Categoría: Innovación

Breve reseña sobre la inspiración en fundamentos económicos del «Experimento Alquimia».

No tener ningún camino como camino, no tener ninguna limitación como limitación.

Bruce Lee (El tao del Jet Kune Do).

La eficiencia de Pareto u óptimo de Pareto es un concepto económico que nació en estudios sobre eficiencia económica y distribución de la renta. De esta manera, lo que pretende es una asignación de un bien a un conjunto de individuos de manera tal que dicha asignación comprenda una mejora de la situación de un individuo sin hacer que empeore la del otro (Wikipedia, Óptimo de Pareto, 2019).

            A tenor de este primer principio, buscar la eficiencia en el método, consideramos reflexionar sobre las metodologías y herramientas de que dispone el Sistema Educativo en pro de dilucidar aquellas que nos permitan desde la intervención educativa mejorar la atención y rendimiento académico de aquellos niños y niñas que padecen TDA/TDAH, de manera que no perjudique a los demás alumnos.

            Sin embargo, la consideración del Óptimo de Pareto plantea una incongruencia social, esto es, este óptimo comprende una noción mínima de eficiencia ya que no necesariamente da por resultado la distribución socialmente de los recursos, luego, plantea la inconsistencia con la equidad (Wikipedia, Óptimo de Pareto, 2019).

            En este sentido, para considerar la acción conjunta de óptimo eficiente y equidad en la dilucidación de la nueva metodología que proponemos, consideramos una acción global, totalizadora. Esto es, discernir aquellas metodologías que se presentan beneficiosas para el conjunto de alumnos, tanto aquellos que presentan necesidades especiales de atención, como aquellos otros que no. De esta manera el método conseguido asigna nuevos recursos en pro de beneficiar el alumnado en su conjunto, sin suponer un lastre en ninguno de los individuos del grupo.

            Luego, recapitulada la intención filosófica que conduce a la elección o invención de un método didáctico, a continuación se propone un cuestionamiento reiterado y reflexión propios de la estrategia espontánea (Mintzberg, 1973) para alcanzar el conocimiento de una propuesta para la intervención educativa que sea eficiente y equitativa.

Verónica García-Melero

Presentación del Proyecto

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¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su “voluntad” por aprender?

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Albert Einstein

Desde el discernimiento sobre la gnosis de la motivación, hemos podido apreciar su triangulación con el entusiasmo y la voluntad, ahora consideraríamos la siguiente pregunta, en tanto nos centramos en cómo conseguir que los alumnos se motiven, a la vez que consiguen habilidades y destrezas en que han de instruirse: ¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su “voluntad” por aprender?

En este sentido, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, subraya la importancia y necesidad de incardinar en los currículos escolares metodologías de enseñanza-aprendizaje que posibiliten la consecución de los objetivos que persiguen cada una de las competencias en que se segrega la finalidad de la educación del alumno.

En concreto, son las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y espíritu empresarial las que contienen estos factores que implica la voluntad. Por una parte, la competencia en aprender a aprender se caracteriza por “la habilidad para iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje. Esto exige, en primer lugar, la capacidad para motivarse por aprender” (Euroinnova (Ed.), 2016, p.149), por otra parte, la competencia de sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor implica «las habilidades necesarias para convertir las ideas en actos, como la creatividad o las capacidades para asumir riesgos, planificar y gestionar proyectos […]con objeto de mejorar la educación actual, aumentando su calidad y estableciendo procesos de capacitación»· (Euroinnova (Ed.), 2016, p.201).

Hemos podido observar cómo, en gran medida, una de las grandes preocupaciones de la Comunidad Educativa gravita en torno a la manera de mejorar la acción educativa a través de la motivación y voluntad del estudiante, de modo que lo predisponga positivamente hacia su propio aprendizaje, aprenda significativamente  y, así,  logre la autonomía que le es inherente al propósito competencial que sirve de vector en la educación: hacer de los estudiantes ciudadanos competentes en saber hacer, ser, vivir y aprender (Delors et al., 1996).

Considerando el discernimiento epistemológico anterior, hemos podido apreciar cómo se triangulan motivación-entusiasmo-voluntad y como las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial se interrelacionan con los factores que promueven el entrenamiento del estudiante en su voluntad. Luego, es apreciable que hemos alcanzado un objetivo hacia dónde apuntar.

Verónica García-Melero

Presentación del Proyecto

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La importancia de la motivación: su triangulación con el entusiasmo y la voluntad.


Siembra un pensamiento y cosecharás un acto,
            siembra un acto y cosecharás un hábito,
            siembra un hábito y cosecharás un carácter,
            siembra un carácter y cosecharás un destino.
            Según siembras, así recoges

Aristóteles (384 – 322 a.C.)

Aquella primera pregunta que nos ha conducido a dilucidar el qué, para qué y cómo de esta Buena Práctica, ha sido: ¿por qué están desmotivados los alumnos y se quejan tanto los profesores sobre esta conducta?, ¿será algo mutuo, la desmotivación de uno revierte en el otro?, ¿qué pensamientos filosóficos hay al respecto?, ¿con qué se relaciona la motivación?, ¿qué ofrecen diversas investigaciones al respecto?

Actualmente son muy diversos los estudios que se centran en la motivación dentro de la acción educativa. En este sentido, ya sea enfocado el estudio en: la incidencia que sobre la conducta del estudiante tiene la aplicación de una metodología u otra  (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004); o cómo para alcanzar la zona de desarrollo óptimo en nuestros procesos cognitivos se requiere de la socialización (Vigostky, 1987) o cómo la significancia del material propuesto exige de la motivación, de la predisposición positiva del aprendiz para lograr un aprendizaje significativo (Ausubel, 1976); o, adicionalmente, requiere bien de la relación interpersonal y emocional para alcanzar dicho aprendizaje significativo (Novak, 1983); o bien de  la conexión con la realidad (Gowin, 1981); el paradigma que une a todos estos diferentes estudios es su enfoque epistemológico. Esto es, la gnosis de la motivación.

En este sentido, ¿cuál es la verdad del conocimiento de la motivación?, ¿cómo se consigue?, ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Para conseguir profundizar en la esencia de la motivación, en el porqué de ésta, hemos planteado el siguiente axioma:

«Lo bueno, si breve, dos veces bueno».

Refrán Popular

«Es incuestionable la atracción que todo ser humano siente hacia las cosas rápidas y fáciles de entender o conseguir, especialmente si aquello que se    pretende  nos   ha llevado en otras ocasiones una considerable inversión de nuestro tiempo y esfuerzo. Es muy gratificante ese momento en el que logramos comprender una explicación a la primera y somos guiados por nosotros mismos a dilucidar la solución de un problema con pasmosa celeridad. Posiblemente el entusiasmo recorra nuestro cuerpo y nos encienda de alegría».

Podemos apreciar que el entusiasmo viene ligado a la motivación, sin embargo, ambos conceptos son muy diferentes. Porque es el entusiasmo el que nos conduce a la motivación y, la motivación, la que nos logra entusiasmar. Ambos vienen a ser dos caras de la misma moneda y, en tanto uno conduce al otro, vienen a comportar un ouroboros de nuestra actitud positiva hacia nuestras metas y objetivos de aprendizaje. Para explicar tal afirmación, consideremos la siguiente argumentación:

De acuerdo al Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico, «el entusiasmo, individual o colectivo, es la exaltación, la exaltación del espíritu humano que sale de su estado reflexivo y tranquilo, conmovido generalmente por un impulso desconocido hacia lo bueno, hacia lo bello» (Almirante, 1869, p.407). Tiene su razón de ser esta definición en su etimología, pues es una voz usada en la antigua Grecia, compuesta a su vez de tres: en, theou, asthma, que juntas son: “Soplo de Dios”, o lo que es traducido también como llevar un dios dentro (Almirante, 1869). Definición etimológica que igualmente comparten las Sagradas Escrituras con aliento  ̶  o soplo  ̶  de Dios, el cual fue insuflado al hombre y lo diferenció del resto de criaturas. Pues con él, somos hechos a imagen y semejanza de Dios (Biblia Reina Valera, 1960, Génesis 2:7).

Al entusiasmo por lo bueno, a esta chispa divina, a esta exaltación del espíritu, nos conmueve un impulso desconocido. Esta conmoción tiene su origen en el vocablo latino commotio, commotionis “sacudida”, derivado de commovere, que significa “poner en movimiento”. Etimología que comparte con la palabra mover (Spanish Oxford Living Dictionary, 2019, conmoción). Siendo esta misma palabra la que da significación a la motivación, esto es, causa del movimiento, del latín motivus o motus (Wikipedia, Motivación, 2019). Lo que en una aproximación de la psicología es definido como “la raíz dinámica del comportamiento”; es decir, “los factores o determinantes internos que incitan a una acción” (Pinillos, 1977, p.503).

Luego, podemos discernir que los factores internos  ̶ en una primera aproximación de la definición de motivación  ̶  que nos conducen a una acción, son los que, de mantenerse hasta el fin, nos contagian de entusiasmo. También podemos discernir que somos susceptibles de poner en movimiento nuestra conducta cuando hayamos factores o determinantes internos que nos incitan a esa acción. Como se puede apreciar, ambos conceptos se complementan, se interrelacionan y se originan mutuamente, no excluyéndose; viniendo a ser el entusiasmo un estado de ánimo, una exaltación, y la motivación, una conducta.

Alcanzado este punto, cabe cuestionarnos: ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Siguiendo esta línea, ambas, belleza y bondad, no son sino dos de las virtudes cardinales que Tomás de Aquino definió para la consecución de la realización humana, su plenitud y perfección, alcanzar el bien de su especie, su felicidad, su bienestar (Robles y Robles (Ed.), 2007).  En este sentido, para Tomás de Aquino esta bondad es una de las tres propiedades inherentes del ser de las cosas que, junto a la verdad y unidad de las mismas, confieren la transcendencia del ente. Si bien todo ente es inteligible, es posible preguntarnos si esta estrecha relación entre entusiasmo y motivación confiere el carácter de unidad del movimiento de la voluntad a hacer algo y a la vez, la esencia de dicho movimiento o motivo es lo que nos conduce a manifestarlo en el acto, en la voluntad de llevarlo a cabo (Robles y Robles (Ed.), 2007).  

