Categoría: Economía del Aprendizaje

Breve reseña sobre la inspiración en fundamentos económicos del «Experimento Alquimia».

No tener ningún camino como camino, no tener ninguna limitación como limitación.

Bruce Lee (El tao del Jet Kune Do).

La eficiencia de Pareto u óptimo de Pareto es un concepto económico que nació en estudios sobre eficiencia económica y distribución de la renta. De esta manera, lo que pretende es una asignación de un bien a un conjunto de individuos de manera tal que dicha asignación comprenda una mejora de la situación de un individuo sin hacer que empeore la del otro (Wikipedia, Óptimo de Pareto, 2019).

            A tenor de este primer principio, buscar la eficiencia en el método, consideramos reflexionar sobre las metodologías y herramientas de que dispone el Sistema Educativo en pro de dilucidar aquellas que nos permitan desde la intervención educativa mejorar la atención y rendimiento académico de aquellos niños y niñas que padecen TDA/TDAH, de manera que no perjudique a los demás alumnos.

            Sin embargo, la consideración del Óptimo de Pareto plantea una incongruencia social, esto es, este óptimo comprende una noción mínima de eficiencia ya que no necesariamente da por resultado la distribución socialmente de los recursos, luego, plantea la inconsistencia con la equidad (Wikipedia, Óptimo de Pareto, 2019).

            En este sentido, para considerar la acción conjunta de óptimo eficiente y equidad en la dilucidación de la nueva metodología que proponemos, consideramos una acción global, totalizadora. Esto es, discernir aquellas metodologías que se presentan beneficiosas para el conjunto de alumnos, tanto aquellos que presentan necesidades especiales de atención, como aquellos otros que no. De esta manera el método conseguido asigna nuevos recursos en pro de beneficiar el alumnado en su conjunto, sin suponer un lastre en ninguno de los individuos del grupo.

            Luego, recapitulada la intención filosófica que conduce a la elección o invención de un método didáctico, a continuación se propone un cuestionamiento reiterado y reflexión propios de la estrategia espontánea (Mintzberg, 1973) para alcanzar el conocimiento de una propuesta para la intervención educativa que sea eficiente y equitativa.

Verónica García-Melero

Presentación del Proyecto

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¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su “voluntad” por aprender?

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Albert Einstein

Desde el discernimiento sobre la gnosis de la motivación, hemos podido apreciar su triangulación con el entusiasmo y la voluntad, ahora consideraríamos la siguiente pregunta, en tanto nos centramos en cómo conseguir que los alumnos se motiven, a la vez que consiguen habilidades y destrezas en que han de instruirse: ¿Qué competencias clave están orientadas en aquellos factores que posibilitan el entrenamiento del alumno en su “voluntad” por aprender?

En este sentido, la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias Clave, subraya la importancia y necesidad de incardinar en los currículos escolares metodologías de enseñanza-aprendizaje que posibiliten la consecución de los objetivos que persiguen cada una de las competencias en que se segrega la finalidad de la educación del alumno.

En concreto, son las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y espíritu empresarial las que contienen estos factores que implica la voluntad. Por una parte, la competencia en aprender a aprender se caracteriza por “la habilidad para iniciar, organizar y persistir en el aprendizaje. Esto exige, en primer lugar, la capacidad para motivarse por aprender” (Euroinnova (Ed.), 2016, p.149), por otra parte, la competencia de sentido de la iniciativa y el espíritu emprendedor implica «las habilidades necesarias para convertir las ideas en actos, como la creatividad o las capacidades para asumir riesgos, planificar y gestionar proyectos […]con objeto de mejorar la educación actual, aumentando su calidad y estableciendo procesos de capacitación»· (Euroinnova (Ed.), 2016, p.201).

Hemos podido observar cómo, en gran medida, una de las grandes preocupaciones de la Comunidad Educativa gravita en torno a la manera de mejorar la acción educativa a través de la motivación y voluntad del estudiante, de modo que lo predisponga positivamente hacia su propio aprendizaje, aprenda significativamente  y, así,  logre la autonomía que le es inherente al propósito competencial que sirve de vector en la educación: hacer de los estudiantes ciudadanos competentes en saber hacer, ser, vivir y aprender (Delors et al., 1996).

Considerando el discernimiento epistemológico anterior, hemos podido apreciar cómo se triangulan motivación-entusiasmo-voluntad y como las competencias de aprender a aprender y sentido de la iniciativa y desarrollo del espíritu empresarial se interrelacionan con los factores que promueven el entrenamiento del estudiante en su voluntad. Luego, es apreciable que hemos alcanzado un objetivo hacia dónde apuntar.

Verónica García-Melero

Presentación del Proyecto

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La importancia de la motivación: su triangulación con el entusiasmo y la voluntad.


Siembra un pensamiento y cosecharás un acto,
            siembra un acto y cosecharás un hábito,
            siembra un hábito y cosecharás un carácter,
            siembra un carácter y cosecharás un destino.
            Según siembras, así recoges

Aristóteles (384 – 322 a.C.)

Aquella primera pregunta que nos ha conducido a dilucidar el qué, para qué y cómo de esta Buena Práctica, ha sido: ¿por qué están desmotivados los alumnos y se quejan tanto los profesores sobre esta conducta?, ¿será algo mutuo, la desmotivación de uno revierte en el otro?, ¿qué pensamientos filosóficos hay al respecto?, ¿con qué se relaciona la motivación?, ¿qué ofrecen diversas investigaciones al respecto?

Actualmente son muy diversos los estudios que se centran en la motivación dentro de la acción educativa. En este sentido, ya sea enfocado el estudio en: la incidencia que sobre la conducta del estudiante tiene la aplicación de una metodología u otra  (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004); o cómo para alcanzar la zona de desarrollo óptimo en nuestros procesos cognitivos se requiere de la socialización (Vigostky, 1987) o cómo la significancia del material propuesto exige de la motivación, de la predisposición positiva del aprendiz para lograr un aprendizaje significativo (Ausubel, 1976); o, adicionalmente, requiere bien de la relación interpersonal y emocional para alcanzar dicho aprendizaje significativo (Novak, 1983); o bien de  la conexión con la realidad (Gowin, 1981); el paradigma que une a todos estos diferentes estudios es su enfoque epistemológico. Esto es, la gnosis de la motivación.

En este sentido, ¿cuál es la verdad del conocimiento de la motivación?, ¿cómo se consigue?, ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Para conseguir profundizar en la esencia de la motivación, en el porqué de ésta, hemos planteado el siguiente axioma:

«Lo bueno, si breve, dos veces bueno».

Refrán Popular

«Es incuestionable la atracción que todo ser humano siente hacia las cosas rápidas y fáciles de entender o conseguir, especialmente si aquello que se    pretende  nos   ha llevado en otras ocasiones una considerable inversión de nuestro tiempo y esfuerzo. Es muy gratificante ese momento en el que logramos comprender una explicación a la primera y somos guiados por nosotros mismos a dilucidar la solución de un problema con pasmosa celeridad. Posiblemente el entusiasmo recorra nuestro cuerpo y nos encienda de alegría».

Podemos apreciar que el entusiasmo viene ligado a la motivación, sin embargo, ambos conceptos son muy diferentes. Porque es el entusiasmo el que nos conduce a la motivación y, la motivación, la que nos logra entusiasmar. Ambos vienen a ser dos caras de la misma moneda y, en tanto uno conduce al otro, vienen a comportar un ouroboros de nuestra actitud positiva hacia nuestras metas y objetivos de aprendizaje. Para explicar tal afirmación, consideremos la siguiente argumentación:

De acuerdo al Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico, «el entusiasmo, individual o colectivo, es la exaltación, la exaltación del espíritu humano que sale de su estado reflexivo y tranquilo, conmovido generalmente por un impulso desconocido hacia lo bueno, hacia lo bello» (Almirante, 1869, p.407). Tiene su razón de ser esta definición en su etimología, pues es una voz usada en la antigua Grecia, compuesta a su vez de tres: en, theou, asthma, que juntas son: “Soplo de Dios”, o lo que es traducido también como llevar un dios dentro (Almirante, 1869). Definición etimológica que igualmente comparten las Sagradas Escrituras con aliento  ̶  o soplo  ̶  de Dios, el cual fue insuflado al hombre y lo diferenció del resto de criaturas. Pues con él, somos hechos a imagen y semejanza de Dios (Biblia Reina Valera, 1960, Génesis 2:7).

Al entusiasmo por lo bueno, a esta chispa divina, a esta exaltación del espíritu, nos conmueve un impulso desconocido. Esta conmoción tiene su origen en el vocablo latino commotio, commotionis “sacudida”, derivado de commovere, que significa “poner en movimiento”. Etimología que comparte con la palabra mover (Spanish Oxford Living Dictionary, 2019, conmoción). Siendo esta misma palabra la que da significación a la motivación, esto es, causa del movimiento, del latín motivus o motus (Wikipedia, Motivación, 2019). Lo que en una aproximación de la psicología es definido como “la raíz dinámica del comportamiento”; es decir, “los factores o determinantes internos que incitan a una acción” (Pinillos, 1977, p.503).

