Categoría: El Libro de los Cuentos

Lao-Jun y la Polaridad.

Si tu disponibilidad a dar felicidad es limitada, también lo será tu disponibilidad a recibirla.

Reflexión 4ª del Hua Hu Ching, Lao-Tsé
Narrador:

Caminaban por el medio del camino,
un viejo Maestro y su alumno, también;
los había unido un dilema,
el que su alumno le trajo a él.

Andaba algo perdido, (05)
después de su trabajo hacer;
aunque éste se hubiera limpiado,
contaminación creía tener.

Así, de seguir su diálogo
conoceremos, más bien, (10)
qué es aquello que le preocupa,
cómo es que se preocupa y porqué.




Lao-Jun:

Dime, querido Xia,
¿qué te trajo hoy a mí?
Te hacía lejos, con mucha dicha, (15)
¿me equivoco o es así?


Xia:

No sabría cómo decirle,
pues, se equivoca y es así.
Siento que el Te he alcanzado,
mas, ¿me habré salido porque sí? (20)

En fín, he caído en la iracundia,
con sentido y hiel, es así.
Mas, ¿será ésta mi resistencia
o el ensimismarme en mí?

¿Lao-Jun, tengo motivos (25)
cuándo con mal se paga el bien?,
¿cuándo te hieren sin sentido,
por amedrentarte más bien?



Lao-Jun:

Humano es errar,
¿por qué tomarlo así? (30)
Te quivocas cuando así lo aprecias,
hasta errar es así.

Si no te he hablado antes
de lo que llaman polaridad;
lo haré, Xia, ahora, (35)
y te velaré una verdad.

Si todo es doble,
dos polos tiene, más bien;
¿serían opuestos el semejante
y el antagónico, también? (40)

¿Son los opuestos idénticos
en su naturaleza, Xia?
En diferente grado se expresan;
de las cosas: su valía.

Así, los extremos se tocan, (45)
los opuestos también
en el devenir de su flujo,
en la verdad de su ser.

Porque, la verdad del ser de las cosas,
media verdad es; (50)
una parte trae su axioma,
la otra, lo hace nacer;
una opaca lo que toca,
la otra, lo toca a placer;
¿será la verdad que conoces (55)
toda la verdad que se ve?

Así, en el punto intermedio
se halla la gran virtud;
frío y calor: temperatura;
resplandor: oscuridad y luz. (60)

¿Resplandece lo que se apaga?
Créeme, yo creo que sí;
aunque sea muy diminuta
luminiscencia hay ahí.
Porque, de apagar lo que brilla, (65)
el brillo lo lleva en sí;
y el apagarlo porque brilla,
mucho dice de sí.

Ahora, quiero escucharte,
¿cuál es tu apreciación?, (70)
¿habrás entendido, Xia,
qué es este resplandor?


Xia:

De considerar el brillo,
consideraría, más bien,
que aquellos que luz propia llevan (75)
la dejan para otros: su Te.

Así, al brillar: alumbras,
enciendes la oscuridad,
resplandeces porque hay ésta,
si no, ¿brillo habrá? (80)

Simple es, apreciar en ésto,
ésta: tu gran verdad.
Todo aparece con dos polos,
así es la polaridad.

Se resplandece porque hay brillo (85)
y, por supuesto, oscuridad.
Oscuridad que, con su ritmo,
también se vuelve claridad.


Lao-Jun:

Te veo en el camino,
no te has apartado de él. (90)
Errar es algo humano,
rectificar, de sabios, es.

Cuando la oscuridad te esté acechando,
aprecia su media verdad,
verdad es que te acecha por algo, (95)
y el algo en el brillo está.

Si te pongo otro ejemplo,
mejor lo haré con emociones;
pues, entre grande y pequeño, hay mediano;
¿qué es mediano en sensaciones? (100)

Tenemos aquello que nos agrada,
aquello que nos desagrada, por igual;
también tenemos el disgusto que nos causa;
y el placer que nos atrae más.

Así es la polaridad de la paz, (105)
la que se haya en la quietud,
el punto intermedio entre amor y odio,
esa es su gran virtud.

La luz es al amor,
lo que la oscuridad al odio; (110)
paz hay en el medio del camino,
resplandor es lo que toco.