Luego, por extensión, nos entusiasma aquello que concebimos como virtuoso de lograr, lo que comporta, en su dimensión ontológica, la bondad de las cosas, esto es de acuerdo a Tomás de Aquino, lo que es apetecible por la voluntad (Robles y Robles (Ed.), 2007).

Albert Einstein, en su legado de frases célebres, nos dejó con respecto a la bondad de las cosas de Tomás de Aquino que: «hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad». De acuerdo a Sánchez (2014), la voluntad – del latín voluntas-atis, cuyo significado es querer- es algo que se puede aprender y desarrollar, algo que se puede entrenar como un músculo. Esta voluntad implica otros muchos factores, como son: a) nuestra capacitación para la toma de decisiones, b) nuestra predisposición hacia el descubrimiento de las cosas, c) nuestra determinación hacia la consecución de nuestros objetivos y metas y la capacidad de evaluación sobre los mismos que comporta y, d) la acción, como factor desencadenante de aquello que queremos. 

De acuerdo a Tomás de Aquino, «nuestros sentidos se deleitan por aquello que posee dimensiones perfectas», éste es el sustrato que subyace a su Teoría sobre la Divina Proporción y que nos ha permitido apreciar la interrelación existente entre motivación, entusiasmo y voluntad. En este sentido, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que consideramos creado o dispuesto en su proporción justa. Luego, como hemos discernido más arriba, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que entendemos bello y bondadoso, haciéndose apetecible a nuestra voluntad, de manera tal que: desencadenamos nuestra conducta hacia su consecución, nos predispone a la acción, a la toma de decisiones y al deseo por el descubrimiento de las cosas (Sánchez, (Robles y Robles (Ed.), 2007).

Verónica García-Melero

P.D.: Para ampliar la información con respecto a la voluntad, entusiasmo y motivación, así como su conexión con la disonancia cognitiva y el estado de flow, se aconseja la lectura del ensayo «La zorra y las uvas y el Estado de Flow».

Por igual, se aconseja la lectura sobre la reflexión epistemológica de Ubuntu y Otredad. Dos términos interrelacionados, que descansan en la empatía, son un pilar de la Inteligencia Emocional y, por supuesto, necesarios para construir una Escuela y Sociedad Inclusivas. Aquí dejo al enlace, ampliado con una perspectiva de Derecho Constitucional.
Éste otro fue el primero: Ubuntu y Otredad: un camino hacia la Educación Inclusiva.

Presentación del Proyecto

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La Economía del Aprendizaje de la Educación: hacía un modelo matemático.

«Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios»

León Tolstói

A) La situación actual de nuestra Educación.

La Estrategia Europa 2020 es la agenda de crecimiento y empleo de la UE en esta década. Señala «el crecimiento inteligente, sostenible e integrador como manera de superar deficiencias estructurales de la economía europea, mejorar su competitividad y sustentar una economía social de mercado sostenible». En este sentido, para la consecución de los objetivos de su agenda programática, proporciona una serie de indicadores para cada una de las cinco dimensiones en que se artícula dicha estrategia. A saber, éstas son: (1) Empleo, (2) Investigación y Desarrollo, (3) Cambio Climático y Energía, (4) Educación y (5) Pobreza y Exclusión Social (Comisión Europea (Ed.), 2019).

En materia de Educación, se prevé para 2020: (a) alcanzar una tasa de abandono escolar inferior al 10% y (b) conseguir una formación de estudios superiores en al menos el 40% de la población comprendida entre las edades de 30 y 34 años (Comisión Europea (Ed.), 2019). Sin embargo, de acuerdo al informe «Getting Skills Right:Spain» de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (i.e. OCDE), para el estudio realizado en 2016, «España tiene las tasas más elevadas de abandono escolar de Europa» (OCDE (Ed.), 2017, p. 20), aunque «los esfuerzos para reducir la tasa en marcha, con el Plan de Reforma Nacional 2013 que establece los objetivos para alcanzar los propuestos por la Estrategia Europa 2020» (OCDE (Ed.) 2017, p.20). No obstante la valoración proporcionada por la OCDE para 2016, la estadística que nos acerca el Ministerio de Educación y Formación Profesional de las variables educativas de la Encuesta de Población Activa (i.e. EPA) del Instituto Nacional de Estadística (i.e. INE), nos informa que para 2018, la tasa de abandono solo se redujo en un 0,33 por ciento, alcanzando una tasa porcentual del 17,9, como así informan los Archivos de Europaress Madrid (2019).

Con relación al objetivo en formación en estudios superiores, el informe de la CRUE subraya la necesidad de dismitificar la creencia popular de la sobrecualificación de la población española dentro de este intervalo de edad. En este sentido, el 35% de la población dentro de este intervalo logra el objetivo europeo, a un punto porcentual de la media de la OCDE, y a unos 1o puntos porcentuales de las economías más desarrolladas. Amén de presentarse muy insuficiente el porcentaje de población con estudios avanzados, alcanzando una cifra del 9% frente a la media europea del 21% (Bernanrdo, 2017).

La consideración de los estudios estadísticos nos evidencia una realidad que viene de la mano de la información que nos acerca muy diversos profesionales de la Comunidad Educativa. En este sentido, Zabalza (2000), cerca de dos décadas desde su publicación, nos advertía de un gran reto que debería asumir la enseñanza para la próxima década (la ya pretérita): «Mudar el significado que tradicionalmente se ha dado a la docencia» (p. 461), en tanto «en la realidad nos hallamos inmersos en una cultura escolar claramente centrada en la enseñanza» (p. 459). Siguiendo esta línea, algo más de una década después de las palabras de Zabalza, Ruíz (2012), en su tesis sobre trabajo cooperativo en el área de Economia, explora igualmente la necesidad de cambio; así, en la medida que se focaliza la instrucción práctica en la enseñanza en detrimento del aprendizaje, podemos abstraer que parece costar trabajo desprenderse de la metodología tradicional.

Siguiendo esta línea, Ruiz (2012) subraya la necesidad de formar al docente en estrategias o modelos didácticos aplicados que se adecuen a las exigencias que demanda cada Centro. De esta manera, se posibilita dismitificar el concepto de buena escuela enquistado en el Sistema Educativo, dando paso a la apertura de horizontes en el entendimiento de lo que el aprendizaje es y de los beneficios que reporta la interacción profesor-alumno y la focalización de la instrucción práctica en el discente.

Si bien las estadísticas proporcionadas por la OCDE, el INE y la CRUE nos evidencian unos ratios insuficientes en el logro de los objetivos en materia de Politica Educativa Europea, también podemos contar con la reflexión, no sólo de investigadores de la Comunidad Educativa como hemos podido ejemplificar, sino de otros profesionales circunscritos a aquellas instituciones interrelacionadas con la misma. Siguiendo esta línea, Dominguez y Molina (2012) nos advierten de la necesidad de contar con una población crítica, informada y cualificada, que sea capaz de emprender y gestionar proyectos; Robins (1996) nos recuerda la necesidad de acercar los contenidos y competencias clave en que son instruidas las personas a la realidad empresarial, en tanto el aprendizaje adquirido en los centros ha de perfilar al futuro trabajador y/o emprendedor, En este sentido, Pedro Rascón, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), nos advierte que «el cambio social de nuestra era aún no ha sido trasladado a la escuela (Rius, 2010). Igualmente, Robins (1996) se pronuncia advirtiéndonos de que el grado de competencias y habilidades del perfil del alumno se presenta muy alejado de lo que empresas y organizaciones demandan en sus trabajadores. Recordándonos Domínguez y Molina (2012) la necesidad de una implicación coherente de las autoridades educativas para conseguir una población cualificada, que hasta el momento, se presenta parca en dar a luz a una ciudadanía emprendedora y activa.

Por otra parte, con respecto a la formación del docente, Soroa, Gorostiaga y Balluerka (2016), promueven la necesidad de formación desde distintas vías de manera que comporten una mejora de la calidad y de la cantidad de la información recibida, lo que conduciría a una autopercepción positiva sobre su desempeño eficaz y eficiente en su profesión. Igualmente, Bolívar (2019) se cuestiona como siendo nuestro país uno de los que mayor inversión destina a la formación del profesorado dentro de la UE, sea un país con una Educación considerablemente alejada de la de otros países europeos, de tomar el rasero de rankings y pruebas estandarizadas, como lo son las evaluaciones PISA. Parece que no termina de tangibilizarse la formación en las aulas, ¿qué está pasando?, se pregunta Bolivar (2019).

B) Poner a las personas en el centro: de la necesidad a la obligación.

Por otra parte, y recuperando nuestra más reciente actualidad, las investigaciones de la OCDE se circunscriben a la reflexión de los problemas que vienen ejemplificándose desde la década de los noventa y, en este sentido subrayan la urgente necesidad de adecuar la formación educativa a los perfiles de trabajo que ya esperan a la nueva generación en la nueva Industria 4.0 (OCDE, (Ed.), 2019a).

Siguiendo esta línea, el Foro Económico Mundial y Accenture proporcionan un modelo de colaboración para conseguir alinear los nuevos perfiles laborales con los propósitos educativos. Proponiendo para el marco de las Instituciones Educativas, la necesidad de traer a la realidad la aspiración del aprendizaje a lo largo de la vida (aprender a aprender), tomando en consideración la diversidad y singularidad de las necesidades que presentan los trabajadores actuales (Gen Zers). Por igual, para los Gobiernos Nacionales y Regionales, promueven la necesidad de acelerar el crecimiento económico y el incremento de la prosperidad y bienestar para la ciudadanía a través del aprendizaje a lo largo de la vida (aprender a aprender), considerando como factor clave para su consecución, la cooperación entre los sistemas educativo, de mercado laboral y de bienestar social. Por igual, promocionan la necesidad de construir conductas de liderazgo, tanto en instituciones y organismos publicos (entre ellos Educación), como para el contexto empresarial; las cuales articulan en seis dimensiones objetivo: (1) Inspirar con empatía y visión, (2) Innovar con propósito, (3) Apostar por la empatía, humanidad, confianza y transpariencia, (4) Orquestar recursos humanos en pro de la agilidad y el crecimiento, (5) Colaborar a través del ecosistema y, (6) Abrazar la responsabilidad social. Este dinamismo que se recomienda encarecidamente viene a reflejarse en el «White Paper» que proporciona la OCDE, denominado «Conduciendo a través de la Cuarta Revolución Industrial. Poner a la gente en el Centro» (World Economic Forum, 2019a).