Luego, podemos discernir que los factores internos  ̶ en una primera aproximación de la definición de motivación  ̶  que nos conducen a una acción, son los que, de mantenerse hasta el fin, nos contagian de entusiasmo. También podemos discernir que somos susceptibles de poner en movimiento nuestra conducta cuando hayamos factores o determinantes internos que nos incitan a esa acción. Como se puede apreciar, ambos conceptos se complementan, se interrelacionan y se originan mutuamente, no excluyéndose; viniendo a ser el entusiasmo un estado de ánimo, una exaltación, y la motivación, una conducta.

Alcanzado este punto, cabe cuestionarnos: ¿será la apreciación de la belleza y de la bondad de las cosas la que nos mueve hacia la consecución determinada de nuestras metas como así es definido el entusiasmo (Almirante, 1869)?

Siguiendo esta línea, ambas, belleza y bondad, no son sino dos de las virtudes cardinales que Tomás de Aquino definió para la consecución de la realización humana, su plenitud y perfección, alcanzar el bien de su especie, su felicidad, su bienestar (Robles y Robles (Ed.), 2007).  En este sentido, para Tomás de Aquino esta bondad es una de las tres propiedades inherentes del ser de las cosas que, junto a la verdad y unidad de las mismas, confieren la transcendencia del ente. Si bien todo ente es inteligible, es posible preguntarnos si esta estrecha relación entre entusiasmo y motivación confiere el carácter de unidad del movimiento de la voluntad a hacer algo y a la vez, la esencia de dicho movimiento o motivo es lo que nos conduce a manifestarlo en el acto, en la voluntad de llevarlo a cabo (Robles y Robles (Ed.), 2007).  

Luego, por extensión, nos entusiasma aquello que concebimos como virtuoso de lograr, lo que comporta, en su dimensión ontológica, la bondad de las cosas, esto es de acuerdo a Tomás de Aquino, lo que es apetecible por la voluntad (Robles y Robles (Ed.), 2007).

Albert Einstein, en su legado de frases célebres, nos dejó con respecto a la bondad de las cosas de Tomás de Aquino que: «hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad». De acuerdo a Sánchez (2014), la voluntad – del latín voluntas-atis, cuyo significado es querer- es algo que se puede aprender y desarrollar, algo que se puede entrenar como un músculo. Esta voluntad implica otros muchos factores, como son: a) nuestra capacitación para la toma de decisiones, b) nuestra predisposición hacia el descubrimiento de las cosas, c) nuestra determinación hacia la consecución de nuestros objetivos y metas y la capacidad de evaluación sobre los mismos que comporta y, d) la acción, como factor desencadenante de aquello que queremos. 

De acuerdo a Tomás de Aquino, «nuestros sentidos se deleitan por aquello que posee dimensiones perfectas», éste es el sustrato que subyace a su Teoría sobre la Divina Proporción y que nos ha permitido apreciar la interrelación existente entre motivación, entusiasmo y voluntad. En este sentido, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que consideramos creado o dispuesto en su proporción justa. Luego, como hemos discernido más arriba, sucumbimos al placer que nos provoca aquello que entendemos bello y bondadoso, haciéndose apetecible a nuestra voluntad, de manera tal que: desencadenamos nuestra conducta hacia su consecución, nos predispone a la acción, a la toma de decisiones y al deseo por el descubrimiento de las cosas (Sánchez, (Robles y Robles (Ed.), 2007).

Verónica García-Melero

P.D.: Para ampliar la información con respecto a la voluntad, entusiasmo y motivación, así como su conexión con la disonancia cognitiva y el estado de flow, se aconseja la lectura del ensayo «La zorra y las uvas y el Estado de Flow».

Por igual, se aconseja la lectura sobre la reflexión epistemológica de Ubuntu y Otredad. Dos términos interrelacionados, que descansan en la empatía, son un pilar de la Inteligencia Emocional y, por supuesto, necesarios para construir una Escuela y Sociedad Inclusivas. Aquí dejo al enlace, ampliado con una perspectiva de Derecho Constitucional.
Éste otro fue el primero: Ubuntu y Otredad: un camino hacia la Educación Inclusiva.

Presentación del Proyecto

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Breve reseña sobre el enfoque filosófico natural de la eficiencia y eficacia de este proyecto.

Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.

Arquímedes (287 – 212 a.C.)

P x Bp  = R x Br

Arquímedes nos legó la «Ley de la Palanca», una ley que desde su expresión matemática relaciona las fuerzas de una palanca en equilibrio. En este sentido la «potencia por su brazo es igual a resistencia por el suyo» (Wikipedia, Ley de la Palanca, 2019).

Siendo P la potencia, R la resistencia, y Bp y Br las distancias medidas desde el fulcro hasta los puntos de aplicación de P y R respectivamente, llamadas brazo de potencia y brazo de resistencia.

En este sentido, como podemos apreciar, de estar en equilibrio nuestro Sistema Educativo, ambos: propósitos de la Ciencia y Política para nuestra Educación y aquellos otros que son llevados a la praxis desde la acción docente, alcanzarían unas dimensiones idénticas, avanzando en el mismo sentido, esto es, la potencia en innovación y la resistencia opuesta a la misma por el profesorado, serían tales que, alcanzarían un equilibro.

Sin embargo, como ya ha sido analizado desde la justificación y estado de la cuestión previos, la resistencia a la potencia en innovación es tal que nos encontramos en un total desequilibrio.

He aquí la expresión física de esta analogía y su relación con la propuesta que presentamos: ¿Qué sucedería si aplicamos una fuerza adicional en la potencia? En este sentido, si consideramos las leyes físicas de Newton, es una propiedad del vector que la longitud del mismo no importa en la dinámica de su movimiento, sino la fuerza que se le aplica (Newton, 1676?). Luego, de reforzar la acción Política Educativa con medidas coercitivas sobre la dinámica de la acción docente, sería muy probable que se reajustara su resistencia al cambio del Sistema.

Esta es la esencia de esta propuesta desde el rasero del discernimiento filosófico y estratégico en materia de Economía Política. Es posible que un pequeño cambio orientado en la verificación y control de lo que se hace en el aula nos permita equilibrar nuestro Sistema Educativo.  Así es que como prototipo para la observación de esta idea, surge el diseño de este método didáctico de acción conjunta con la verificación y control de la acción formativa invertida para su aplicación práctica desde el discernimiento del pensamiento socrático.

En este sentido: ¿es responsable el docente para con la inversión en su instrucción práctica?, ¿está comprometido el docente con los objetivos de la Educación? Estas medidas ayudan a renovar los recursos que se presentan improductivos en los sistemas productivos/económicos, sustituyendo aquellos que se presentan obsoletos por aquellos otros que ofrecen una ventaja técnica (de considerar estrictamente la obsolescencia técnica) (Diez, Galán y Martín, 1996).

Luego, esta pequeña medida puede ayudar extensiblemente a analizar tanto la vocación del profesorado, como la eficiencia y eficacia de diferentes metodologías y herramientas utilizadas en el proceso, lo que termina ayudando extensiblemente a la Dirección de Centro y, por ende, a la Política Educativa.

Verónica García-Melero

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La metafísica de la realidad de nuestro sistema educativo desde el enfoque de la Economía de Empresa: proposición de un modelo estadístico-matemático.

No existe ningún viento favorable para aquel que no sabe a que puerto se dirige.

Joseph A. Schumpeter

Resulta conveniente remover las aguas del río para, así, llegar al cauce del mismo. Es posible que removiendo su caudal logremos ver aquellas piedras del camino que entorpecen el avance eficiente y eficaz del barco, si de navegar sobre aguas se tratara.

Este silogismo, al menos de manera aproximada, podemos encontrarlo como eje vertebrador de la “Teoría de las Limitaciones (The Theory of Contraints, TOC) del físico israelí Eliyahu M. Goldratt. Desde ésta se explica la esencia de la filosofía “Just in Time” (i.e. JIT) de la cultura empresarial nipona, la cual sirve de hilo conductor a la metáfora del boy scout que inspira a dicha Teoría. En este sentido, no importa lo rápido que el resto del grupo de compañeros avance, el ritmo de avance del grupo lo marcará el boy scout más rezagado.

De esta manera, esta metáfora hace reflexionar acerca de: la identificación de restricciones en un sistema, cómo hacer para explotarlos, cómo subordinar una acción consecuente a la precedente (subordinación de una acción a la que le precede), cómo elevar la capacidad considerando las restricciones del sistema y, finalmente, de haber alguna restricción rota en los pasos precedentes dentro de un sistema, volver a ella con objeto de no permitir la inercia (ver Goldratt, 1984).

