El Mĭyŭ de la Casa Esmeralda

[…] Se abren puertas y ventanas, y su utilidad para la casa reside en el vacío. Así, obtenemos un provecho de lo que es y sobre todo obtenemos una utilidad de lo que no es.

Fragmento del Epigrama XI, Libro del Tao, Tao te King, Lao-Tsé.

Narrador:
 
Iban haciendo el camino
Por la senda del medio,
cuando, retó, el alumno,
a su viejo Maestro.
 
 
 
Xia:
 
¿Cree, Lao-Jun, (05)
mi querido Maestro,
que dará solución,
si lo pongo en aprieto,
a una Tabla Esmeralda
que navega en el tiempo? (10)
 
 
Lao-Jun:
 
Si ha navegado en el tiempo
y ha llegado hasta aquí,
seguro ha sido descifrada,
estoy seguro que sí.
 
Pues, mucho de lo que se dice (15)
de una y otra cosa,
unas veces se lía…
mas, siempre lleva soga.
 
Y tirar del hilo
está en el pensar; (20)
sabiendo coger su punta
es que se puede hilar.
 
Con todo, algo he escuchado
de esa Tabla Esmeralda;
no sé si es cosa cierta (25)
o una vieja maraña.
 
Unas veces aparecen cosas
que nadie las ve,
se crea un misterio en ellas
y, con el tiempo, a crecer… (30)
 
No obstante, Xia,
dime una cosa:
¿Qué sabes de esa Esmeralda
encriptada, Tabla, toda?
 
 
Xia:
 
Han sido escritas unas palabras (35)
de Doriel, ¿o D’oriel?
La cuestión, no sé cómo se dice,
..pero del 39 es.
 
En mil novecientos treinta y nueve
dejó escrito él (40)
que su traducción es extraña
y estupenda también;
que más allá de creencias
que, científicos, sustentan,
es que se halla en su código (45)
algo…que no es leyenda.
 
Rompe el orden cronológico
que creemos que es cierto..
Claro que poco se dice
del cómo y cuándo de lo sumerio… (50)
 
Allá por treinta y seis mil años,
así es que se data,
antes de Jesucristo,
¡fíjese si es extraña!

Y otra cosa extraña (55)
es que comprende, también,
poner, a la Gran Pirámide,
fecha y autoría, así es.
 
Resulta no ser de Keops,
pues fue mucho antes, (60)
construcción fue de un escritor,
Sacerdote y Rey Atlante.
 
Hundiose su madre patria
y desde la colonia que asentó,
incorporó sus conocimientos, (65)
dirección y construcción.
 
Durante dieciséis mil años gobernó
esta raza del Gran Egipto.
Al cincuenta y dos mil nos remontamos,
antes de Jesucristo. (70)
 
Un período extenso
Y, en él, algo pasó:
evolucionó considerablemente
toda su civilización.
 
Pues, bien, Lao-Jun, (75)
estamos en el treinta y seis mil,
y lo que dicen las tablas
sí se sabe aquí,
al menos se cuenta, y claro,
con lo que es su intención: (80)

elevar la conciencia
tanto física como espiritual,
vivir hacía una gran armonía,
el propósito universal.
 
Pues, era la dicha antes (85)
con que contaba el pueblo.
Mas, otra raza que vino
hizo mucho vituperio
e ingeniería genética
por doblegar, a su fin, (90)
a una nueva raza naciente
que llega, hoy, hasta aquí.
 
Voz del hundimiento de la patria
es, en la Gran Pirámide, su entrada;
mas, se sabe del acontecimiento (95)
años después, cuando se destapa.
 
Una gran lluvia entonces,
arrasó a la madre patria,
se inclinó el eje de la Tierra,
y esta fue su gran hazaña: (100)
Ciudades atlantes
que están por doquier,
quedaron enterredas,
para hoy y ayer.
 