Por igual, el Foro Económico Mundial nos provee cómo mirar al liderazgo a través de una nuevas lentes, para ello provee, igualmente, seis dimensiones para el ejercicio del liderazgo en sí, estos son: (1) responsabilidad y rendición de cuentas, (2) sistemas de liderazgo, (3) tecnología de liderazgo, (4) liderazgo emprendedor, (5) liderazgo adaptativo y (6) formar sociedades (World Economic Forum, 2019a).

En adición, desde el «White Paper» «Estrategias para la Nueva Economía. Habilidades como moneda para el mercado laboral», el Foro Económico Mundial en colaboración con Towers Watson (2019b) nos advierte de la ineficiencia del mercado laboral, en tanto se aleja la adecuación de los perfiles de los trabajadores a las necesidades que va presentando la industria, presentándose el modelo actual rígido y desfasado. En este sentido, se promociona una necesidad urgente en cualificar en habilidades digitales y humanas y sociales a la población. Los modelos actuales, en los que se ha ido adecuando la formación de la población – aquellos orientados a la adquisición de conocimientos – se presentan lineales, requiriendo la formación del estudiante del reconocimiento y comprensión de sus pasiones y motivaciones, en adición de las destrezas y habilidades sociales y humanas.

Podemos apreciar, en síntesis, una problemática en la consecución de los objetivos europeos para nuestra Educación que gravita en torno a la organización, planificación y adecuación, no solo de metodologías de enseñanza-aprendizaje a los perfiles que presentan los alumnos, sino de la alineación de las habilidades conseguidas con las mismas a las exigencias del nuevo mercado laboral emergente, y de la urgente necesidad de poner a las personas en el centro desde el desarrollo y transformación de las claves del nuevo liderazgo.

Estas recomendaciones son el presupuesto en el que redireccionar la política educativa europea, que como expresa nuestra Estrategia Europa 2020, se diseñan como medio para alcanzar el crecimiento inteligente, sostenible e integrador como manera de superar deficiencias estructurales de la economía, así como para mejorar la competitividad y proveer un medio con el que sustentar una economía social de mercado sostenible (Comisión Europea (Ed.), 2019).

C) Antecedentes de la Economía del Aprendizaje: hacia donde caminar.

Este crecimiento inteligente y sostenible es lo que en los Foros Económicos celebrados desde la década de los noventa se promueve como Economía del Aprendizaje. En este sentido, Grobart (2003), advierte que para «la comprensión del actual proceso de globalización, se encuentra el reconocimiento de la innovación y del conocimiento como factores primordiales en la competitividad sistémica y la capacidad del desarrollo a nivel de comunidades integracionistas, naciones, sectores, territorios, empresas, colectividades y hasta de los individuos» (p. 44). Igualmente, subraya que «las transformaciones en el proceso innovativo a lo largo de las últimas décadas apuntan en la dirección de que estas pasan a depender cada vez más de procesos interactivos de naturaleza explicitamente social» (p.45). En este sentido, el Foro Económico Mundial (2019a), subraya, por igual, la urgente necesidad de desplazar el foco de atención en formación, organización, administración, liderazgo y sistemas, a través de la interacción explicitamente social, centrándolo en poner a la gente en el centro. Para ello se requiere de la redirección de empresas, sindicatos, insitituciones gubernamentales y educación en este sentido, valiéndose como primer presupuesto orientador de la necesidad de cambio y transformación en el liderazgo social.

Actualmente, estudios organizados en torno a la Economía del Aprendizaje, como patrón de medida del grado de innovación y socialización de instituciones educativas, nos evidencian la necesidad de impulsar un debate sobre el término innovación para dotarlo de un contenido más amplio. En este sentido, la innovación y las categorías económicas y sociales relacionadas con ésta, han estado en el centro de las discusiones políticas sobre el futuro de la economía y sociedad europeas.

En conclusión, estos antecedentes nos proporcionan una situación crítica en nuestra actual Educación (OCDE, (Ed.) 2016, Archivos Eurapapress Madirid, 2019), que, sujetandose a la agenda programática de la Estrategia Europa 2020, en pro de alcanzar el crecimiento inteligente, sostenible e integrador como manera de superar deficiencias estructurales de la economía, así como para mejorar la competitividad y proveer un medio con el que sustentar una economía social de mercado sostenible, la propia dinámica política para dicha agenda es expresada en términos de Economía del Aprendizaje. En este sentido, Grobart (2003), desde su artículo «Innovación, competitividad, globalización: Políticas de la OCDE y de América Latina en los años noventa», nos advierte que «las transformaciones en el proceso innovativo a lo largo de las últimas décadas apuntan en la dirección de que estas pasan a depender cada vez más de procesos interactivos de naturaleza explicitamente social» (p.45) como ha ido acercando el Foro Económico Mundial durante las mismas.

En este sentido, estas orientaciones vuelven a ser alineadas hacia la consecución de dicha Economía de Aprendizaje, como respuesta a la necesidad de resideño en lo roles de liderazgo, adecuación de los mismos a los perfiles del estudiante, trabajador y ciudadano, de considerar la cooperación que e espera de Insituciones Educativas, Gubernamentales y de Bienestar Social (OCDE, (Ed.) 2019a, 2019b).

Por su parte, de considerar el diálogo que se viene considerando para con respecto a la Economía del Aprendizaje, Nussbaumer y Moulert (2005) desde su artículo «La Región Social. Mas allá de la dinámica territorial de la economía del aprendizaje», promueven la necesidad de impulsar el debate sobre el término innovación con objeto de dotarlo de un contenido más amplio y ahondar en su significado con vistas al desarrollo local y regional. Por igual, subrayan como«la innovación y las categorías sociales relacionadas con ésta, han estado en el centro de las discusiones políticas sobre el futuro de la economía y sociedades europeas»(p.96).

Por igual, estos autores nos acercan una visión reduccionista del desarrollo en los modelos de innovación territorial. Para ello nos delimitan el concepto de Modelo de Innovación Territorial (ie. MIT), nombre genérico de los modelos de innovación regional en los cuales juegan un papel significativo las diferentes dinámicas institucionales locales. De acuerdo a Moluert y Sekia (2003), citados por Nussbaumer y Moulert (2005): «Estos modelos comparten un amplio número de conceptos clave que han sido usados en economías regionales o diferentes análisis económicos durante mucho tiempo, o han sido tomados de otras disciplinas, especialmente de las ciencias sociales» (p.99).

Estos autores nos advierten del apego que, a las dinámicas institucionales, estos modelos mantienen. En este sentido, dichos modelos subrayan la importancia instrumental de las instituciones para la reestruccturación económica y para la mejora de la competitividad de regiones y municipios, presentando una debilidad en torno a la mejora y modernización de las dimensiones no económicas o sectores económicos locales; no impulsados por la economía de mercado, salvo que presenten una posibilidad para contribuir al desarrollo competitivo de la localidad.

No obstante, a pesar del apego que presentan estos modelos a las dinámicas institucionales, «los MIT se mantienen fieles a la ontología económica basada en las leyes de mercado y una visión del desarrollo puramente tecnológia» (Nussbaumer y Moulert, 2005, p. 101).

Siguiendo esta línea, y con ánimo de construir la ontología del desarrollo comunitario, se considera como concepto central al término «social», esto es: la innovación social. En este sentido, y de acuerdo a la literatura sobre MIT, dicha innovación social se presenta subordinada a la innovación tecnológica, direccionándose a la mejora de la competitividad directamente (Nussbaumer y Moulert, 2005, p. 103).

Alcanzado este conocimiento, la proposición de estos mismos autores para con respecto a una nueva teoría de capital y de la innovación que se ajuste a la lógica del desarrollo comunitario como la defendida en su artículo, promociona una teoría que se sustente sobre: (a) la inclusión de la tensión existente entre los intereses provados, colectivos y públicos y la existente entre la satisfacción de las necesidades individuales y las colectivas; (b) la inclusión de varios tipos de capital existentes correspondientes a las esferas diversas de existencia de la humanidad: natural, biológica, sociocultural, etcétera; (c) el apoyo a distintas actividades humanas de reproducción dentro de cada una de estas esferas: producción de bienes y servicios, consumo, distribución (económica), gobierno, gobernanza, política, comunicación y creación artístico-cultural (Nusssbaumer y Moulert, 2005, pp. 111-112).

D) Hacía un nuevo modelo de innovación social y tecnológica: enfoque filosófico para una nueva epistemología.

En adición a la argumentación anterior, este artículo propuesto sobre la dinámica de la Economía del Aprendizaje, promueve, para el desarrollo de la comunidad, un análisis que se vincule a otras investigaciones, de manera que se logre la consideración de las necesidades existenciales de la población. Luego, en este sentido, promueven una revisión profunda de la posición epistemológica de las ciencias sociales, advirtiéndo de la necesidad de indagar, desde una perspectiva filosófica, las implicaciones de una epistemología de tipo existencial. Promoviendo, desde sus presupuestos, integrar la tensión existente entre la objetivación científica y los conflictos y demandas existenciales.

Esta tensión, por su parte, se presenta en torno a la necesidad de tomar consciencia que presenta la objetivización científica en torno a su posición en el proceso social y de adquisición de conocimiento por la ciudadanía – no olvidar quienes son los lectores de sus artículos -. De esta manera, la ontología del trabajo de estos autores ofrece un primer paso en esta dirección (p. 125). En este sentido, «formular una alternativa basada en una ontología diferente, requiere una reflexión multidimensional sobre los fundamentos mismos del desarrollo territorial» (Nusssbaumer y Moulert, 2005, p. 96)

Esto vendría a ser, empezar por transmitir innovación y tecnología últimos de una manera tal que logre la adquisición de su conocimiento por la población. En tanto mejor informada es una población en innovación y tecnología, mayor es su desarrollo económico y social; una proposición que se considera axiomática.

