matemáticos que permitan tomar medidas eficientes y eficaces de la innovación social y tecnológica dentro de estos contextos.

Una proposición que exige, por igual, de una nueva ontología de lo que se entiende y valora en innovación tecnológica en educación (Nusssbaumer y Moulert, 2005). Siguiendo esta línea cabe preguntarnos: ¿tiene sentido valorar la innovación tecnológica del aula desde la consecución del logro de cursos en formación del profesorado si luego no es aplicada tal formación en el aula? En este sentido, cabe recuperar el cuestionamiento de Bolívar (2019), cómo España siendo uno de los países que más presupuesto destina a la formación del profesorado, no termina de hacer observable dicha formación en las aulas. Por igual, cabe recuperar la propuesta de Cabero (XXX): promocionar investigaciones que saquen a la luz el grado de innovación de nuestra Educación, qué de aquello que se promueve es llevado a cabo en el aula. Luego, de acuerdo a estas reflexiones ¿será fundamental y necesario considerar la valoración del uso de la innovación en el aula, así como la satisfacción del alumno para con la misma?, ¿será fundamental y necesario considerar la valoración de la percepción de alumnos y profesores de aquello que se hace en el aula?, ¿será fundamental y necesario considerar la valoración de las preferencias metodológicas de los alumnos?

Estas cuestiones comprenden la esencia de un «estudio de mercado», con lo que aplicar el márketing estratégico en nuestras aulas en pro de la consecución de modelos matemáticos que nos devuelvan curvas de aprendizaje y experiencia, como así son utilizadas en empresas, parece una propuesta inteligente con la que comenzar a dar otro sentido a nuestra educación. Es altamente probable que ganemos todos en reconocimiento social y tecnológico, que consigamos un efecto económico expansivo en el «output» de nuestra educación, para con los recursos humanos y tecnológicos comprometidos. Es altamente probable, por igual, que logremos mejorar la eficacia y eficiencia de nuestros procesos administrativos y organizacionales. Luego, sería entonces cuando podríamos hablar de orientar innovación social e innovación tecnológica en el desarrollo económico social, económico y sostenible, esto es: la mejora continua propia y característica de una Economía de Aprendizaje, al menos desde la perspectiva estrictamente matemática.

Algo es sostenible si continua en su proceso de mejora hacia un infinito, de no ser así, nos limitaríamos a economías de escala y de alcance, en las que encontramos puntos de «saturación»; aquellos en los que inversión marginal se equipara al coste marginal y limitan las respuestas en productividad, eficiencia y eficacia de los sistemas hasta determinados límites, fronteras, presupuestos, compromisos de recursos, etcétera.

Para que entiendan bien lo que se pretende acercar, considere el siguiente ejemplo:

Usted dispone de un terreno que destina a una plantación concreta. Se ha decidido a mejorar su productividad desde el rasero del tiempo, ya que le urge terminar con la labor por condicionantes climáticos que se preven. De esta manera, considera la contratación de bastantes trabajadores. En este sentido, existe un número de trabajadores tal, que es óptimo; ya que a partir del mismo, unos trabajadores empiezan a entorpecer a otros, en tanto no disponen de espacio suficiente para moverse. Ésto sería haber alcanzado esa «saturación», haber alcanzado en este sistema igualar nuestro ingreso marginal a nuestro coste marginal.

Sin embargo, si nuestro campo fuera infinito en proporciones, no lograríamos alcanzar esa saturación, esto es, dispondrían de espacio infinito con lo que cabría la humanidad en el campo. Aquí es cuando hablamos de que algo brinda la oportunidad de ser sostenible, brinda la oportunidad de mejora contiua.

No obstante, hablar de mejora continua y sostenibilidad requiere que, aunque el campo se infinito, la experiencia de los trabajadores, la ubicación de los mismos, el uso de unas herramientas por otras, la disposición de los surcos de la tierra de una manera por otra, etcétera; nos devuelva un efecto expansivo económico. Esto es, que la reiteración en el proceso, desde la experiencia, nos ofrezca maneras con las que hacer las cosas cada vez más productivas. Es por esto que «según siembras, así recoges» (Aristóteles), luego si cada vez mejoro mi técnica y conocimiento sobre las cosas, sabré que abonos utilizar y en qué cantiades, cómo tratar mejor mi siembra, a qué profundidad enterrar mis semillas, con qué cantidad de agua regar y con qué frecuencia, a qué distancia unas de otras mis plantas crecen más fuertes y vivas, qué me conviene mejor en su disposición al tutorarlas (¿será la parrilla o no?, etcétera).

Bien, pues este ejemplo es perfectamente extensible a nuestra Educación si sencillamente empezamos por valorar: frecuencia y uso de metodologías, adecuación de percepción sobre lo hecho en clase por alumno y profesor, reconocimiento de las preferencias de los estudiantes, así como de la satisfacción con las metodologías empleadas.

