La disonancia entre el avance científico y la realidad de nuestro Sistema Educativo.

Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.

Albert Einstein

Existe una diferencia formal y profunda entre los modelos pedagógicos que, en esencia, dilucida nuestra Comunidad Educativa para el progreso y mejora de nuestra educación, y aquellos otros modelos que, en existencia, prevalecen en el aula. En este sentido, existe una disonancia entre lo que las recomendaciones y orientaciones del grueso de nuestra actual legislación y Comunidad Científica proponen para la mejora de la calidad de nuestra educación y aquello que verdaderamente cobra vida en las aulas.

Una afirmación que puede ser acercada desde diferentes perspectivas, así:

  1. de considerar el reflejo de la calidad de la educación en la ciudadanía: el Informe de la UNESCO, visto como la fuerza de empuje de los propósitos educativos de la educación mundial, direcciona la intención educativa hacia la autonomía del aprendizaje, hacia el aprender a aprender, intensificando el sentido de la responsabilidad y de la solidaridad (Delors et al., 1996). Sin embargo, nuestro sistema educativo es parco en dar a luz una ciudadanía emprendedora y activa, en este sentido, Domínguez y Molina (2012) advierten de la necesidad de contar con una población crítica, informada y cualificada, que sea capaz de emprender proyectos y gestionarlos; lo que requiere de una implicación coherente de las autoridades educativas.

Por otra parte, en relación al perfil del trabajador que demanda el mercado laboral, Robins (1996) recuerda la necesidad de acercar los contenidos y competencias clave en que son instruidas las personas a la realidad empresarial. Como subraya este autor, y no pudiendo olvidar en última instancia que el aprendizaje adquirido en los centros ha de perfilar al futuro trabajador y/o emprendedor, el grado de competencias y habilidades del perfil del alumno se presenta muy alejado de lo que empresas y organizaciones demandan en sus trabajadores. 

Siguiendo esta línea, la implicación coherente de las instituciones educativas con los propósitos educativos en los que ha de instruir al futuro trabajor y en los que ha de acomodar su acción, difiere de lo que se espera desde la normatividad y recomendación institucional, así como de lo que dilucida la ciencia; como considera Pedro Rascón, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), «el cambio social de nuestra era aún no ha sido trasladado a la escuela» (Rius, 2010).

  • de considerar las orientaciones metodológicas para la mejora de la acción docente: desde la propuesta normativa de la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias (desde ahora Recomendación Europea), la cual direcciona la actual Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa en España (LOMCE, 2013), son: la cooperación y el trabajo en pares las propuestas metodológicas que recomiendan, pues satisfacen los objetivos que pretenden las siete competencias clave que dilucidan y proponen.

Adicionalmente, con objeto de orientar la acción docente hacia la eficacia y eficiencia que se espera conseguir en el sistema educativo, las propias instituciones políticas proporcionan a la acción docente la llave con la que abrir la puerta al logro. Así es que, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (desde ahora OCDE) proporciona desde su Informe: “La Naturaleza del Aprendizaje: Utilizando la investigación para inspirar la práctica docente” los principios en torno a los que ha de gravitar el ejercicio de la enseñanza-aprendizaje. A saber: a) los estudiantes son el centro,  b) las emociones son integradoras del aprendizaje , c) la educación ha de construir conexiones interdisciplinares u horizontales, d) se ha de alentar y fortalecer los contactos entre estudiantes y facultativos, e) se ha desarrollar la reciprocidad y la cooperación entre los estudiantes, f) se ha de utilizar técnicas de aprendizaje activo, g) se ha de proveer retroalimentación con prontitud, h) se ha de enfatizar la temporalización de las tareas, i) se han de propiciar altas expectativas,  j) se han de respetar diversos talentos y formas de aprendizaje (Dumont, Istance y Benavides (Ed.) 2010).

Considerado esta dimensión, la de hacer observable el fiel reflejo, o no, de los propósitos educativos en la acción docente, podemos apreciar cerca de una década después de este hallazgo, como Zabalza (2000), en su artículo “Estrategias didácticas orientadas al aprendizaje”, con objeto de orientar la práctica docente, sistematiza las metodologías más apropiadas en las que ha de apuntar la acción desde el aula. En este sentido, subraya que «en la realidad nos hallamos inmersos en una cultura escolar claramente centrada en la enseñanza» (p. 459), destacando que «Resulta, por tanto, muy conveniente remover un poco las aguas de lo convencional para abrir el paso a otras posibilidades» (p.459) e insistiendo en que «un gran reto que la enseñanza deberá asumir en la próxima década. Mudar el significado que tradicionalmente se ha dado a la docencia» (Zabalza, 2000, p. 461). 

Esta propuesta de Zabalda (2000), en tanto seis años después la Recomendación del Parlamento direcciona los propósitos educativos para Europa en ese sentido, puede ser apreciada como una precognición. Sin embargo, el reto que este autor dilucida con respecto a la acción docente en una década vista desde la publicación de su artículo, esto es: trasladar el foco de atención al alumno, centralizando la acción docente en su aprendizaje, ha terminado convirtiéndose en una “piedra filosofal”. Al igual que ésta, esta transmutación es algo ansiado y beneficioso, aunque muy difícil de conseguir.

Verónica García-Melero

P.D.: Se aconseja la lectura del ensayo: «El Cuarto Nivel de Concreción Curricular», para ampliar información científica en este sentido.

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