De acuerdo a esta argumentación, la identificación de restricciones encuentra su comprensión, por analogía, con la bajada del cauce del río, con abrir sus aguas. Esta es la esencia de la filosofía JIT, la cual detiene el avance del proceso ante un problema (piedra del camino) y propone una solución al mismo para ganar en eficacia, eficiencia y productividad. En contraposición a esta filosofía, la filosofía occidental añade más agua al cauce para ayudar a que continúe navegando el barco; sin embargo, no identifica el problema y tampoco propone una solución. En este aprendizaje deviene la esencia de la Teoría de las Limitaciones, la libertad de elección implica responsabilidad (ver Goldratt, 1984).

En este sentido, cabe preguntarse, desde el cuestionamiento socrático en su fase de preparación (Calvo, 1997; Castro, 2012): ¿las acciones de formación en el profesorado implican el sentido de responsabilidad y compromiso de éste para con la formación recibida?, ¿cómo podríamos valorarlo?, ¿se produciría un incremento en la eficacia y eficiencia de dichas acciones formativas si estas fueran auditadas internamente por el Centro?, ¿estas auditorías internas implicarían un mayor sentido de responsabilidad y compromiso con la instrucción recibida por parte del docente?, ¿verificar la consecución de un logro nos facilitaría una magnitud con la que hacer mediciones?, ¿el establecimiento de medidas disciplinarias en el profesorado por incumplimiento del compromiso de responsabilidad con la acción formativa recibida, desde la auditoría interna del Centro Educativo,  sería una manera con la que alcanzar la eficacia, eficiencia y productividad que se espera en la acción docente?, ¿facilitarían herramientas de programación y control orientadas a la auditoría valores con los que construir un modelo matemático para gestionar y controlar la eficacia, eficiencia y productividad de la acción docente?

De acuerdo a este discernimiento y en consideración al proceso lógico de observación e identificación de restricciones del sistema propuesto por Goldratt (1984), se considera la propuesta de:

  1. La instrucción al profesorado sobre una Buena Práctica Experimental con objeto de analizar la responsabilidad y compromiso del docente con la instrucción recibida.

Propuesta orientada a responder: ¿las acciones de formación en el profesorado implican el sentido de responsabilidad y compromiso de éste para con la formación recibida?, ¿cómo podríamos valorarlo?

  • La instrucción al profesorado sobre el uso de un Plan de Lección para la segregación de su actividad programática a nivel diario. Ésta servirá inicialmente como herramienta de programación diaria desde la que tomar conciencia de las metodologías empleadas de acuerdo a un “Plan de Acción Educativa por Objetivos” y, por otra parte, como herramienta para la verificación y control de una auditoría interna.

Propuesta orientada a responder: ¿el establecimiento de medidas disciplinarias en el profesorado por incumplimiento del compromiso de responsabilidad con la acción formativa recibida, desde la auditoría interna del Centro Educativo,  sería una manera con la que alcanzar la eficacia, eficiencia y productividad que se espera en la acción docente?, ¿facilitarían herramientas de programación y control orientadas a la auditoría valores con los que construir un modelo matemático para gestionar y controlar la eficacia, eficiencia y productividad de la acción docente?

  • La ejecución de una Auditoría Interna como medida de verificación y control de: la acción docente llevada en el aula, la satisfacción del alumnado, la sistematización y adecuación del proceso de enseñanza a las preferencias del alumnado, la eficacia y eficiencia de las acciones formativas del profesorado en consideración al sentido de responsabilidad y compromiso del docente con la instrucción recibida.

Propuesta orientada a responder: ¿se produciría un incremento en la eficacia y eficiencia de dichas acciones formativas si estas fueran auditadas internamente por el Centro?, ¿estas auditorías internas implicarían un mayor sentido de responsabilidad y compromiso con la instrucción recibida por parte del docente?, ¿verificar la consecución de un logro nos facilitaría una magnitud con la que hacer mediciones y programar un plan de acción?, ¿se arrojaría luz sobre la verdadera vocación profesional del docente?, ¿estarían los alumnos más satisfechos y motivados de considerar sus preferencias y orientaciones metodológicas?

Este modelo propuesto, en tanto se retroalimenta de la información de inspección y verificación de la auditoría, permite extensiblemente el control de aquellas acciones que propone gestionar, facilitando la graduación hacia su logro desde la programación de objetivos o metas. En este sentido, los resultados obtenidos permiten analizar el aprovechamiento de las metodologías (capacidades), los requerimientos de los alumnos y formación del profesorado para adecuarse a los mismos (recursos humanos) y de equipamientos para cumplir con las demandas tanto Institucionales como de los propios alumnos (ver Garza y González, 2004).

De esta manera, desde la información estadística conseguida, se podría orientar su información histórica hacia el diseño de una Programación por Objetivos, extensiblemente utilizada en la programación matemática de cadenas de suministro y producción en ingeniería industrial. Ésta viene a construirse como una valiosa herramienta que permite «satisfacer los requerimientos de demanda» (recomendaciones institucionales, utilidad para el alumno) y «cumple con los objetivos de la cadena de suministro» (satisfacer las preferencias del alumno, las propuestas pedagógicas del Centro y el ritmo de formación del profesorado), «proveyendo una valiosa herramienta para la toma de decisiones» (ver Garza y Gonzalez, 2004).

En relación a la argumentación anterior, podemos apreciar como el cuestionamiento reiterado  ̶  que de acuerdo a Minzberg (1973) es la esencia de la verdadera estrategia, la que nace de la espontaneidad  ̶ , orientando hacia los poblemas y pensamiento que propone la Teoría de las Limitaciones, permite dilucidar métodos y/o medidas con las que promover soluciones (Goldratt, 1984). En este sentido, y por analogía al discernimiento anterior, si no se consigue llegar a la raíz de los problemas que impiden la observancia activa de lo que se recomienda institucionalmente,  si no se consiguen sacar a flote los obstáculos que frenan el avance, es difícil promover soluciones que permitan que la Escuela se amolde al cambio que promueve el Sistema Educativo.

¿Qué necesidades enquistadas en el Sistema Educativo logra satisfacer?

Por otra parte, con ánimo de hacer visible el valor de esta propuesta, se considera relevante sacar a la luz el llamamiento de la Comunidad Científica al respecto del propósito de este proyecto de investigación. En este sentido, resulta paradójico que, siendo el Sistema Educativo español uno de los que mayor dotación a la formación del profesorado destina en la Unión Europea (i.e. UE), se halle tan alejado en productividad educativa, tomando como rasero para la misma, los resultados de las pruebas PISA y los rankings sobre calidad educativa, entre otros; algo que hace cuestionarnos la eficacia y eficiencia de tales acciones formativas. Luego, cabe preguntarse: « ¿qué es lo que sucede con la formación recibida?», « ¿se pone el conocimiento adquirido en práctica en nuestras aulas?» (Bolívar, 2019).

De acuerdo a esta premisa, cabe plantearse el discernimiento que, en relación a la Comunidad Educativa,  sacó a colación en presidente de Educatec en el 2º Congreso Internacional sobre el Uso de las Buenas Prácticas con TIC: “¿qué porcentaje de lo que se investiga y hace repercute en el sistema educativo español?” (Martínez, 2013). Como reflexiona Martínez (2013), a pesar de seguir investigando la Comunidad Científica, no se ha llevado a cabo un estudio que nos acerque la tangibilidad de los logros, de sus propuestas. Se requiere, en este sentido, de contrastar la verdadera puesta en marcha de las mismas, cómo avanza su ejecución dentro del contexto educativo.

Con relación a esta propuesta, en este mismo Congreso Cabero (2013) señala que la investigación actual ha de alejarse de responder a la orientación psicológica, como base teórica del aprendizaje, que en cada momento esté de moda (psicoanalismo, constructivismo, conductismo, etc.). En este sentido, ha de articularse dicha investigación sobre la flexibilidad y, así, conceptuarla desde un todo, de manera tal que permita adecuarla, imparcialmente, a lo que nos viene a ofrecer el paradigma a estudiar.  Reflexión muy acorde a un pensamiento de Lao-Tsé: «Elige el no camino, como camino».

En adición a estas proposiciones por la Comunidad Científica, Flecha (2013) nos acerca las Actuaciones Educativas de Éxito (i.e. AEE) que dilucida uno de los programas de investigación más reconocidos dentro de esta Comunidad, INCLUD-ED. En este sentido, estas AEE se presentan como propuestas educativas de probado carácter científico, las cuales han de procurar priorizarse en las metodologías a impartir en las aulas.

Luego, es en consideración a esta proposición de Flecha (2013) y al cuestionamiento propuesto por Bolívar (2019), Martínez (2013) y Cabero (2013), que tiene sentido la propuesta de investigación que se propone, la Buena Práctica que se dilucida en relación a las Actuaciones Educativas de Éxito, así como el modelo estadístico-matemático hacía el cual se quiere dirigir la propuesta.

Desde dicho modelo se considera una contribución conjunta: dotar de mayor consistencia y significación a la estadística obtenida desde la verificación y control y graduar el proceso de toma de decisiones de la acción educativa (Dirección de Centro y docente)  para facilitar la incorporación de la innovación en el aula y medir su eficacia y eficiencia.

