Introducción.


«Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses».

Inscripción del «adyton» del Templo de Apolo, lugar del templo donde se hallaba la pitonisa conocedora del Oráculo de Delfos.

En la actual villa de Delfos, al pie del monte Parnaso, Grecia, se halla el Templo de Apolo; el cual alberga en su interior el santuario de Delfos, más conocido como Oráculo de Delfos (Wikipedia, Oráculo de Delfos, 2019). Era en este recinto donde se encontraba la pitonisa, sentada sobre un trípode de madera de laurel, cuyas tres patas simbolizaban el pasado, el presente y el futuro. Tres patas que, desde la simbología que representan, la sibila transmitía al consultante a través de una de sus enseñanzas: «Sin aceptar el pasado, sin conocer el presente, ningún futuro puede construirse» (Martínez y Prade, 2014).

Era la sibila, escogida por lo sacerdotes, la encargada de transmitir el mensaje de los dioses. En este sentido, era una pitonisa que recibía instrucción desde pequeña y cuya elección se basaba en las cualidades especiales que presentaba. Un hecho que la conducía a vivir rodeada de pureza física, psíquica y espiritual. Es así que sus capacidades, junto a su virtuosidad, la erigían como el ser más cercano a las deidades, capaz de interpretar el conocimiento que le era delegado por mandato divino a través del Oráculo. Con todo, en el consultante era necesaria la autoexploración, mirar hacia dentro, ya que solo quien puede entrar dentro de sí mismo puede comprender el mensaje que la sibila transmite. Esta es la esencia de una de las inscripciones del Templo de Apolo: «nosce te ipsum (conócete a ti mismo)» (Martínez y Prade, 2014).

Acercar el Oráculo de Delfos, su sibila y sus enseñanzas, así como las inscripciones del Templo, comportan una representación simbólica que puede fácilmente ser aproximada a nuestro panorama educativo. En este sentido, y con ánimo de discernir el conocimiento que transmite este símil que presentamos, es como nace la intención de este nuevo método didáctico y esta buena práctica para la investigación-acción,  el “Experimento Alquimia”, (i.e. EA).                         

Luego, es aflorando la intención de lo que se pretende como podemos apreciar las relaciones de semejanza que se presentan por analogía con la literatura expuesta. A tenor de esta premisa, en primer lugar vamos a hacer reflexionar a la Comunidad Educativa sobre su pasado, presente y futuro desde el prisma de las propuestas que, para la mejora de la calidad educativa, promueven tanto la Comunidad Científica, como el grueso de Recomendaciones y Directrices del Ente Político. En este sentido, se pretende hacer observable qué, de aquello que promueve la ciencia y política, cobra vida en las aulas; sirviendo, la investigación que se propone, de vehículo para identificar necesidades y/o deficiencias en los procesos educativos y de formación del profesorado. Lo que en palabras de la sibila sería: «Sin aceptar el pasado, sin conocer el presente, ningún futuro puede construirse» (Martínez y Prade, 2014).

Igual de importante se presenta la analogía con la enseñanza «nosce te ipsum» de la entrada al Templo de Apolo. Ésta es la esencia del pensamiento socrático, cuyo método descansa en las técnicas de la proposición de una idea ignorada o error y la mayéutica (Castro, 2012). Luego, desde esta esencia, la de la búsqueda al interior, vamos a bucear en las aguas en las que se hallan sumergidos los problemas de la Educación para, desde su transmutación en la doctrina de la Estrategia Empresarial, discernir un método didáctico óptimo y equitativo. En este sentido, consideramos la mayéutica como dinamizante del proceso de dilucidación de escenarios posibles y, dentro de estos, los que se presentan eficaces, eficientes y equitativos socialmente.

De esta manera, y en consonancia con el rol de la sibila, esto es, una figura visionaria que permite integrar la percepción de nuestro pasado y nuestro presente en pro de dilucidar maneras con las que acercar la visión futura a nuestro alcance, nace la necesidad de trasladar a la gestión educativa herramientas y/o metodologías propias de la Dirección Estratégica Empresarial, desde el prisma del pensamiento filosófico socrático, en concreto la Mayéutica. Esto es, el cuestionamiento reiterado de las cosas hasta “parir” el conocimiento de las mismas (Castro, 2012; García, 2006; Ross, 2003).

Esta idea madre es la quintaesencia de este trabajo, su éter, esto es, la sustancia que ocupa todo el experimento y, a su vez, lo dota de vida, de sentido, de luz. Una idea madre que, de extrapolarla con los siete principios del hermetismo, dada su propiedad totalizadora o unificadora, atiende al primer axioma, el del mentalismo (ver VV.AA. 1908). De acuerdo a esta premisa, cada una de las acciones de investigación e intervención que se proponen carecen de sentido de no concebirse como elementos de un conjunto totalizador.

En este sentido, si bien el éter, como quinto elemento en sí, es la quintaesencia de la Alquimia, bien merece destacarse que uno de los propósitos de la misma es expresar una ciencia en términos de otra, para, así, lograr vencer las vicisitudes, males u obstáculos que encuentra al amparo de su propia ciencia. Esta transformación de aspectos negativos en aspectos positivos, es lo que en términos de hermetismo se denomina “transmutación” (VV.AA., 1908). Como diría Hermes Trimegisto, el tres veces grande: «Mediante la Alquimia transmutaré lo negativo en positivo y de esa manera venceré».

Verónica García-Melero

Experimento Alquimia: Introducción.

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