Pues antes que estas cayeran, (105)
ya cayeron otras,
provenientes del mismo continente,
el que, bajo agua está, ya no asoma.
 
Entonces, nos remontamos…
¡pero qué muchos años atrás!, (110)
los mismos que atan ruinas,
construcciones y demás…
 
Muy similares…
y por toda la Tierra,
con figuras matemáticas (115)
Sagradas y perfectas.
 
Con conocimiento astrológico
e ingeniería tal…
Que más, antes, es que sabían…
¡fíjese si es genial! (120)
 Lao-Jun:
 
Umm…esto que me dices,
sí que es interesante.
Solo nos faltaría Dios,
para hilar en un instante
el nombre del Eterno, (125)
¿estaba, entonces, con el Atlante?
 
 
 
Xia:
 
Vaya, Maestro, ¿qué podría decir?
Todos sabemos una cosa
y es que se encuentra ahí:
la Gran Madre Tierra, (130)
la Serpiente de las Montañas,
la Fuerza Superior,
la Energía de las Entrañas,
el Absoluto, el Altísimo,
la Fuerza Primera, el Creador… (135)
¿no son todo lo mismo?
¿no es esto Dios?
 
 
Lao-Jun:
 
Claro hijo, todo es siempre lo mismo,
querer explicar nuestro origen,
¿quién fue?, ¿cómo lo hizo? (140)
 
Y como vemos, algo podemos saber,
y es que hay un Origen Primero,
un Supremo, un Ser.
 
Una Energía Todopoderosa,
una Fuente Universal, (145)
llámenlo Uno o Todo…
por Todo es que está.
 
Pero, en vez de hablar tanto,
vayamos a lo que vamos,
para saber de la tabla,… (150)
¿qué llevas en tus manos?
 

Xia:
 
Son unos apuntes,
que han traducido de la Tabla.
Mas, si la volteamos,
otro lenguaje habla. (155)
En tal caso, sería latín;
arcaico que con candados
es que se queda así.

 
Lao-Jun:
 
Umm…se ve muy interesante,
necesario, sería ahora, (160)
retirarme en aquel árbol;
seguro me inspira su sombra.
 
Mañana, por la mañana,
espero, algo, poder decirte;
seguro que, si discierno, (165)
¿veré algo que tú no viste?
 
 
Xia:
 
Entonces, como vea…
Mejor, yo me quedaré
al otro lado del camino,
prepararé algo de Té. (170)
 
¿Gusta de tomar un poco?
¿Le parece, ahora, bien?
 
 
Lao-Jun:
 
Un Té siempre es perfecto,
¿por qué no tomarlo, Xia?
Mas, no me entretendré mucho… (175)
esto, pensar, yo querría.
 
 Narrador: 

Después de tomar su Té,
Lao-Jun se retiró al árbol,
leyó lo que le dejó Xia,
y reflexionó lo que te hablo. (180)
 
Decidió que la mejor manera
de transmitir su conocimiento
sería un Mĭyŭ chino
para discernir con pensamiento.
 
Así, aquel que lograra (185)
descifrar lo que Lao-Jun cuenta
es, a la Tabla Esmeralda,
descifrar su leyenda.
 
Pues dicho está en latín arcaico,
cuando a la piedra, le das vuelta, (190)
“Triste es que se siente ahora,
Quien la escribe y por esta cuenta:
ahora hay un código de silencio,
así es como la piedra se cuenta”.
 
¿Y qué piedra podía ser ésta? (195)
No es otra sino la filosofal,
aquello que se dice al principio,
aquí se viene a explicar.
 
Tal vez, al voltearla,
se caiga en la cuenta, (200)
de que con otro lenguaje cognado
se hayará la poción secreta.
 