Verónica García-Melero

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El Método Socrático. Síntesis.

El lujo es pobreza artificial.

Sócrates

La ostentación revela una necesidad banal por aparentar, lo que, incuestionablemente, la conduce a aflorar un vacío. Así, de acuerdo a este pensamiento de Sócrates, recogido en una de sus célebres expresiones – la que inaugura este texto – , se considera la importancia de ser sintéticos.

Si bien, en este otro sentido, el de la brevedad per se, cabría recuperar esa otra vieja frase popular: «lo bueno si breve, dos veces bueno»; que, por igual, utilizaremos más adelante para establecer un axioma; bien se hace necesario subrayar la importancia de esclarecer y comprender qué es el método socrático de una manera sencilla y «buena», como diría Lao-Tsé. Esto es, sin caer en el adorno, la ostentación y, por supuesto, la persuasión «del habla». Así, procedemos a acercar el método socrático, sucintamente, como sigue:

Cuestionarnos qué es el método socrático es una ardua labor que ha ocupado el pensamiento de la literatura y filosofía a lo largo de los años. Es así que, centenares de eruditos han intentado mediante sus indagaciones heurísticas hallar el conocimiento sobre este método; sin embargo, no han logrado averiguar qué es  lo que verdaderamente hacía Sócrates (Rossetti, 2011).

El conocimiento que se tiene sobre el método socrático proviene esencialmente de los testimonios de sus discípulos: Platón, Jenofonte, Aristipo y Antístenes; así como de menciones y aportaciones de otros filósofos posteriores, como lo fue Aristóteles, discípulo de Platón (Munn, 2000).

Con ánimo de ser sintéticos, como así abrimos esta cuestión, ofrecemos una aproximación de lo que se entiende por el método socrático. En este sentido, es un método dialéctico que consta de dos fases, una primera fase: deconstructiva, de preparación o negativa, a la que se denomina ironía y; otra segunda fase: constructiva, positiva, de indagación o elenchus, desde la que se guían respuestas desde el razonamiento inductivo hacia una definición o solución universal. Esta definición o solución universal, conducida desde la mayéutica, conlleva el traer a la luz nuestro discernimiento sobre las cosas, es decir,  “parir” nuestro pensamiento (ver Calvo, 1997; Castro, 2012; Rossetti, 2011).

Luego, podemos conjugar este método con la estrategia de empresa, en tanto ésta, de acuerdo a Mintzberg (1973), comprende la reflexión natural y cuestionamiento acerca de los problemas u oportunidades con que se encuentra la empresa en pro de ofrecer soluciones eficientes y eficaces a los mismos; viniendo a ser el pensamiento del verdadero estratega el que nace de la espontaneidad.

Verónica García-Melero

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¿Cuál es la realidad de nuestras aulas?

Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación.

Mark Twain

En la medida que se prioriza la focalización de la instrucción práctica en la enseñanza en detrimento del aprendizaje, podemos abstraer que parece costar trabajo desprenderse de la metodología tradicional (ver Monereo y Monte, 2001 y Quinquer, 1997;  Rius, 2010, Zabalza, 2000).

En este sentido,  Quinquer (1997), subraya la necesidad de formar al personal docente en estrategias o modelos didácticos aplicados que se adecuen a las exigencias que demanda cada Centro. De esta manera, se posibilita desmitificar el concepto de buena escuela enquistado en el Sistema Educativo, dando paso a la apertura de horizontes en el entendimiento de lo que el aprendizaje es y de los beneficios que reporta la interacción entre profesor-alumno y la focalización de la instrucción práctica en el discente (ver Bruer, 1995, citado por Ruíz, XXXX; Dumont, Istance y Benavides (Ed.) 2010).

Con relación a orientar la práctica en el discente, atender la diversidad y contar con conocimiento sobre las sintomatologías que presenta el alumnado con necesidades especiales, se hace necesario reflexionar sobre la información que al respecto proveen estudios centrados en esta materia. En este sentido, con objeto de hacer observable en qué medida nuestra escuela requiere de formación y medidas para la atención a la diversidad y, con ello, favorecer la inclusión, consideramos acercar el estudio realizado por Soroa, Gorostiaga y Balluerka (2016). Desde su investigación en 108 centros, con una muestra compuesta por 1278 docentes, logran sacar a luz el conocimiento que, sobre la sintomatología e intervención educativa en niños con TDAH, los maestros tienen. Desde su estudio analizan la instrucción recibida por el profesorado en educación formal, no formal e informal en la materia, así como el conocimiento auto-percibido sobre TDAH y la auto-eficacia percibida para ser docente de niños que presentan este trastorno; llegando a la conclusión de que el conocimiento que poseen los docentes sobre el mismo oscila entre un nivel bajo y moderado.

Desde este estudio, estas investigadoras promueven la necesidad de formar al docente en distintas vías que comporten una mejora de la calidad y de la cantidad de la información recibida, lo que conduciría a una autopercepción positiva sobre su desempeño eficaz y eficiente en su profesión (Soroa, Gorostiaga y Balluerka, 2016). No obstante, cabe preguntarse si la formación que reciben los profesores es luego puesta en práctica. En este sentido, Bolívar (2019) se cuestiona como siendo nuestro país uno de los que mayor inversión hace en formación del profesorado dentro de la UE, sea un país con una Educación considerablemente alejada de la de otros países, de tomar el rasero de rankings y pruebas objetivas estandarizadas, como lo son las evaluaciones PISA. Luego, ¿qué de aquello en lo que se instruye al docente es verdaderamente llevado a la práctica? Como dijo Platón: «El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara, pero no siembra».

Con ánimo de detenernos en la opinión publica de profesionales y expertos en educación, consideramos el artículo periodístico de Rius (2010). Desde él, este periodista nos acerca las opiniones de distintos profesionales relacionados con el contexto educativo, de entre ellas, destacamos la de Valentín Martínez-Otero, psicólogo, pedagogo y profesor en la facultad de Educación de la Universidad Complutense, quien afirma que «Muchos alumnos, aun sin ser plenamente conscientes, se desmotivan por falta de estímulos suficientes en el aula; en las programaciones no siempre se tienen en cuenta sus intereses, y el proceso educativo sigue más centrado en la enseñanza y el profesorado que en el aprendizaje y en el alumnado».

En relación a esta resistencia al cambio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (i.e. OCDE), desde su informe de 2010, “La Naturaleza del Aprendizaje: Investigación Científica para inspirar la Práctica Docente” promueve la necesidad de transformación de las Instituciones Educativas, facilitando pautas a incardinar en la concreción curricular de los Centros y de la que es responsable el profesor. En este sentido, Dumont, Istance y Benavides (Ed.) (2010) compilan los avances científicos más destacados, reconstruyendo los principios que garantizan un buen ejercicio de la práctica docente, acorde con la sociedad y con el sistema económico en el que vivimos. Igualmente, promueven los beneficios que, una práctica educativa perfilada de acuerdo a los mismos, garantiza: dotar de significación al aprendizaje, favorecer el desarrollo cognitivo y emocional, favorecer la construcción de lazos emocionales, favorecer la socialización e inclusión, desarrollar la autonomía del aprendizaje, favorecer el conocimiento y consciencia del medio ambiente, desarrollar el sentido crítico, favorecer el reconocimiento de la heterogeneidad del grupo, entre otros. Con relación a este conocimiento: ¿es posible discernir un método didáctico que consiga aunar todos estos principios para la buena praxis?

Considerando adicionalmente las Recomendaciones que, para la praxis docente, promueve la LOMCE (2013) con ánimo de hacer alcanzables los objetivos y propósitos de nuestra Educación, cabe preguntarnos: ¿está el profesor motivado con su trabajo?, ¿le motiva lo que hace?, ¿tiene verdadera vocación como profesor?, ¿qué promueve en el aula de lo que se recomienda institucionalmente?, ¿qué promueve en el aula de lo que recomienda la Comunidad Científica?

Estas cuestiones nos ayudan a profundizar en el porqué de las cosas, en su esencia. Las cuales se aprecian muy útiles para indagar más allá de la naturaleza que, en apariencia, nos acercan diversas aportaciones al respecto de la realidad de las aulas y de los pasillos de los Institutos. 

Verónica García-Melero

Presentación del Proyecto

Índice

La disonancia entre el avance científico y la realidad de nuestro Sistema Educativo.

Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.

Albert Einstein

Existe una diferencia formal y profunda entre los modelos pedagógicos que, en esencia, dilucida nuestra Comunidad Educativa para el progreso y mejora de nuestra educación, y aquellos otros modelos que, en existencia, prevalecen en el aula. En este sentido, existe una disonancia entre lo que las recomendaciones y orientaciones del grueso de nuestra actual legislación y Comunidad Científica proponen para la mejora de la calidad de nuestra educación y aquello que verdaderamente cobra vida en las aulas.

