El Método Socrático. Síntesis.

El lujo es pobreza artificial.

Sócrates

La ostentación revela una necesidad banal por aparentar, lo que, incuestionablemente, la conduce a aflorar un vacío. Así, de acuerdo a este pensamiento de Sócrates, recogido en una de sus célebres expresiones – la que inaugura este texto – , se considera la importancia de ser sintéticos.

Si bien, en este otro sentido, el de la brevedad per se, cabría recuperar esa otra vieja frase popular: «lo bueno si breve, dos veces bueno»; que, por igual, utilizaremos más adelante para establecer un axioma; bien se hace necesario subrayar la importancia de esclarecer y comprender qué es el método socrático de una manera sencilla y «buena», como diría Lao-Tsé. Esto es, sin caer en el adorno, la ostentación y, por supuesto, la persuasión «del habla». Así, procedemos a acercar el método socrático, sucintamente, como sigue:

Cuestionarnos qué es el método socrático es una ardua labor que ha ocupado el pensamiento de la literatura y filosofía a lo largo de los años. Es así que, centenares de eruditos han intentado mediante sus indagaciones heurísticas hallar el conocimiento sobre este método; sin embargo, no han logrado averiguar qué es  lo que verdaderamente hacía Sócrates (Rossetti, 2011).

El conocimiento que se tiene sobre el método socrático proviene esencialmente de los testimonios de sus discípulos: Platón, Jenofonte, Aristipo y Antístenes; así como de menciones y aportaciones de otros filósofos posteriores, como lo fue Aristóteles, discípulo de Platón (Munn, 2000).

Con ánimo de ser sintéticos, como así abrimos esta cuestión, ofrecemos una aproximación de lo que se entiende por el método socrático. En este sentido, es un método dialéctico que consta de dos fases, una primera fase: deconstructiva, de preparación o negativa, a la que se denomina ironía y; otra segunda fase: constructiva, positiva, de indagación o elenchus, desde la que se guían respuestas desde el razonamiento inductivo hacia una definición o solución universal. Esta definición o solución universal, conducida desde la mayéutica, conlleva el traer a la luz nuestro discernimiento sobre las cosas, es decir,  “parir” nuestro pensamiento (ver Calvo, 1997; Castro, 2012; Rossetti, 2011).

Luego, podemos conjugar este método con la estrategia de empresa, en tanto ésta, de acuerdo a Mintzberg (1973), comprende la reflexión natural y cuestionamiento acerca de los problemas u oportunidades con que se encuentra la empresa en pro de ofrecer soluciones eficientes y eficaces a los mismos; viniendo a ser el pensamiento del verdadero estratega el que nace de la espontaneidad.

Verónica García-Melero

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