Por otra parte, y en adición a la propuesta de adecuación a la población de divulgación científica, la promoción de una nueva perspectiva filosófica que logre alcanzar las necesidades existenciales de la población, parece presentarse una necesidad hoy día, 2019, como así promueven las recomendaciones de diversos White Papers de la OCDE.

En este sentido, la perspectiva filosófica que se promueve gira en torno al reconocimiento del momento histórico que vivimos, un momento que atiende a la eclosión de la Cuarta Revolución Industrial y lleva aparejada consigo un avance tecnológico sin precedentes. Adecuar esta tecnología a la sociedad exige de «poner a la gente en el centro», exige de nuevas fórmulas de liderazgo, nuevas adecuaciones curriculares en educación a las necesidades del nuevo mercado laboral, exige de nuevas visiones para la educación y formación de la ciudadanía – que las encaminen en la autonomís del aprendizaje, el aprender a aprender de manera permanente -, exige de la cooperación entre instituciones gubernamentales, educativas, de regulación de derechos socales y laborales, de empresas y, por supuesto, de aquellas otras orientadas en el bienestar social (OCDE, (Ed.) 2019a, 2019b).

Luego, en tanto existe esta necesidad actual de ajuste en pro de la adecuación de los sistemas sociales a los nuevos procesos tecnológicos y de innovación, existe la necesidad de adecuar desde una nueva perspectiva filosófica, el hallagzo de una nueva epistemología que integre, desde una visión holística, la innovación social y la innovación tecnológica; no subyugando la primera a la segunda, sino alcanzando una integración de ambas desde la perspectiva de la cooperación, como así promueve (OCDE, (Ed.), 2019a).

En este sentido, empezar por el reconocimiento del momento histórico, de los nuevos patrones cognitivos y de conducta de la nueva Generación, así como de las necesidades que ya afloran desde el mercado laboral, parece presentarse crucial para conseguir alinear las necesidades existenciales de la sociedad actual con el marco político, económico y social en el que han de desarrollarse.

Siguiendo esta línea, la observancia de la transgeneracionalidad, esto es, del reconocimiento de las peculiaridades que presenta el momento histórico, social y tecnológico actual, se concibe como un segundo paso. Sirviendo como fundamentación filosófica en la que soportar una nueva epistemología, la otredad y la alteridad, así como el diálogo filosófico.

Son dos perspectivas filosóficas desde las que reconducir la observancia de las necesidades existenciales de la sociedad de hoy, así como sus propósitos para su bienestar. Algo que, se considera, se alcanza desde el desarrollo de la empatía y de valores éticos y morales que promuevan la solidaridad y la tolerancia; así como de una visión crítica y reflexiva de la sociedad para con su ecosistema.

D) Hacía la proposición de un modelo matemático para la valoración de la buena práctica educativa: ¿cómo valorar la Economía del Aprendizaje de la Educación? Una aproximación axiomática.

Alcanzada la reflexión y orientaciones filosóficas para la construcción de un nuevo marco epistemológico desde el que diseñar nociones que sirvan de soporte al aspecto social, antropológico y filosófico para la proposición de un nuevo enfoque de las innovaciones social y tecnológica, se hace preciso acercar las consideraciones que, en relación a las proposiciones de valoración, promueven investigaciones recientes.

Siguiendo esta línea, «las pequeñas y medianas innovaciones son las que dan fuerza, vigor y dinamismo a un sistema local o regional de innovación que esté incardinado en una sociedad y disfrute de un alto grado de aceptación por parte del público». En este sentido con objeto de identificar las mismas, así como ponerlas en valor, se requiere investigar los espacios civiles de innovación social que generan buenas prácticas, como así nos advierte Echevarría (2008) desde su análisis de «El manual de Oslo y la innovación social».

Luego, podemos apreciar que se requieren de modelos con los que poner valor a las buenas prácticas que se acaecen en espacios civiles; como lo son las aulas de nuestra Educación. Como acabamos de señalar, son las innovaciones pequeñas o medianas las que promueven ese dinamismo a un sistema local o regional. En este sentido, se exige de la promoción de técnicas y modelos matemáticos que permitan tomar medidas eficientes y eficaces de la innovación social y tecnológica dentro de estos contextos.

Una proposición que exige, por igual, de una nueva ontología de lo que se entiende y valora en innovación tecnológica en educación (Nusssbaumer y Moulert, 2005). Siguiendo esta línea cabe preguntarnos: ¿tiene sentido valorar la innovación tecnológica del aula desde la consecución del logro de cursos en formación del profesorado si luego no es aplicada tal formación en el aula? En este sentido, cabe recuperar el cuestionamiento de Bolívar (2019), cómo España siendo uno de los países que más presupuesto destina a la formación del profesorado, no termina de hacer observable dicha formación en las aulas. Por igual, cabe recuperar la propuesta de Cabero (XXX): promocionar investigaciones que saquen a la luz el grado de innovación de nuestra Educación, qué de aquello que se promueve es llevado a cabo en el aula. Luego, de acuerdo a estas reflexiones ¿será fundamental y necesario considerar la valoración del uso de la innovación en el aula, así como la satisfacción del alumno para con la misma?, ¿será fundamental y necesario considerar la valoración de la percepción de alumnos y profesores de aquello que se hace en el aula?, ¿será fundamental y necesario considerar la valoración de las preferencias metodológicas de los alumnos?

Estas cuestiones comprenden la esencia de un «estudio de mercado», con lo que aplicar el márketing estratégico en nuestras aulas en pro de la consecución de modelos matemáticos que nos devuelvan curvas de aprendizaje y experiencia, como así son utilizadas en empresas, parece una propuesta inteligente con la que comenzar a dar otro sentido a nuestra educación. Es altamente probable que ganemos todos en reconocimiento social y tecnológico, que consigamos un efecto económico expansivo en el «output» de nuestra educación, para con los recursos humanos y tecnológicos comprometidos. Es altamente probable, por igual, que logremos mejorar la eficacia y eficiencia de nuestros procesos administrativos y organizacionales. Luego, sería entonces cuando podríamos hablar de orientar innovación social e innovación tecnológica en el desarrollo económico social, económico y sostenible, esto es: la mejora continua propia y característica de una Economía de Aprendizaje, al menos desde la perspectiva estrictamente matemática.

Algo es sostenible si continua en su proceso de mejora hacia un infinito, de no ser así, nos limitaríamos a economías de escala y de alcance, en las que encontramos puntos de «saturación»; aquellos en los que inversión marginal se equipara al coste marginal y limitan las respuestas en productividad, eficiencia y eficacia de los sistemas hasta determinados límites, fronteras, presupuestos, compromisos de recursos, etcétera.

Para que entiendan bien lo que se pretende acercar, considere el siguiente ejemplo:

Usted dispone de un terreno que destina a una plantación concreta. Se ha decidido a mejorar su productividad desde el rasero del tiempo, ya que le urge terminar con la labor por condicionantes climáticos que se preven. De esta manera, considera la contratación de bastantes trabajadores. En este sentido, existe un número de trabajadores tal, que es óptimo; ya que a partir del mismo, unos trabajadores empiezan a entorpecer a otros, en tanto no disponen de espacio suficiente para moverse. Ésto sería haber alcanzado esa «saturación», haber alcanzado en este sistema igualar nuestro ingreso marginal a nuestro coste marginal.

Sin embargo, si nuestro campo fuera infinito en proporciones, no lograríamos alcanzar esa saturación, esto es, dispondrían de espacio infinito con lo que cabría la humanidad en el campo. Aquí es cuando hablamos de que algo brinda la oportunidad de ser sostenible, brinda la oportunidad de mejora contiua.

No obstante, hablar de mejora continua y sostenibilidad requiere que, aunque el campo se infinito, la experiencia de los trabajadores, la ubicación de los mismos, el uso de unas herramientas por otras, la disposición de los surcos de la tierra de una manera por otra, etcétera; nos devuelva un efecto expansivo económico. Esto es, que la reiteración en el proceso, desde la experiencia, nos ofrezca maneras con las que hacer las cosas cada vez más productivas. Es por esto que «según siembras, así recoges» (Aristóteles), luego si cada vez mejoro mi técnica y conocimiento sobre las cosas, sabré que abonos utilizar y en qué cantiades, cómo tratar mejor mi siembra, a qué profundidad enterrar mis semillas, con qué cantidad de agua regar y con qué frecuencia, a qué distancia unas de otras mis plantas crecen más fuertes y vivas, qué me conviene mejor en su disposición al tutorarlas (¿será la parrilla o no?, etcétera).

Bien, pues este ejemplo es perfectamente extensible a nuestra Educación si sencillamente empezamos por valorar: frecuencia y uso de metodologías, adecuación de percepción sobre lo hecho en clase por alumno y profesor, reconocimiento de las preferencias de los estudiantes, así como de la satisfacción con las metodologías empleadas.

En este sentido, considerando una extensa bibliografía sobre innovación metodológica en intervención educativa, podemos abstraer aquellas formas de trabajar que fácilmente son identificadas desde cada una de las variables diseñadas, en tanto presenta, cada una de ellas, características únicas con las que valorar las observaciones.

Introducir los items observados en un modelo matemático resulta una apuesta innovadora, útil, eficaz y eficiente, con la que ayudar a desarrollar nuestra Economía del Aprendizaje en Educación. ¿Cómo valorar, graduar y planificar la acción educativa?

E) Entendiendo la Economía del Aprendizaje desde su aproximación matemática y económica.

La funcionalidad de un MIT ha de ser vista desde una perspectiva holística, integradora ( Nusssbaumer y Moulert, 2005 ). En este sentido, el holismo nos ofrece una visión totalizadora de las partes de un sistema, que transciende al mero agregado de las mismas. De esta manera, postula que tanto los sistemas como aquellas propiedades que éstos presentan han de ser analizados en su conjunto y no solo a través de sus partes (Wikipedia, 2019)

El holismo, por su parte, guarda una estrecha relación con la sinergia y ésta, a su vez, con la economía de escala y el aprendizaje por insight. Es así como podemos reforzar la intención de dirigir el análisis matemático por este paradigma.