Una afirmación que puede ser acercada desde diferentes perspectivas, así:

  1. de considerar el reflejo de la calidad de la educación en la ciudadanía: el Informe de la UNESCO, visto como la fuerza de empuje de los propósitos educativos de la educación mundial, direcciona la intención educativa hacia la autonomía del aprendizaje, hacia el aprender a aprender, intensificando el sentido de la responsabilidad y de la solidaridad (Delors et al., 1996). Sin embargo, nuestro sistema educativo es parco en dar a luz una ciudadanía emprendedora y activa, en este sentido, Domínguez y Molina (2012) advierten de la necesidad de contar con una población crítica, informada y cualificada, que sea capaz de emprender proyectos y gestionarlos; lo que requiere de una implicación coherente de las autoridades educativas.

Por otra parte, en relación al perfil del trabajador que demanda el mercado laboral, Robins (1996) recuerda la necesidad de acercar los contenidos y competencias clave en que son instruidas las personas a la realidad empresarial. Como subraya este autor, y no pudiendo olvidar en última instancia que el aprendizaje adquirido en los centros ha de perfilar al futuro trabajador y/o emprendedor, el grado de competencias y habilidades del perfil del alumno se presenta muy alejado de lo que empresas y organizaciones demandan en sus trabajadores. 

Siguiendo esta línea, la implicación coherente de las instituciones educativas con los propósitos educativos en los que ha de instruir al futuro trabajor y en los que ha de acomodar su acción, difiere de lo que se espera desde la normatividad y recomendación institucional, así como de lo que dilucida la ciencia; como considera Pedro Rascón, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), «el cambio social de nuestra era aún no ha sido trasladado a la escuela» (Rius, 2010).

  • de considerar las orientaciones metodológicas para la mejora de la acción docente: desde la propuesta normativa de la Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre, sobre las Competencias (desde ahora Recomendación Europea), la cual direcciona la actual Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa en España (LOMCE, 2013), son: la cooperación y el trabajo en pares las propuestas metodológicas que recomiendan, pues satisfacen los objetivos que pretenden las siete competencias clave que dilucidan y proponen.

Adicionalmente, con objeto de orientar la acción docente hacia la eficacia y eficiencia que se espera conseguir en el sistema educativo, las propias instituciones políticas proporcionan a la acción docente la llave con la que abrir la puerta al logro. Así es que, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (desde ahora OCDE) proporciona desde su Informe: “La Naturaleza del Aprendizaje: Utilizando la investigación para inspirar la práctica docente” los principios en torno a los que ha de gravitar el ejercicio de la enseñanza-aprendizaje. A saber: a) los estudiantes son el centro,  b) las emociones son integradoras del aprendizaje , c) la educación ha de construir conexiones interdisciplinares u horizontales, d) se ha de alentar y fortalecer los contactos entre estudiantes y facultativos, e) se ha desarrollar la reciprocidad y la cooperación entre los estudiantes, f) se ha de utilizar técnicas de aprendizaje activo, g) se ha de proveer retroalimentación con prontitud, h) se ha de enfatizar la temporalización de las tareas, i) se han de propiciar altas expectativas,  j) se han de respetar diversos talentos y formas de aprendizaje (Dumont, Istance y Benavides (Ed.) 2010).

Considerado esta dimensión, la de hacer observable el fiel reflejo, o no, de los propósitos educativos en la acción docente, podemos apreciar cerca de una década después de este hallazgo, como Zabalza (2000), en su artículo “Estrategias didácticas orientadas al aprendizaje”, con objeto de orientar la práctica docente, sistematiza las metodologías más apropiadas en las que ha de apuntar la acción desde el aula. En este sentido, subraya que «en la realidad nos hallamos inmersos en una cultura escolar claramente centrada en la enseñanza» (p. 459), destacando que «Resulta, por tanto, muy conveniente remover un poco las aguas de lo convencional para abrir el paso a otras posibilidades» (p.459) e insistiendo en que «un gran reto que la enseñanza deberá asumir en la próxima década. Mudar el significado que tradicionalmente se ha dado a la docencia» (Zabalza, 2000, p. 461). 

Esta propuesta de Zabalda (2000), en tanto seis años después la Recomendación del Parlamento direcciona los propósitos educativos para Europa en ese sentido, puede ser apreciada como una precognición. Sin embargo, el reto que este autor dilucida con respecto a la acción docente en una década vista desde la publicación de su artículo, esto es: trasladar el foco de atención al alumno, centralizando la acción docente en su aprendizaje, ha terminado convirtiéndose en una “piedra filosofal”. Al igual que ésta, esta transmutación es algo ansiado y beneficioso, aunque muy difícil de conseguir.

Verónica García-Melero

P.D.: Se aconseja la lectura del ensayo: «El Cuarto Nivel de Concreción Curricular», para ampliar información científica en este sentido.

Presentación Proyecto

Índice

Aportaciones desde el conocimiento Teórico y Empírico proporcionado por las Ciencias de la Educación: el Marco Teórico Científico.

No basta con tener buen ingenio, lo principal es aplicarlo bien.

Kurt Cobain

Además del referente que suponen estas directrices en materia de política educativa – como hemos analizado-, distintas aportaciones de las ciencias de la educación nos posibilitan también determinar las características que configuran la idoneidad de una metodología de enseñanza-aprendizaje para el área de economía. Ésto implica contrastar el aprendizaje activo con otra metodología alternativa para evidenciar sus beneficios y virtudes, razón por la que este estudio recoge también aportaciones que sobre metodologías tradicionales y aprendizaje activo han evidenciado diversos estudios empíricos.

Las fortalezas de las metodologías de aprendizaje activo frente a las tradicionales son destacadas por distintas ciencias de la educación. En el área de Economía merecen especial mención las aportaciones de la neurociencia, del aprendizaje con sentido (aprendizaje significativo), de la sociología de la educación, así como de la psicopedagogía. Tras conocer las virtudes del aprendizaje activo con respecto a otras metodologías menos centradas en el estudiante desde estas disciplinas estaremos en mejores condiciones de apreciar los beneficios educativos que reportan dichas técnicas y metodologías basadas en el aprendizaje activo.

Aportaciones de las neurociencias a la educación.

Fernández-Abascal, Martín y Domínguez Sánchez (2001) nos vienen a definir el aprendizaje como un cambio en los mecanismos de conducta, relativamente permanente, y que es debido a la experiencia del sujeto con los acontecimientos del medio. En este sentido, estos mismos autores determinan que aprendemos de lo que hacemos, ya que la experiencia que nos proporciona nuestra interactuación con los acontecimientos vividos, produce cambios en el organismo. No es el aprendizaje, sin embargo, el único factor que influye en la conducta, sino otros procesos, como la motivación, la oportunidad que brinde un determinado aprendizaje, las capacidades mentales y sensoriales del cerebro, las capacidades motoras del organismo y la actitud.

Para tener conciencia de la importancia de los demás procesos involucrados en el aprendizaje se hace fundamental considerar el tipo de aprendizaje que se produce dentro de estas dos etapas educativas. Siguiendo esta línea, el aprendizaje del alumno en ESO y Bachillerato puede ser clasificado como voluntario o intencional. De acuerdo a esta clasificación, Fernández-Abascal, Martín y Domínguez-Sánchez (2001) determinan que, además de ser sustentado en contextos educativos específicos de carácter institucional, requiere de sistemas complejos para su asimilación. Estos sistemas complejos para la asimilación del aprendizaje son inseparables de la voluntad y la motivación del discente, junto a la intervención de un agente educativo o docente. Se requiere, en consecuencia, de una acción educativa intencional, sistemática y planificada, que a su vez procure la motivación y el mantenimiento de este proceso conductual a lo largo de todo el aprendizaje involucrado. Algo que comprende los principios de desarrollo de la reciprocidad y cooperación entre estudiantes y del fortalecimiento y aliento de los contactos entre estudiantes y docentes propuestos por Chickering y Gamson (1987) para la Buena Práctica.

            De acuerdo a la importancia de la motivación y el mantenimiento de este proceso conductual para llevar a fin el aprendizaje, Gardner (2011) subraya la importancia del esfuerzo, considerando la predisposición positiva que hacia el mismo brinda la filosofía oriental. Según él, importa qué decidimos hacer, cómo nos involucramos con la tarea, aunque también son igual de importantes los medios de que disponemos y la calidad de la educación. Estos elementos que condicionan la predisposición positiva hacia el aprendizaje también influyen en el desarrollo de la inteligencia, en la conducta y en el desarrollo de la personalidad. De manera análoga se pronuncian Bandura y Walters (1974), destacando la continuidad que se produce en el aprendizaje desde la infancia hasta la madurez y, subrayando la importancia que tienen las experiencias de aprendizaje de la niñez y la adolescencia.

