Educación PHI: Introducción a su fundamentación teórica.

«Se amorfo, no te establezcas de ninguna forma. Sé como el agua. Si viertes agua en una copa, ésta se convierte en la copa. Si viertes agua en una tetera, ésta se convierte en una tetera. Sé agua, amigo mio»

Bruce Lee

Si nos preguntamos, ¿qué es la Educación PHI?, posiblemente encontremos la respuesta procurando definir el objetivo que persigue la misma.

De esta manera, la intención de la Educación Positiva Holística e Inclusiva (Educación PHI) es la de lograr la unicidad de la acción pedagógica. Ésta viene a ser un acción integrada, uniforme, sistematizada y conjunta de distintas pedagogías, la cual permite la Economía del Aprendizaje de acuerdo a los desafios de la Industria 4.0., desde la base teórica, la metodología y la práctica que la cohesionan y dotan de existencia como nuevo modelo pedagógico. Entendiendo por Economía del Aprendizaje: un servicio educativo rentabilizado, de alto valor añadido, en el que la formación del alumno y la especialización de los profesionales sirven de impulso para la eficiencia del proceso educativo y el crecimiento y mejora continua de la educación actual: positiva e inclusiva, así como de la economía en la que se desenvuelve.

De considerar un primer vector que nos guíe como justificación fundamental para esta propuesta, podemos atender al preámbulo de la LOMCE (2013) y, así, abstraer cuál es el verdadero propósito educativo que se promueve para alumnos, docentes y Centros:

«La actividad de los centros docentes recae, en última instancia, en el profesorado que en ellos trabaja. Conseguir que todos los jóvenes desarrollen al máximo sus capacidades, en un marco de calidad y equidad, convertir los logros generales en logros concretos, adaptar el currículo y la acción educativa a las circunstancias específicas en que los centros se desenvuelven, conseguir que los padres y las madres se impliquen en la educación de sus hijos, no es posible sin un profesorado comprometido con su tarea».

En este sentido, el profesor puede ser visto como un Atlas sobre el que recae el peso de la Educación. Si bien no carga en sus hombros a esa gran piedra que simboliza al mundo — como el personaje mítico —, bien carga alegóricamente al mundo desde la transcendencia que supone para la economía, y su desarrollo social y sostenible, la calidad de su educación vista desde el reflejo de la misma en la competencia de la ciudadania y, por extensión, del reflejo de éste en la competitividad de la nación.

Esta carga que soporta nuestro «maestro Atlas» puede ser vista como cinco grandes piedras: la políitica educativa y sus recomendaciones, la legislación educativa y sus currículos, los planes de Centro y su filosofía, la cesta de metodologías y, finalmente, el estilo de enseñanza, su quintaesencia para la educación.

Siguiendo esta línea, es fundamental subrayar cómo  la filosofía de centro puede condicionar el uso de unas metodologías u otras y, por extensión, el estilo de enseñanza del profesor. En cierta medida, filosofía, metodología y práctica son los tres pilares sobre los que descansa una pedagogía y, de manera generalizada, comprenden el enfoque desde el que arrojar más o menos luz sobre el aprendizaje cognitivo, emocional y espiritual del alumno.

Con relación a esta argumentación, se requiere de un modelo pedagógico que permita  mantener un equilibrio en la carga, de manera tal que el «maestro Atlas» no haya de estar haciendo malabares y, en ello, terminen cayéndosele las piedras. En este sentido: ¿cúal es el mejor? En realidad, no hay método peor o mejor, sino métodos que se adecuan mejor o peor a determinados estudiantes, a determinadas metodologías, a determinados conocimientos, para el desarrollo de unas u otras habilidades y dentro de unas circunstancias u otras.

Esta casualística es apreciable desde muy diversos prismas; en este sentido, si consideráramos algo tan simple como el desplazarse de manera autónoma, podríamos observar que para unos caminos nos vendría mejor un calzado que otro. De esta manera, para una carrera en una pista de atletismo, nos vendrán mejor unas zapatillas de running; para subir por la montaña, unas botas de trekking; para caminar por la nieve, unas botas adecuadas para la misma y el ski; y para chapotear en la lluvia, unas botas de agua. ¿Qué queremos defender desde esta reflexión? No es otra cosa sino la necesidad de adaptación y flexibilidad a cada circunstancia.

Siguiendo esta línea, entendiendo el método de enseñanza y aprendizaje como un camino, podríamos reflejar esta flexibilidad y capacidad de adaptación en el pensamiento filosófico que por antonomasia enmarca el taoismo: «Elige el no camino como camino» (Lao-Tsé).