No obstante, para comprender la expresión económica y matemática de la Economía del Aprendizaje, así como la manera de adecuarla a la Educación, se hace necesaria la exposición de la economía de escala y de la economía de elcance.

Siguiendo esta línea, la economía de escala se produce cuando el incremento en el output es más que proporcional al incremento unitario adicional de los inputs (Polieconomics (Ed.), 2019a). Luego, podemos apreciar el transfondo filosófico aristotélico del holismo, así como de la sinergia, la teoría de la Gestalt y la Teoría de la Unicidad: «el todo es mayor que la suma de las partes» (ver Wikipedia, 2019)

No obstante, de circunscribirnos a esta primera aproximación económica, nos detendríamos exclusivamente en la mayor capacitación de habilidades y competencias de nuestros estudiantes para un coste educativo análogo al actual. Obviamente atiende a cambios metodológicos y organizacionales. Con todo, esta aproximación es limitada, con lo que, dado el carácter de productividad que se alcanza en la repetición del trabajo, ésta nos conduciría a la «economía de alcance» (Polieconomics, (Ed.), 2019b). Ésta comprende el acceso a cada vez mayor número de recursos (metodologías a ofrecer) en tanto más se especializan docentes, discentes e instituciones.

Sin embargo, si el discernimiento reiterado nos ha conducido al prisma de la búsqueda de la sinergia económica y de la economía de alcance, el cuestionamiento en pro del aumento de eficiencia continua que proporciona la experiencia de todos los sujetos involucrados en el proceso educativo nos ha conducido a la «Economía del Aprendizaje».

En este sentido, el aumento del aprendizaje ayuda a minimizar los costes, vistos estos como: aumentar la eficiencia (mejores rendimientos académicos/satisfacción del discente/satisfacción del docente, por ejemplo) al reducir interferencias en el proceso educativo (mejora de la gestión del tiempo en la práctica metodológica, por ejemplo); I+D y sinergias que afloran desde el desenvolvimiento de dicho proceso; mejora de la gestión que ayuda a coordinar y equilibrar las diferentes funciones y acelerando el proceso educativo (Polieconomics, (Ed.), 2019c).

De esta manera, la sistematización que proporciona un modelo estadístico-matemático con respecto a la información histórica sobre la productividad de los alumnos nos devuelve una curva de aprendizaje con el que analizarlo. De considerar el aprendizaje de toda la Institución Educativa, así como de sus procesos, hemos de valernos de la sistematización de la información de los mismos a través de una curva de experiencia (Polieconomics, (Ed.), 2019c).

En este sentido, un modelo matemático de planificación de la producción/acción educativa, en consideración a los objetivos de estudio propuestos anteriormente: frecuencia y uso de metodologías, adecuación de percepción sobre lo hecho en clase por alumno y profesor, reconocimiento de las preferencias de los estudiantes, así como de la satisfacción con las metodologías empleadas; nos sirve de vehículo para tal fin.

Con todo, se presenta como una orientación primera, la consecución de un modelo estadístico-matemático desde el que abstraer la dinámica de las valoraciones de los objetivos que se proponen. Éste proporcionaría una información primera, a partir de la cual ensayar el modelo matemático para las curvas de experiencia y aprendizaje.

¡Un saludo a tod@s los seguidor@s y lector@s de negocioonine.net!

Atentamente,

Verónica García-Melero

Bibliografía

(se subirá próximamente y se revisará más detenidamente la redacción)

Cómo reducir la tasa de abandono escolar en menos que canta un gallo.

Desde la década de los noventa, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (i.e. OCDE) viene subrayando la urgente necesidad de adecuar la formación educativa a los perfiles de trabajo que esperan a la generación de cada momento histórico. De esta manera, desde los años noventa hasta nuestro presente, se han ido sucediendo nuevas generaciones, accediendo al mercado laboral progresivamente: la Generación X, la Generación Y, y a día de hoy, ya empieza a incoporarse la Generación Z.

Si consideráramos, sencillamente, cómo la tecnología que nos rodea nos condiciona en habilidades, destrezas e, incluso, deja huella sobre nuestros procesos cognitivos; rápidamente sería entendible abstraer la necesidad de adecuar la formación que recibimos al momento histórico que nos ocupa. Es axiomático que nuestra formación educativa ha de casar con el mercado laboral que nos espera, luego, hemos de capacitarnos en habilidades y destrezas acordes con nuestra realidad, con nuestro hoy.

Para facilitar una mejor compresión de la conexión entre la innovación social y la innovación tecnológica, basta con acercar el siguiente ejemplo:

La Generación de los Baby Boomers fue aquella en la que eclosionó la «televisión» como nuevo medio de comunicación. ¿Les parecería increible que desde una caja recibieran imágenes y sonido?, ¿cómo creen que pudo condicionar sus vidas este nuevo invento? Desde luego que el acceso a información inmediata, visualizando el mundo que nos rodea, ha podido transformar radicalmente ese momento histórico.

La Generación X, la generación perdida, ésta fue aquella en la que eclosionó la «informática e internet» desde sus inicios. ¿Les parecería increible que desde una caja y un teclado crearan trabajos con imágenes y tablas, que crearan bases de datos, que organizaran sus trabajos, que guardaran todos estos mismos recursos en un disco blando o disquete 3/4?, ¿les parecería increible que poco después pudieran acceder a información que queda grabada en una nube, diseñar entornos web desde los que ofrecer sus servicios, publicitarse, alcanzar medios de comunicación mundiales?

La Generación Y, o la generación de millennials, ésta fue aquella en la que eclosionó la «transformación de internet y la web 2.0». ¿Les parecería increible que desde su caja y teclado y el desarrollo de internet, pudieran acceder a medios de comunicación audiovisuales internacionales, crear entornos personales sociales, participar en redes sociales, subir imágenes y comentarlas, acceder a nuevos recursos tecnológicos que facilitan el acceso al conocimiento, interactuar con ellos, acceder a prensa digital nacional e internacional, todo a un solo click?

La Generación Z, o la iGeneration, ¿Les parecerá increible que, ocupando su generación el momento histórico del desarrollo web 3.0, el IdC (Internet de las Cosas) los Big Data, la IA (Inteligencia Artificial), la nanotecnología y los nuevos sistemas y métodos financieros; el momento histórico en el que el acceso a la información es simplemente pasando el dedo en pantallas digitales, consiguen inmediatez en las respuestas, pueden valerse de desarrollos tecnólogicos en todas las esfereas de conocimiento, se han transformado sus «patrones» cognitivos, habiendo nacido en un momento histórico aletargado por crisis económicas mundiales, cambio climático y deterioro medioambiental – lo que ha condicionado su preocupación por el medioambiente, la seguridad y la sostenibilidad- …les parecerá increible que todavía hoy en clase se sirvan de esa tecnología que disfrutó la Generación X: power-points y proyectores, la pizarra y el profesor en el centro…como síntoma de avance social y tecnológico?

Personalmente, creo firmemente que abrir un libro y poner a los «niños» a trabajar lo hace cualquiera. Creo firmemente que hacer un power point con contenidos, que ya te encuentras en cualquier parte, lo hace cualquiera. Creo firmemente que ir del Oráculo del Infinito Saber, propio de un sistema que te hace estudiar un «pestiño» de temario que a los pocos años de estudiarlo se te ha olvidado ya que recuerdas lo poquito que haces en clase, es un gran atraso. Este método lo único que deja en la mente del profesor «fariseo» es la prepotencia de querer hacerse sabio a sus propios ojos, es imponerse al alumno porque se estudió ese temario que vagamente recuerda, al menos por lo que he podido comprobar. Razón por la que, desde su falta de humildad, parece no querer promocionar la formación desde el rol de leader, vayan los «niños» a acceder a goolgle y lo dejen por «tonto» (hablo desde el conocimiento al respecto que me han transmitido muchos estudiantes).

¿O es que su creatividad es limitada y no sabe cómo desarrollar actividades que involucren a los «niños» en su aprendizaje»? En este sentido, promocionándose con tanta urgencia el «aprender a aprender» en la población, como así lo recomienda la OCDE, ¿podrá enseñar a «aprender a aprender» el profesor que no sabe aprender a aprender para sí mismo? Disculpe si me cuestiono su versatilidad y profesionalidad, pero es que ya no sabe una a que puede deberse. Desde luego que el profesor ha de ser visto como aquel profesional que va más allá del libro de texto, digo yo.

He visto de todo…lo que es muy triste es que no sepan nisiquiera desarrollar un trabajo cooperativo. Nada tiene que ver con hacer un trabajo en grupo. Ésto requiere de saber trabajar las metodologías. Luego, no es de extrañar que haya «niños» que no quieran grupo porque no están «cooperando». Cooperar requiere la implicación responsable en las cosas, y esa responsabilidad empieza en el profesor. Empieza en saber diferenciar qué es cargar el peso de un trabajo en los «niños» más trabajadores y qué es «enseñar a cooperar». «No es lo mismo ser que estar, no es lo mismo […]» (Alejandro Sanz).

¿Tendrá usted que enseñarse a cooperar y reponsabilizarse con su trabajo?

¿Tendrá usted que enseñarse a cooperar y responsabilizarse por y con el momento histórico de los «niños»?

Será bueno que consideren la cooperación, será lo próximo que se promueva en nuestra Unión Europea. ¿Por qué? Porque así ha dilucidado la OCDE, la misma que cuestiona la capacidad de respuesta de los sistemas educativos desde el prisma del resultado -el alumno-, pruebas PISA, entre otras cosas. También es quien promociona las directrices para el marco político, social y económico, así como de bienestar, para las Estrategias Europeas. No se olvide de la cooperación.

No se olvide de que tenemos la tasa de abandono escolar más elevada de Europa, y bien alejada de la de nuestros países vecinos desarrollados. ¿Se aburrirán los «niños» porque no está teniendo en cuenta sus características personales y momento histórico?

He leído ya mucha literatura en la que promueven que se actualice el profesorado estudiando un Máster de Profesorado. Pues bien, esto debería ser una obligación para poder trabajar. Resulta que para el ejercicio de la enseñanza de todas aquellas personas que hoy se quieren comprometer con la Educación, aquellos que han estudiado cualquier cosa – salvo magisterio-, se les EXIGE un Máster en Formación. ¿Será el Sistema Educativo justo si se promueve la maestría para TODOS? Ya me vale que sea catedrático, por lo que he podido comprobar.