En línea con el argumento anterior, Aldana (2014) nos remarca cómo no todas las experiencias en el proceso de enseñanza-aprendizaje producen verdaderos cambios en la conducta, entendiendo el aprendizaje como tal cambio conductual.  Para ello nos informa de cómo los avances en neurociencia y biología, así como en neuroeducación, afluyen en la importancia extrema de los procesos de aferencia-eferencia neuronales para la optimización del aprendizaje.  Al igual que Gardner (2011) y Bandura y Walters (1974), recupera la importancia de la esencia de la filosofía oriental. En este sentido, Aldana (2014) nos viene a advertir de la necesidad de desprendernos del uso de la memoria intermedia para dar paso al esfuerzo, a la constancia y repetición.

Desde los procesos de aferencia-eferencia neuronales se lleva a cabo un verdadero procesamiento de la información, con lo que posibilitan un aprendizaje efectivo y permanente. Con respecto a la tangibilización de este proceso neuronal desde la aplicación de la metodología de enseñanza sugiere la necesidad de llevar a cabo en clase, entre otros, el proceso de toma de notas, las esquematizaciones y las producciones de información por parte del estudiante. Estas últimas se alcanzan desde metodologías propias del aprendizaje activo como elencan Bonwell y Einson (1991) en su trabajo sobre estrategias instruccionales.

Igual importancia concede a la interactuación continua del docente con sus alumnos, a la socialización, al discernimiento de lo que se hace, al movimiento físico y a la necesidad de transmitir emociones como integradoras del aprendizaje. Todas estas características comprenden claves para que nuestra respuesta motora se active positivamente y nuestra predisposición hacia el aprendizaje sea, igualmente, positiva. Ayudando, consecuentemente, a mantener la atención y motivación en el proceso conductual que conlleva dicho aprendizaje. Estas técnicas favorecen y posibilitan la respuesta motora y la actitud.

La observancia de estas características en las metodologías de enseñanza-aprendizaje procuran aprendizajes significativos, si bien, además de favorecer el recuerdo en el estudiante, ayudan a la construcción de las habilidades sociales en que se espera educar íntegramente al alumno, especialmente, aquellas que devienen en los procesos de socialización e interactuación entre iguales y entre profesor y alumnos (Aldana, 2014). Esto, en adición, comprende los principios de Buena Práctica que sobre dicha materia predican Chickering y Gamson (1987).

Beneficios del aprendizaje con sentido o aprendizaje significativo.

De acuerdo a Ausubel (1976), el elemento que dota al aprendizaje como significativo es su funcionalidad. Según este autor, no se puede considerar de manera aislada la adquisición de nuevos conocimientos para definirlos como aprendizajes, éstos requieren, por una parte, de un proceso natural de repetición. Po otra parte, “adquirir grandes volúmenes de conocimiento es sencillamente imposible si no hay aprendizaje significativo” (Ausubel, 1976, pág. 82). Además, para ser considerados aprendizajes significativos requieren de dos condiciones fundamentales:

  • De una predisposición del aprendiz para aprender de manera significativa. Es decir, que exista un componente emocional y/o afectivo.
  • De la presentación de material que tenga significado lógico. Es decir, un material que se presente de una manera no arbitraria y sustancial y permita establecer una conexión con algunas ideas de anclaje previas.

En consecuencia, esta teoría establece un hilo conductor entre un contenido significativo o sustancial, que permita la conexión con conocimientos previos, junto a una predisposición positiva del aprendiz, para así conseguir un aprendizaje significativo.

Siguiendo esta línea, Ausubel (1976) delimita, para el proceso de construcción de significados la importancia de la predisposición del aprendiz. No obstante, Novak (1983) considera la influencia de la experiencia emocional en el proceso de aprendizaje, lo que lo confiere carácter humanista. De acuerdo a este autor, las acciones en las que se intercambian significados y sentimientos entre maestro y aprendiz son lo que dan sentido a cualquier evento educativo. De acuerdo a este argumento, Novak postula que no es suficiente que haya predisposición por parte del aprendiz y que el material sea significativo, se requiere de la emoción, del sentimiento y de relación interpersonal con el profesor. Una información que, igualmente, nos acerca Aldana (2014).

La motivación y la socialización son ingredientes necesarios para favorecer los aprendizajes significativos. En este sentido, la conducta y los procesos mentales superiores tienen su origen en contextos sociales (Vigotsky, 1987), y adquieren sentido a través de la mediación, que es la que posibilita la internalización de los mismos. De esta manera, Vigotsky (1987) postula que el aprendizaje significativo es social.

En la conexión con el mundo real es donde encuentra sentido lógico la observación del aprendizaje significativo como proceso crítico. En este sentido, el estudiante ha de ser crítico con lo que aprende, ha de analizar desde distintas perspectivas el material que se le presenta, enfrentarse a diferentes puntos de vista y atribuir significados, no limitándose a manejar el lenguaje con apariencia de conocimiento (Ausubel, 2002). Siguiendo esta línea, Gowin (1981) postula que debe comprobarse el significado que el estudiante atribuye al contenido trabajado; y Novak (1983), afirma que para posibilitar la internacionalización del conocimiento, el pensamiento del aprendiz ha de ser capaz de establecer relaciones entre los conceptos aprendidos. Ello determina la construcción de procesos mentales superiores desde el procesamiento de la información (en relación a lo que Aldana (2014) nos acerca como proceso aferente-eferente sensitivo). De acuerdo a Novak (1983) esta internacionalización del conocimiento tiene su expresión en la construcción de mapas mentales.

Por otra parte, ha de considerarse el currículo oculto definido por Coll (2010), citado en VV.AA. (2017), el cual constituye el aprendizaje incidental que se produce junto al voluntario en las instituciones educativas. En gran medida, depende de la relación social que el alumno viene a establecer tanto con sus compañeros como con el resto de agentes implicados en la institución, y no solo de la intención del formador o la del Centro educativo. Por consiguiente, se hace necesario crear un clima en el ambiente educativo que propicie y fortalezca las relaciones sociales entre los distintos agentes envueltos.

Con lo que, dada la relación establecida entre estos elementos, es importante considerar metodologías didácticas que conecten con conocimientos previos, permitan la interactuación entre alumno y profesor, favorezcan la socialización y construcción de vínculos emocionales, permitan la conexión con la realidad y posibiliten el discernimiento del aprendizaje. Estas metodologías, como hemos observado para las aportaciones en neurociencia, casan con los principios de buena práctica propuestos con Chickering y Gamson (1987), presentándose alcanzables desde la praxis de metodologías de aprendizaje activo.

El docente y el alumno como reflejo de la sociedad actual.

Desde este apartado se analiza el papel de dos agentes, docente y discente, desde un prisma sociológico, acercando las características que han de reunirse en el ejercicio de la docencia y las peculiaridades que presentan los alumnos de la era digital para con el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Actualmente, al profesor se le considera, cada vez más, un mediador en el aprendizaje de sus estudiantes (Tebar, 2003). Es una función en el docente que, igualmente, se observa al analizar el aprendizaje activo en tanto su rol es el de aparecer como guía y dinamizador de las estrategias metodológicas. De esta manera su papel como mediador estriba en su capacidad de desviar el foco del proceso de enseñanza hacia el alumno (ver en Raelin & Coghlan, 2006; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble; 2004).

De acuerdo a Tebar (2003) el docente de hoy día ha de poseer ciertos rasgos fundamentales, de los que cabe destacar  (a) dominar los contenidos y planificar su transmisión, aunque, siendo flexible; (b) establecer metas generales que permitan la adquisición del hábito de estudio, la autoestima y la perseverancia, de manera que conduzcan a la plena autonomía; (c) facilitar interacción con los recursos, promocionar el trabajo colaborativo, regular los aprendizajes y evaluar los progresos; (d) fomentar la curiosidad, la creatividad, el pensamiento divergente, la consecución de aprendizajes significativos, premiar la originalidad; (e) potenciar el sentimiento de capacidad, de valía, de consecución de metas; (f) establecer espacios de crecimiento reflexivo, debates, análisis; y (g) desarrollar en los alumnos actitudes positivas.

Estos rasgos, descritos para el docente, han de posibilitar al mismo la capacidad para educar al alumno en las habilidades y destrezas inherentes a las competencias clave (Tebar, 2003). En tanto el profesor ha de posibilitar la manera y medios que faciliten en el alumno una mejor comprensión de sí mismo, del medio y del otro (Delors et al., 1996), en igual medida es relevante que sea un profesional en el dominio de la gestión de emociones (Cabello, Ruíz-Aranda y Fernández-Berrocal, 2010).

Esta capacidad en el docente se presenta fundamental para la identificación, comprensión y regulación de emociones y, con ello, la extensión en este conocimiento al alumno. En su conjunto vienen a configurar destrezas y habilidades que inciden en la salud física y mental, influyen en la calidad de relaciones interpersonales, así como en los procesos de aprendizaje y el rendimiento académico y laboral (Mayer, Roberts & Barsade, 2008; Brackett & Caruso, 2007 citados por Cabello, Ruíz-Aranda y Fernández-Berrocal, 2010).