Novice Monks Thailand ,Buddhist Temple,Novice Monk Depicting a Religious Faith in a Temple in Thailand.

Igualmente, podemos hacerlo palpable desde la importancia del elemento «agua» dentro de la filosofía oriental; ésta no solo explica el mundo y su creación, la vida, el devenir y el fluir de los ciclos, sino tambien explica cómo desde su suavidad se logra conquistar la dureza de la roca, en tanto la erosiona y vence; y como su maleabilidad y su estado físico la hace perfectamente adaptable al recipiente que la contiene, la hace perfectamente flexible. «Se amorfo, no te establezcas de ninguna forma. Sé como el agua. Si viertes agua en una copa, ésta se convierte en la copa. Si viertes agua en una tetera, ésta se convierte en una tetera. Sé agua, amigo mio» (Bruce Lee).

La transcendencia del pensamiento oriental, su filosofía y modus operandi en la instrucción práctica, han sido experiencias que, desde los ocho años, han venido a construir la conciencia que, de las cosas, tengo. En este sentido, y siendo sucinta a la enseñanza-aprendizaje, la instrucción práctica sobre la que descansa la filosofía y el arte marcial kung-fu Shaolín, se inicia con 18 estancias (posiciones) desde las que se configuran los diferentes estilos de lucha. El perfeccionamiento en las mismas requiere de la repetición (metodología tradicional), aunque son necesarias para la autopercepción del alumno en la destreza con respecto a cada una de ellas, confrontarlas en diferentes contextos (metodología social/constructivista). Es desde todo este aprendizaje y experiencia, soportada en la disciplina y autorregulación de la conducta (inteligencia emocional y espiritual), como se alcanza el conocimiento personal del estilo que mejor perfila las habilidades personales que cada alumno presenta. En este sentido, alcanzado este conocimiento, se procede a la elección libre del estilo en el que perfeccionarse (metodología romántica).

Como podemos apreciar, para alcanzar la maestría que profesa la propia etimología de la palabra kung-fu, se requiere de la instrucción práctica y su evaluación desde diversas metodologías de enseñanza-aprendizaje: todas son válidas, igual de importantes y necesarias. Es por esto que ha de elegirse el no camino como camino.

Alcanzado este punto nos cuestionamos ¿cómo hacer para integrar diversas metodologías y roles en profesor y alumno para así proporcionar un camino hacia el autoaprendizaje?, ¿cómo es ese camino hacia el autoaprendizaje?, ¿qué elementos se presentan críticos en ese camino?, ¿cúal es la metodología que permite trabajar con todas estas perspectivas pedagógicas?, ¿cómo podríamos evaluarlas desde diversos enfoques o métodos?, ¿cómo podríamos organizar todo el proceso educativo para que filosofía, metodología y práctica puedan concebirse como un todo?, ¿cúal es el horizonte hacia el que se ha de apuntar?, ¿qué podríamos hacer para sistematizar el proceso?, ¿podríamos tangibilizarlo desde la aplicación práctica de modelos matemáticos y económicos que nos ayuden a construir mapas de nuestro territorio?

La solución a todas estas preguntas y otras que devienen en el proceso de investigación, la encontramos en la aplicación de la Ciencia de Empresa, la Economía y la Teoría de la Unicidad o Ley de Akenatón.

En este sentido, la Ciencia de Empresa, desde la Dirección Estratégica, el Marketing Estratégico y la Economía de Empresa, nos porporciona herramientas con las que: estudiar el sistema educativo (mercado); aflorar los perfiles de estudiantes (clientes), así como de los docentes (proveedores); diseñar estrategias de enseñanza-aprendizaje (adecuar oferta y demanda) dentro de cada metodología (cesta de bienes) para adecuarlas a la intención del aprendizaje en habilidades, destrezas y valores (producto); seleccionar una mejor manera para acometer cada una de ellas (marketing estratégico) a la vez que procurar intensificar la puesta en práctica de las mismas (estrategia y planificación empresarial).

Sin embargo, toda esta proposición se presenta insuficiente de no considerar unos criterios económicos en los que apoyarla. En este sentido, se requiere de adecuar el proceso hacia la eficiencia, eficacia y productividad, lo que comprende la consideración del Óptimo paretiano en la persecución de la opción más eficaz y eficiente dentro de cada intención educativa. La búsqueda de la sinergia en la adecuación entre enseñanza-aprendizaje, para reconducirla en la economía de alcance , y desde aquí a la Economía de Aprendizaje.