En este sentido, considerando una extensa bibliografía sobre innovación metodológica en intervención educativa, podemos abstraer aquellas formas de trabajar que fácilmente son identificadas desde cada una de las variables diseñadas, en tanto presenta, cada una de ellas, características únicas con las que valorar las observaciones.

Introducir los items observados en un modelo matemático resulta una apuesta innovadora, útil, eficaz y eficiente, con la que ayudar a desarrollar nuestra Economía del Aprendizaje en Educación. ¿Cómo valorar, graduar y planificar la acción educativa?

E) Entendiendo la Economía del Aprendizaje desde su aproximación matemática y económica.

La funcionalidad de un MIT ha de ser vista desde una perspectiva holística, integradora ( Nusssbaumer y Moulert, 2005 ). En este sentido, el holismo nos ofrece una visión totalizadora de las partes de un sistema, que transciende al mero agregado de las mismas. De esta manera, postula que tanto los sistemas como aquellas propiedades que éstos presentan han de ser analizados en su conjunto y no solo a través de sus partes (Wikipedia, 2019)

El holismo, por su parte, guarda una estrecha relación con la sinergia y ésta, a su vez, con la economía de escala y el aprendizaje por insight. Es así como podemos reforzar la intención de dirigir el análisis matemático por este paradigma.

No obstante, para comprender la expresión económica y matemática de la Economía del Aprendizaje, así como la manera de adecuarla a la Educación, se hace necesaria la exposición de la economía de escala y de la economía de elcance.

Siguiendo esta línea, la economía de escala se produce cuando el incremento en el output es más que proporcional al incremento unitario adicional de los inputs (Polieconomics (Ed.), 2019a). Luego, podemos apreciar el transfondo filosófico aristotélico del holismo, así como de la sinergia, la teoría de la Gestalt y la Teoría de la Unicidad: «el todo es mayor que la suma de las partes» (ver Wikipedia, 2019)

No obstante, de circunscribirnos a esta primera aproximación económica, nos detendríamos exclusivamente en la mayor capacitación de habilidades y competencias de nuestros estudiantes para un coste educativo análogo al actual. Obviamente atiende a cambios metodológicos y organizacionales. Con todo, esta aproximación es limitada, con lo que, dado el carácter de productividad que se alcanza en la repetición del trabajo, ésta nos conduciría a la «economía de alcance» (Polieconomics, (Ed.), 2019b). Ésta comprende el acceso a cada vez mayor número de recursos (metodologías a ofrecer) en tanto más se especializan docentes, discentes e instituciones.

Sin embargo, si el discernimiento reiterado nos ha conducido al prisma de la búsqueda de la sinergia económica y de la economía de alcance, el cuestionamiento en pro del aumento de eficiencia continua que proporciona la experiencia de todos los sujetos involucrados en el proceso educativo nos ha conducido a la «Economía del Aprendizaje».

En este sentido, el aumento del aprendizaje ayuda a minimizar los costes, vistos estos como: aumentar la eficiencia (mejores rendimientos académicos/satisfacción del discente/satisfacción del docente, por ejemplo) al reducir interferencias en el proceso educativo (mejora de la gestión del tiempo en la práctica metodológica, por ejemplo); I+D y sinergias que afloran desde el desenvolvimiento de dicho proceso; mejora de la gestión que ayuda a coordinar y equilibrar las diferentes funciones y acelerando el proceso educativo (Polieconomics, (Ed.), 2019c).

De esta manera, la sistematización que proporciona un modelo estadístico-matemático con respecto a la información histórica sobre la productividad de los alumnos nos devuelve una curva de aprendizaje con el que analizarlo. De considerar el aprendizaje de toda la Institución Educativa, así como de sus procesos, hemos de valernos de la sistematización de la información de los mismos a través de una curva de experiencia (Polieconomics, (Ed.), 2019c).

En este sentido, un modelo matemático de planificación de la producción/acción educativa, en consideración a los objetivos de estudio propuestos anteriormente: frecuencia y uso de metodologías, adecuación de percepción sobre lo hecho en clase por alumno y profesor, reconocimiento de las preferencias de los estudiantes, así como de la satisfacción con las metodologías empleadas; nos sirve de vehículo para tal fin.

Con todo, se presenta como una orientación primera, la consecución de un modelo estadístico-matemático desde el que abstraer la dinámica de las valoraciones de los objetivos que se proponen. Éste proporcionaría una información primera, a partir de la cual ensayar el modelo matemático para las curvas de experiencia y aprendizaje.

¡Un saludo a tod@s los seguidor@s y lector@s de negocioonine.net!

Atentamente,

Verónica García-Melero

Bibliografía

(se subirá próximamente y se revisará más detenidamente la redacción)