También he podido leer bastante literatura al respecto de la evaluación del profesorado. Para empezar, se promueve dentro del marco político educativo como una OBLIGACIÓN. Sin embargo, también he leído propuestas para evaluar que parecen la Biblia en pastas. Extraordinariamente estúpidas. ¿Por qué no pasan entre sus alumnos un sencillo cuestionario para que valoren su actividad y expresen lo que les gustaría hacer?, ¿no serán los alumnos los que han de evaluar al profesorado, como así sucede en los países más desarrollados?

Es paradójico que corran a utilizar en las referencias de sus investigaciones los trabajos que promueven estos sistemas educativos, tan comprometidos con la motivación de sus alumnos. Y digo «en utilizar», porque parece ser que poco cala, lo que supuestamente han leído y luego escrito, en sus clases.

La motivación en EEUU e Inglaterra, la conozco de manera personal y bastante bien, es, tal, que mandan al pasillo al profesor y preguntan al alumnado, después de haber pasado el cuestionario, qué tal de bueno es – empezando con el trato hacia sus alumnos -. Es muy probable que si tuvieramos esto, además de una formación actual, se alcanzaría el techo de la tasa de abandono escolar en menos que canta un gallo. Parecería ciencia infusa.

La verdad, decir las cosas con claridad y sin tanto preámbulo terminan por aflorar necesidades y maneras con las que satisfacerlas, en vez de estar dando tanto palo al tambor, con ese hipócrita protocolo. Como diría Lao-Tsé, «las palabras bonitas no son sinceras, son protocolarias. Las palabras sinceras, no son hipócritas, no son tan bonitas, sin embargo dicen la verdad».

Con mucho mucho amor, a mi hijo. Estoy inmensamente feliz de saber en el colegio que está, pocos son los centros que se encuentran tan comprometidos con la verdadera educación y con educar en el momento histórico del alumno.

Sin embargo, no todos los centros cuentan con profesores tan comprometidos, lo que no quita que los haya. Es una realidad que hay mucha gente joven emprendedora innovando, también los hay más mayores, pero parece ser que exceden en número aquellos profesores nada comprometidos con sus alumnos, nada comprometidos con su momento histórico. No se empestiñen en decir que así hemos estudiado todos, puesto que la tecnología y la inmediatez de acceso a la información ha condicionado exageradamente la respuesta cognitiva de los niños y jóvenes de hoy. Amén de sus habilidades.

En este sentido, no se abandere de hablar de la inclusión y de la buena educación, porque ni está reconociendo a la Generación Z, la de hoy, ni está siendo educado. Si consideramos que la pedagogía es cómo educar, bien poco la adecua el «fariseo» a sus estudiantes. Es algo que bien sabemos todos, sólo que yo soy clara como el agua y le digo en su cara, «FARISEO». Que son muchos los fariseos que desmotivan y desmoralizan, abaten o desaniman, a muchísimos jóvenes que han estudiado el mismísimo magisterio.

A ver si alguien ve la luz y promueve medidas simples y eficaces para que crezca la nueva Generación en un Sistema Educativo plagado de personas que adoran la Educación y a sus «niños». Personas con vocación. Que por cierto, hay muchísimas, pero parece que son las menos trabajando en España.

Le recuerdo que no se ha de reír,…no se ría, no se ría…y no es que yo sea la bruja avería, pero veo, veo, veo venir…un máster, un breve cuestionario de evaluación del profesor dos veces al año y poner al jefe de estudios a hacer algo por la patría, como preguntar a los niños, después del cuestionario..Hola! ¿qué tal en la bola de cristal?

Ea, y así se acabó tanta «farfolla». Con tres medidas gratis, porque recuerden…el máster nos lo pagamos todos.

ki ki ri ki

Verónica García-Melero

Bibliografía

No creo que haga falta ninguna.

Entusiasmo, Acción y Motivación. Epistemología de la Voluntad del Alumno.

Siembra un pensamiento y cosecharás un acto, siembra un acto y cosecharás un hábito, siembra un hábito y cosecharás un carácter, siembra un carácter y cosecharás un destino. Según siembras, así recoges.

Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.)

Esta entrada tiene por objeto una reflexión espistemológica sobre la voluntad del alumno. Ésta se presenta crucial para su motivación y la persistencia en su aprendizaje; con lo que, a título personal, me parece uno de los temas más interesantes para cualquier profesional de la educación y formación.

Desde el descubrimiento de diferentes áreas o campos de conocimiento con que se relacionan el entusiasmo, la motivación y la voluntad del aprendiz para con su aprendizaje, así como el interés que puede presentar para la educación y formación del mismo en contextos educativos formales, no formales e informales; estudiar cómo se triangulan emoción-conducta-acción se presenta muy interesante para un análisis epistemológico.

En adición, desde la reflexión, se ha logrado conectar dicha triangulación con las competencias clave que favorecen la voluntad del aprendiz, así como aquellas metodologías que posibilitan un desenvolvimiento de dichas competencias para con la persistencia del individuo en su aprendizaje.

De esta manera, se pretende dar respuesta a las siguientes cuestiones:

¿Cúal el la gnosis de la voluntad?

¿Cómo se relaciona con el aprendizaje?

¿Con qué Competencias Clave está especialmente vinculada la voluntad?

¿Cúales serían aquellas metodologías que ayudan extensiblemente a promocionar esta voluntad en el alumno?

A) La importancia de la motivación: su triangulación con el entusiasmo y la voluntad.

Aquellas primeras preguntas que nos han conducido a dilucidar el qué, para qué y cómo de esta aproximación epistemológica, han sido: ¿por qué están desmotivados los alumnos y se quejan tanto los profesores sobre esta conducta?, ¿será algo mutuo, la desmotivación de uno revierte en el otro?, ¿qué pensamientos filosóficos hay al respecto?, ¿con qué se relaciona la motivación?, ¿qué ofrecen diversas investigaciones al respecto?

Actualmente son muy diversos los estudios que se centran en la motivación dentro de la acción educativa. En este sentido, ya sea enfocado el estudio en: la incidencia que sobre la conducta del estudiante tiene la aplicación de una metodología u otra  (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004); o cómo para alcanzar la zona de desarrollo óptimo en nuestros procesos cognitivos se requiere de la socialización (Vigostky, 1987) o cómo la significancia del material propuesto exige de la motivación, de la predisposición positiva del aprendiz para lograr un aprendizaje significativo (Ausubel, 1976); o, adicionalmente, requiere bien de la relación interpersonal y emocional para alcanzar dicho aprendizaje significativo (Novak, 1983); o bien de  la conexión con la realidad (Gowin, 1981); el paradigma que une a todos estos diferentes estudios es su enfoque epistemológico. Esto es, la gnosis de la motivación.

En este sentido, ¿cuál es la verdad del conocimiento de la motivación?, ¿cómo se consigue?, ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Para conseguir profundizar en la esencia de la motivación, en el porqué de ésta, hemos planteado el siguiente axioma:

«Lo bueno, si breve, dos veces bueno» (Refrán Popular).

«Es incuestionable la atracción que todo ser humano siente hacia las cosas rápidas y fáciles de entender o conseguir, especialmente si aquello que se    pretende  nos   ha llevado en otras ocasiones una considerable inversión de nuestro tiempo y esfuerzo. Es muy gratificante ese momento en el que logramos comprender una explicación a la primera y somos guiados por nosotros mismos a dilucidar la solución de un problema con pasmosa celeridad. Posiblemente el entusiasmo recorra nuestro cuerpo y nos encienda de alegría».

Podemos apreciar que el entusiasmo viene ligado a la motivación, sin embargo, ambos conceptos son muy diferentes. Porque es el entusiasmo el que nos conduce a la motivación y, la motivación, la que nos logra entusiasmar. Ambos vienen a ser dos caras de la misma moneda y, en tanto uno conduce al otro, vienen a comportar un ciclo sempiterno de nuestra actitud positiva hacia nuestras metas y objetivos de aprendizaje. Para explicar tal afirmación, consideremos la siguiente argumentación:

De acuerdo al «Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico«, «el entusiasmo, individual o colectivo, es la exaltación, la exaltación del espíritu humano que sale de su estado reflexivo y tranquilo, conmovido generalmente por un impulso desconocido hacia lo bueno, hacia lo bello» (Almirante, 1869, p.407). Tiene su razón de ser esta definición en su etimología, pues es una voz usada en la antigua Grecia, compuesta a su vez de tres: en, theou, asthma, que juntas son: “Soplo de Dios”, o lo que es traducido también como llevar un dios dentro (Almirante, 1869). Definición etimológica que igualmente comparten las Sagradas Escrituras con aliento  ̶  o soplo  ̶  de Dios, el cual fue insuflado al hombre y lo diferenció del resto de criaturas. Pues con él, somos hechos a imagen y semejanza de Dios (Biblia Reina Valera, 1960, Génesis 2:7).

Al entusiasmo por lo bueno, a esta chispa divina, a esta exaltación del espíritu, nos conmueve un impulso desconocido. Esta conmoción tiene su origen en el vocablo latino commotio, commotionis “sacudida”, derivado de commovere, que significa “poner en movimiento”. Etimología que comparte con la palabra mover (Spanish Oxford Living Dictionary, 2019, conmoción). Siendo esta misma palabra la que da significación a la motivación, esto es, causa del movimiento, del latín motivus o motus (Wikipedia, Motivación, 2019). Lo que en una aproximación de la psicología es definido como “la raíz dinámica del comportamiento”; es decir, “los factores o determinantes internos que incitan a una acción” (Pinillos, 1977, p.503).

Luego, podemos discernir que los factores internos  ̶ en una primera aproximación de la definición de motivación  ̶  que nos conducen a una acción, son los que, de mantenerse hasta el fin, nos contagian de entusiasmo. También podemos discernir que somos susceptibles de poner en movimiento nuestra conducta cuando hayamos factores o determinantes internos que nos incitan a esa acción. Como se puede apreciar, ambos conceptos se complementan, se interrelacionan y se originan mutuamente, no excluyéndose; viniendo a ser el entusiasmo un estado de ánimo, una exaltación, y la motivación, una conducta.