            Consecuentemente, dada la inevitable negociación que se establece entre el profesor y los alumnos sobre el propio proceso de aprendizaje, se hace importante observar las peculiaridades que presenta el estudiante (Tébar, 2003). Estas peculiaridades hay que considerarlas de manera individualizada para adaptar el proceso de enseñanza a los requerimientos especiales de los alumnos en atención a la diversidad (LOMCE, 2013; LOE, 2006). En adición, Tébar (2003) señala la necesidad de una adecuación generalizada a las características que presenta el alumno de la actualidad.

Siguiendo esta línea, Prensky (2010), desde su informe “Nativos e Inmigrantes Digitales”, invita a la comunidad educativa a reflexionar acerca de una inevitable reforma del paradigma educativo. Desde su estudio nos acerca las características que describen a la nueva generación que ha nacido y crecido con la tecnología, los “nativos digitales”.

Estos “nativos digitales”, de acuerdo a sus experiencias y cultura, presentan estructuras cerebrales diferentes, lo que condiciona su aprendizaje y la manera en que aprenden – según afirma el doctor Bruce D. Berry de la Universidad de Medicina de Baylor (Prensky, 2010) -. Destacando, de entre las actitudes que presentan hacia el aprendizaje: (a) la necesidad de respuesta ágil e inmediata en la recepción de la información, (b) la atracción hacia múltiples tareas y procesos paralelos, (c) la predilección a los gráficos sobre el texto, (d) la inclinación por los accesos al azar, (e) la atracción hacia el trabajo en Red, (f) la necesidad de metodologías que les transmita conciencia sobre su propio progreso, en tanto les reporta satisfacción y recompense inmediatas, y (g) la atracción hacia metodologías lúdicas, en detrimento del rigor del trabajo tradicional.

Igualmente, el alumnado actual presenta rechazo e impaciencia hacia la instrucción cimentada en “pruebas de valoración”, la lógica del aprender “paso a paso” y las conferencias y largas clases expositivas. Todas estas características del alumnado estriban en la necesidad de revisar todos los temas con objeto de aplicar nuevos métodos en su proceso de enseñanza y aprendizaje (Prensky, 2010).

En tanto las metodologías de aprendizaje activo desplazan el foco al estudiante (Bowell y Einson, 1991), hacen a los discentes protagonistas del mismo, potenciando las interacción entre docente-discente (Bonwell y Einson, 1991; Chickering y Gamson, 2010) y adecuando la enseñanza a las peculiaridades del estudiante. Algo que revierte en un clima de alta carga emocional en clase y que, adicionalmente, facilita la retroalimentación del proceso educativo (Aldana, 2014; Bonwell y Einson, 1991).

Ventajas que presenta el aprendizaje activo con respecto a otras metodologías de enseñanza-aprendizaje.

Nuestra historia da testimonio del potencial del aprendizaje activo. Este concepto, en tanto implica la involucración activa del aprendiz en su propio aprendizaje (Bonwell y Einson, 1991) puede ser visto en enseñanzas filosóficas ancestrales. Por ejemplo, en proverbios atribuidos a Lao-Tsé (S. VI a. C.): “Si me lo dices,lo escucharé. Si me lo muestras, lo veré. Pero si me dejas experimentarlo, lo aprenderé”; o en enseñanzas de su obra Tao-Te King: “[…] Por eso el hombre de experiencia prefiere la sustancia a la cáscara, prefiere el fruto a la flor” (Golden (Trad.), 2012, p. 54). En esta última reflexión Lao-Tsé nos instruye a involucrarnos en la tarea, a ser un “hombre de experiencia”. Así, desde esta predisposición activa se prefiere la consecución del “fruto” (trabajo), no su mera contemplación u observancia, lo que viene a llamar “flor”.

Siguiendo esta línea, estas enseñanzas filosóficas han viajado a lo largo del tiempo, acercándonoslas,  igualmente, otros pensadores, científicos u hombres de muy diversas ciencias. Como, por ejemplo, Benjamín Franklin (1706-1790), político, polímata, científico e inventor estadounidense, quien nos dejó un conocido pensamiento: “Dímelo, y tal vez lo olvide. Enséñame, y tal vez lo recuerde. Involúcrame, y lo aprenderé”. No es arriesgado, en consecuencia, afirmarque el concepto de aprendizaje activo, acuñado originariamente por Revans (1971) como la reflexión que de la experiencia propia hace el individuo sobre su propio aprendizaje y cuyo logro se consigue centrando las tareas en un contexto social, es un concepto vetusto y arraigado en la historia de la humanidad.

 Este mismo autor, Revans (1983), durante la década de los ochenta, trasladó el concepto de aprendizaje activo al mundo empresarial. Evidenciando, desde las investigaciones que llevó a cabo dentro de este sector, que los directivos aprenden los unos de los otros en tanto mejoran su aprendizaje a través de la interacción mutua y la experiencia compartida.

El aprendizaje activo, más recientemente, ha sido definido por Bonwell y Einson (1991) como aquellas actividades instruccionales que involucran a los estudiantes en hacer cosas y pensar sobre lo que están haciendo. Desde sus investigaciones y aportaciones han promovido el uso de estas metodologías en el aula, donde se ha evidenciado la efectividad que procuran en el aprendizaje del alumno en contraposición al uso de metodologías tradicionales.

No obstante, para hacer observable la obsolescencia de las metodologías que prevalecen aún en las aulas podemos considerar, en primer lugar, el estudio de Edgar Dale para la metodología de enseñanza audiovisual. De sus investigaciones nos procuró el conocido “Cono de Experiencias”. Este cono es presentado como una ayuda visual para “explicar las interrelaciones existentes entre los diversos tipos de materiales audiovisuales, así como de sus posiciones individuales en el proceso del aprendizaje” (Dale, 1964, p. 45).

De este estudio se desprende qué métodos son más y menos efectivos en el proceso de aprendizaje, siempre, considerando algunos aspectos adicionales, como son las acciones ejecutadas por el alumno. Así, desde la observación de las siguientes Figuras 1 y 2, podemos apreciar que las experiencias directas con propósito, artificiales y dramatizadas, requieren de la participación de todos los sentidos, de materiales objetivos (sustanciales), y van a favorecer el anclaje del aprendizaje.


Vinculación entre las distintas experiencias propuestas por Dale (1964) y las distintas funciones que desempeña el alumno en cada una de ellas (elaboración propia basada en Dale, 1964)

Siguiendo esta línea, Aldana (2014) nos acerca desde sus estudios de neurociencia que el funcionamiento del cerebro, para lograr al máximo su capacidad, requiere del funcionamiento en tres modos: aferente-sensitivo (la percepción sensorial, la implicación de los sentidos), el procesamiento (análisis, retención y descarte; tomar apuntes, por ejemplo), y eferente-respuesta motora (un debate, por ejemplo). Ello muestra la incidencia positiva que sobre el aprendizaje del alumno procura la involucración activa del mismo.  Sin embargo, actualmente asistimos a la clase magistral, a la exposición, a los símbolos visuales y verbales, metodologías que no favorecen el recuerdo ni la construcción de aprendizajes significativos (ver Adler, 1987; Aldana, 2014; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier, 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble; 2004).

Si bien, el estudio de Dale (1964) fue producido en la década de los sesenta en relación al aspecto educativo de los medios audiovisuales dentro del campo de la educación formal y considerando los avances tecnológicos de aquel momento, se ha hecho una relectura y reinterpretación incorporando los avances tecnológicos a todos los niveles y extrapolando el estudio a los contextos informales y no formales (ver Aldana, 2014; Castillo, 1994).

En este sentido, Castillo (1994) incorpora espacios y agentes diferentes que dan lugar a una “Telaraña de Experiencias”. De su estudio, en el que une la educación formal con la producción formal, más allá de la escuela-trabajo que es propia de esta línea de investigación, Castillo (1994) subraya el alcance que tiene esta conexión entre espacios y agentes sobre el aprendizaje del alumno, el desarrollo de la autonomía del aprendizaje, la generación de nuevas empresas y la integración en el mundo productivo. Ambos sistemas han de observarse, en consecuencia, como un entramado de intercambios de teorías, información, tecnologías, así como bienes y servicios, que favorecen la adquisición y potenciación de las competencias clave que aborda este trabajo.

De acuerdo a Strauss y Fulwier (1989/1990), la experiencia ha demostrado que las clases magistrales, aquellas cuya metodología se centra en las presentaciones y explicaciones verbales, hacen de los estudiantes meros espectadores. De ellos se espera que absorban gran cantidad de contenidos a través de una intensa actividad mental deductiva e inductiva favorecida por su experiencia personal previa, pero que, sin embargo, no deja realmente nada significante o permanente en la mente del estudiante. Esta observación empírica encuentra parangón en otro conocido proverbio asiático: “Lo escucho, y lo olvido. Lo veo, y lo recuerdo. Lo hago, y lo aprendo”.