Xia:

Hacer hincapié en la voluntad
y en el conocimiento de las cosas,
fácil me conduce, Lao-Jun, (115)
a ver la simpleza, que siempre asoma.

El camino simple conduce a la paz,
también a la virtud y a la abundancia;
¿estará la felicidad en tu disponibilidad,
será pequeña si es limitada? (120)

Pues, así como te dispones,
así como das, recibes;
¿será tu felicidad grande
si además de no dar, la costriñas?

Hasta ésto es dual, (125)
el dar y el recibir;
si tu disposición es por hallar,
tu disposición es recibir;
mas, si solo está en dar,
mayor será su recibir. (130)

Mas, entre ellos, la virtud
sería el regalo del Cielo;
ni quiero tanto para mí,
ni lo que busco lo quiero;
quiero en mi dar y recibir, (135)
aquello que del Cielo, velo;
gran tesoro es éste;
y pocos llegan a verlo.


Lao-Jun:

No busques nada para tí,
no dejes que crezca el ego; (140)
tampoco te dejes influir
por los deseos de ajenos.
Pues todo lo que en el te se alcanza,
se logra por la virtud,
siendo la paz su estado (145)
y el regalo, su gratitud.

Ahora, recuerda la virtud indiscriminada:
cuida a aquellos que lo merecen,
cuida a los que no merecen nada.
Extiéndete en todas direcciones (150)
sin pensar, solo avanza:
como las manecillas del reloj
y, así, en el Tao, te anclas.


Xia:

Lao-Jun, antes le he mencionado
el ritmo de las cosas; (155)
aquello que oscuro fue un día,
en su ritmo, luz brota.

¿Podría acercarme, Maestro,
alguna de sus reflexiones?
Más avanzo en un momento (160)
que a través de mis cuestiones.


Lao-Jun:

¡Jamás aseveres eso!
¡Cómo estás hijo mío!
De no cuestionarte las cosas,
de la puerta, no pasas del quicio. (165)

Precisamente tu reflexión,
aquella que te condujo a ésto,
si bien recuerdo, fue tu resistencia
y ahora su esencia te expreso.

En la polaridad de las cosas (170)
un Taijitu se ve;
dos que se complementan,
óctuplo es su Te.
Ternarios son dos que se unen
y en el medio está su infinito; (175)
el número nueve es
de la gravedad, su destino.
Así, en el centro se halla
la virtud de las cosas;
sin saber de tu resistencia (180)
caminarás ciego, en sombras.

Así, tu resistencia
te trajo una gran enseñanza:
aceptar que así ha sido;
ésa, la primera ganancia. (185)

Otra enseñanza te ha traído:
la de la verdadera esencia.
El Tao brota del ser
y la aceptación: tu prudencia.

¿Habrás de aceptar tu debilidad, (190)
aquello que te hace humano,
aquello que te sacó de quicio,
aquello que te ha irritado?
¿Habrás de cuestionar su verdad,
aquello que lo produjo, (195)
aquello que lo hizo nacer,
aquello que lo indujo?

Así, hemos visto Xia
la importancia de la polaridad,
ésta nos enseña algo: (200)
aceptar la dualidad.
Y la dualidad contempla
la forma y la no forma,
puerta y ventanas se ven,
mas, su espacio las orma. (205)
Incluso podemos decir que
de la casa, éstas, sus formas;
la no forma , el espacio entre ellas,
de la casa, tu alfombra.

Aquí esta lo ternario, (210)
el dilema más sutil,
no forma y forma se unen
y comprenderlo: su fin.

Has comprendido que en soltar,
en dejar las cosas fluir, (215)
apartas de tí la cólera,
a tu resistencia le das fin.

Has comprendido que en soltar
está el fluir de las cosas,
el sabio no interviene en ellas (220)
y a todo le llega su hora.

Has comprendido que en soltar
está la aceptación de todo,
abstraer que no hay separación
y el antagonismo, renunciarlo todo. (225)

La Alquimia no es otra cosa
que transmutar el plomo en oro;
virtud armoniosa que se alcanza
en fluir como el agua, solo.

De todo es que se habla, (230)
cuando se habla del todo;
mas, hablaremos del ritmo, Xia,
al caminar otro trozo.


Verónica García-Melero