Hacia la elección de una metodología idónea: reflexión estratégica para su consecución.

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Albert Einstein

En este sentido, cabría ahora preguntarnos: ¿qué metodologías se promueven para el desarrollo de las competencias transversales sobre aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial?

De acuerdo a la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, las metodologías de enseñanza-aprendizaje, en su grueso, habrán de orientarse a la cooperación y trabajo en pares ya que contribuyen extensiblemente al desarrollo competencial que se exige en el estudiante.

Con relación a la Competencia de aprender a aprender, el proceso de enseñanza-aprendizaje habrá de valerse de metodologías que favorezcan la autorregulación de la conducta, la disciplina, el sentido crítico, el sentido de la responsabilidad, lo que implicará la involucración activa del estudiante en su propio proceso de aprendizaje (Euroinnova, (Ed.), 2016). En este sentido, son las estrategias instruccionales de aprendizaje activo las que posibilitan el logro de estas habilidades competenciales, en tanto desde su propia definición se dilucida que son aquellas metodologías que involucran al estudiante en su propio aprendizaje, haciéndolos conscientes de lo que hacen, esto es, pensar sobre lo que están haciendo (Bonwell y Einson, 1996).

Por otra parte, y con relación a la Competencia del Sentido de la Iniciativa y el desarrollo del Espíritu Empresarial, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, invita a la Comunidad Educativa a trabajar sobre aquellos conceptos clave sobre los que descansa esta competencia: liderazgo, motivación, autonomía y emprendimiento. Para tal fin promueven el uso de metodologías y didácticas orientadas al desarrollo de los valores personales y sociales que llevan aparejadas esta competencia. Luego, habrán de favorecer la construcción de proyectos e ideas originales, que permitan proponer soluciones originales y que contribuyan a analizar e investigar, desde este tipo de metodologías se desarrolla la creatividad.

No obstante, por igual medida, se recomiendan aquellas otras que posibiliten la autonomía, la iniciativa propia, la elección, apostar por las propias aptitudes, mostrar perseverancia por lo que se emprende, cumplir a tiempo las propuestas propias y las del grupo, implicar a los demás, persuadir a los demás,  saber trabajar con otros, saber distribuir tareas, saber compartir tareas, éxitos y fracasos, reconocer los valores de otros, ofrecer ayuda desinteresada, entre otros. En este sentido, todas estas destrezas están incardinadas en la tenacidad, en la confianza en uno mismo, en el liderazgo, el trabajo en equipo y la solidaridad (ver Euroinnova, (Ed.), 2016A, pp. 202 – 207).

Con relación a este análisis, el trabajo cooperativo logra satisfacer sobradamente aquellas habilidades orientadas en el liderazgo, trabajo en equipo y solidaridad, además de las que pueden observarse desde el rasero de la creatividad y la autonomía, como así promueve esta Recomendación del Parlamento. Es importante subrayar el carácter activo y la involucración que sobre el propio aprendizaje del estudiante el trabajo cooperativo promueve (Aldana, 2014; Bonwell y Einson, 1996).

Luego, alcanzado este punto de análisis, desde la reflexión sobre la relación entre la motivación y el desarrollo cognitivo, podemos discernir que una metodología centrada en la socialización y la colaboración entre estudiantes, que fortalezca los lazos entre profesor y alumno, que permita la conexión con la realidad y que verse sobre material significativo, conducirá positivamente la predisposición del aprendiz en su propio aprendizaje. Una predisposición que será posible si se presenta un método de enseñanza-aprendizaje que resulte “bello” y “bondadoso”  a sus ojos.

En este sentido, se considera la apuesta por una metodología de aprendizaje activo que comporte cooperación y trabajo en pares y, por igual,  promueva el dinamismo de la clase en tanto resulte especialmente atractiva, esto es, “bella” y “bondadosa”. Por una parte, ayuda al entrenamiento de la persistencia en el aprendizaje, la voluntad del estudiante; por otra parte, logra satisfacer los requerimientos políticos e institucionales, además de presentarse ventajosa para la consecución del aprendizaje significativo y social del alumno (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004) lo que posibilita su desarrollo cognitivo y emocional (ver Ausubel, 1976; Gowin, 1981; Novak, 1983; Vigotsky, 1978)

 Para ello, se considera, en gran medida, utilizarel juego como metodología de aprendizaje ̶ cabe señalarse la clasificación de la gamificación como estrategia instruccional de aprendizaje activo ̶. En este sentido, Bonwell y Einson (1996) la posicionan como una estrategia que promueve una alta dosis de entusiasmo en clase, ̶ bien desde el quizz, bien con soporte en algún software ̶ , además de concebirse como una metodología didáctica fácil de ejecutar en el aula, en tanto deviene familiaridad en su uso práctico y gestión del tiempo que involucra. ¿Quién no ha jugado a la “Oca” o al “Trivial”?, cabría preguntarse en este sentido.

No obstante, es fundamental analizar la conveniencia del uso de la gamificación para con los alumnos que presentan alguna necesidad educativa especial, como lo son los estudiantes con TDA/TDAH. En este sentido, ¿se presenta esta metodología ventajosa para atender la diversidad del alumnado?, ¿qué promueve la Ciencia para aquellos alumnos que padecen TDA/TDAH?

Verónica García-Melero

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