En este proceso económico y de planificación, afloran la necesidad de sistematización, planificación y control, lo que arrojaría un modelo matemático-estadístico y otro matemático desde los que conseguir Curvas de Aprendizaje y de Experiencia. Estos modelos nos permiten medir el nivel de productividad, eficacia y eficiencia de la acción educativa; una gran labor que descansa en la metodología y práctica propias de la unicidad de la acción pedagógica que se pretende.

Por su parte, la necesidad de planificación de la acción educativa requiere de una metodología que se perciba de manera compacta, como un todo y, que a su vez, ayude en la formación del docente en la misma, proporcionando una estrategia de acción docente determinada que defina las necesidades/roles críticos en cada intervención educativa.

Esta integración de pedagogías y metodologías de manera organizada, compacta y uniforme nos la proporciona la coreografía desde el prisma de la dirección estratégica. En este sentido, no solo se sistematizan las distintas intervenciones educativas, sino que han de integrarse dentro de un plan global de acción, que comporte la acción conjunta de institución, docentes y discentes y, a su vez, sea retroalimentado para la reorientación y rediseño de objetivos. Luego, se hace necesaria la programación por objetivos y la adecuación de oferta y demanda para dotar de consistencia a un modelo matemático que sirva de meta o guia en la valoración de la acción educativa en aprendizaje y experiencia.

Sin embargo, todo este proceso no tendría sentido alguno si no se soportara sobre una solida base científica que lograra alcanzar el conocimiento de: cómo es ese camino hacia el aprendizaje autónomo, cómo es ese camino hacia la planificación de la acción educativa, cúales son sus elementos críticos, cómo se interrelacionan los mismos, cómo se alcanza el conocimiento de los mismos.

En este sentido, alcanzar el conocimiento de la interrelación de elementos que propicia la unicidad o sentido holístico del método pedagógico que se pretende, ha sido posible desde la aplicación de la Teoría de la Unicidad o Ley de Akenatón. Desde ella, se consiguen interrelacionar los elementos desde diferentes triagulaciones que, alcanzando su validación desde la reflexión teórica soportada en el conocimiento empírico que la respalda, nos conduce a posicionarla como una teoría educativa perfectamente alcanzable y desde la que alcanzar una Economía del Aprendizaje a través del método y práctica que la dotan de existencia.

No obstante lo anterior, desde el análisis epistemológico que nos brinda la Teoría de la Unicidad en pro de dilucidar el modus operandi de la metodología (coregrafía), en la respuesta al porqué, alcanzamos el conocimiento de las dimensiones filosófica, sociológica y antropológica desde la que eregir la base teórica que soporta la metodología.

En este sentido, la fundamentación filosófica, sociológica y antropológica de la propuesta educativa, que descansa sobre la dialéctica del pensamiento filosófico – método socrático – y la otredad y alteridad – Ricouer – , es la que posibilita el logro de la intención educativa a través de su metodología. Presentándose, en este sentido, como el eje vertebrador de la propuesta: obtener una unicidad en la acción pedagógica que posibilite una educación positiva, orientada al bienestar y socialización; así como inclusiva, que permita el reconocimiento de los demás y sirva de motor para la construcción de la tolerancia y empatía del alumno y, por ende, posibilite el desarrollo de su inteligencia emocional y espiritual. Lo que en su conjunto configura el gran valor añadido que se consigue con la pedagogía que se pretende.

Con todo, el estudio epistemológico hacia la gnosis del aprendizaje autónomo, nos ha devuelto una base teórica en el aprendizaje soportada por los postulados de Vigotsky, Maslow, J. Bruner, D. Ausubel, R. Sternberg; Piaget y Feuerstein, todos ellos pertenecientes a la pedagogía enmarcada dentro de la Escuela del Desarrollo Integral. Adicionalmente, también se han considerado las aportaciones de Gowin y Novak, orientadas en el aprendizaje significativo, así como la de Skinner, enmarcada dentro de la Tecnología Educativa; la de Ignacio de Loyola, enmarcada dentro de la Pedagogía Tradicional; la de Dewey, Decroly y Cousinet, enmarcadas dentro de la Escuela Nueva; y, finalmente, la de San Agustín, de marcado carácter dialógico, humanista, social y emocional – muy asmilada a la Escuela de Desarrollo Integral – aunque convergente en algunas de las proposiciones metodológicas y roles de la Escuela Nueva, igualmente.

Verónica García-Melero

Nota: en siguientes publicaciones se dilatará la presentación y comprensión de la propuesta pedagógica.