Alcanzado este punto, cabe cuestionarnos: ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Siguiendo esta línea, ambas, belleza y bondad, no son sino dos de las virtudes cardinales que Tomás de Aquino definió para la consecución de la realización humana, su plenitud y perfección, alcanzar el bien de su especie, su felicidad, su bienestar (Robles y Robles (Ed.), 2007).  En este sentido, para Tomás de Aquino esta bondad es una de las tres propiedades inherentes del ser de las cosas que, junto a la verdad y unidad de las mismas, confieren la transcendencia del ente. Si bien todo ente es inteligible, es posible preguntarnos si esta estrecha relación entre entusiasmo y motivación confiere el carácter de unidad del movimiento de la voluntad a hacer algo y a la vez, la esencia de dicho movimiento o motivo es lo que nos conduce a manifestarlo en el acto, en la voluntad de llevarlo a cabo (Robles y Robles (Ed.), 2007).  

Luego, por extensión, nos entusiasma aquello que concebimos como virtuoso de lograr, lo que comporta, en su dimensión ontológica, la bondad de las cosas, esto es de acuerdo a Tomás de Aquino, lo que es apetecible por la voluntad (Robles y Robles (Ed.), 2007).

Albert Einstein, en su legado de frases célebres, nos dejó con respecto a la bondad de las cosas de Tomás de Aquino que: «hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad». De acuerdo a Sánchez (2014), la voluntad – del latín voluntas-atis, cuyo significado es querer- es algo que se puede aprender y desarrollar, algo que se puede entrenar como un músculo. Esta voluntad implica otros muchos factores, como son: a) nuestra capacitación para la toma de decisiones, b) nuestra predisposición hacia el descubrimiento de las cosas, c) nuestra determinación hacia la consecución de nuestros objetivos y metas y la capacidad de evaluación sobre los mismos que comporta y, d) la acción, como factor desencadenante de aquello que queremos. 

De acuerdo a Tomás de Aquino, «nuestros sentidos se deleitan por aquello que posee dimensiones perfectas», éste es el sustrato que subyace a su Teoría sobre la Divina Proporción y que nos ha permitido apreciar la interrelación existente entre motivación, entusiasmo y voluntad. En este sentido, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que consideramos creado o dispuesto en su proporción justa. Luego, como hemos discernido más arriba, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que entendemos bello y bondadoso, haciéndose apetecible a nuestra voluntad, de manera tal que: desencadenamos nuestra conducta hacia su consecución, nos predispone a la acción, a la toma de decisiones y al deseo por el descubrimiento de las cosas (Sánchez, Robles y Robles (Ed.), 2007).

B) ¿Cómo se relaciona con el aprendizaje?

Alcanzar una predisposición positiva del el aprendiz en su propio aprendizaje se presenta como una circunstancia necesaria, junto a la disposición de material significativo, para que se produzca un aprendizaje significativo (Ausubel, 1976).

No obstante, Novak (1983), postula la insuficiencia de estos dos condicionantes para que se produzca dicho aprendizaje significativo. En este sentido, desde sus estudios promueve la necesidad, por igual, de la relación interpersonal y emocional para alcanzar dicho aprendizaje significativo. Circunstancia que por igual promueve Vigostky (1987), postulando que el desarrollo óptimo en nuestros procesos cognitivos requiere de la socialización (Vigostky, 1987).

Sin embargo, de acuerdo a Gowin (1981), la predisposición positiva del aprendiz por el aprendizaje, el material significativo y la relación interpersonal y personal para promover el desarrollo óptimo de nuestros procesos cognitivos y con ello alcanzar un aprendizaje significativo para con la experiencia vivida; se presentan insuficientes si no son experimentados en diversos contextos, en los cuales el aprendiz puede reproducir su aprendizaje, adecuándose a dicho contexto. En este sentido, se presenta como condición necesaria la conexión de dicho aprendizaje con la realidad para alcanzar significación (Gowin, 1981). Es por esto que la esquematización mental, la abstracción de ideas, se presenta, por igual, fundamental para poder contextualizarlas.

Como podemos apreciar, el aprendizaje, como objeto hacia el que promocionar la conducta del alumno, así como su entusiasmo y voluntad, se presenta como un eje central en torno al que dirigir los esfuerzos metodológicos y técnicos del profesor para lograr significación en su ciencia.

En este sentido, cabe cuestionarnos: ¿qué es el aprendizaje?, ¿qué relación se establece entre la motivación y el esfuerzo?, ¿existe una necesidad adicional para potenciar dicha motivación en la educación reglada?

Siguiendo esta línea, Fernández-Abascal, Martín y Domínguez Sánchez (2001), definen el aprendizaje como «un cambio relativamente permanente de los mecanismos de la conducta, debido a la experiencia con los acontecimientos del medio».

De considerar una reflexión para con dicha definición, podemos apreciar que la memoria no aparece en dicho aprendizaje, ésta no se adquiere: En este sentido, lo verdaderamente definitorio es el cambio que en el organismo producen las experiencias de los acontecimientos vividos; luego, una de las carácteristicas más significativas es que aprendemos de lo que hacemos. De esta manera, la educación ha de acercarse a la actividad con diferentes experiencias para poder crear cambios en los mecanismos de conducta, en lugar de centrarse en la memorización para la superación de un examen (VV.AA., 2017a).

De acuerdo a este argumento, Aldana (2014) promueve, desde la aplicación de la biología en la neuroeducación, la necesidad de propiciar experiencias altamente impactantes en los alumnos, que descansen en la diversidad de tareas, promuevan la socialización y relaciones interpersonales y personales; así como aquellas que permitan los procesos aferente-aferente neuronales; esto es, procesar la información. Presentándose vitales para la consecución de los mismos: la toma de notas reflexionada, la esquematización de ideas, la construcción de pensamiento por reflexión, y aquellas actividades que impliquen la involucración activa del aprendiz en su propio aprendizaje.

Señalando, por igual, la importancia del propio movimiento físico para una mejor respuesta cognitiva en el proceso de aprendizaje y la necesidad de presentar una diversidad de métodos y técnicas con las que mantener la atención del alumno. En adición, advierte de lo improductivas que se presentan las clases magistrales, de exposición de contenidos, en tanto nuestra atención para con la información recibida se distrae alrededor de los quince minutos (Aldana, 2014).

De acuerdo a este doctor en biología, neuroeducador e investigador, la diversidad de técnicas y metodologías que promuevan los procesos de aferencia-eferencia óptimos estriban en una alta dosis de entusiasmo, de motivación; razón por la cual se presenta necesaria una definición más detalla de la motivación y su relación para con el esfuerzo, desde la que poder abstraer porqué es una conducta, de qué manera se presenta o puede reconducirse y cúal es su peso para con la educación reglada.

Una primera consideración sería aquella que descansa sobre nuestra elección para con nuestros aprendizajes. De esta manera, en tanto somos humanos y elegimos nuestras opciones de entre las alternativas que se nos presentan, nuestro aprendizaje comprende nuestra experiencia vivida para con nuestra opción y su consonancia con nuestra implicación activa en dicho aprendizaje y modificación de la conducta (ver VV.AA., 2017a).

De acuerdo a este argumento, se presenta fundamental una primera aproximación con relación a la intención dirigida o no hacia nuestro aprendizaje. En este sentido, cabe clasificarse el aprendizaje como: (a) incidental y (b) voluntario o intencional.

Siguiendo esta línea, el aprendizaje incidental «se caracteriza por producirse sin necesidad de una acción educativa intencional dirigida a promoverlo o favorecerlo, ya que se apoya en procesos elementales como la observación, la imitación, la escucha, la repetición y la interacción con
objetos, animales u otras personas»
(VV.AAa., 2017, p.4).

Por el contrario el aprendizaje voluntario o intencional, «es a través del cual se adquieren sistemas complejos que no se pueden asimilar de otra manera más sencilla o intuitiva y, por lo tanto, se sustenta en
contextos educativos específicos de carácter institucional»
(VV.AA., 2017a, p.4.) Razón por la cual requiere de la motivación como ingrediente fundamental, ya que precisa de un esfuerzo voluntario, exigiéndo, en adición, de la intervención de un agente educativo o docente (VV.AA.,2017a)


Podemos apreciar como nuestra interacción para con la información recibida, aquella experiencia que altera nuestros mecanismos de conducta, es lo que nos proporciona un aprendizaje. Ambos aprendizajes analizados, incidental y voluntario o intencional, son fundamentales para el desarrollo del individuo; no obstante, de considerar una serie de procesos básicos de la conducta – motivación y voluntad – nos posiciona en unos sistemas más complejos para su asimilación. Luego, atendemos a la voluntad del alumno, a su predisposición hacia el aprendizaje, -su motivación -, así como a la exigencia de un apoyo externo a través de la acción educativa intencional, sistemática y planificada, para poder reconducir este aprendizaje voluntario, razón por la que definirlo intencional (VV.AA., 2017a).

En este sentido, se aprecia la necesidad de dirigir los esfuerzos de la acción docente en la conducción del alumno en la voluntad y motivación por su aprendizaje. De esta manera, se presenta fundamental propiciar experiencias estimulantes con las que conseguir una predisposición positiva hacia el aprendizaje por el alumno y, así, conseguir su motivación. Lo que nos conduce a la siguiente cuestión.

C) ¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos    factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su   “voluntad” por aprender?

Desde el discernimiento sobre la gnosis de la motivación, hemos podido apreciar su triangulación con el entusiasmo y la voluntad, ahora consideraríamos la siguiente pregunta, en tanto nos centramos en cómo conseguir que los alumnos se motiven, a la vez que consiguen habilidades y destrezas en que han de instruirse: ¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su “voluntad” por aprender?

En este sentido, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, subraya la importancia y necesidad de incardinar en los currículos escolares metodologías de enseñanza-aprendizaje que posibiliten la consecución de los objetivos que persiguen cada una de las competencias en que se segrega la finalidad de la educación del alumno.