Otro día os traeré
lo que pasó en el Camino,
justo fue leer el cuento (205)
Y este fue el destino:
 
Un alquimista de occidente,
también, en medio, caminaba,
comprendió su cuento enseguida,
abrió la puerta de la casa. (210)
 
¿Qué otra puerta podría ser?
Es la puerta de esta casa,
la del cuento de Lao-Jun,
“El Mĭyŭ de la Casa Esmeralda”:

“El Mĭyŭ de la Casa Esmeralda”

Juan, 22 Junio 2020
Habla la casa:

Lo que te digo no es ficticio, (215)
digno de crédito y cierto es;
si me repito en decirlo,
así subrayo, qué, esto, es.
 
Fíjate en los cactus de mi puerta,
uno por el otro, los dos están; (220)
han sabido bucear la tierra,
han sabido capturar su afán.
 
¡Qué difícil es crecer sin agua!,
así, el cactus, por algo está;
se sumerge en el interior de la tierra: (225)
busca, logra, y guarda su afán.


Han calentado su agua,
mientras la han ido a buscar,
y en su interior, una cera que es pura,
como de babosa de cactus, está. (230)

He dividido mi casa,
en dos partes es que está:
aquella que es todo forma
y aquella en que la forma no está.
 
Como es a un lado, es al otro; (235)
como es arriba, ¿abajo está?
Esta es la lección primera:
saber por la puerta entrar.
 
Igual que el cactus se sumerge,
y en ello, esta puerta, abre; (240)
la cera pura que éste calienta,
al mezclarlo en agua, su espejo, pare.

Como una roca de Onix,
así, éste se ha de ver;
el Sol y la Luna en la entrada, (245)
el Padre y la Madre en su hacer.
 
Que el Padre es el viento vigoroso,
es el aliento, el Espíritu Superior,
es la Fuerza que lleva en el vientre
la Luna, la madre, la encarnación. (250)
 
Y cuando sopla el viento,
el Espíritu se mueve,
sopla siempre por alguna razón,
quiere con la Luna fijarse,
quiere, en la Tierra, transformación. (255)
 
La conjunción del Sol y la Luna,
de mi casa, es la concepción,
si has hallado esta fortuna
sabrás de tu piedra y generación.
 
Que la piedra es el espejo del alma, (260)
pulir la piedra es resplandor,
al espejo, le es limpieza;
reflejo del Cielo, en el interior.
 
Así, como arriba es abajo,
la casa por dentro se unió, (265)
ha alcanzado estar con el Uno,
forma y no forma: unión.
 
Ha comprendido la casa
que se abren puertas y ventanas,
que estas formas son, a la casa, (270)
fundamentales y necesarias.

Mas, ha comprendido también
que en el vacío de sus formas
es que la puerta es ésta
y la ventana, la otra. (275)
 
Esta primera enseñanza,
que es la de la vacuidad,
es la del ojo entrenado
y la puerta se le abrirá.

La casa sabrá el motivo, (280)
así, la puerta abrirá
a aquel que lo mueven dos cosas:
nobleza en el ser y humildad.
 
Porque, la casa sabrá sin mirar
qué es lo que guarda el alma, (285)
el reflejo de su cristal
es siempre el que habla.
 
De esta manera no entra
por el arco de su triunfo:
la vanidad envuelta de engaño, (290)
ni la mentira con disimulos.
 
La Casa de la Esmeralda
es Esmeralda para quien la ve;
jamás la ve el ostentoso,
ni el envidioso, la ve. (295)
Tampoco la ve el presuntuoso,
ni quien se vanagloria, la ve.
La Casa de la Esmeralda es sabia
y sin ojos, así, es que ve.
 
Ve sin ojos, escucha sin oídos, (300)
lo indescifrable aquí está,
es el gran misterio de la Casa
y en tu camino está tu entrar.

Así, digna es el alma sincera,
es la del sabio, a quien mil ojos: (305)
vigilan, controlan y ven,
porque éste supo asir el pomo.
 
El sabio será como un árbol
al que muchos pájaros anidan.
Nidos llenan sus ramas, todas, (310)
pájaros que vienen por comida.
 