En este sentido, Cross (1987) afirma que cuando los estudiantes son involucrados en la tarea de aprendizaje activamente, aprenden mucho más que cuando son receptores pasivos de la instrucción. Por su parte, Adler (1987) subraya de genuino a todo aquel aprendizaje activo, no pasivo. Éste involucra procesos cognitivos más complejos, no sólo memorísticos. Además, este autor ofrece una visión del aprendizaje activo enfocando al estudiante como principal agente del proceso de enseñanza-aprendizaje, en detrimento del papel del docente, quien ha de actuar como guía del proceso. En este sentido, el rol del docente como guía de sus alumnos es una necesidad de cambio a incorporar en las aulas, como demandan las conclusiones de numerosos estudios (ver Tebar, 2003; Aldana, 2014;  Prensky, 2010; Bonwell y Einson, 1991; Chickering and Gamson, 1987)

Luego, es observable la necesidad de incorporar metodologías activas en las estrategias de enseñanza-aprendizaje a orquestar por el docente, ya que proporcionan, en primera instancia, aprendizajes significativos. En segundo lugar, proveen la interacción social necesaria para que se acometan los objetivos generales y específicos que nuestro sistema educativo contempla para estas etapas y, por otra parte; contemplan los principios que para la Buena Práctica predican Chickering y Gamson (1987).

Verónica García-Melero

¿Cómo optimizar la docencia en el área de Economía? La idoneidad del Aprendizaje Activo.

Proposiciones políticas y científicas para optimizar la docencia en el área de Economía.

Las estrellas están ahí, sólo tienes que mirarlas.

Kurt Cobain

A) Resumen.

Las metodologías de enseñanza-aprendizaje activo resultan idoneas para la consecución de los fines establecidos en las regulaciones oficiales del currículum del área de Economía en las etapas educativas de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Las características y beneficios derivados de dicha metodología están en sintonía tanto con las recomendaciones y orientaciones de las instituciones oficiales responsables de la educación en estos dos ciclos educativos, como con lo que distintas ciencias de la educación evidencian para la idoneidad de la buena práctica educativa. En particular, esto puede ser observado desde la neurociencia educativa, el conocimiento psicológico sobre el aprendizaje significativo, y la aproximación sociológica a la comprensión de la interrelación entre los procesos educativos y el uso de las tecnologías educativas. Las metodologías tradicionales, en contraposición a las de aprendizaje activo, aparecen deficientes para la consecución de los fines educativos establecidos para el área de economía.

Palabras clave: aprendizaje activo, didáctica de las ciencias sociales, política educativa, metodologías de aprendizaje activo, enseñanza de la economía.

Abstract: Active learning methodologies are presented completely suitable for the attainment of the established purposes in the official regulations of the curriculum of the Economics area in both of the educational stages: Compulsory Secondary Education and High School. The features and benefits of this methodology are consistent both with the recommendations and guidelines of government institutions responsible for education in these two educational cycles as bringing different educational science evidence for the adequacy of good educational practice. In particular, this can be observed since the educational neuroscience, psychological knowledge about meaningful learning, and sociological approach to the understanding of the interrelationship between educational processes and educational technologies usage. Traditional methodologies, as opposed to active learning, appear inadequate to achieve the educational goals established for the Economics area.

Key words: active learning, social sciences didactics, education political proposals, active learning methodologies, traditional methodologies

INTRODUCCIÓN

Originariamente fue Revans (1971) quien acuñó el concepto de aprendizaje activo, definiendo el mismo como la reflexión que de la propia experiencia hace el individuo sobre su propio aprendizaje, afirmando que dicho aprendizaje se logra centrando las tareas en un contexto social. Este mismo autor, durante la década de los ochenta, trasladó el concepto de aprendizaje activo al contexto empresarial; evidenciando,  desde sus propias investigaciones en este mismo sector, que los directivos aprenden unos de los otros mejorando su aprendizaje a través de la interacción mutua y la experiencia compartida (Revans, 1983).

El aprendizaje activo, más recientemente, ha sido definido por  Bonwell y Einson (1991) como aquellas actividades instruccionales que involucran a los estudiantes en hacer cosas y pensar sobre lo que están haciendo. Los resultados de sus investigaciones concluyen la efectividad de estas metodologías en el aprendizaje del alumno, animando al uso de las mismas en el aula. Desde entonces, el interés de la comunidad científica en estos temas no ha hecho sino crecer (ver Raelin & Coghlan, 2006; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble, 2004).

El desarrollo de estudios teóricos y empíricos sobre los beneficios del aprendizaje activo también ha supuesto la realización de numerosas investigaciones de carácter aplicado dirigidas a esclarecer las ventajas que generan las metodologías activas respecto a las tradicionales. En este sentido, estas investigaciones  dilucidan que  la metodología tradicional no procura efectividad en el aprendizaje, no contribuye a la construcción de aprendizajes significativos (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Raelin & Coghlan, 2006; Strauss y Fulwier- 1989/1990; Sutherland & Bonwell, 1996; Ueltschy, 2001; Umble & Umble 2004) Igualmente, hacen observable la pobre carga emocional que dicha metodología tradicional incorpora a las experiencias de enseñanza y aprendizaje en el aula. Ello, en consecuencia, da lugar a un clima que facilita la desmotivación y falta de atención al alumnado (Aldana, 2014; Adler, 1987; Cross, 1987; Strauss y Fulwier- 1989/1990).

Situados en este marco teórico, en este artículo analizaremos si las virtudes que se señalan de estas metodologías activas se corresponden con los principios que, según Chikering y Gamson (1987), definen una buena práctica, así como de las contribuciones a la comprensión de las metodologías activas de (a) las características de los procesos de aferencia-eferencia neuronales que optimizan el aprendizaje, en  neurociencia y biología; (b) las características que han de reunirse para que se produzca un aprendizaje significativo, y (c) la adecuación de las metodologías y técnicas didácticas  a las peculiaridades que presentan los distintos agentes involucrados en el proceso educativo, en materia de pedagogia y sociologia. Nos ubicaremos para ello en una perspectiva situada del aprendizaje y, más concretamente, en el contexto de la enseñanza y aprendizaje de la materia de economía en ESO y Bachillerato.

Para conseguir el objetivo mencionado, de analizar la idoneidad de las metodologías activas de aprendizaje para la enseñanza de la Economía en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), comprenderemos en primer lugar, y desde un punto de vista curricular, las características globales de este área (ie. Economía), la cual se desglosa en diversas asignaturas en la educación pre-universitaria. En segundo lugar mostraremos desde dos perspectivas, política y teórico-científica, diversos aspectos que desde cada uno de estos dos marcos justifican y sostienen la adecuación de las metodologías de aprendizaje activo (frente a las tradicionales), para la enseñanza de la materia de Economía.

Epígrafes del artículo:

Identidad Curricular del Área de Economía en Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato.

Aportaciones desde el conocimiento teórico y Empírico proporcionado por las Ciencias de la Educación: el Marco Teórico Científico.

Intención del trabajo y agradecimientos.

Este año traigo en esta fecha los dos montones con los que me inspiró mi hijo el año pasado para la elaboración de un primer artículo de tintes científicos. Así, con ánimo de que no se quede sólo en una opinión, como fue la «Mala Educación» – un artículo en consonancia con la indagación que llevaba a cabo- dejo este trabajo aquí, con la ilusión de que inspire a muchas personas en educación y empresa.

Es importante recordar que optimizar los recursos empleados en cualquier sistema, en pro del desarrollo sostenible, así como de la mejora continua, no es otra cosa sino la Economía del Aprendizaje. Un concepto que, se baticina, descansará fundamentalmente en la cooperación, en la empatía y en reconocer a los demás, esto es: la otredad. Así es, consecuentemente, que nuestro marco político para la cooperación y el desarrollo económico nos subraya, en la actualidad, la necesidad de poner a las personas en el centro para, así, adecuar la sociedad de hoy a su momento histórico: la cuarta revolución industrial.

Siendo la Economía del Aprendizaje el eje vertebrador de todos los trabajos que se propongan en negocioonline.net para el campo de la Educación – un concepto que transciende una definición, en tanto se terminará convirtiendo en un modus operandi de nuestra empresa y sistemas -, considero muy positivo transferir como recurso abierto mis apreciaciones. Contribuir con ideas que otras personas pueden ir desarrollando o, simplemente, servir de inspiración o motivación, se considera una labor preciosa; además de la retroalimentación que ello puede conllevar para otras intenciones académicas personales en un futuro próximo.

Por igual, desde estas lineas quiero agradecer la enorme ayuda de D. Antonio Muñoz, Doctor en Psicología Evolutiva de la Universidad de Granada, quien me ha entrenado y corregido en la elaboración de este trabajo. Infinitamente más he podido aprender de sus apreciaciones y valoraciones que de cualquier curso que se imparta al respecto; aunque para nada es desdeñable la formación académica conseguida, por igual.

A mi hijo, mi inspiración. Con amor, mamá. ¡Felicidades, cariño mío!

Verónica García-Melero

Bibliografía

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