En concreto, son las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y espíritu empresarial las que contienen estos factores que implica la voluntad. Por una parte, la competencia en aprender a aprender se caracteriza por “la habilidad para iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje. Esto exige, en primer lugar, la capacidad para motivarse por aprender” (Euroinnova (Ed.), 2016, p.149), por otra parte, la competencia de sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor implica «las habilidades necesarias para convertir las ideas en actos, como la creatividad o las capacidades para asumir riesgos, planificar y gestionar proyectos […]con objeto de mejorar la educación actual, aumentando su calidad y estableciendo procesos de capacitación»· (Euroinnova (Ed.), 2016, p.201).

D) Hacia la elección de una metodología idónea: reflexión estratégica para su consecución.

Cabría ahora preguntarnos: ¿qué metodologías se promueven para el desarrollo de las competencias transversales sobre aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial?

De acuerdo a la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, las metodologías de enseñanza-aprendizaje, en su grueso, habrán de orientarse a la cooperación y trabajo en pares ya que contribuyen extensiblemente al desarrollo competencial que se exige en el estudiante.

Con relación a la Competencia de aprender a aprender, el proceso de enseñanza-aprendizaje habrá de valerse de metodologías que favorezcan la autorregulación de la conducta, la disciplina, el sentido crítico, el sentido de la responsabilidad, lo que implicará la involucración activa del estudiante en su propio proceso de aprendizaje (Euroinnova, (Ed.), 2016). En este sentido, son las estrategias instruccionales de aprendizaje activo las que posibilitan el logro de estas habilidades competenciales, en tanto desde su propia definición se dilucida que son aquellas metodologías que involucran al estudiante en su propio aprendizaje, haciéndolos conscientes de lo que hacen, esto es, pensar sobre lo que están haciendo (Bonwell y Einson, 1996).

Por otra parte, y con relación a la Competencia del Sentido de la Iniciativa y el desarrollo del Espíritu Empresarial, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, invita a la Comunidad Educativa a trabajar sobre aquellos conceptos clave sobre los que descansa esta competencia: liderazgo, motivación, autonomía y emprendimiento. Para tal fin promueven el uso de metodologías y didácticas orientadas al desarrollo de los valores personales y sociales que llevan aparejadas esta competencia. Luego, habrán de favorecer la construcción de proyectos e ideas originales, que permitan proponer soluciones originales y que contribuyan a analizar e investigar, desde este tipo de metodologías se desarrolla la creatividad.

No obstante, por igual medida, se recomiendan aquellas otras que posibiliten la autonomía, la iniciativa propia, la elección, apostar por las propias aptitudes, mostrar perseverancia por lo que se emprende, cumplir a tiempo las propuestas propias y las del grupo, implicar a los demás, persuadir a los demás,  saber trabajar con otros, saber distribuir tareas, saber compartir tareas, éxitos y fracasos, reconocer los valores de otros, ofrecer ayuda desinteresada, entre otros. En este sentido, todas estas destrezas están incardinadas en la tenacidad, en la confianza en uno mismo, en el liderazgo, el trabajo en equipo y la solidaridad (ver Euroinnova, (Ed.), 2016A, pp. 202 – 207).

Con relación a este análisis, el trabajo cooperativo logra satisfacer sobradamente aquellas habilidades orientadas en el liderazgo, trabajo en equipo y solidaridad, además de las que pueden observarse desde el rasero de la creatividad y la autonomía, como así promueve esta Recomendación del Parlamento. Es importante subrayar el carácter activo y la involucración que sobre el propio aprendizaje del estudiante el trabajo cooperativo promueve (Aldana, 2014; Bonwell y Einson, 1996).

Luego, alcanzado este punto de análisis, desde la reflexión sobre la relación entre la motivación y el desarrollo cognitivo, podemos discernir que una metodología centrada en la socialización y la colaboración entre estudiantes, que fortalezca los lazos entre profesor y alumno, que permita la conexión con la realidad y que verse sobre material significativo, conducirá positivamente la predisposición del aprendiz en su propio aprendizaje. Una predisposición que será posible si se presenta un método de enseñanza-aprendizaje que resulte “bello” y “bondadoso”  a sus ojos.

En este sentido, se considera la apuesta por una metodología de aprendizaje activo que comporte cooperación y trabajo en pares y, por igual,  promueva el dinamismo de la clase en tanto resulte especialmente atractiva, esto es, “bella” y “bondadosa”. Por una parte, ayuda al entrenamiento de la persistencia en el aprendizaje, la voluntad del estudiante; por otra parte, logra satisfacer los requerimientos políticos e institucionales, además de presentarse ventajosa para la consecución del aprendizaje significativo y social del alumno (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004) lo que posibilita su desarrollo cognitivo y emocional (ver Ausubel, 1976; Gowin, 1981; Novak, 1983; Vigotsky, 1978).

 Para ello, se considera, en gran medida, utilizarel juego como metodología de aprendizaje ̶ cabe señalarse la clasificación de la gamificación como estrategia instruccional de aprendizaje activo ̶. En este sentido, Bonwell y Einson (1996) la posicionan como una estrategia que promueve una alta dosis de entusiasmo en clase, ̶ bien desde el quizz, bien con soporte en algún software ̶ , además de concebirse como una metodología didáctica fácil de ejecutar en el aula, en tanto deviene familiaridad en su uso práctico y gestión del tiempo que involucra.

E) Conclusiones:

Hemos podido observar cómo, en gran medida, una de las grandes preocupaciones de la Comunidad Educativa gravita en torno a la manera de mejorar la acción educativa a través de la motivación y voluntad del estudiante, de modo que lo predisponga positivamente hacia su propio aprendizaje, aprenda significativamente  y, así,  logre la autonomía que le es inherente al propósito competencial que sirve de vector en la educación: hacer de los estudiantes ciudadanos competentes en saber hacer, ser, vivir y aprender a aprender (Delors et al., 1996).

Considerando el discernimiento epistemológico anterior, hemos podido apreciar cómo se triangulan motivación-entusiasmo-voluntad y como las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial se interrelacionan con los factores que promueven el entrenamiento del estudiante en su voluntad. Luego, es apreciable que hemos alcanzado un objetivo hacia dónde apuntar.

En adición, desde la reflexión sobre la relación entre la motivación y el desarrollo cognitivo, podemos discernir que una metodología centrada en la socialización y la colaboración entre estudiantes, que fortalezca los lazos entre profesor y alumno, que permita la conexión con la realidad y que verse sobre material significativo, conducirá positivamente la predisposición del aprendiz en su propio aprendizaje.

Aflora la necesidad de orientar la intervención del alumno en aquello que, emocionalmente, lo entusiasme. De manera que posibilite desencadenar la motivación en su conducta y, así, propicie su predisposición positiva en el aprendizaje, lo mueva a actuar – su voluntad -. Una acción que se consigue desde la percepción bella y bondadosa de la metodología por el alumno, presentándose para su consecución como altamente recomendable la gamificación.

F) Agradecimientos.

Desde este pequeño apartado, considerando la flexibilidad que proporciona el blog, quisiera a gradecer a una amiga desde la adolescencia, hoy psicóloga, aquellas palabras que me transmitió un día, siendo estudiantes, en pro de estar dándolo todo, a todo full: ¡ENTUSIASMO, ACCIÓN y MOTIVACIÓN!

Han sido unas palabras que se han convertido en todo un «motto», una filosofía de vida. Son unas palabras que no solo he utilizado para empoderarme, sino que las he diseminado como el polen entre mis estudiantes.

La verdad es que insuflar creencias potenciadoras en los estudiantes, transmitirles empoderamiento en enseñanzas éticas y morales, filosóficas y psicológicas, escucharlos atentamente, calibrar mi comportamiento para adecuarme a sus conductas y características personales…todo esto, no son sino maneras, métodos, formas o técnicas con las que he podido desplegar la inteligencia emocional. Ésta empieza en prestar atención, en reconocer a los demás, en la otredad.

No obstante, esos mismos métodos, formas o técnicas con las que desplegar la inteligencia emocional, no son sino instrumentos a los que hoy les puedo poner nombre; sin embargo, los he desarrollado a lo largo de mi vida de manera natural.

Y reconociendo a los demás, y hablando de psicología, por igual quisiera dejar un pequeño mensaje de ánimo y entusiasmo a mi hermano Esaú, quien comienza ahora en octubre sus estudios de psicología en la Universidad de Granada.

Desde el ejemplo de mi hermano podemos aprender la resiliencia y la actitud positiva. Está en diálisis, tres días a la semana, terapia que lo deja listo. Sin embargo, encontrándose en una situación de invalidez absoluta, ha tomado el mundo por montera y se ha decidido a hacer cosas que le hacen feliz, que le apasionan.

Le deseo lo mejor del mundo, que sea una experiencia que lo llene de vida y pasión por lo que hace. Seguro que terminamos haciendo alguna cosa juntos, además de algunos pinillos musicales.

En otra entrada se considerará la relación de la otredad con la inteligencia emocional y la motivación; al menos, como un pequeño cuestionamiento. Por el momento, centrar el foco en los alumnos, desde la cooperación, trabajo en pares y gamificación, parece una gran respuesta para trabajar la motivación en clase. De esta manera, si es profesor, cuestiónese la capacidad de respuesta limitada, para con la generación de hoy, que presentan las metodologías tradicionales; aquellas que lo posicionan en el centro. Hoy día se necesitan líderes, coachers, no a Oráculos del Infinito Saber.

Buda nos viene a decir que a un loco se le reconoce por sus actos, a un sabio también. En este sentido, querer ser un oráculo, posicionarse en el centro por esa presunta erudición que consideran tener algunas personas, es una gran locura, una gran estupidez. Especialmente para nuestro presente.

No sea erudito, sea sabio; reconozca a la generación Z, aquello que le motiva, y recuerde que el cambio empieza en usted.

Oráculo del Infinito Saber no hay más que uno y ninguno de nosotros alcanzamos tal conocimiento y sabiduría, ninguno. Sea humilde, porque la humildad, como nos dicen las Sagradas Escrituras, es el principio de la sabiduría y, a ella, le sobreviene la gloria.

¡Un saludo a tod@s mis lector@s y suscriptor@s!

Con amor y cariño, a mi hijo, a mi hermano y a mi amiga.

¡EAM!

Verónica García-Melero

Bibliografía

(se subirá próximamente)