¿Querrán hacer al sabio tonto?,
¿querrán su piedra partir?
El Cielo que hay arriba
sabe, al sabio, distinguir. (315)
Así, obstruye a él el paso,
en su viento lo lleva y no porque sí;
Pues el sabio se hizo sabio
puliendo su esmeralda: así.
 
Piedra perfecta está en la Esmeralda, (320)
Mi casa la guarda: su fin.
Habrás de fijar a tu cuerpo, tu alma,
Así, la vacuidad es que empieza aquí.
 
Pocos entienden esta enseñanza,
Mas, muchos dicen que sí. (325)
La vacuidad empieza a entenderse
Cuando, el ego se pierde, por fin.
 
Este color Esmeralda
de tu vida es clorofila,
es el licor del oxígeno (330)
nutriendo tu savia arriba.
Lleva el viento del soplo,
y el reflejo de la luz
del vientre de la nodriza;
en tu tierra: tu quietud. (335)
 
Así, tu pules tu piedra
Y por mi puerta es que entras;
Mas, para entrar y salir
cuando tú veas, tú quieras,
una cosa habrás de hacer primero: (340)
conocer ventanas y puertas.
 
De esta manera, las ventanas,
que un auxilio, a la puerta, son,
te habrán de enseñar primero
la primera lección. (345)

Que fija está la puerta,
que se abre y se cierra,
y las ventanas más se abren
que la propia puerta;
más hacen correr (350)
el soplo que entra,
saber de mis ventanas
es elevar tu conciencia.
 
Y mis ventanas, a tu rostro,
son oídos y ojos, (355)
presta atención a todo,
escucha el silencio, solo.
 
Esta atención atenta
que nace en la meditación,
en concentrarse en lo que te rodea, (360)
en admirar la Creación;
hará que comprendas el Cielo
y lo que hay alrededor:
lo mismo hay arriba y afuera
que abajo y en tu interior. (365)
 
¿Cómo alcanzar esta cosa?
¡Cómo iba a ser!
Cultivando tu carácter,
no lucrativo, tu hacer.

Pues, cuando transciendas el egoísmo (370)
de hacerte un favor del favor del Cielo
habrás avanzado arriba,
como un oxígeno nuevo.

Esta transformación segunda,
que es, del Cielo, la comprensión, (375)
te hará ser como una nube
que llega, en la Tierra, a cualquier rincón.
 
Lleva silencio tu nube,
paz y armonía en su gas,
y cada vez que se respira (380)
se inhala el bienestar.
 
Tendrá tu nube más virtud
que lo que es la Virtud misma;
así, sutil es el gas de tu nube
y a todo, por muy duro, conquista. (385)
 
Pues, todos fuimos hechos como tu nube,
aquella misma que has sabido crear,
es un soplo de vida y ánimo
el amor, dador, lo ha hecho alcanzar.
 
Todos llevan en el vientre, adentro, (390)
En el ombligo del ser, en su sol,
una conexión con su madre en la Tierra,
cordón que es, al Cielo, dador.
 
Así, sabe la cuerda sin nudos,
sin añadidos, lazos, ni sujeción, (395)
atar con su hilo invisible
el Espíritu Santo de su Creación.
Que todos nacemos en el Espíritu,
el agua, al fuego, es,
la transformación que lleva el alma (400)
que nace de nuevo: su renacer.
 
Conectar almas con tu alma,
¿esto que podría ser?
Haber alcanzado las otras
este conocimiento en su ser. (405)

Que todos en nuestro ADN
sabemos bien diferenciar
lo que nos eleva y agrada
y aquello otro que nos echa atrás.

Cuando encontramos una cosa (410)
que no tiene más que una verdad,
por mucho que se quiera torcer ésta,
jamás se podrá ocultar.


Verónica García-Melero
Inscripción Tabla Esmeralda, atribuido a Hemes Trimegisto.
Copia personal.